O. Vocacional

Medios, negocios y cinismo

Sin comentarios 13 Julio 2010

Por Santiago Diehl

La “Operación 82% móvil” fue orquestada por el diario Clarín y su guión seguido a pie juntillas por los figurones del Grupo A, entre los que se cuentan ex-funcionarios o políticos afines a proyectos ideológicos que destruyeron el sistema previsional y sus instituciones, recortaron los haberes de los viejos y entregaron sus ahorros a los bancos a través de la creación de las AFJPs para que hicieran negocios a través de la timba financiera.
No obstante el cinismo y la cara de piedra de algunos políticos opositores, el reclamo está montado sobre tierra fértil porque -al decir del bloque de Diputados de Nuevo Encuentro-, se trata de una “bandera de los sectores populares desde hace más de medio siglo”. Para Sabatella y compañía, además, es una medida “absolutamente justa y un objetivo que es posible alcanzar”. La iniciativa también es promovida por la CTA, que demanda una reforma integral de la legislación previsional que elimine los rastros del sistema de capitalización y armonice las diferencias en los montos que cobran los viejos. La CGT demostró en las declaraciones de Hugo Moyano un grado de madurez notable en relación a la importancia de las cuentas fiscales: “Progresivamente deberíamos llegar al 82 por ciento móvil de las jubilaciones, para que no nos pase lo que sucedió en 2000, 2001″, dijo.
El oficialismo tiene muchos pergaminos para exhibir en la materia, como la re-estatización de los fondos jubilatorios, la ampliación de la cobertura a 2,4 millones de personas que estaban privadas de ese derecho, el aumento de casi un quinientos por ciento desde el 2003 de los haberes y la sanción de una ley que establece su actualización semestral. Entonces, como con la Asignación Universal por Hijo, el guante arrojado por la oposición es otra buena oportunidad para redoblar la apuesta y salir por izquierda, hacer agenda común con el progresismo no peronista y apuntalar aún más los derechos de los trabajadores.
Esta semana se conoció también una denuncia de la Unidad de Información Financiera (UIF) que vino a poner, en parte, las cosas en su lugar. El Grupo Clarín S.A. está acusado de ser parte de una asociación ilícita, en la que está también implicado el JP Morgan Chase, que perpetró una defraudación millonaria contra los fondos de jubilaciones y pensiones de las extintas AFJPs. En concreto la causa abierta es por “manipulación de precios de acciones que se ofertan públicamente en el mercado de valores y su venta a los fondos de inversión, con la probable connivencia de los gerentes operativos de los mismos”. El testimonio de Hernán Arbizu, ex-gerente de cuenta del Grupo Clarín en el JP Morgan Chase desnuda el anudamiento del poder financiero y corporativo con los medios de comunicación, del cual son su brazo armado para disputar y defender negocios. Que sean parte, junto a los dirigentes del Grupo A, del club del cinismo, no es pura coincidencia

Yo, maestro de adultos

O. Vocacional

Yo, maestro de adultos

Sin comentarios 28 Junio 2009

Soy Esteban “Kito” Sueyro. Mi carrera transcurrió en el Normal Nº3 de San Telmo, allí estudie para Profesor de Enseñanza Primaria.  Me decidí a estudiar magisterio porque buscaba alguna profesión que tuviera un fuerte contenido social y contacto con la gente. En aquel momento –pleno auge de la carpa blanca- ser maestro era sinónimo de resistencia al neoliberalismo, al individualismo. Creo que eso me marcó mucho.
Si bien la carrera no es muy exigente, en términos académicos, muchas materias me ayudaron a comprender la realidad, a pensar las cosas con otro enfoque. Una materia que me marcó mucho fue Seminario del Adulto. Nos hacían leer muchísimo a Freire, entre otros autores. Se armaban debates muy ricos, donde todos participábamos. Mucho tuvo que ver esta materia para inclinarme a la Educación de adultos.
Hace ocho años que trabajo en el PAEByT (Programa de alfabetización, educación Básica y  trabajo para jóvenes y adultos). Los primeros cinco trabajé como maestro en la villa 20 de Lugano en varios comedores y hace tres que soy Orientador Pedagógico.
Tengo a cargo seis centros de alfabetización en la villa 21-24 del barrio de Barracas. Allí acompaño a los docentes y a los estudiantes,  vinculo a los centros con las organizaciones del barrio, los centros de salud, las secundarias para nuestros egresados y trato de estar allí donde hay un problema, pero nos faltan los insumos materiales básicos. Los centros funcionan en comedores, centros de salud, parroquias y básicamente se sostienen por el esfuerzo militante de los docentes, a pesar de que el programa depende del Gobierno de la Ciudad. Encontré aquello que buscaba en el profesorado: contacto con la gente. Veo muy de cerca cómo se pueden cambiar cosas de nuestra realidad. Por eso creo que soy afortunado con mi trabajo, hago lo que me gusta y  aporto un granito de arena para que las cosas sean distintas.

O. Vocacional

Yo, periodista

Sin comentarios 21 Junio 2009

Soy Lucas Schaerer. Cuando terminé la secundaria, hice el CBC en la carrera de comunicaciones de la UBA y salí eyectado por propia voluntad: no era lo que buscaba. Llegué a conocer a Miguel Bonasso y participé en la investigación del movimiento asambleario para su libro “El Palacio y la Calle”, que nunca fue publicado. Después fui a sus clases dedicadas al periodismo de investigación en la Universidad Nacional de Quilmes y pasé a formar parte de su equipo, junto con Ana de Skalon y Paloma García. Esto me permitió conocer varios colegas. A poco más de un año descendí a las divisiones inferiores del periodismo, también por propia voluntad, y creo que la decisión no  fue errada. Comencé a escribir para medios gráficos barriales y el tiempo libre lo aproveché para hacer cursos en el gremio UTPBA (el de los periodistas) para seguir buscando perfeccionarme. Unos meses después surgió la posibilidad de que un camarada, Martín Vedia y Mitre, me diera la chance de entrar en la redacción de Noticias Urbanas, que es una agencia por internet. Al mismo tiempo, inicié el profesorado de Letras y fui colaborando en varios medios gráficos nacionales y en un programa de televisión.
Estudiar y hacer periodismo es complicado, más cuando buscás primicias, o lo que nadie dice o se juega a contar. En un principio, en la agencia “picaba cables”, es decir, reescribía comunicados de prensa. Con los meses fui metiendo otros temas, siempre con la premisa de salir a la calle o a los pasillos de las villas. Me gusta buscar la noticia, conocerla caminándola, convirtiéndome en una vieja de barrio que respira y observa detrás de la cortina, pregunta y repregunta por los comercios y a los conocidos.
Esto me alejó de los comunicados y de la redacción misma. Pero priorizar la profesión al estudio inevitablemente retrasa la cursada y al momento de los parciales todo se pone en evidencia.
Tengo una anécdota interesante vinculada a la tragedia de República Cromañón. “¡Juntaste tus dos amores, no puede ser!”, respondió el director de Noticias Urbanas cuando le conté que en las catacumbas del boliche incendiado funcionó, hasta cinco meses después de la tragedia, un taller textil. Desde el 19 de agosto, sigo el juicio oral personalmente.  También me involucré en otra tragedia, un incendio en el taller textil de la calle Luis Viale: fue un viaje al inframundo del trabajo esclavo.
De la profesión espero dos cosas sencillas. Que cubra los placeres más ínfimos y bonitos de la vida y que sea una trinchera  para los que quieren seguir luchando contra los esclavistas, proxenetas o narcos.

O. Vocacional

Yo, guionista

Sin comentarios 14 Junio 2009

Gabriel Yeannoteguy

Uy, dios, la vocación. Mi derrotero es tan variopinto que no sabría por dónde empezar, pero es un buen comienzo decir que hoy tengo 30 años. Digamos que me metí en periodismo a los 12, en música a los 13, en teatro a los 14, en una murga a los 15, en Letras a los 18, y todo eso se fue acumulando hasta no tener idea de qué hacía en realidad. Por suerte, en algún momento decidí estudiar una carrera y por si fuera poco terminarla: guión de cine. La carrera de guión, en aquel entonces (ya a los 23), me ayudó a dejar de analizar y empezar a producir. Era una carrera práctica. Taller, proyectos. Etcétera.
Durante el último año de la carrera de “Guionista cinematográfico” en el ENERC, conseguí trabajo en cine, pero como ayudante de dirección. Al año siguiente, por fin, apareció la oportunidad de trabajar como guionista de un programa sobre ciencia (Científicos Industria Argentina, en Canal 7, hoy sigo ahí); más tarde se sumaron algunos documentales y otros programas similares.
El chiste es que yo era, principal y supuestamente, guionista de ficción. Así que tuve que aprender a hacer este trabajo. Durante el primer año no sé cómo no me echaron. Supongo que sabían que esta clase de trabajos se aprenden haciendo.
A pesar de todo, en poco tiempo estuve al tanto de cosas tan disímiles como la secuenciación del genoma de la vinchuca, la detección de rayos cósmicos en Mendoza o la toma de datos oceanográficos de un satélite argentino. Algunos amigos y conocidos me dijeron: Uf, tenés que estudiar un montón. Pero esto no es necesariamente un problema. Mi tarea, en realidad, no consiste en desarrollar tareas científicas sino en encontrar la forma de contarlas: hacerlas interesantes, accesibles y por sobre todas las cosas, valorables.
En este punto podría aclarar en qué consiste mi trabajo. Soy un eslabón en una cadena. Primero, las productoras, junto con los cámaras y sonidistas, entrevistan a uno o más científicos o técnicos involucrados en algún descubrimiento o investigación. Luego, yo recibo las entrevistas en crudo, textos orientativos de la producción y textos de los propios científicos, material audiovisual con situaciones incidentales (por ejemplo: un paleontólogo cepillando un hueso en Río). Selecciono fragmentos de las entrevistas y armo con todo este material un primer relato posible en papel. Generalmente, nos centramos en el trabajo del científico en tanto persona que labura de eso, más la valoración en términos de aporte al conocimiento o su aplicación. Ese relato después pasa a edición. En suma, yo vengo a ser una especie de editor en papel o un guionista-periodista que además escribe las locuciones que estructuran el relato armado con las entrevistas.
Al comenzar a trabajar de esto, tenía algunos prejuicios sobre la divulgación y la ciencia argentina que se esfumaron con el correr de los años y hoy se transformaron en motivos para valorar el trabajo del que formo parte: difundir algo importante existe, ayuda a que eso se reproduzca en la imaginación de algún pibe y aparezca también la ciencia como un horizonte posible.

O. Vocacional

María Esperanza, Politóloga

Sin comentarios 09 Junio 2009

Soy María Esperanza Casullo. Originalmente, me gradué en Ciencias de la Comunicación Social en la UBA, pero luego me dediqué a la ciencia política. Creo que esto es muy usual hoy: en las humanidades y ciencias sociales mucha gente se recibe de una cosa y termina trabajando de otra. Hoy, la formación en serio se termina en el posgrado. Yo hice una maestría y estoy terminando un doctorado en ciencia política.
Hice la carrera con buenas notas, pero con bastante esfuerzo porque yo trabajaba y Comunicación Social en la UBA es muy larga, tiene 36 materias, o sea, son seis años sí o sí, que con la tesina se convierten en 7 u 8 aunque seas buen alumno como yo. Además, cuando estaba en tercero o cuarto año me di cuenta de que eso no era lo mío y que nunca iba a dedicarme a trabajar en los medios. Pero, por suerte, decidí no cambiarme de carrera y recibirme, porque si no, hubiera perdido uno o dos años más. Este es un consejo que les doy a mis alumnos conflictuados con sus carreras: que si ya están avanzados terminen y no pierdan tiempo, lo importante es recibirse, hoy por hoy la formación se termina en el posgrado y en el trabajo mismo.
Aunque me llevó tiempo, finalmente pude dedicarme a la teoría política full time: lo logré, finalmente, en el doctorado. Yo siempre supe que quería dedicarme a la academia, siempre. Y lo logré. Dar clases me encanta, siempre me gustó, me apasiona el debate de ideas y no cambiaría el trabajo universitario por ningún otro.
Mis días son muy variables. El trabajo académico tiene una ventaja, que es también una desventaja: los horarios son flexibles y vos tenés acomodarte los tiempos. Todos los días tengo una meta, que es escribir al menos tres horas para terminar la tesis de doctorado; a eso se suma preparar las clases, corregir los exámenes (ahora mismo tengo 30 para revisar), armar las reuniones de cátedra, escribir ponencias para congresos, etc. Eso sin contar las clases, que en general se dictan de noche. En otros trabajos uno se va de la oficina y se olvida hasta el día siguiente. En éste, uno siempre tendría que estar escribiendo o leyendo o corrigiendo o haciendo algo, es fácil obsesionarse. Además, yo participo en dos blogs sobre política: www.labarbarie.com.ar y www.artepolitica.com.ar) Por suerte tengo un hijito de dos años que cuando me ve  más de un rato sentada en la computadora me empieza a reclamar.
Soy feliz con mi trabajo. Para mí, es increíble poder vivir de lo que yo siempre quise hacer, que es participar en el único ambiente de nuestra sociedad que se mantiene, aún con sus falencias, orientado por el amor a las ideas: la universidad. Un filósofo, Maurice Merleau-Ponty, dijo una vez “afortunado el hombre que tiene por oficio su pasión”.   Eso le digo yo siempre a mis alumnos: hagan de su pasión su oficio. No hay mejor manera de ser feliz.

O. Vocacional

Yo, humorista

Sin comentarios 31 Mayo 2009

Mi nombre es Federico Simonetti , tengo treinta años y soy humorista, guionista de humor y actor cómico. Es decir, me dedico a hacer que la gente se ría. Parece un enunciado de lo más simple y sencillo; desde los más remotos tiempos de la humanidad siempre existieron en la sociedad figuras como la del bufón, el payaso, el cómico o el humorista. Sin embargo, es curioso que una profesión tan fácil de entender sea tan difícil de aprender,  basta con preguntarse “¿dónde se estudia para hacer humor?”
Mi vida dio muchas vueltas hasta llegar a donde estoy ahora. Aunque siempre fui “el cuentachistes” del grupo, el que hacía morisquetas en la escuela primaria e imitaba a los profesores en la secundaria, nunca me permití ver esa actividad como una forma de ganarme la vida. Primero me dediqué a militar y a estudiar Ciencia Política, era uno más de todos los que se dedicaban a eso… pero más gracioso. Después mi vocación giró hacia el periodismo, donde trabajé algunos años y logré independizarme económicamente de mis padres.
El paso de los años en esa profesión hizo que cada vez me fuera más difícil tomarme la realidad en serio, por ejemplo,  poner cara de preocupado ante una persona que se presenta de candidato a intendente si lo avala aquel dirigente, que está en un partido que es la escisión de otro partido mayor.
Me di cuenta de que es un mundo demasiado duro para mucha gente que la pasa verdaderamente mal y demasiado blando para políticos, economistas y empresarios que se comportan como vedettes y construyen castillos de naipes con la ilusión del pueblo. Mi forma de procesar todo eso fue el humor.
Gracias al periodismo pude comenzar a hacer humor en radio, y luego pasé a escribir guiones y a hacer monólogos cómicos y obras de teatro en varios lugares de la calle Corrientes. Me conecté con algo muy propio de mí, algo que llevaba desde que era un chico: el disfrute por hacer reír al resto, y una forma de hacer catarsis sobre los aspectos que me duelen de la realidad.
Debo confesar que fue raro estudiar tres carreras, haber tenido al menos cuatro empleos muy distintos y hasta tres vocaciones truncas. Sin embargo, pese a que muchas veces pensé que había perdido el tiempo en actividades que luego abandonaba, después me di cuenta de que lo importante es disfrutar el camino, tomar los aprendizajes que te deja y ser honesto con uno mismo y con lo que uno quiere hacer. La vocación, tarde o temprano, se presenta de las maneras más insospechadas.

O. Vocacional

Yo, meteorólogo

4 Comentarios 24 Mayo 2009

Soy José Bianco, tengo 27 años y estoy a pocos días de recibirme de Licenciado en Ciencias de la Atmósfera. ¿Por qué decidí estudiar esta carrera? No lo sé concretamente, pero pueden haber contribuido tres causas. La primera es que en el colegio secundario tenía cierta facilidad para los números y me gustaba la geografía. La segunda es me gusta mucho la idea de poder predecir cualquier tipo de fenómeno mediante reglas científicas. Por último, me creía bastante observador de los fenómenos meteorológicos a pesar de que, antes de la facultad, nunca supe a ciencia cierta por qué se producía cada uno de ellos: el viento o las nubes, para citar ejemplos simples. Las herramientas para entender la atmósfera son tantas como uno se pueda imaginar y la profesión tiene pocas reglas inflexibles. Uno puede, con el aval de la ciencia, crear su regla de predicción y eso es lo que más me motiva a trabajar de lo que trabajo. La carrera fue mutando mucho dentro de mi cabeza, pero siempre estuve conforme con mi elección. El programa se divide en tres: Física, matemática y física aplicada a la atmósfera. No suena alentador, pero créanme que sí lo es, ya que en el secundario se “enchufan” conocimientos y en la universidad las cosas se explican. Con esto no me estoy refiriendo sólo a las materias y a los conceptos que te dictan, sino a todo lo que a uno lo forma como persona, a la experiencia universitaria, a las injusticias que uno observa y que lo movilizan. En ese aspecto, y a pesar de la carrera que uno elija, la universidad se vuelve irremplazable.  Casi todos los países del mundo poseen supercomputadoras para predecir el comportamiento de la atmósfera, en las que se ingresan diferentes variables actuales de la atmósfera. Esa condición actual o ese diagnóstico es el punto inicial para que la computadora, mediante las ecuaciones que rigen el movimiento del aire, “simule” cómo estará la atmósfera en un próximo lapso de tiempo. Esta simulación pocas veces es exacta, pero muchas veces es bastante aproximada. La tarea de un meteorólogo serio es ultimar los detalles para que el pronóstico sea lo mas certero posible. ¿Cómo se ultiman dichos detalles? Conociendo las limitaciones de estos modelos de simulación, discutiendo los resultados de diferentes tipos de modelos y aplicando la experiencia que uno obtiene día a día.
Actualmente estoy realizando dicha tarea con la suerte de que puedo explicar mis conclusiones a mucha gente. Soy meteorólogo en TN y en Telenoche de Canal 13. También tengo participación radial en Continental y los 40 principales.
Cuando me reciba, el mío no será un caso típico, ya que no hay Licenciados en Ciencias de la Atmosfera en los medios. Además, la mayoría de los licenciados siguen una carrera científica, o esas becas a cambio de presentar sistemáticamente resultados interesantes en la rama de la meteorología que eligieron. Otros siguen estudiando en el exterior y otros arman consultoras para otras empresas, asesorando a diferentes sectores empresariales en temas de meteorología.
La carrera tiene mucha salida laboral, y si bien nadie anda por el mundo buscando meteorólogos, somos útiles en cualquier empresa. Y esto es lo mejor de la carrera. Es una herramienta para aplicar el ingenio y la lógica en cualquier circunstancia cotidiana. La mala noticia para el país es que no se tiene muy en cuenta al meteorólogo serio o recibido, la buena noticia es que hay poca competencia y mucho campo de acción.

Yo, politóloga

O. Vocacional

Yo, politóloga

Sin comentarios 19 Abril 2009

Por Sabrina Osowsky

En unos días me entregan el título.
Dirá “Licenciada en Ciencia Política”aunque yo no me vea a mi misma como politóloga, no por ingratitud, sino más bien p or respeto a los que sí lo son. Pero, a fin de cuentas, eso es lo que dirá el papelito. Me preguntan por el esfuerzo, por  las notas. Creo que el esfuerzo no está tanto en las horas culo-en-silla necesarias, sino en tener los ojos y oídos bien  atentos y enfocados para darse cuenta dónde es que pasan las cosas (si es que pasan), atentos para el encuentro (con  compañeros, docentes, textos). El Astillero –el bar de enfrente a la Facultad- era un buen lugar para eso, nos pasábamos horas allí, era un punto obligado; si querías encontrar a alguien, bastaba asomarse. Cuando cerró estuvimos  un buen tiempo boyando de un lado para otro. Esa forma de estar atenta me llevó al Cineclub, a  Bonplan  (seminarios dictados por un profe de la facu), a algunos grandes amigos, pero de eso no da cuenta el título. En cuanto a las notas, es una simple cuestión estadística. En qué segmento de esa estadística termine cada uno de nosotros, diría  que carece de importancia.

Mi trabajo tiene cierta relación con la profesión, con las cosas que más disfruto de ella. Trabajo en el Espacio para la  Memoria (Ex ESMA), específicamente en el área de visitas, donde junto a un equipo de trabajo nos encargamos de la  investigación de lo sucedido allí, capacitación, armado del relato y acompañamiento de las visitas. Es muy raro entrar a  la ESMA todos los días, y hay ocasiones en que, al salir, hay que rebuscárselas para poder cortar con eso y así poder  volver al día siguiente. De todas formas es un trabajo en el que constantemente se está aprendiendo algo, donde  podemos encontrarnos con muchísima gente interesante que nos hace pensar. Por otra parte, y escuchando las  declaraciones fascistoides (por no decir netamente fascistas) que parecen estar de moda últimamente, diría que es un  trabajo importantísimo y necesario, que requiere estar posicionado y convencido. Al fin y al cabo y al momento de  decidir estudiar tal o cual carrera, creo que la motivación debe andar cerca del amor por lo que se está haciendo.

Suena  cursi, ya sé, pero sin eso sólo nos quedan especulaciones utilitarias que tienden a hacernos perder la capacidad  de estar atentos y ver lo que está pasando. Como escribe Miguel Morey: “Y que el corazón existe, que uno puede-  debellegar a estar en paz con él sin necesidad de volverse ciego, sordo  y mudo ante todo el peso del mundo”.


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