La palabra más buscada en Google es sin dudas alguno de los tantos sinónimos de coito, por las 3 vías reconocidas por el Comité Olímpico Internacional y sus miles de variantes (siendo la del gangbang la que más llama la atención de quien escribe).
Aún así, el onanista promedio de internet a veces se hace tiempo entre sus tantas meditaciones, y cansado de manifestar la autoestima en forma tan recurrente o privado de la intimidad en un ámbito laboral, le da por buscar alguna que otra cosa a lo mejor más productiva (aunque nunca tan realizadora).
Allí es cuando se topa con un sin número de ofertas que, al menos a nivel superficial, lo hace sentir parte del mundo que lo espera afuera. Entonces se lee la edición impresa de algún diario (mayoritariamente la sección deportiva), la página de su banda favorita o del club de sus amores y hasta tal vez se atreva a dejar algún comentario ortográfica y semánticamente revolucionario en Indymedia o meterse en el facebook para unirse al grupo “YO LO QUIERO A RICARDO FORT COMO TÉCNICO DE RIVER”.
Este tipo está mal, y a través de la tecnología ha alcanzado un nivel de imbecilidad que pone en crisis los postulados del Humanismo. ¿Puede este tipo ser la razón de ser del orden social? ¿Qué tipo de orden social se legitimaría a partir de las aspiraciones de semejante engendro? Un orden social muy triste, desde ya.
Como dijera alguna vez el General Juan Domingo Sartre: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”, y este nuevo sujeto secular onanista y consumidor de información barata no es más que lo que se espera de él. Un ser alienado, anulado por la autosatisfacción (tanto física como moral) cuya única misión en la vida es transcurrir siendo un observador y calificador moral de los hechos siempre ajenos a su poder de decisión.
Allá donde todas las teorías fallan, aparece el peronismo. Y, afortunadamente, Internet no es un ámbito exento de esta mancha negra y aceitosa que no se lava nunca y -peor aún- se reproduce. Cuando existen dos alternativas aceptables (cultura y contracultura bien) el justicialismo con su matriz gnoseológica propia y renegada es la negación de estas disyuntivas estériles. Por eso no es casualidad que entre tanto información barata que se produce y se reproduce a través de la red, cuando hablamos de participación política cibernética, son el peronismo y sus afines quienes dan la nota. ¿Es casualidad que sea la denominada “blogósfera Nac&Pop” el único ámbito político digital que se hace lugar en las tapas de los diarios de mayor tirada?
¿A qué se debe esto? ¿A la necesidad de un grupo monopólico de recrear nuevos motivos para criticar a un Gobierno al cual declaró enemigo? Sin dudas. Pero también hay otro motivo: el único debate político interesante, con matices y mútliples dimensiones y ajeno a la repetición autista de consignas, se da en ese ámbito.
Hablando en criollo: a los peronistas (y a aquellos que sin definirse como tales y tal vez sin darse cuenta, también lo son) les gusta discutir política, aunque sea por Internet. A los demás les gusta indignarse o sentirse magnánimos por apoyar proyectos de trenes imaginarios. (¿Alguien se acuerda del Tren para Todos?).








