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De adolescentes y macristas

Sin comentarios 02 Septiembre 2010

Por Tomás Aguerre

El día que asumió Mauricio Macri con un altísimo grado de popularidad, abrí mi DNI, observé mi domicilio legal y proyecté lo que sería mi vida política en ese lugar del interior del país. Acá no ganábamos más: una ciudad
que (contrariamente a lo que cree de sí misma) se sostiene en ciertos valores de conservación, frente a un gobierno que apuntaría a la gestión de “los problemas de la gente” luego de una experiencia progresista que había hecho agua en cada una de sus áreas. El macrismo había llegado para quedarse. Con acostarse sobre la tabla de barrenar y no provocar demasiadas olas, Mauricio Macri hubiese convertido a la Ciudad de Buenos Aires en la unidad básica del PRO. El único problema fue que el macrismo, aún, no había madurado.
¿Alguna vez intentaste discutir con un preadolescente? Es más agotador que discutir con un niño. El niño, al menos, sabe lo que quiere. Puede ser irracional en ese deseo: puede querer un cohete espacial para él solo y su grupito de malandras con los que va al jardín. Pero la discusión se ordena en torno a ese objetivo. Uno puede, frente al niño, argumentar las dificultades de instalar una plataforma de despegues espaciales en su patio. El pre-adolescente, en cambio, discute sin piso, porque no sabe lo que quiere. Da la sensación de que el macrismo tiene, por momentos, catorce años. Todavía no sabe bien si quiere jugar a la pelota dieciséis horas seguidas o darle un beso a la compañera de banco. Le crecen unos pelos y se los afeita mal, no mide las nuevas dimensiones de su cuerpo, intenta tomar cosas y las tira, torpemente, al suelo. El macrismo discute en esos términos. Sin pisos, sin orden. No es casual que Twitter sea un lugar explotado por ellos.
Porque permite ese balbuceo divagante de adolescente. De usar las tangentes como si fueran autopistas.
La derecha no sólo existe. La derecha debe existir. “La derecha”, incluso, debería dejar de ser un insulto, una descripción peyorativa. La derecha es un lugar de la política tan legítimo como cualquier otro. Con banderas diferentes a las que otros defendemos, con proyectos de país distintos. Pero que ayudan, por lo que no son, a construir ese país. Tiene que haber una derecha con la que se pueda dialogar. Una derecha que te incomode, de vez en cuando, corriéndote por izquierda; que sea capaz de reconocer avances y, en ese caso, criticar por lo que falta. Una derecha capaz de entender las formas de construcción política más allá del juego mediático y capacitada en términos de administración pública. Argentina tiene un problema estructural: le falta una burguesía nacional. Es ahí donde juega el Estado, como suplente de esa falta. Quizás con esta derecha pase lo mismo. Tal vez habría que estatizar la derecha, y crear un Ministerio de Derechas Racionales que financie su formación y preparación para la gestión. Porque si una buena derecha no existe, habrá que inventarla.

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Construyendo hoteles

Sin comentarios 26 Agosto 2010

Por Tomás Aguerre

Siete hoteles enormes, arquitectónicamente militares. Uno abandonado, los seis restantes plagados de militantes. El encuentro de Embalse tuvo un marco que no pudo haber sido otro sino el complejo hotelero
construido por el gobierno de Perón, como parte del Segundo Plan Quinquenal, allá por 1950.
Es extraño, pero no hay carteles, ni placas, ni monumentos que referencien al hotel con su constructor. La explicación es, tal vez, que no hace falta. Los que llegamos desde Buenos Aires, de la provincia y de la Capital (que en Córdoba y en tantos lugares son lo mismo), lo reconocemos por la estética. Por una especie de playón, tan parecido a la Rambla marplatense, que bordea todos y cada uno de los hoteles. Por los inmensos comedores, por las mismas puertas, la misma disposición de las habitaciones. Porque el complejo de Chapadmalal, albergue del anterior encuentro, era exactamente igual. Para qué, entonces, redundar. Para qué colocar una chapa que dé cuenta de su constructor, cuando es tan evidente.
El hotel como concepción es un símbolo del peronismo: de la ampliación de derechos, del acceso a mejores condiciones de vida, de la creación conjunta del sujeto-trabajador, del consagrado derecho a vacacionar,
14 bis mediante. Procesos posteriores dejaron en pie ese lugar y tanta otra infraestructura construida por el peronismo. Lo que vaciaron, en verdad, fue su contenido.
El complejo hotelero de Embalse no fue demolido: lo que faltaron fueron los trabajadores que lo habiten transitoriamente.
Dos mil militantes jóvenes reunidos en un complejo hotelero, cientos de organizaciones dispuestas a discutir una agenda generacional. Para crear otro piso, uno más alto, que desborde los techos del presente. Y parados, metafórica y literalmente, sobre uno de esos pisos que construyó el peronismo.
Desde ahí, desde ese enorme complejo, se paró la militancia para pensar cómo avanzar. Cómo volver a llenar esos hoteles, cómo volver a tener que construir otros nuevos. No para replicar un país que ya fue sino para, con ese país que fue, construir uno nuevo. Pensando en cómo construir los nuevos derechos de las generaciones que van a venir. ¿Cuáles serán los hoteles del mañana?, ¿cuáles serán esos pisos que será necesario construir? Ricardo Piglia se preguntó alguna vez, quién escribirá nuestro Facundo. Embalse, tal vez, se preguntó quién construirá nuestros hoteles, y a quiénes falta albergar. Así se pasó el tiempo. Construyendo
hoteles. Mientras los pibes, allá en la esquina, siguen pegando carteles.

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Inception (o El Origen)

Sin comentarios 19 Agosto 2010

Por Tomás Aguerre

La película El Origen (“Inception”, en inglés) problematiza la cuestión de cómo poner la semilla de un pensamiento en el inconsciente de una persona.Quizás discutir Papel Prensa es ir a discutir, también, el origen del debate sobre la libertad de prensa. Su faz material. La condición de posibilidad del resto de los debates: si hay presión a periodistas, si no la hay, el vínculo entre dueños de medios y representantes políticos, el tratamiento de la información. Discutir algunos de estos temas, sin zanjar ese estadio previo es negar la existencia de una estructura material que, si bien no determina de forma automática, sí condiciona la posibilidad de que exista una pluralidad de voces.

Un marxista ortodoxo (o su caricatura) diría que la condición de existencia de un diario no son las ideas, sino el papel. Existe un diario porque existe el papel. Ese es, en verdad, El Origen. La libertad de prensa existe, principalmente, porque existe previamente la capacidad humana de serruchar un árbol, procesarlo y convertirlo en papel. El carácter liberal, o popular, o de izquierda, o golpista es, en todo caso, una suscripción posterior a un hecho que, en verdad, es material. Y que está condicionado o determinado (de acuerdo a la corriente del marxismo más o menos gramsciana a la que nuestro amigo marxista adhiera) por esa capacidad de producir el papel.

La revisión gramsciana del marxismo supone que la cosa no es tan así. Que lo material condiciona, pero que no determina. La conclusión es, en verdad, que la política no es mero reflejo automático de la estructura de vida material. El Grupo Clarín, inteligentemente, también lo entendió así. Por eso jamás se conformó con ser un socio minoritario del grupo que controla el papel. Como Gramsci, Clarín entendió que controlar los procesos materiales exige una construcción política. En esa senda se inscribe el accionar del Grupo, desde la cuestionada compra de las acciones de Gravier en 1977, hasta el principio de ruptura con el Gobierno de Cristina Kirchner cuando éste quiso hacer valer la silla del Estado en Papel Prensa.

Lo que no entendió el Grupo Clarín, lo que no puede entender ningún grupo económico cuando pretende hacer política, es que la construcción política está sujeta a reglas. Le cuesta, al Grupo, entender la idea de negociación, de postulación de preferencias, de acuerdos y de sujeción a marcos normativos. Porque el objetivo es demasiado grande, entonces los medios -justamente- son igualmente maximalistas. Cuando el objetivo es controlar la distribución del papel, El Origen mismo de la libertad de prensa, entonces casi cualquier cosa es válida.

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Suponete que Cristina se llama José

Sin comentarios 11 Agosto 2010

Por Tomás Aguerre

El 19 de julio pasado, la Presidenta Cristina Fernández reglamentó la Ley de Protección Integral de la Mujeres sancionada por el Congreso en 2009. La ley previene y sanciona las conductas que, tanto en el ámbito público como privado, basadas en una relación desigual de poder, afectan la vida, la libertad o la seguridad personal de las mujeres. El carácter integral de la ley supone, por otra parte, una perspectiva que va más allá de la violencia doméstica, al contemplar a la violencia de género en sus diversas formas: física, sexual, simbólica, económica, patrimonial, psicológica y simbólica. Fue en el marco de esa reglamentación, donde Cristina Fernández expresó que la violencia verbal contra el género es una batalla cultural.
La cuestión de género es, por cierto, una batalla cultural. Existe una suerte de debate, respecto de si el hecho de ser mujer le plantea a Cristina un obstáculo más, de los tantos que hacen a la gestión de un Estado. Y en ese punto, mi postura, tal vez incorrecta, es que no. La cuestión del género es apenas una anécdota en esta historia. Aislemos la variable, sino. Supongamos, por un instante, que Cristina fuese hombre.

Suponete que Cristina se llamara, por caso, José. Suponete que José hubiese intentado elevar los impuestos a la exportación. Suponete que José, luego, le hubiese quitado el negocio del fútbol a los privados. Abierta esa puerta, José decide impulsar una nueva Ley de Servicios Audiovisuales. José lanza, también, la Asignación Universal por Hijo. Por si fuera poco, José acompaña la sanción de una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo. Ahora agregale a José una condición cualquiera. Qué te juego que esa condición -si es feo, si es alto, si es bajo, o morocho, o medio bizco, o rengo- se convierte en receptora de los apelativos. El insulto es un maquillaje bastante burdo en la expresión de un conflicto.

Eso sí. A José no le hubieran remarcado, nunca, su condición de género. Ahí, la batalla cultural es cierta. El carácter femenino de Cristina molesta tanto como que un jugador colorado te haga un gol. Cuando te lo hace, lo insultás y utilizás todos los apelativos posibles que refieran a su condición de colorado. Eso evidencia, por cierto, una violencia previa, una serie de prejuicios respecto a los colorados. El fondo, sin embargo, es el gol.

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Esas motos que van al 2000

Sin comentarios 05 Agosto 2010

Por Tomás Aguerre

Era diciembre de 2001 y el país estallaba. Era 20 de diciembre de 2001 y la imagen era dantesca: las barricadas, las cacerolas, el caballo de la policía que se acercaba a las Madres, el chino que lloraba por televisión, los saqueos, el helicóptero, la anomia. Imágenes. Aquello también era un escenario: tan teatral como Fuerza Bruta en el Bicentenario, pero más trágico y espontáneo. Murgas de manifestantes, mappings televisivos que recorrían la historia de esos dos años, supermercados que se convertían salvajemente en puestos de comida.

Y en ese escenario bélico se erigía, solemne, la figura de una especie de caballería urbana y popular: los motoqueros. El 20 de diciembre de 2001 fue la explosión final del retiro del Estado, pero también el día que condensó esa imagen: la Policía contra los manifestantes, las ambulancias en retirada. Y allí estaban los motoqueros supliendo aquello que faltaba, trasladando heridos, arremetiendo contra la Policía. La paradoja no era menor, y se afirmaba aquella sentencia de que todo sistema, todo modelo podríamos aggiornar, contiene el germen de su propia destrucción. Porque no hay, quizás, un oficio tan nacido al calor de la década del ´90 como el de motoquero.

Entonces ya no era un azar que estuvieran ahí. El escenario de la Historia es tal vez menos casual que el del teatro. Los motoqueros eran también la consecuencia de una forma del abandono del Estado, que es la precarización. Identificados por su medio de transporte y cierta urgencia en el traslado, hija de esa precarización, el 20 de diciembre los encontró formando parte del fin de una historia que los había tenido como actores secundarios. El 20 de diciembre, esos veloces transportistas de pequeños mensajes, se vieron obligados a abandonar los márgenes de la calle que siempre transitaron, y tomaron el centro de las calles. Como una reivindicación de la profesión, pero también de su objeto. La moto, ahora, iba por el medio de la calle. Algunos autos, apenas, comenzaban a incendiarse.

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Macri pasea en moto su discriminación

Sin comentarios 05 Agosto 2010

Por Gabriela Alegre
Diputada de la Ciudad de Buenos Aires, Bloque Encuentro Popular para la Victoria

Para Mauricio Macri la seguridad consiste en perseguir a los más necesitados. Así funcionó la UCEP, “limpiando” los espacios públicos de personas en situación de calle. Así se montó en la Policía Metropolitana un aparato de espionaje ilegal. Así propone en la Legislatura perseguir a motoqueros, limpiavidrios y cuidacoches.

En el caso de los motoqueros, el proyecto presentado por el oficialismo, pretende restringir el acceso de motos al microcentro y avenidas más importantes de la Ciudad, prohibir la circulación con acompañantes e imponer el uso de chalecos reflectantes con el número de patente impreso.

Esta iniciativa macrista estigmatiza a quienes usan la moto como medio de transporte o como instrumento de trabajo y los coloca en el lugar de “sospechosos de comisión de delito” por el simple hecho de andar en moto. Claramente atenta contra el principio de inocencia, y limita el derecho constitucional a la libre circulación.

La Constitución porteña es clara cuando en el punto 9 de su artículo 13 establece que “se erradica de la legislación de la Ciudad y no puede establecerse en el futuro ninguna norma que implique, expresa o tácitamente, peligrosidad si delito”.

Nuevamente Macri, responde de manera espasmódica y marketinera ante problemas profundos como el de la seguridad. No podemos permitir que el macrismo avance en la criminalización de la pobreza, persiguiendo a través de estas medidas a los sectores más vulnerables y desatendiendo sus necesidades básicas como vivienda, educación y salud, generándoles más problemas que soluciones.

El gobierno Pro no reglamenta ni hace cumplir las leyes que ya existen y protegerían los derechos laborales de mensajeros y deliverys, por el contrario los prejuzga, persigue y discrimina.

Con el pretexto de combatir la inseguridad, Macri equipara a los trabajadores con personas que cometen algún tipo de delito. Al punto tal de incurrir, ante cronistas televisivos, en el acto fallido de confundir a un motoquero (que amablemente lo llevó hasta Tribunales) llamándolo motochorro.

Obama, el Nobel, y la hermandad latinoamericana

Columnistas

Obama, el Nobel, y la hermandad latinoamericana

Sin comentarios 03 Agosto 2010

Por Néstor Casella

“Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”. La frase es de Jean Paul Sartre, uno de los intelectuales más comprometidos del siglo XX que en 1964 rechazó el Premio Nobel de Literatura para no entregarse a las “dádivas burguesas”.
En octubre de 2009, Barak Obama recibió el Premio Nobel de la Paz. Este hecho sólo provocó que me alegrara de que Jorge Luis Borges nunca haya recibido tamaño premio. Desde siempre se supuso que la razón por la que la honorable Academia sueca nunca se lo entregó fue por aquella visita al chacal de cobre trasandino, Pinocho Ugarte. Otro monstruito por cierto.
Él era ciego, pero vio con su literatura el 2009 hace muchos años. Y hubiese escrito estas mismas declaraciones de Obama como cita textual en una hipotética segunda parte de Funes el Memorioso:
“Si no logro traer de vuelta a las tropas en Irak, entonces habremos perdido la oportunidad”. Eso fue lo que dijo, aunque parece no recordarlo y, como en el T.E.G., retira las fichas de un lado para mandarlas a matar a otro. ¡Mandar a matar a los que confiaron en él con su voto, como bien son “sus” soldados! Porque Irak sigue ocupada por sus muchachos. Blancos y negros como Michael Jackson pero con fusiles en lugar de bastones. Obama es clarísimo en el discurso: “en la guerra asesinas y no siempre vuelves a tu casa”, y lo dice con una frialdad que achicharra los huesos.
Venezuela y Colombia están en conflicto. Y sabemos que en el país de Bolívar se encuentra una de las mayores reservas de petróleo del mundo. Pero con la pueril excusa de combatir el terrorismo, la guerrilla y el narcotráfico, EEUU está tomando parte insoslayable en esta confrontación entre dos países hermanos. Anthony Negri y Michael Hardt escribieron Imperio en 2000, un libro que levantó bastante polvareda por estas tierras y que fue objeto de ardorosos debates. Negri y Hardt comienzan uno de sus capítulos afirmando que uno de los objetivos consumados por el imperialismo moderno consistió en “atomizar” los conflictos, es decir, operar poderosamente en impulsar cuñas entre las masas, dividiéndolas en campos opuestos o en verdad “en una miríada de partes conflictivas”.
Estemos atentos y no nos dejemos engañar esta vez.

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Santo Rosario

Sin comentarios 31 Julio 2010

Por Néstor Casella

María José de Ituzaingó sofoca con un abrazo caliente a José María de Balvanera en la explanada del Parlamento; en el mismo momento, Alexis desde California le envía un correo a Alexis de Mendoza. A pesar de la diferencia horaria, Andrea de Banfield recibe un llamado telefónico con enhorabuenas de Andrea desde Milán.
Es que a partir de la madrugada aterida del jueves 15 de julio, para el Código Civil argentino, la homosexualidad ya no será una enfermedad ni una perversión. Buenos deseos, amor.
La iglesia (con minúsculas) que en algunos casos fue cueva de pedófilos y torturadores (si pudiera vomitar la hostia que me dio Quarracino de chico en visita de “honor” a la parroquia del barrio…) es la misma que hoy niega que el amor de dos personas se sustancie legalmente. Es la misma que prohijó a Von Wernich, Aramburu y a Grassi, la misma que bendijo las armas de la dictadura.
Por eso, la pancarta con la imagen de Jesucristo, en la marcha del Ku Kux Klan argento la noche anterior, me convirtió en un bendecido del estupor.
Amar es un derecho humano, casarse un derecho civil. Y si un Católico Apostólico Romano, por caso, cree que sus restricciones religiosas son prioridad ante cualquier otra, en todo su derecho está de no hacer uso de la legalidad impresa en la ley humana.
Y ciertos discursos, por supuesto: en política, toda acción viene acaecida de palabras. “Personas con sexualidad diferente”, se dice, y eso se puede ver desde dos vertientes: la que celebra la diferencia; y a que se pregunta ¿sexualidad diferente para quiénes?. Para un gay, la sexualidad diferente sería la mía, por ejemplo.
Sobre el tema de la adopción, aceptemos que haya gente que lo ponga en cuestión, demos esa discusión abiertamente. Ahora, lo que tiene que quedar claro es que con los pibes no se jode. Lo que necesitan los chicos es amor. Y el amor no lo garantiza nadie, ni el hetero, ni el homo. (Me refiero al Homo Sapiens.)

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Cuadros

Sin comentarios 30 Julio 2010

Por Tomás Aguerre

¿Qué tienen en común Marcelo T. de Alvear, Manuel Belgrano, Fernando Abal Medina, Miguel Cané, Martín Caparrós, Jorge Dorio, el obispo Casaretto, Carlos Corach, Pepe Eliaschev, Macedonio Fernández, Mario Firmenich, Ángel Gallardo, Claudio Lozano, Rolando Hanglin, Bernardo Houssay, Vilma Ibarra, Agustín Justo, Martín Lousteau, Carlos Mugica, Carlos Pellegrini, Carlos Petracchi, Roque Saenz Peña, Horacio Verbitsky, Felipe Solá, Jorge Taiana y Juan Pablo Varsky?

Era obvia la pregunta y es obvia la respuesta. Todos ellos, claro, fueron al Colegio. El Colegio se nutre todos los días de ese mito. Imparten clases los fantasmas de la Historia: docentes nebulosos, vestidos de fallecidos y con el rictus serio que sólo tienen los próceres. El Nacional Buenos Aires reescribe su historia para atrás: dice que allí estudió Belgrano, cuando los expulsaron de la Manzana de las Luces y los mandaron al edificio que ocupan hasta hoy. Impune, las pretensiones expansionistas del Colegio se arrogan el derecho de autoría de las experiencias que nacieron de sus alumnos: el Colegio Unión del Sud como una pequeña sucursal del Colegio, porque lo creó Pueyrredón; el Colegio de Ciencias Morales, creación del colegiado Rivadavia, un hijo bobo del verdadero Colegio. Por carácter transitivo, asegura el Colegio, si en esas sucursales se criaron Echeverría y Alberdi, en verdad se criaron en el Colegio. El Colegio es el club grande de la educación, el que negocia la patria potestad del saber con los clubes chicos del Interior y se lleva a los mejores pibes.

Habrá que preguntarle la fórmula, un día, al Colegio. Intuyo que el Colegio no la sabe, ni la tiene, pero le encanta mostrarla. El Colegio es resultadista: dice que formó los mejores cuadros de la Argentina, y posiblemente sea verdad. Es kantiano, cree en el carácter necesario y universal de la causalidad: entiende que pasar por el Colegio es formarse como cuadro. La fórmula, asevera, es algo así como la calidad de la educación, garantizada por un tamiz llamado curso de ingreso. El Colegio no explica, nunca, por qué de sus filas surgieron dos líderes Montoneros, un cura tercermundista, un diputado por Proyecto Sur, un ministro del Interior de Menem y un presidente radical de los años ´30.

Pero el Colegio no habla de política. Que sea en todo caso la política, si quiere, la que hable del Colegio.

Tristeza mundial: se viene el Apertura

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Tristeza mundial: se viene el Apertura

Sin comentarios 23 Julio 2010

Por Néstor Casella

Surgen preguntas después del sábado 10 a las 12:15 PM. ¿Se jugaba antes mejor que ahora (o viceversa)? ¿Una cosa es jugar “lindo” y otra jugar “bien”? ¿Hay un “estilo” en cada equipo?
La tradición tiene que ver con las características propias de un país, aunque por cierto, banalmente traspoladas al deporte. Dicho de manera muy pedestre, los brasileños “alegres”, los alemanes “concentrados”, los nigerianos “rústicos”.
Pero muchas veces la regla se rebela contra sí misma: los uruguayos son de carácter mucho más apacible que los argentinos, pero pegan furibundas patadas inversamente proporcionales a su parsimonia ribereña. A propósito de las características más ostensibles que se vieron del equipo celeste en este mundial: la caballerosidad inigualable de su DT Oscar Tabárez y su apego a la (buena) suerte.
El estilo sería otra cosa: es el talante que cada uno de los directores técnicos le imprimen al equipo.
Entonces, si en la Argentina el fútbol es tan importante como en verdad lo es, ¿no debería elegirse al DT nacional en elecciones populares? Si se canta el himno antes de cada partido, ¿los técnicos no son en verdad algo así como embajadores plenipotenciarios del paladar nacional?
Con el más grande de todos los técnicos argentinos, Marcelo Bielsa, incapaz de estornudar en una cancha de fútbol sin taparse la boca, nos vinimos en primera ronda hace 8 años. Salud Marcelo ¡y mucha suerte con Chile en el 2014 que la vida siempre da revancha!
Es normal que los jugadores hayan sido aguardados en Ezeiza. Si para recibir a los subcampeones en Italia se colmó la Plaza de Mayo en 1990 y hubo muchos más argentinos que para vituperar el indulto cinco meses después ¿el fútbol no debería ser una cuestión de Estado?
Ramos Mejía seguramente incurriría en una herejía, sería un aguafiestas, cuando planteaba que nuestro país “está dirigido por fuerzas artificiales, por tres o cuatro hombres que representan sus propios intereses pero pocas veces por tendencias políticas, económicas e intelectuales de la masa.” Finalmente, nos queda un último interrogante: ¿gana siempre el mejor?
Por fin, en Sudáfrica 2010 triunfó el mejor, señoras y señores… Fútbol de toque paciente, “fútbol sin arcos”, fútbol de respeto por “el útil de juego”, como dirían los viejos relatores. Para quien hace 20 años anunció los indultos y comentó por Telefé desde Sudáfrica la respuesta es rotunda: sí, el que gana es el mejor. Y esta vez el mejor, además, jugaba que era una pinturita.

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