El círculo de las letras

C. Mortae

El círculo de las letras

Sin comentarios 03 Febrero 2010

Un laburante hace, se mueve, genera, también piensa, pero por definición es un hombre o una mujer de acción. Si hay una rama del arte que no pareciera estar programada para la irrupción de lo motor, esa sería la del escritor. Puede que exista aquí un prejuicio; a ese dale una pala que se asusta, como le gusta decir a algunos padres, o andá a cargar bolsas al puerto, como le gusta decir más a las madres.
Se supone que un intelectual trabaja leyendo, pensando, escribiendo, pero sería más bien un estereotipo del sedentario. Por ello vamos a premiar al más obrero de los trabajadores de la palabra, el que usa la pluma (y el martillo), César Aira.
Nacido en los bonarenses pagos de Coronel Pringles, y vecino de Flores, por adopción, el literato argentino es una máquina de escribir y de publicar. La contracara del mexicano Juan Rulfo que escribió dos novelitas perfectas y se fugó del mundo, Aira entrega a distintas editoriales más de dos libros al año, que son editados en su totalidad.
Su estilo está motivado por el hacer, por la producción. Comparte lógica con la mirada conservadora de la reconciliación nacional: olvidar, pensar sólo en el futuro, amnistía. La única salida está adelante. Su premisa es escribir, no releerse mucho, no corregirse demasiado, no empantanarse en la solución final. No duda. Empieza, termina, publica, y empieza de vuelta: círculo virtuoso, cíclico.
Desde su primera publicación, Moreira, en 1975, a los 26 años, hasta su reciente La Confesión, del año pasado, Aira publicó cerca de 60 obras. Es decir casi dos por año tomando su carrera como un período de 34. Y no sólo impulsado por una imaginación sobrenatural, también escribe ensayos, por ejemplo, sobre la poetisa Alejandra Pizarnik o el excéntrico y multifacético Copi, lo que revelaría una obviedad, que no sólo escribe, que también lee.
Esto nos lleva a una conclusión: salvo que tenga dobles o seis manos, el tipo no hace otra cosa que leer y escribir. No compra ropa, no va al súper, no se engancha con una serie, no sigue las noticias ni se entretiene con una mascota. Es su trabajo, convengamos, sí, pero escribe mucho, en cantidad, y bueno, según los que los leyeron.
Tengo que reconocer que no leí mucho a Aira, porque como me pasa como muchos clásicos, me abruma lo tanto que no sé, soy ansioso, y quiero leerlo todo junto, y como sé que me llevaría años de vida, me anula. Encima semejante legado todavía aumentará, eso sí, nunca corregir.
El arte de arremangarse

C. Mortae

El arte de arremangarse

Sin comentarios 30 Enero 2010

No todo lo que haga un laburante merece elogios, ni uno por ser un laburante es un genio. Pero como dijo El General, existe una sola clase de hombres, los que trabajan. También hay quien dice que los artistas no trabajan, y es mentira. Algunos no trabajarán; otros, es lo único que saben hacer. Si en vez de haber estudiado canto se hubieran puesto una ferretería hoy Easy sería de capitales argentinos.
Estamos hablando, claro, ya vieron la foto de arriba, de Manuel Wirtz, un laburante con todas las letras. El tipo es, sepan, mimo, actor, músico, cantante, compositor y conductor de TV. Manejalo. Si quiere puede hacer una comedia musical él sólo. Y todo lo hizo con relativo éxito y un buen gusto meridiano, más allá de los gustos personales.
Recuerdo que conducía un programa en Canal 2 llamado Dibujuegos donde hacía cosas de clown y, obvio, dejaba jugar y pasaba dibujitos animados. Más adelante participaría de una novela con Cris Morena llamada Jugate con Todo, de la tira Calientes, y acompañaría a Guillermo en Poné a Francella, innovando como actor de comedia.
Nacido en San Nicolás, es hermano del fallecido baterista Daniel “Tuerto” Wirtz, pata del sonido más rockero del Spinetta moderno, uno de los dos Socios del Desierto, como en San Cristóforo, pura sangre. Me enteró también que, inquieto, fue el líder de La Sonora de Bruno Alberto, para coronar una familia que se esfuerza en parecer inclasificable.
Hablábamos con Ignacio Copani en la nota que salió hace un mes sobre cómo el mercado elige elevar un artista y ningunear otros, y decía –creo que no salió en la entrevista- que hay muchos buenos artistas argentinos que la gente no conoce qué están haciendo y puso, sí, como ejemplo, a Manuel Wirtz. Dijo Copani que es un gran artista, buen músico, tipo entonado, que compone sus propias canciones y ofrece una propuesta teatral jugada. Sin embargo, sólo puede hacer un teatro Broadway cuando pega un hit, eso va por mi cuenta.
Estudió mimo, Manuel, en Ucrania, en la ciudad de Kiev. Acompañó a Baglietto durante la primavera alfonsinista. Y sacó 9 discos que vendieron mejor en la década del noventa, gracias a joyas como Dónde quiera que estés y Hoy te necesito y el muy interesante Rescata mi corazón, groso, que presentó tres años a Marcelo Hugo. Eso lo arruina un poco, pero es realmente un temazo, con esa orquestación poblada de vientos muy a al estilo de las big bands.
Bueno, me tengo que ir a laburar.
El Oso Peluffo

C. Mortae

El Oso Peluffo

Sin comentarios 20 Enero 2010

<div style=”text-align:justify;”>Mariano Peluffo tiene 38 años y cumple con solvencia un oficio extraño, es animador de televisión, un laburante más. No conduce de casualidad el programa de más rating del canal más visto, no. Peluffo conduce Talento Argentino por Telefe porque desde pibe viene luchándola. Vayamos a 1991 cuando con 20 pirulos el hoy famoso conductor producía un programa, en lo suyo, revolucionario, El Agujerito sin Fin, conducido por Julián Weich. Siguió su carrera detrás de cámara ayudando en el recordado Cablín hasta que por primera vez apareció en público, ¡pero disfrazado de Oso  Peluffo! Peluche gigante que departía amablemente con el titular del Inadi, Claudio Morgado, que no lo discriminó. Más adelante, ya sin máscara, conduciría programas en cable (Salto Mortal) y por primera vez al aire por canal 13, junto a  Julieta Novarro, hija de Chico, presentando dibujitos de la Warner. Escuché una vez cómo fue su primera aparición en  prime time. Contó Peluffo que Sorpresa y Media se iba de vacaciones y convenció a Adrián Suar de poner un programa llamado Verdadero o Falso donde junto a Verónica Lozano mostraban unos videos raros, inventando juegos para que  los televidentes interactúen. Reconoció no entender, desde el hoy, cómo se animó a vender ese programa, pero ahí ya  estaba el germen Peluffo: remar; siempre remar.
Después vendrían acompañamientos a Maru Botana, el Zoobichos matutino y El club de los giles (?) a la trasnoche,  programa imposible conducido por Raúl Becerra. Pero sin lugar a dudas su talento se manifestaría esperando para  hacer entrar o recibir al recién expulsado de la casa de Gran Hermano, como botones: paradito, con frío, lluvia, calor, solo su alma y un micrófono, abriendo la puerta del auto, o ayudando a acarrear valijas. Canoso desde que nació,  Mariano vio la luz al final del camino un año que Badía no renovó conducir el debate de GH y, sabiendo que era a todo o  nada, como siempre, se puso el programa al hombro, contando anécdotas, saliendo al paso, entendiendo a Dorio como  nadie. Fue tan buena su labor y tan exitosos los debates que le dieron la posibilidad de conducir el mismo programa con los mismos panelistas… pero sin la excusa de GH. Salió un engendro genial llamado ¿Por qué no te callas? Programa que  duró nada, que mutó 20 veces de objetivo, pero que terminó siendo una experiencia de stand up maravillosa. Mariano  Peluffo, al menos para mi, en lo suyo, el primer trabajador.

El pelado de EduHard

C. Mortae

El pelado de EduHard

2 Comentarios 15 Enero 2010

La opción es EduHard o la publicidad de la Philips Juicer. No hay medias tintas. Todos los que hicimos zapping pasamos por sobre el Pelado, aunque no sé si todos se detuvieron. Deberían. Los que lo hicimos, y más de una vez, lo festejamos, lo apreciamos y exigimos más y mejor EduHard. Queremos al Pelado en Encuentro; Filmus, Tristán, teléfono.
Los 7 fans de Facebook miembros del grupo “El Pelado de EduHard” con la fuerza de una verdad reprimida adhieren: “(este grupo está) formado exclusivamente para idolatrar a esa Pelada que seduce, entretiene, viste y calza”.
¿Quién es? ¿Qué hace? ¿Por qué seduce? Intentaré explicarlo.
Un dato de un fan: “Suele vérselo rondar por supermercados de Vicente López”. Eso no ayuda. “Más exactamente en el Disco de Maipú”, agrega. Tampoco alcanza para dar una real dimensión del personaje.
Estamos hablando de Hernán Sánchez, y no de Eduardo, como muchos se fuerzan en errar. Creen que se llama Eduardo Hard. Y no, no se llama así. Se llama Hernán Sánchez, pasa que su mítico, popular y de culto programa de cable, que ya promedia la década, se llama EduHard de acuerdo a un ingenioso juego de palabras que busca sintetizar la pedagogía y el amor patológico por aquella tecnología que se puede asir.
Y el Pelado es un gran docente. Un tipo que blande una pasión tan grande por lo que hace que logra que nos estaquemos en Metro (ahora; pasó por todos lados) escuchando atónitos como funciona ese nuevo mouse óptico, qué tan novedoso es este nuevo gabinete o, ya en un nivel superior de esfuerzo para la madrugada, cómo funciona la encriptación de datos de una página segura.
Acompañado por un joven que le hace la segunda, cuyo nombre no recuerdo, Hernán pasó de enseñarnos en vivo a usar el Access hasta, actualmente, permitirnos asomar a los más variados y sustanciales adelantos tecnológicos del mundo de las computadoras.
Hay quienes dicen que su programa es un chiverío, que en verdad es una pantalla que busca promocionar los cursos que ofrece él mismo desde su Instituto Tecnológico Argentino (ITA). Pero nunca negó su quintita el Pelado, que a su vez promociona orgulloso, incluso con bordados en sus camisas.
Desde acá, a titulo personal siempre, quiero agradecer a Hernán por ser una opción válida de entretenimiento en esos momentos aciagos en los que la televisión comercial desoye esa masa crítica de televidentes insomnes que pugnan por aprender jugando.
El buen Pastor

C. Mortae

El buen Pastor

2 Comentarios 07 Enero 2010

Suponía que me caía mal Facundo Pastor pero a la hora de ponerme a escribir sobre la parte pública de su vida, de su costado profesional, no encontré grandes contradicciones ni cuestiones específicas desde donde cargarle las tintas. Tampoco me parece un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones, para los estudiantes de periodismo. Ahí en la mitad, más bien, el tipo que hace bien su trabajo, equivocando los enemigos. Empecemos por algún lado. La idea es desentrañar el ruido, ponerlo en palabras de este mundo.
Como muchos de sus colegas Facundo Pastor es un cruzado de la corrupción minorista. Entiende la conflictividad social más como un entretenimiento televisivo que como una herramienta de denuncia periodística. Sus informes vendrían a ser una suerte de Policías en Acción, pero de corte moralista, con su voz omnipresente, arguyendo un collar de sentencias formuladas como preguntas al ocasional maleante develado por su valiente informe, del tipo “¿tiene hijos?”, “¿sabe que lo que está haciendo está mal?” o “¿cómo se mira al espejo cada mañana?”, por poner algunos ejemplos.
Pastor comenzó su destacada carrera especializándose en todo lo referido a lo policial, en algo que podríamos englobar como periodismo de investigación de poca monta. Supe que tuvo un paso por la cuestión deportiva del oficio pero no la recuerdo, y, asumo, que fue fugaz. Con tiernísimos veintipicos secundó a Rolando Graña en experimentos post Punto Doc, cuando Cuatro Cabezas dejó de producir el ya mítico programa de investigación con onda. Graña se quedaría con el tiempo con una responsabilidad editorial mayor en América y Pastor se independizaría con productos propios hasta llegar a ser una cara importante del canal y una de las personalidades más destacadas en el periodismo audiovisual.
Me temo que su profesión es un ingenioso atajo para mezclar su afán deportivo de alto rendimiento con el trabajo. Ahí lo vemos corriendo un pelagatos que falsifica documentos, una señora que tiene 20 perros y no quiere juntar la caca o agrupaciones ilícitas de nombres provocadores como “la mafia de los plasmas”.
“Filmá ahí”, “seguime”, “bajó la escalera”, lo escuchamos apostillarle al cameraman mientras el malviviente intenta escabullirse del ojo público, siempre desde un bar de constitución a confundirse con la masa trabajadora, que va o viene, de su casa al trabajo o del trabajo al hogar.
A Szeta

C. Mortae

A Szeta

Sin comentarios 22 Diciembre 2009

Hace unas semanas hablamos de Ricardo Canaletti, hoy le toca el turno a su compañero de aventuras en la sección policiales de la señal TN, el más amigable y prometedor Mauro Szeta.
Con 15 años de periodismo, Szeta supo dedicarse desde temprana edad a la temática policial. Pasó por Télam y Diario Popular. Colaboró en los programas Forenses (de Sebastián Ortega) y Fiscales (conducido por María Laura Santillán). Firmó dos libros en triunvirato con su compañera de TN Florencia Etcheves y con la periodista de Clarín Liliana Caruso. Uno se llamó No somos ángeles, historias secretas al filo de la ley, y el otro -de nombre inexpugnable, Mía o de la Tumba Fría- sobre mujeres asesinadas, como María Marta García Belsunce, lo segundo mejor escrito sobre el caso después del libro de Pablo Duggan. Desde hace unos años, el joven Szeta es columnista todo terreno del departamento de noticias de Artear y acompaña a Ernesto Tenembaum en la primera mañana de radio Mitre.
De innegables dotes para la comunicación audiovisual, Szeta puede improvisar durante horas, a cámara, sin dudar, contando la misma información de 20 maneras distintas, para no aburrir, sin mayores datos, o con mayores datos, lo mismo da.
Cuando la inseguridad se apodera de las agendas informativas, aparece Mauro marcando la Sz de Szeta, pronto a elucubrar sin red informaciones trascendidas, jugando al detective mediático. Es entretenido mientras la causa no se resuelva.
Riesgos del vivo y la urgencia, un informe de archivo con las opiniones de Szeta sobre un caso policial albergaría al menos 5 contradicciones entre lo que asegura de entrada y lo que se termina demostrando.
Durante la cobertura del caso de la desaparición de la familia Pomar, el papel del Facundo Pastor de centro izquierda estuvo sobreactuado. Después de haber aludido a decenas de móviles y sospechas, la confirmación de la burda indeterminación del caso, lo puso (a él y a muchos colegas) bajo la lupa.
Claro que a la hora del balance, la autocrítica se ausentó por su brillo, solucionando sus equivocaciones de manera sencilla, al adjudicarles todos los errores en la primera cuota a funcionarios, policías, civiles, llamados al 911, que dieron líneas de investigación falsas en off, es decir, todos culpables, menos ellos. Así como la inseguridad tendría que ser política de estado, la comunicación sobre estos temas debiera tener también una mayor dosis de responsabilidad.
Aguad, ya sabemos no hay dos sin tres

C. Mortae

Aguad, ya sabemos no hay dos sin tres

5 Comentarios 19 Diciembre 2009

El diputado Oscar Aguad la semana pasada fue reelecto como presidente del bloque de la Unión Cívica Radical en la cámara baja. Apenas si sabemos quién es, parecería una figura nueva en la política, en ascenso. Pero en Córdoba y Corrientes sí que lo junan. O deberían.
Cuenta su currículum que inició su carrera política recién en 1983, aunque su apodo “El Milico” y una foto que está dando vueltas en la que secunda a Luciano Benjamín Menéndez se esfuercen por desmentir su derrotero. Recordemos que Menéndez fue comandante del tercer Cuerpo del Ejército durante la última dictadura y responsable de crímenes de lesa humanidad imprescriptibles. Actualmente, está preso.
Aguad también formó parte durante 7 años del directorio del diario cordobés La Voz del Interior, ahora de Clarín. Abogado y padre de 5 mujeres, desempeñó en la gobernación cordobesa diversos cargos durante el mandato de su íntimo amigo Ramón Mestre. De su paso por la gobernación, los mediterráneos memoriosos recuerdan la formación de una policía en extremo impía, el recorte de salarios estatales y jubilados, una reforma educativa que fundió la instrucción privada con la pública y demás gestiones de corte neoliberal.
Ya en la presidencia de Fernando De la Rúa, Aguad fue premiado por sus buenos servicios con el cargo de interventor de la ciudad capital de Corrientes, mientras su maestro y mentor, hoy fallecido, Mestre, se hacía cargo de dirigir la provincia, también intervenida.
Hace dos semanas, con casi nula repercusión de los medios, al contrario, ensalzando su desatacada labor parlamentaria, que le puso un freno al kirchnerismo en el manejo de las comisiones de la Cámara de Diputados, se conoció una sentencia de una jueza correntina, Laura Varela. Como querellante. la municipalidad de Corrientes comandada por la intendenta Nora Nazar de Romero Feris, la jueza procesó a Oscar Aguad por haber tomado un crédito por 60 millones de dólares que no se habrían rendido y que habría constituido un pesado lastre para las futuras administraciones provinciales.
Por suerte, las nuevas personalidades de la política siempre son un soplo de aire fresco para los medios de comunicación y sus soldados mediáticos, quienes vienen entrevistando a Aguad desde hace 4 años sin preguntar nunca nada sobre su pasado.
Dicho de otra manera, toda personalidad puede ser lo nuevo en la política siempre y cuando se tenga la memoria de un pez, cortoplacista.

Dueño, vende

C. Mortae

Dueño, vende

Sin comentarios 10 Diciembre 2009

Qué es lo que genera que ciertas personalidades terminen actuando como caricaturas de sí mismas, reforzando sus  costados más reprochables y escondiendo sus mayores virtudes. Luis Majul, periodista desde purrete, ya con 48 años, tiene algunas virtudes: fue promotor de emprendimientos auspiciosos en los que cedió lugar a colegas talentosos. Tiene cero miedo al ridículo y una gran capacidad para reírse de si mismo. Consigue entrevistas imposibles (es un gran  productor). Y, entre otras cualidades, se supo mantener en el candelero televisivo como ningún otro colega.

Había  empezado en la rama deportiva del oficio, pasó por Telefé Noticias, por TN, por muchas radios, hasta que finalmente recaló con La Cornisa en el Canal 7 de la Alianza. Había un semáforo, ¿se acuerdan?, que dictaba preguntas de acuerdo al color que la suerte devolvía en bandeja de plata. Se mantuvo en pantalla, ya dije, a pesar de algunas cacheteadas  discursivas que le propinaron y de las burlas a su estilo para entrevistar de parte de muchos colegas. Dribló muy bien los periodos de sequía en el interés de la audiencia sobre temas políticos entrevistando a Moria Casán, a Jorge Rial o a  Enrique Pinti. Su década audiovisual dejó de todo. Dueño de una simpatía particular y una ingenuidad labrada, Majul se  dejó sopapear por Elisa Carrió o se quedó titubeando ante el desplante de un Luis D’Elía iniciático. Pasos de comedia,  show televisivo. Todo ese ideario de periodista blando y dispuesto, de un año a esta parte, mutó.

Ahora hace de señor  enojado, con el semblante adusto. Sus reflexiones persiguen la certeza, con el agregado de la vehemencia. Coincide,  claro, con el tiempo histórico en el que uno de sus jefes, Francisco de Narváez, pasó de ser un simple accionista con  intereses políticos a uno de los principales opositores al Gobierno Nacional. Majul en tanto empleado no supo desmarcarse como si lo hicieron módicamente sus ex compañeros de Tres Poderes. En el plano gráfico también vivió un derrotero similar: publicó varios libros, uno de ellos entre los más vendidos de la década del 90, Los dueños de la  Argentina, un libro valiente en el que denunciaba los negociados de los grandes empresarios, como por ejemplo Franco Macri. De ahí pasó a trabajar para el socio bonaerense de su hijo, Mauricio, para, acto seguido, sucederle la suma de  todos los males a Néstor Kirchner, El Dueño, señor todopoderoso, maldito de toda maldad.

El elefante y las hormigas

C. Mortae

El elefante y las hormigas

Sin comentarios 29 Noviembre 2009

Un amigo alguna vez dijo: “Cada vez que Horacio Rodríguez Larreta sonríe un niño muere de hambre en África”. Otro amigo, en respuesta, exageró que cada vez que Rodríguez Larreta argumenta una posición “un investigador del Conicet no puede defender su beca”.
No es cierto todo esto, Horacio es lo nuevo de la política, salvo porque dirigió la Anses en 1995, porque fue subsecretario de Políticas Sociales en 1998, porque fue interventor del Pami con De la Rúa, y porque manejó la AFIP en 2001.
En el plano académico, Horacio tiene el título de economista de la UBA, un master en Harvard y 7 libros editados. El tema que lo desvela es el Estado, su organización y vericuetos, a los que llama Elefantes Blancos, metáfora preciosa.
Todo esto aprendido y enseñado logró sí ponerlo en práctica durante su actual gestión como Jefe de Gabinete de Ministros de Mauricio Macri, con las credenciales de la eficiencia, la capacidad, la innovación y, por qué no, cuando amerita, la autocrítica, tan necesaria.
No hubiera sido posible todo esto sin el Grupo Sophia que HRL fundara en 1993 para preparar cuadros dirigentes que estuvieran capacitados para saltar de la esfera privada a la pública, como él mismo, desde la Esso hasta la Anses.
Uno de esos libros, Domando el elefante blanco, se lo llevó años atrás a su actual esposa Bárbara Diez, porque precisaba una buena traducción al inglés. Ella le puso por nombre Taming the white elephant.
El siguiente diálogo se establece en un cuento de Hemingway. Bien podría haberse dado durante su primera charla:
— Parecen elefantes blancos —dijo.
— Nunca he visto uno. —El hombre bebió su cerveza.
— No, claro que no.
— Nada de claro —dijo el hombre—. Bien podría haberlo visto. (…)
— Bien, tratemos de pasar un buen rato.
— De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?
— Fue ocurrente. (…)
— Te quiero. Tú sabes que te quiero.
— Sí, pero, ¿volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?
Él se enamoró tras esta errática conversación, se matrimoniaron más tarde y Bárbara organizó la fiesta, soltando, durante el atardecer, pavos reales, que no eran Marcos Peña y Esteban Bullrich, aclararon. Bárbara estuvo 10 puntos y se reputó como una wedding planner. Comieron perdices y… sonrieron. Curiosamente esa tarde cerró una planta industrial de agua pesada en Eslovenia, dejando en la calle a 120 mil trabajadores calificados.
Policiales, a cara de perro

C. Mortae

Policiales, a cara de perro

Sin comentarios 22 Noviembre 2009

Con la muerte de Enrique Sdrech también devino el fin de una época del periodismo especializado a nivel audiovisual dentro de la línea editorial del Grupo Clarín. Tras algunas idas y vueltas, ese espacio, la ficcionalización de lo policial, fue cooptado por Ricardo Canaletti, uno de los pocos tipos mayores que quedan en ese ejército sub35 de soldados supuestamente desideologizados que la máquina Clarín utiliza para generar malestar en la cultura.
Este señor entrecano se mete en dos grandes categorías que a menudo utilizo a cuento de nada: “hombres con cara de perro” y “hombres que tienen un apellido que signa su oficio”. Se caía de maduro que al momento de elegir su especialización se iba dedicar a la temática policial, Canaletti, y no, por caso, a la crítica gastronómica (en ese caso debió llamarse Canelotti).
Lo de “cara de perro” en principio no tendría nada que ver, hay mucha gente con esa virtud, pero él tiene su “gran cara de perro”, de raza. Sería un perro policía, en guardia, siempre cuidando a sus dueños, por su naturaleza fiel, y porque fue educado para eso. Siempre presto a ladrarle a la luna.
Canaletti tiene un talento que para ciertas artes escénicas vendría a ser una cualidad (y el periodismo televisivo es cada vez más un arte escénico). Quiero decir, lo digo siempre, es más fácil destacarse en la televisión actual por la capacidad histriónica, actoral, que por la rigurosidad del conocimiento. Y Canaletti es un gran actor, más que un hombre de oficio, como era Sdrech. A Canaletti le sueltan dos certezas y lo lanzan sin red, en vivo, a improvisar en prime time una saga, un crimen pasional o un robo seguido de muerte, y habla hasta que le dicen por la cucaracha “ya está Ricardo, redondeá”. Tiene dos contactos, pongamos, el comisario que le dijo que el “agresor es de sexo masculino y que vive en la localidad de Polvorines” y un vecino que le apostrofó su afán etílico. Con eso Canaletti ya puede monologar 10 minutos sumando color, datos incomprobables, certezas que a los dos horas se descubren elucubraciones y demás elementos que logran indefectiblemente que vaya increscendo su enojo, que su tono de voz se agrave, para terminar quejándose de la lentitud de la justicia o la complicidad con las mafias. Mirando fijo a cámara, con su mejor cara de perro triste y desconsolado, elaborando una sesuda reflexión, la enésima variante del nadie hace nada.

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