La belleza nacional

Notas

La belleza nacional

Sin comentarios 08 Septiembre 2010

Por Santiago Diehl y Martín Rodriguez

Nos metimos, más que placenteramente, en las historias de las vedettes, esos cuerpos voluptuosos que el deseo nacional y popular tanto ha celebrado. En ese viaje, encontramos a Fanny – que se reconoce más bien bataclana – y que además de revolear el lomo de lo lindo, se cuelga carteles en apoyo a las Abuelas, Las Madres, Milagros Sala o Cristina ¡en pleno show! Tamaña rareza nac & pop no podía pasar desapercibida para este suplemento, por eso fuimos, vimos, y ahora te lo contamos.

¿Quién no recuerda a Noemí Alan y Adriana Brodsky sonrientes con el “Tigre” Acosta, con las gorras de los marinos? ¿Quién no recuerda las visitas de Alberto Kohan a “A la cama con Moria”? ¿Quién no leyó u oyó alguna vez ese secreto a voces que cada tanto sale a la luz que cuenta la historia de la relación que unió a la actualísima Graciela Alfano con nada más y nada menos que Massera en plena dictadura militar, y que en su última actualización incluyó en el descargo un inverosímil paso de la vedette por la Juventud Peronista?
En el imaginario progresista y del campo popular, Susana Giménez, Moria Casán, las “gatitas de Olmedo y Porcel” por así decirlo, no son vedettes, son “putitas” del poder. Los que crecimos en los años 80, no podemos dejar de lado esa idea que asocia automáticamente belleza y poder pero de un modo muy concreto, en el despacho, de rodillas bajo el escritorio o en el regazo del Jefazo. Como cantaran Los Piojos, entre una cosa y otra es muy difícil gobernar.
Un machismo primordial establece el fondo sobre el que se despliegan esas escenas, aunque no le va en zaga un feminismo mal entendido, aquel de la mujer masculinizada, renegada de la voluptuosidad o la sensualidad del cuerpo femenino.

Kirchnerismo, mujeres, belleza y poder
Dos hechos parecen insinuar un cambio en la forma en que procesamos la relación entre mujeres bellas y poder en los años del kirchnerismo. Por un lado, elemental, tenemos una presidenta linda. Una morocha argentina cuya foto de juventud es comentario obligado de la nueva generación de militantes. Una presidenta que ejerce el poder irradiando femeneidad, y no tras una masculina coraza de hierro alla Margaret Thatcher o bajo un inocente trajecito sastre alla Michelle Bachelet, anche también Evita. Lo puso en el título de un muy buen artículo el psicoanalista Juan Carlos Volnovich, La presidenta sexy. Esa sensación de incomodidad que sienten los hombres, y sobre todo las mujeres, cuando Cristina pronuncia un discurso encuentra una más que verosímil explicación en que “mujer sexy en el máximo poder de la Nación es un problema en la estructura patriarcal, resentida en sus cimientos cuando una mujer, no madre, no puta, no macho, nada tonta, se ubica en la punta de una pirámide jerárquica”. Si lo dice un psicoanalista, debe tener que ver con el falo ¿será por eso que el índice levantado molesta tanto?
Pero hubo una primera escena en los años del kirchnerismo que inauguró quizá una nueva forma de mezclar los lenguajes de la sensualidad y el poder. En el marco de la IV Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe, celebrada en 2006 en Viena, una chica hermosa quedó prácticamente desnuda, frente a un auditorio de presidentes de medio mundo, pidiendo el cierre de la planta de Botnia. Ella quería impresionar a Tabaré Vázquez, el entonces presidente uruguayo. E impresionó a todos. Ahí están las imágenes, las sonrisas de sorpresa de algunos, de nervios de otros, los ojitos que le hacía Chávez. Evangelina Carrozzo, Reina del Carnaval de Gualeguaychú de ese año y activista de Greenpeace, había logrado ingresar a esa reunión tras obtener una credencial de periodista. A la hora de la tradicional foto grupal, frente a ese auditorio civilizado y prestigioso, mostrando un cuerpo increíble, alzó una pancarta en rechazo de la radicación de las pasteras. El mundo entero vio esa bikini, ese cuerpo lustrado de aceite, esas escasas plumas y lentejuelas. Una extraña vocera en un lugar de alta política, que supo transmitir el mensaje.
Repolitizar la cultura
Así como las desbordantes curvas femeninas irrumpieron el código protocolar y atrajeron todas las miradas presidenciales y periodísticas, del mismo modo hay una mujer que, vestida de porrista albiceleste, con camiseta de la selección con el 10 en el pecho y gambas al aire, subvierte una presentación de tinte erótico en un boliche con un cartel de Nobel a las Abuelas. ¿Qué es esta maravilla, nos preguntamos? Arma secreta en la batalla cultural, al mundo de las vedettes parece haberle llegado algo que era impensado. En su facebook puede leerse, entre fotos con plumas y pinturas: “Viva Milagro Sala, Cristina y Néstor K y las Madres de Plaza de Mayo”. Esta heroína de la barra militante se llama Fanny Bianco, y es un ángel con un histrionismo y una gracia capaces de desarmar una estructura de hormigón con una sola mueca. Sus gestos de pizpireta, su fotogenia, la hacen el sueño de todo fotógrafo. Fanny, que también supo ser la reina de Las Boquitas, tiene poco que envidiarle a la Paula de la canción de Joaquín Sabina en cantidad de suspiros arrancados a la doce. Fuimos a verla, en Volver a la vida, una obra de Walter Soares que retoma la eterna tradición del café concert y donde Fanny actúa, baila y saluda cómplice con los dedos en V. Ella sola y su fuerza, aún para la minoría que la empieza a disfrutar, rompe con varios estereotipos en torno a la figura de la vedette: las trolas de los milicos del Proceso, las que salen con políticos o empresarios poderosos, los gatos carísimos que ilustran los books de los mejores hoteles argentinos. Fanny confirma que se puede ser linda, inteligente y, en medio del aparentemente derechoso mundo de las vedettes, tener una actitud militante.

Vedette o Bataclana
El cartel con el Nobel para las Abuelas es una de sus intervenciones en el club Aráoz, de Palermo, donde realiza un acto: mientras suena el himno y hace alguna gracia, siempre que puede meter algo, no lo duda. Hace poco salió con un cartel que decía Extraño el Bicentenario; otro día, con uno a favor de la ley contra el maltrato animal. Según ella, los que no tienen idea de nada se miran y se preguntan: “¿qué es esto?”. A veces -nos dice- hasta se pelea con la gente. Entrevistada por Ni a Palos, todavía con lentejuelas en los ojos, empieza por hacernos un rastreo de su árbol genealógico-político. Una típica parentela argentina: “mi padre era radical, y mi abuela paterna odiaba a Eva. En cambio, mi abuela materna la amaba porque recibieron muchas cosas de parte de ella, en la provincia de Buenos Aires. En gente de esa edad, no hay una historia en la que no hayan tenido contacto con Evita. Yo siento que algo de ese legado me llega por el lado de mi abuela materna: preponderó su amor”. De su vocación, nos enteramos que cuando era chiquita se dio cuenta que lo suyo era hacer cosas para la gente, “porque cada vez que bailaba o hacía alguna morisqueta llamaba la atención”. El karma de la gente linda: “tenía manejo de la gente al pararme en algún lado y llamar la atención. Y eso te hace vanidosa. Porque cuando trabajás con el cuerpo te das cuenta que lo tuyo es hacer algo para el público, y ahí tenés el alimento para la vanidad con la que vivís… sin llegar a ser narcisista, claro”.
Fanny dice que, a diferencia de otras colegas suyas, como Nacha Guevara –de quien es compañera de milonga-, no aspira a tener otro tipo de participación política más allá de estas cosas que hace. Sabe que no es una vedette común, que rompe un poco el molde: “yo no sé qué es ser vedette. ¿Una vedette sale en bolas? ¿Hace el sketch con el capo cómico? Me molesta la vedette que se cree legitimada por la aceptación del público y con derecho a decir cualquier cosa; por ejemplo con el tema de la inseguridad han salido a decir cualquier cosa”. Pero no se queda ahí, nuestra Fanny, y sale decidida al ring. Recuerda el momento exacto en que la cabeza le “hizo click”. Fue hace quince años: “mi hija estaba mirando a Tinelli por televisión, y me di cuenta de que no tenía que estar mirando eso. Pero no es que lo que pensé, más bien lo sentí. Y recién cuando empezaron a aparecer otros discursos, en la televisión pública, en Encuentro, en 678, con la ley de medios, me di cuenta que había gente que estaba diciendo lo que yo pensaba”. De tan diferente, y aunque pele plumas y lentejuelas sin ningún temor, no parece una vedette De hecho, nos dijo, “me identifico más como bataclana que como vedette; la bataclana tiene más desparpajo, me da más milonguera”. Los Auténticos Decadentes, seguro, le cantarían que es una estrella en la noche de la mediocridad.

Clases de vedette
Interesados por los caminos por los cuales una chica, y por norma una chica joven, se hace vedette, nos llegó la historia de Marina, que un día llamó al instituto de Reina Reech para tomar clases de Danza Jazz y, como no había cupos, cuando la secretaria le ofreció un lugar en la clase de vedette, se le abrió la puerta para ir a jugar. “Siempre fui –nos contó- muy pudorosa con mi cuerpo, y la danza había sido una forma de ganar en confianza y sentirme bien conmigo misma. Por eso, me pareció que iba a ser muy divertido”. Se abría la posibilidad, para una chica de clase media, sumergida en la tradición judeo-cristiana, de liberar las fantasías y a sacar a pasear a la loca que, dicen, toda mujer lleva dentro. Otros motivos, más terrenales, también sumaron lo suyo: “es muy completo, pagás una sola cuota e incluye una variedad enorme de cosas; sino, no tenés forma de hacer todo eso”. Aunque aclara que nunca creyó que su proyecto fuera ser vedette, apostó a una experiencia en la que iba a aprender mucho, al punto que terminó haciendo la muestra de fin de año en el Maipo. “Pero sin conchero”, aclara, y nosotros entendemos que el uso de tan delicado adminículo es en el mundo vedette el equivalente simbólico de lo que era ponerse los largos para nuestros viejos o debutar en Obras con tu banda de rock. En su primera clase, cuando hicieron la rueda de presentación y les preguntaron por qué estaban ahí, “casi todas querían salir en la tapa de la Paparazzi; había alguna con la mamá que la esperaba en la puerta; estaba el “toga”; la chica recién operada; dos o tres travestis y nosotras que íbamos más con esta idea de hobby; también había varones que tenían que mantenernos en los trucos, que tenían el trabajo soñado porque eran heterosexuales y se la pasaban, como en la publicidad, levantando culos y tetas”. Los contenidos que le ofrecía la “academia” incluían, además de Escalera 1 (sic), Trucos, Tango y Danza Jazz. “El ambiente es un poco chanta –reconoce Marina-; por ejemplo, para la clase de escalera nos pusieron en fila, nos dijeron que bajáramos mirando un punto fijo y tratáramos de no matarnos. ¡No existe!”.
Más allá de lo anecdótico del mundillo, la experiencia de Marina muestra algo más. Habiéndose permitido tanta libertad para mostrar el cuerpo y atraer el deseo, nos contó que, “una vez a un colega de trabajo le llegó el rumor de que había una compañera de laburo del ministerio, una tal Marina, que era vedette. Y cuando me preguntó le dije que yo no era. Por suerte había otra Marina y las sospechas recayeron sobre ella”. ¿Culpa? ¿Vergüenza? En ciertos ámbitos, parece, las plumas tienen mala prensa.

Cae el telón
Aunque las vedettes pululan por doquier y pueblan el aire con culos, tetas y frases fascistoides, y aunque blondas se entreguen sin reservas morales a operaciones de prensa por un puñado de morlacos, Ni a Palos encontró una bocanada de aire en el mundillo de las vedettes. No son sólo la ya consagrada Nacha o la convencida Florencia Peña; tenemos la agradable sorpresa de una Fanny Bianco, a quien el sayo de bataclana le sienta definitivamente mejor. De todos modos, para las mujeres, sobre todo para aquellas que se animan al mundo de la militancia desde lugares de mucha exposición a la mirada de los otros, sigue siendo un estrecho sendero el desfiladero entre la pared de roca de la feminidad y el salto al vacío del poder.

Fanny Bianco actúa, junto con el grupo Kabala, en la obra escrita y protagonizada por Walter Soares, Volver a la Vida. Podés verlos hasta octubre, todos los sábados a las 23 hs., en el Moliere(Teatro Concert), Balcarce 682

Huele a espíritu adolescente

Notas

Huele a espíritu adolescente

1 Comentario 01 Septiembre 2010

Por Martín Rodriguez y Federico Scigliano

Fotos: Gianni Buono

Las tomas de la última semana para denunciar el estado de virtual derrumbe de muchas escuelas porteñas hablan, al mismo tiempo, de una gestión gubernamental calamitosa y de un nuevo reverdecer de la actividad política en los colegios secundarios. Las escuelas se caen, los funcionarios dan vergüenza, los chicos se organizan y dan pelea.

Normal
Cuando se entra a una escuela normal, hay que ascender por largas escaleras que son, antes que añejas construcciones públicas, verdaderos actos de discurso, con la fuerza muda de la piedra y las capas y capas de significados que las generaciones fueron depositando. Arquitectura y nación. Subir las escaleras de una escuela Normal argentina es andar por el mito de la educación nacional, el mito del ascenso espiritual al conocimiento. De allí salían las maestras que iban a educar a los niños de la patria. Las maestras. Estos cronistas sostuvieron una hipótesis electoral durante años: para ganar una elección en esta ciudad tenés que convencer a la maestras, tenés que ganar en la avenida Rivadavia, de punta a punta. Ahí está el corazón de la sensibilidad porteña, en las maestras. Y entonces ganó Macri. Macri ganó ese corazón de tiza.
Es miércoles a la tardecita y vamos subiendo los escalones interminables del Normal 4 de Caballito. Se respira agite. El colegio, que a la mañana es el Normal, y a la tarde el Liceo 2, está tomado por los alumnos desde hace dos días, al igual que otros 24 colegios de la Capital. En la puerta nos detiene Lucrecia, que no debe tener más de 15. “Perdón, ¿venís al terciario?”, pregunta. “No, venimos a hablar con Ximena, nos está esperando, somos periodistas”, decimos. “Ah, bueno, pero igual te tengo que tomar los datos. Es para control de la gente que tenemos en la toma y por si viene algún padre a buscar a un chico”. Lucrecia es de la Comisión de Seguridad de la toma. El Ministro deslizó la sospecha de infiltrados (?), de alcohol, de vandalismo en las escuelas, y los chicos respondieron con política: un reglamento interno de la toma (nadie juega, nadie deambula, todo el que se suma tiene que colaborar en las tareas), diálogo con profesores y autoridades y presencia de padres. Una buena lección de política y vida cívica nunca viene mal. Y conste que Esteban Bullrich se caracteriza por ser uno de los políticos macristas (y a su vez, de los macristas no peronistas) con mejor capacidad de diálogo. Después del paso fugaz de Posse, su llegada pareció sabia y pragmática. Se ve que en esta perdió el paso.

Imágenes de la devastación
“El problema más grande de este colegio es el edilicio. Tenemos una caldera que no funciona y otra que funciona mal. La que no funciona deja sin calefacción a la mitad del colegio, la otra deja intermitentemente sin calor a la otra mitad. Tenemos el ascensor roto. Tenemos una profesora discapacitada que sube por la escalera porque no hay otra forma. El año pasado tuvimos filtraciones y sigue habiendo muchas en el gimnasio. Hay problemas en la electricidad, hay un lugar en la rectoría en la que no se puede tocar la pared porque está toda electrificada y te patea. Hay toda una parte en la que vinieron a picar la mampostería y quedaron unas vigas de madera que también están rotas y podridas, y como no hay desratización, a veces caen ratas. El cielo raso de muchas de las aulas está roto, se levanta el parquet, y por eso hay cuatro aulas y una preceptoría cerradas.”
Ximena nos pinta ese panorama. Cursa 5to año en el Normal 4 y está a full con la toma. Integra el Centro de Estudiantes y milita en su escuela desde 1er año. “La cuestión viene un poco por la familia y otro poco por el movimiento que hay en el colegio.” Ximena refiere con esa denominación (“movimiento”) a ese espesor político de los colegios públicos, vida de pasillos y contraturnos que parecía definitivamente sofocada bajo el manto de neblina, o al menos invisible, pero que en los últimos tiempos ha regresado. Parece haber, al menos así lo hace notar la actividad que se observa, un resurgir del activismo político entre los secundarios. La agrupación que dirige el Centro del Normal no tiene referencia política afuera de la escuela y eso es más o menos la regla en todos los colegios. “Hay militantes de partidos, pero en el Centro somos una agrupación independiente.”
El otro actor de este conflicto es la CUES (Coordinadora Unificada de Estudiantes Secundarios) que es el lugar donde todos los centros discuten con sus delegados. Sin embargo la historia es vieja, la Coordinadora está muy “aparateada”, en la voz de Ximena, por agrupaciones políticas de izquierda, sin embargo “los mantenemos a raya con las zonales que es algo que estamos coordinando hace dos años”. “En la que participamos nosotros es la Zonal OCA (Once, Caballito y Almagro) nos permite llegar a la Coordinadora con una propuesta unificada.”

La toma
Un primer dato: la decisión de tomar el colegio se tomó en una asamblea con 500 estudiantes, en un colegio al que van 980, es decir, con un grado de representatividad más que importante. El martes hubo paro, no hubo clases, y a la toma se acercaron más de 200.
“El reclamo tiene que ver con varias cosas: con el vaciamiento de la escuela pública y la prioridad que se le da a la educación privada. Pedimos que se restituya el presupuesto, que se hagan las reformas edilicias (y que se restituya el presupuesto para infraestructura, que también se bajó); que la política de becas sea eficiente y para todos (el año pasado la cuota que tenía que llegar en marzo llegó en julio, y la de julio, en noviembre).” En el Normal 4 hay cerca de 200 chicos becados, y Ximena nos dice que hay colegios con muchos más becados.

Tomás
Tomás está parado en la puerta del Nacional 17, que también está tomado. “Si bien no tenemos problemas graves, aunque los tenemos, pensamos que si sigue esta política de recorte a la educción pública en poco tiempo lo vamos a sentir. Tomamos en solidaridad con los otros compañeros que están en los demás colegios. Nuestro problema principal es la caldera, tuvimos calefacción solamente una semana. Y el otro problema son la cucarachas, porque no hay desinfecciones.”
Tomás está en 4to año, tiene 17 y habla como los ansiosos a los que se les inflan las venas del cuello. “Respecto a lo que dijo el Ministro sobre que estas tomas son para perder clases y tomar alcohol, le demostramos que eso no ocurre. Nosotros tomamos ayer que no había clase por el paro. Nosotros no estamos para perder clases sino para ganar mejores clases. También se dijo que esto era una movida contra Macri, pero aparentemente todo lo que pasa en la ciudad es una movida contra Macri.”
Tomás habla y convence como un cuadro político. Quiere estudiar Historia. Dice que la relación con la política viene por su familia. Le preguntamos por profesores y autoridades. “Tenemos una relación muy buena, la lucha de ellos, de los no docentes y la nuestra es la misma, queremos una mejor educación, un mejor estado de nuestras cosas y un cuidado por lo público. Las autoridades se han portado muy bien con nosotros, sabemos que nos quieren y nos apoyan aunque no estén de acuerdo con la toma, pero no han pasado listas negras como se los pidió el Ministerio, y están con nosotros. Esto es un tema de tener los colegios en buen estado, y el Estado es garante de que esto pase, no es una negociación, es una derecho. Nos están negando los derechos, nos están estafando.” Y cierra: “Hay que hacer política, hay que quitar esa mancha que hay sobre la política, porque si no los que se quedan en la política son los que siempre hacen bosta todo.”

Falcone
Belén está en la toma de una escuela con un nombre que ya impone en sí mismo las condiciones de la charla. La escuela se llama María Claudia Falcone, una de las mártires de “La Noche de los Lápices”, sin embargo, la realidad de su escuela no escapa a la generales del derrumbe. “Nosotros estábamos en Paraguay y Malabia, pero por el estado del edificio nos trasladaron provisoriamente a este lugar en Caballito con la promesa de que se tiraba abajo el edificio de Paraguay y se volvía a construir. Pero eso nunca pasó. Nosotros estamos en lucha por nuestro edificio porque además, al tener el nombre de una desaparecida, es patrimonio de la memoria, de todos modos, el Gobierno de la Ciudad ya nos informó que reconstruir ese edificio no es una prioridad, es decir, que no lo van a hacer.”
Cuando hablamos con Belén, el Ministro, que había dicho que no iba a hablar con los alumnos con los colegios tomados, había retrocedido y en una reunión en la que hubo un representante de cada uno de los 24 colegios en lucha, prometió enviar equipos a cada escuela para relevar lo que hace falta arreglar. La atención en cada escuela estuvo a la orden del día. Y la expectativa continúa, pero la marcha programada para el mismo día en que el gobierno haría el recorrido fue levantada.
El Falcone es la sede de la reunión de la Coordinadora, todos están ahí, esperando lo que se resuelva. “Vamos a ver qué se resuelve, la verdad es que estamos con bastante fuerza, tenemos nuestras internas pero estamos con los padres y los docentes de nuestro lado, aguantando la toma con ellos.”

Solo los chicos
Belén, Ximena y Tomás están al frente de una escena bastante más basta que ellos tres, pero al mismo tiempo son la muestra palmaria de esta vuelta de la política a las aulas. “Acá se votó en una asamblea en la que vi a los pibes muy interesados. Sonó el timbre del recreo y nadie salió, todos se quedaron sentados, habló gente que antes no hablaba nada de política, compañeros míos que yo nunca pensé que iban a estar, están acá apoyando”, Tomás calibra con su verba lo que está pasando, Belén también aporta su mirada. “Hay mucha participación de los más chicos. Y acá, la verdad que mirando a muchos de mis compañeros, que son de tercer año para abajo, lo que se nota es que son pibes que entienden la realidad. Ahora hay algunos jugando a la pelota, otros jugando a las cartas, y son pibes que están re politizados y a la vez son chicos.”
Estos chicos quieren ganar batallas, no les interesa perder. Pero no tienen problemas en poner pausa, en ir más despacio, como si alguna secreta conexión con las generaciones anteriores les indicara que ahora hay que parar y consolidar lo construido en la lucha de estos días. Y esa es la mejor lección y es lo más estimulante si uno piensa que son el germen de algo nuevo, aunque sea acá, en el caldo gordo de la ciudad. Un cartel en la puerta enrejada del Mariano Acosta, uno de tantos que leen los que pasan caminando y se detienen, pontifica: “Esto es una obra fantasma, la verdadera obra no empezó”. Y no hay ninguna razón para no creer lo que esa frase anuncia.ç

—————————————————————————

CUESTIÓN DE ACTITUD
Por Facundo Velázquez
Presidente del Centro de Estudiantes Colegio Hermitte. Integrante de la UES y militante La Cámpora

El auge de la lucha estudiantil que se viene dando de principio de año terminó con los 24 colegios tomados en repudio a
las políticas privatistas del gobierno, encabezado por Mauricio Macri. Sin embargo, la respuesta fue la medida que adoptó el Ministerio de Educación, reclamando a los directores de cada escuela un listado de los compañeros que participan en la lucha, las conocidas listas negras, que nos trae a la memoria una época muy dura de nuestra Argentina.
Por otra parte, a contramano de lo que está pasando e el país, donde la matrícula escolar aumentó 25 por ciento por la
Asignación Universal por Hijo, en la ciudad de Buenos Aires aumenta la mortalidad infantil, las escuelas se vienen abajo y el presupuesto educativo baja. Hoy podemos decir tranquilamente que Macri encarna el neoliberalismo de los 90´. A pesar de todo esto, la juventud esta inquieta, aferrándose a su mejor cualidad: la rebeldía, y comienza a ser protagonista de este momento histórico. En esta semana escuchamos al Ministro molestarse por nuestra actitud, porque lo que más le molesta es que participemos, que discutamos, que la juventud vuelva a ser un actor político dentro de la sociedad. Así, en el reclamo, se fortalece la democracia; y en esto proceso, me emociona decirlo, es donde viven nuestros 30 mil, en cada uno de nosotros que nos formamos, que militamos, renace cada compañero detenido, y podemos decir:  No nos han vencido.

Luz de agosto

Notas

Luz de agosto

4 Comentarios 26 Agosto 2010

Por Diego Sánchez, especial para Ni a Palos.

El micro se detiene y en el aire reverbera algo de viaje de egresados, de mística rockera, de sensación de que si Silo hubiera craneado su Manual del Poder Joven en un espacio como éste tal vez el devenir del Partido Humanista le habría encontrado otro lugar en la historia a la Dra. Lía Méndez. Porque las sierras no sólo están cubiertas por esa densa niebla del firmamento invernal ajena a la mano destructora del hombre, sino también por algo más duro y racional denominado planificación estatal: un puñado de hoteles distribuidos a lo largo del inmenso predio que el primer peronismo bautizó Complejo Turístico Embalse y donde conviven locales abandonados, carteles de La Montevideana, ofertas de vino borgoña y un buffet implacable donde una docena de hombres y mujeres liquidarán en tres días y dos noches el hambre de miles de militantes hormonales. Todo construido en su medida y armoniosamente por la mano visible de un dogma permisivo que en las mismas camas donde cobijó los recreos de la clase obrera y sus únicos privilegiados hoy arropa a más de dos mil jóvenes que de distintos lugares del país vinieron a discutir algo tan abstracto y urgente como una agenda política generacional: la posibilidad de que los corazones marinados al calor de la 125 y la Ley de Medios puedan -porque multiplicar es la tarea- tomar el Estado por asalto.

Hoy es el 14 de agosto del año 7 después de Néstor y al otro lado del camino provincial que atraviesa el complejo Embalse de Río Tercero la carpa del festival Cumpalooza comienza a cobrar forma. Algunos, después de dejar en sus habitaciones las mochilas Doite que hasta hace no mucho servían sólo para los viajes al desierto de Purnamarca, atraviesan el sendero entonando canciones. Arriba del escenario la ministra Alicia Kirchner arranca su discurso con una frase filial: “Los veo y me traen recuerdos de otra época”. Pero si un compañero viajara en el tiempo y aterrizara en este año del Bicentenario y mirara a través del mar de banderas que cortan el aire, vería algo más que la vieja escuadra setentista: militantes sub-30 que para sentirse un poco más adentro esbozan una sonrisa y achinan los ojitos para dejar que suene “Caña seca y un membrillo” en los parlantes de sus smartphones. Son los hijos de la mística, sí, pero también los que aprendieron a hacer chistes emulando la voz ronca del General, los que militan la fracción 2.0 de una orga nacida al compás de un programa de televisión surgido como réplica de esas otras tres cifras (1-2-5) que caldearon los ánimos y empujaron a muchos a convertirse, sin pensarlo, en la representación carnal de aquella transversalidad perimida: entre el primer encuentro realizado en mayo en Chapadmalal y este, la cantidad de asistentes se duplicó y hasta algunos parecen como si hubieran venido solos, como si alguien les hubiese escrito en el Muro “venite este finde largo a Córdoba que hay joda” y la joda fuera viajar diez horas para sentarse en una comisión a discutir política.

Misterios de la época.

Andrés La Blunda, Secretario Ejecutivo del Consejo Federal de Juventud, responsable de este encuentro, transita el fin de semana con incredulidad y satisfacción y un sobretodo acorde a este clima de agosto. “Viajaron 2200 compañeros pero se habían anotado 5000. Muchos tiraron la bronca”, confiesa mientras en la carpa se ultiman los detalles para el primer panel. La palabra agenda, inscripta en el deseo de este segundo encuentro “Argentina Popular y Soberana” sopla en el viento como una música pegadiza. Faltan 24 horas para que comiencen los plenarios participativos y las mesas se encargan de agitar las aguas: se habla de seguridad, de justicia, de economía solidaria, y de este lado se silba, se aplaude y se canta cuando corresponde. El bahiense Diego Palomo, de Corriente Sanitarista Nacional, se para frente a la multitud y toma la posta micrófono en mano: “Tenemos que dejar de pensar las políticas de salud en función de la enfermedad. Hace falta construir una agenda”. Si es verdad que Néstor Kirchner se vistió de Gran Timonel y pidió en el lanzamiento de la agrupación Colina “que florezcan mil flores” acá parece haber un bouquet de jóvenes dispuestos a hacerse cargo del cultivo.

Canto a un país que nace

Después de una noche gélida, donde las mesas del capitalismo primitivo dejaron de ofrecer salames de Caroya y queso de cabra a 30 pesos la unidad para convertirse en dispensers de Fernet y vodka con Sprite, caras todavía dormidas empiezan a agruparse. Hay algo emotivo y concreto, más allá del relato que calculó pérdidas en un déficit comunicacional, en esas lagañas dispuestas a ocupar asientos. No puede afirmarse sinceramente que el debate político “haya vuelto” sino se contemplaba un día antes a centenares de personas inscribiéndose en los plenarios participativos y se los ve ahora discutir después de una noche donde la Marchita se interpretó en al menos tres versiones distintas y un frontman apodado Darjo hizo repartir a los asistentes la letra de su hit “Misión presidencial (tema inédito)” que incluía versos como “Poniendo garra, fuerza y juventud / Poniendo empeño, fe y su corazón / La asignación universal de un hijo que hoy nacerá”. La ecuación es inédita: después de acostarse tarde, tomar Fernet, escuchar una interpretación latina de Hugo del Carril y divertirse pensando rimas para los logros del gobierno, alguien se levantó a las siete de la mañana sólo para participar de un día entero de plenarios. Así son las flores.

“Mi origen es la militancia política universitaria” asegura Carlos Raimundi, invitado de honor a esta mesa que ocupa el espacio central del hotel nº 2 y que tiene como eje del debate “Latinoamérica y la integración”, coordinada por el Observatorio de Medios Noticias del Sur. Esa introducción refleja esos surcos nasolabiales henchidos de cauta felicidad en el rostro de un político que baja la mirada al hablar, ensaya ese perfil maduro que levanta feromonas en compañeras de cualquier edad y recuerda alguna vieja travesía de la Coordinadora en los años del sandinismo. Raimundi sabe hablar y como el viejo ministro Cardenal particulariza los componentes del relato y no parece importarle otra cosa que hablar y escuchar y absorber como en la pileta de Cocoon las energías juveniles de sus espectadores. “Tenemos que pensar si lo que hay que hacer es refundar las leyes económicas o adaptar la finitud de los recursos planetarios para que todos gocen de los mismos niveles de consumo. Ese es el desafío de Latinoamérica”. A pocos metros, Andrés La Blunda aguarda su momento para presentar a la sorpresa: Rafael Follonier, coordinador de Asuntos Técnicos de la Unidad Presidencia y colaborador de Kirchner en la Unasur, se sienta a la mesa guiado por los aplausos. Habla de la mediación en el conflicto entre Venezuela y Colombia, resalta la importancia de este nuevo organismo suramericano y le sale del pecho la voz de barítono cuando arenga a la juventud. “No tienen que esperar. Organícense, métanse, acá hay lugares, no pierdan el tiempo. Háganse cargo de su rol. E invítenme a los festejos”.

Afuera, camino a la laguna, reina el silencio que falta en los distintos sectores donde se reparten las comisiones. Casi 200 personas se dividen en cada uno de los plenarios acordados: además de integración latinoamericana, se discute salud, economía, justicia, trabajo, seguridad y comunicación, tal vez uno de los más concurridos ahora que la Ley de Medios aparece sino como la gran promesa de cambio al menos como un capítulo diferencial en el esquema simbólico que crió y calentó los organismos de muchos. En la carpa principal, donde se amasan los ejes de Seguridad y Justicia la discusión es intensa. La disposición de las sillas se alteró y ahora hay círculos donde cada integrante participa, se presenta, habla de su propia experiencia territorial con la certeza de quien sabe que se está impregnando de lo necesario como para volver al barrio con recursos renovados. Una visión periférica de la carpa entrega un magma de voces en permanente resonancia: si la promesa principal del encuentro es generar una agenda concreta que sea entregada a Néstor Kirchner en el acto del 14 de septiembre en el Luna Park, esa promesa hizo mella y ahora nadie quiere perderse la oportunidad de hacer llegar su opinión.

“Todo espacio que no llenamos nosotros lo llenan los otros”, se alitera en la comisión de seguridad, quizás una de las más activas. Contra la idea de que esa agenda pertenece a la derecha acá se discute, se enfrentan propuestas: hay quienes insisten en la importancia de la justicia social, la correlación entre inclusión social y presencia estatal pero también los que abogan por una intervención civil sobre las fuerzas de seguridad y una refundación programática de las políticas de seguridad en función de un proyecto nacional y popular. “El Estado somos nosotros y cada vez que matan, matan a uno de los nuestros”, se asegura y queda la certeza de que nadie improvisa, de que lo que se discute acá son ideas, programas que bulleron durante meses en las cabezas de los participantes y la importancia del encuentro es la capacidad de compartirlas y de darle un golpe de horno en el calor de la militancia. Todos participan: los militantes “históricos” pero también aquellos que abandonaron la periferia barrosa del kirchnerismo y a partir del conflicto agrario decidieron entrar de lleno en el frondoso bosque de la militancia. “Yo hace poco que entré al proyecto nacional y popular”, se presenta un militante de veintipocos y dibuja las líneas con que se trazan muchos de los cuerpos que llenan de voces e ideas este viejo complejo ubicado a pocos minutos de la capital cordobesa: la política es como un romancero y así como aleja también puede volver a enamorar.

Manual del Poder Joven

Arriba del escenario, en el último día, los representantes más jóvenes de las distintas agrupaciones encargadas de coordinar los plenarios pasan lista a los puntos consensuados. Dos pantallas gigantes transmiten en vivo el Word con la agenda tipiada en la víspera por los infatigables trabajadores del Consejo. Se lee “Reforma Constitucional de acuerdo al proyecto nacional y popular”, “Promover la gestión civil democrática de la seguridad a partir de la reforma de las instituciones involucradas, con medidas tendientes a reformar las fuerzas de seguridad, el sistema judicial y penitenciario”. Se escucha hablar de recuperar el uso social de la tierra y conformar el Instituto Nacional de Medio Ambiente en boca de los mismos que en la fiesta de cierre, horas atrás, empujaron al senador Eric Calcagno al pogo de Los Parraleños. Algunas imágenes se van grabadas en las cámaras de los celulares y otras en las células dormidas de aquellos que necesitarán unas horas de descanso antes de comenzar el balance. Sin sacar todavía las manos de su polar, aunque este sol del 16 nos despida con una cálida caricia, Daniel fuerza los párpados y larga una pregunta retórica. “¿Sabés hace cuánto que no se organiza algo como esto?” Pasaron sólo tres meses, se duplicaron los asistentes. ¿Dónde harán el que viene?

Quema esos papeles

Notas

Quema esos papeles

2 Comentarios 19 Agosto 2010

Por Martín Rodriguez y Federico Scigliano

La historia de Papel Prensa fue durante años un verdadero tabú, pero un día el delgado velo que la ocultaba se cayó. La historia es la de una empresa de papel nacida con los vientos desarrollistas, convertida en una operación millonaria en los años 70 y sospechosamente apropiada por Clarín y La Nación en plena Dictadura. Viajar a esos años terribles, volver a ver esas fotos de brindis entre empresarios periodísticos y asesinos, es acercarse al núcleo duro de las complicidades nacionales, al corazón de los negocios, a una trama íntima que hasta ahora la democracia argentina no había podido -o querido- desarmar.

Hay una historia que merece ser contada y aprendida por las generaciones futuras. Aunque suene solemne decirlo así. Se trata de la historia de Papel Prensa. Una historia tabú de la democracia porque compromete centralmente a dos diarios poderosos: La Nación y Clarín. Es una historia que cruza nombres y épocas de un modo descontrolado: Onganía, Lanusse, Graiver, Martínez de Hoz, Videla, Herrera de Noble, Papaleo, Magnetto, Mitre, Montoneros… y todos esos nombres llegan al presente. Decidimos escribir esta crónica breve de los hechos con una ayudita de nuestra amiga, y hermana mayor del suplemento, Mariana Moyano, para que no queden puntos débiles. Papel Prensa suena a esos temas de los que mucha gente sabe que se habla pero nadie sabe exactamente de qué se habla. Una especie de muletilla oficialista (ya que salpica la imagen de Clarín). Esto se escribe a la luz de un reciente libro imprescindible: “Silencio por sangre”, de nuestros compañeros Daniel Cecchini y Jorge Mancinelli, editado por la colección de Miradas al Sur. A la vez, es inminente la publicación de un informe ha pedido del Poder Ejecutivo donde se recopilan casi todos los datos que nos acercan a la verdad. ¿Qué verdad? Veamos. Empecemos por el principio.

La ética periodística y el espíritu desarrollista
El espíritu que origina de Papel Prensa es doble: por un lado es un proyecto desarrollista que nace con la idea de que la producción de papel fuera local y que se abaratara el costo de importación para todos los diarios argentinos, y por otro lado es un proyecto que intenta romper los condicionamientos a la prensa en la regulación del precio de importación del papel, a través de los permisos que el Estado concedía para esa importación. La idea, entonces, era conformar una empresa mixta, con aportes privados y públicos, para abastecer a todos los diarios que se producían en el país.
Durante la dictadura de Onganía se origina el Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa. Ese Fondo fija una tasa del 10% a la importación de papel que todos los diarios argentinos que importaban debían pagar hasta que Papel Prensa funcionara a todo vapor. Esa tasa fue pagada durante diez años, hasta 1978. Y este aporte no es un dato menor habida cuenta de que el resultado, que es la construcción de la empresa, es en beneficio de sólo tres diarios.
Otra dictadura, la del General Lanusse, en 1971 fija que Papel Prensa debía tener el 51% de capital nacional. El resto lo conformaría el Estado. Nadie estuvo en condiciones de cumplir los requisitos en la primera licitación a la que se llamó. Un año más tarde, Lanusse adjudica acciones de clase A a César Civita, Doretti y Rey. Civita, como representante de la Editorial Abril (que editaba las revistas Panorama y Siete Días), se había presentado tarde a la licitación. Sería premiado después. El Estado se había quedado con las acciones clase B. Ya en 1973, el “Grupo Fundador” tenía el 80% de las acciones clase A. Detrás estaba la sombra del poderoso banquero David Graiver.
Graiver pertenecía a una familia de La Plata, y había comenzado su vida pública a partir de su vinculación política con Francisco Manrique, un marino anti peronista, funcionario provincial durante Lanusse. El crecimiento de Graiver como empresario fue maratónico y se lo vinculó como el “banquero de los Montoneros”, luego de que Montoneros se hiciera de una fortuna tras el secuestro de los hermanos Born. Sobre esa historia hay muchos escrito, especulado o imaginado. Y forma parte del ácido de una época mucho más compleja que cualquier reducción a una historia de buenos y malos. Papel Prensa es una enorme operación millonaria en el corazón de los años 70. Sigamos.

Martínez de Hoz: un liberal y librecambista con todo menos con Papel Prensa
El corazón de la trama se centra en episodios minuciosos durante unos pocos meses que van de 1976 a 1977, en la operación que desvincula a la familia Graiver de Papel Prensa. Dicha familia, narrada como “clan”, había sido públicamente culpada de subversión económica y se hacían públicas las acusaciones tanto en Clarín, La Nación y La Razón como en otras revistas de la editorial Atlántida.
Una vez que David Graiver murió en circunstancias extrañas durante un vuelo en México (en agosto de 1976), su viuda, Lidia Papaleo, cometió el temible error de viajar a Buenos Aires para ordenar los “papeles” de su marido. Y una vez allí, junto al resto de la familia Graiver, se encontró sola y acechada por el gobierno militar y unos cuantos intereses que la querían convencer de que firmara el pre-boleto de venta de las acciones. El miedo, las amenazas, las “sugerencias”, iban quebrando la frágil voluntad de Lidia y la familia Graiver.
Lidia, a fines de 1976, concurrió a una reunión celebrada en las oficinas del diario La Nación de la calle Florida, acompañada por su suegro y su yerno. ¿Quiénes estaban en esa mesa? Patricio Peralta Ramos, del diario La Razón, el doctor Bartolomé Mitre, del diario La Nación, Máximo Gainza, del diario La Prensa, como invitado especial, y Héctor Magnetto, del diario Clarín. Es decir: la plana mayor de todos los diarios que esperaban la operación.
El beneficio económico de estos tres diarios que se apoderaron de Papel Prensa fue arbitrario: incluyó el uso de un sello fantasma, Fapel S.A., una sociedad anónima creada a tales efectos a través de la cual adquirieron las acciones y, a su vez, desde el cual las vendieron a sus propios diarios. Fue facilitada, a su vez, la obtención de créditos: uno del Banco Español del Río de la Plata y otro del Banco Holandés Unido sucursal Ginebra por 7.200.000 dólares; lo que facilitó que los diarios no pusieran un centavo. La particularidad es que fueron créditos a sola firma y sin avales.
Sin embargo, la fidelidad del relato nos obliga a crear un razonamiento donde se puedan deducir los hechos, y no inducirlos. Si se dice que Clarín compra la empresa con Lidia Papaleo secuestrada, probablemente ocurra lo que ya ocurrió: que al otro día en La Nación o Clarín salga una nota que se llama “La verdadera historia”, en donde dice que las fechas no coinciden. Es decir, la fecha de la operación de compra de esas acciones y la fecha de secuestro de Lidia Papaleo de Graiver y el resto de la familia. Sin embargo, uno se pregunta: ¿por qué Lidia Papaleo vende en contra de sus propios intereses? ¿Por qué le hace perder a su hija millones de dólares? ¿Por qué alguien haría una cosa así si no es porque está presionada? ¿Por qué a Lidia la llevan uniformados a una reunión, en la calle Florida, en el ex edificio de La Nación, para reunirse con Bartolomé Mitre y con otra gente de Clarín? Porque evidentemente había un acuerdo entre la dictadura y esos diarios. Y para la operación necesitaban que Lidia Papaleo fuera una mujer formalmente libre para que “voluntariamente” firmara una operación de la que sólo cobró ¡siete mil dólares!

Puesto Vasco
En marzo de 1977 se produce el descenso al infierno para esa familia acechada: fueron detenidos por fuerzas del General Camps y llevados al centro clandestino conocido como “Puesto Vasco”, para finalmente, luego de torturas y vejaciones, ser blanqueados. En esos día se produce simultáneamente la intervención de todos sus bienes, y de esa manera se evita cualquier reclamo de posibles herederos. Cualquier reclamo que pueda afectar directamente la tenencia de las acciones de estos socios.
La desprolijidad de esta operación fue inmediatamente encubierta bajo la cortina de una solicitada publicada en mayo de 1977, en los tres diarios, y que fue titulada: “A la opinión pública”. En ella dan la versión de la operación de compra de Papel Prensa aclarando lo que oscurece: que tal operación fue hecha “a la luz pública”.

El retorno de la democracia y Papel Prensa
¿Qué pasó una vez que se recuperó la democracia? En los años 80 no fue posible poner en crisis la matriz de acumulación nacida en el negocio. Por el contrario, los intentos sufrieron reveses.
Una tapa del diario Crónica en octubre de 1986 decía que el diario se editaba con el papel más caro del mundo. No le faltaba verdad. Era una primera reacción pública de un diario masivo, uno más de los cientos de diarios argentinos estafados en la operación. El otro diario que asumió valientemente la denuncia fue Ámbito Financiero, con Julio Ramos, su fundador, a la cabeza, quien escribió en 1992 acaso otro libro imprescindible para comprender esta historia:

Los cerrojos a la prensa.
¿Cuál es la ventaja histórica de Clarín y La Nación en relación a los otros diarios? Escribió el periodista Jorge Lanata, en el diario Crítica: “el resto de los cupos para poder comprar papel nacional barato se decide en las reuniones de directorio de la empresa. Casualmente los cupos siempre coinciden con los diarios asociados: la presidencia y vice de la empresa se alterna, desde hace años, entre Julio César Saguier, CEO del diario La Nación, y Héctor Magnetto, de Clarín. Durante el menemismo representaron al Estado en la empresa Alejandro Mac Farlane, yerno de Hugo Anzorreguy, y Luis Juez, ex intendente de Córdoba.”
Durante el alfonsinismo, durante el menemismo, y durante mucho tiempo, los intentos de tocar el tema fueron barridos. El Estado argentino forma parte de las entrañas de la empresa: a través de los tres directores que forman parte, según el estatuto, de su Directorio, a través de la intervención de la Comisión Nacional de Valores (CNV), que controla a todas las empresas que cotizan en bolsa, y hasta con la SIGEN. Actualmente, esa articulación estatal pone a la luz todo tipo de irregularidades en la empresa con la conformación de una comisión investigadora que cuenta con una mayoría de miembros del Estado. Allí se hurga sobre las escasísimas inversiones que se hicieron en la empresa (lo que reduce anualmente las toneladas de producción que se necesitan), las presuntas ventas de Papel Prensa a estos tres diarios a un precio bajo el costo, la denuncia de “retornos” hecha por el ex director del diario La Razón en los años 80, José Pirillo, o los sueldos faraónicos de los miembros del directorio (¡que no se reunían desde 1992!). Lejos de un intervencionismo estatal, se trata de la reactualización de una autoridad ausente que cedió la empresa – ese viejo sueño papelero- a la rapacidad de unos pocos empresarios poderosos.

Mariana Moyano, periodista

¿Cómo fue la propuesta de financiación de todo eso?
La mejor versión de la historia, contada secuencialmente, está en el libro de Julio Ramos, “Los cerrojos a la prensa”, donde cuenta detalladamente el proceso por el cual primero, cuando se decide crear una empresa nacional de papel, todos los diarios empiezan a aportar una tasa del 10% de todo papel que importaban. Después, se les queda debiendo a los diarios ese impuesto. Más tarde, Graiver pasa a tener el control accionario de la empresa, y finalmente esas acciones se venden al Estado. Y ahí es donde empiezan las contradicciones: el avión de Graiver “se cae” en agosto del 76, y un mes después empiezan las tratativas para que Lidia Papaleo venda esas acciones al Estado, para que después el Estado las pueda vender a Clarín y a La Nación. Pero claro, como la operación se completa en enero del 77 y a ella la secuestran en marzo, estos medios se desligan del hecho. Y en este punto el dato clave es la sucesión: no se pueden vender acciones que están en sucesión. ¿Por qué ella cometería un ilícito si no estaba bajo presión? Este es un razonamiento lógico, pero el problema es que no hay evidencias claras. Una línea para avanzar en esto es el testimonio de Yannover, el testaferro de Graiver, que describe los mecanismos de presión por los cuales lo hacen ceder las acciones.

¿Ese testimonio dónde está?
En el acta de una asamblea reciente de Papel Prensa, en la que Moreno lo llevó a declarar acerca de cómo es que le hicieron vender las acciones. Hoy se puede acceder a su testimonio, al de Osvaldo Papaleo, y al de la propia Lidia Papaleo. Ella está viva y fue a la asamblea de Papel Prensa también.
¿En qué sentido es tan clave Papel Prensa para la consolidación de Clarín?
Papel Prensa es el inicio del monopolio. Estamos hablando de un insumo que para los diarios es entre el 30 y el 50 % de su desembolso monetario. El papel se compra por adelantado, con lo cual el problema es que un diario tiene que desembolsar una enorme cantidad de dinero que no sabe si después lo va a vender. Para hacer esa inversión, tenés que tener plata líquida antes. A menos que vos hagas el papel. Para que Clarín y La Nación puedan hacer el papel, Martínez de Hoz les otorgó, en la compra, créditos a los dos diarios para que puedan comprar la planta a sola firma, sin ningún tipo de aval o compromiso por parte de la empresa. Después, la provincia de Buenos Aires le subsidió la energía durante diez años a la planta de San Pedro. Todo eso sumado, en el año 1983, daba cerca de 55 millones de dólares. Toda plata que Clarín y La Nación nunca tuvieron que pagar.
Es la acumulación originaria.
Es “yo lo fabrico, yo lo escribo, yo lo vendo”. Hoy a eso le decimos “integración vertical”, pero esa figura no existía en ese momento. Y la consecuencia de esto es que a los diarios los cagaron. De hecho, en agosto de 1996, Ámbito Financiero saca una solicitada relacionada con la ley de radiodifusión, porque en ese año hay un intento en el Congreso, de los senadores Ángel Parda y Conrado Storani, de parar el monopolio. En aquel momento era un monopolio de papel, pero se estaba avanzando hacia el monopolio audiovisual también. A los pocos días, el 12 de agosto, sale una solicitada en Clarín firmada por ATA, ARPA, TVC, “contra la ley mordaza”. Igual que ahora. Y al día siguiente sale publicada en Ámbito Financiero la información de lo que estos dos senadores le contestan a las prácticas monopólicas de Clarín.

Compañeros mensajeros

Notas

Compañeros mensajeros

5 Comentarios 05 Agosto 2010

Por Martín Rodriguez y Federico Scigliano

Veloces en dos ruedas, saetas entre un mar de autos, jugando la vida en cada maniobra, los motoqueros son laburantes, tipos que se pelan el lomo para llevar el mango a la casa, y que le meten horas y horas arriba del flete surfeando las olas vehiculares. Pasamos una semana con ellos en la calle sintiendo el viento fuerte en la cara pero sobre todo, ese gustito bien sabroso que tiene la libertad.

De a cinco por semáforo, bolso que cruza como bandolera, bolso más grande de lo que el sentido común indica, bolso de mensajero con el handy enganchado en la correa, ahí van los motoqueros por el ecosistema salvaje del microcentro porteño. Lejos de ser una simple “tribu urbana”, concepto que se aplica con más justicia a los que se juntan en las escalinatas a mirarse el flequillo o los que se convocan un sábado a una guerra de almohadas en el Planetario, los motoqueros son laburantes que se pelan el lomo para llevar el mango a la casa. Pero forman una comunidad grandiosa que mezcla sindicalismo, códigos y lucha. Evita, birra y faso. Como los alguaciles que de pronto invaden y anticipan la tormenta, sus figuras cruzando la ciudad se convirtieron en símbolo de un tiempo de crisis, hace ya diez años. La tormenta llegó, pero aún están aquí los motoqueros. Y reclaman su parte. Ser un gremio, domesticar a una patronal usurera y reducir ya la cantidad de jóvenes muertos que laburan a toda velocidad en forma precaria y desigual. Veamos qué dicen ellos de ellos mismos.

 

Gaucho

El motoquero ama su moto. Es el caballo del gaucho. Yo he tenido moto grande, moto chica, pasamos por todas, he laburado en cooperativas, laburé solo, laburé en un montón de agencias, después de tanto tiempo ya pasé por todas. La militancia nuestra se proletarizó, yo sé que para muchos pibes que están en el MTA la solución más fácil hubiera sido laburar solos, agarrar sus clientes, pero la solución es colectiva, no es individual. Yo tengo mi grupo de pertenencia acá, pertenezco a esto, soy esto, esta es mi profesión, mis amigos, mi familia. Viste que uno llega a una etapa en la vida que ya sos algo, bueno, yo soy motoquero, y trato de armar algo para que podamos llevar a los pibes a una vida mejor.” El que habla es el Pelado Mariano, o el Pelado de HIJOS o Mariano Robles, o como se lo conozca en el mundillo militante al tipo que muchísimas tardes levantó a algún motoquero accidentado y se pasó la noche en un hospital acompañando a un “desconocido” hasta que llegó la familia: se trata también de uno de los que inventó los “escraches” cuando los genocidas estaban libres. Todo eso es el Pelado, alguien que puso el freno ahí: que a los 21 años se hizo motoquero para siempre (y que ya carga con sus 37).

 Fuimos a Bolívar al 800. Un comedor de motoqueros en pleno San Telmo. Sí, un comedor solidario donde todos los días por diez pesos se sirve un plato caliente. Ahí, retirado del corazón del centro porteño, pero ahí, donde hacen centro los “Motoqueros Trabajadores Argentinos” (M.T.A.), y nos espera el Pelado con Ariel, el Rasta, y el Polaco, otros motoqueros históricos. Ellos buscan organizar a los cerca de 60 mil motoqueros que laburan en la ciudad y el conurbano.

De mensajero a motochorro

Buenos Aires es una ciudad donde de diez accidentes fatales de tránsito seis son con moto. El dato es perturbador. Pero es una parte del problema, una de las tantas cosas que los motoqueros, a toda velocidad, se quieren sacar de encima.

 Ariel dice: “de ‘mensajero’ a ‘motoquero’ y de ‘motoquero’ a ‘motochorro’, esa es la evolución macrista de nuestro gremio”. El “Pelado” agrega: “Nosotros venimos de hacer la sexta marcha en contra de los chalecos y el tipo nos viene secuestrando hasta 50 motos por día por no llevar casco, entonces él en diez cuadras agarra y hace todas las cosas que dice que no tenemos que hacer.” Los dos hablan de lo mismo. Hablan del papelón reciente de Mauricio cuando, tapado por el tráfico de la hora pico, recibió la solidaridad de un motoquero que lo acercó hasta un juzgado donde debía declarar, y cuando quiso describir su proeza confundió motoquero con motochorro frente a un micrófono.

 El gobierno de Macri les está planteando varias cosas a los motoqueros: un chaleco refractario con la patente en el pecho y la espalda, la patente en el casco, restricción para llevar acompañante en todas las avenidas, microcentro con horario restringido (horario laboral de 9 a 17hs). El Polaco retoma el argumento: “obviamente nosotros estamos en contra, nos están discriminando como laburantes.”

 Los motoqueros tienen varias realidades: están los que cobran con recibo de Camioneros (que son los menos), y que para los del MTA es la mejor situación, existe una cantidad que cobra con recibos del Sindicato de Comercio, en que la gran mayoría tiene medio jornal, o sea, un recibo de 700 pesos, y hay otra inmensa masa de mensajeros que están en negro, en situación de enorme precariedad laboral. Ante este panorama, la organización gremial y la lucha por los derechos son prioritarias. “Todo lo que podemos ganar es a fuerza de pulmón y de laburo gremial, así como si estuviéramos en 1910, parecemos los obreros de las 8 horas de Chicago. El laburo es a destajo, la herramienta la ponemos nosotros, no hay un sindicato que nos defienda, porque la realidad es esa. Yo soy delegado con tercer mandato en mi mensajería, es el sexto año que soy delegado porque los pibes levantan la mano todos los años, pero no tengo ni libertad sindical ni cobertura.”, dice Mariano.

 ¿Sindicato único por rama? ¿Libertad sindical? ¿Sindicato por empresa? ¿Por agencia? Aún no se logró casi nada. Según nos cuentan hay un sindicato que inventó la Cámara Empresaria, que se llama SIM y que está apadrinado por el Momo Venegas… ¿Y qué quedó del SIMECA, esa vedette heroica de los días de diciembre de 2001? El Pelado y El Rasta son de los fundadores originarios, “pero hubo una discusión sobre el apoyo político o gremial de entrar en CTA o CGT y los que pensaban que había que entrar en CGT. Cuando SIMECA entró en la CTA nos fuimos y armamos el MTA, lo que somos ahora.”

 Mariano completa el cuadro: “Nosotros nos referenciamos en la CGT y les podemos dar una primicia: estamos entrando en este momento a la Juventud Sindical, con Facundo Moyano”. Bueno, era hora, Ni a Palos da una primicia. Pero ellos no quieren dividir: pretenden un sindicato por rama. Aunque se mantengan al margen, en esta colectora gremial, y con una política de hechos concretos, como el almuerzo barato en el comedor, y un sistema de solidaridad y organización que da sus frutos, con el que pudieron resistir el embate de los chalecos de Macri.

 

 Lucho

La esquina de Moreno y 9 de Julio, frente al gigante edificio blanco del Ministerio de Salud es una de las tantas paradas de motos que se organizan a lo largo de toda la avenida más ancha. Allí, entre la vegetación pretendidamente ornamental paran sus fletes los mensajeros. Descansan, se cagan de risa, se dan una mano, se comen alguna porción de Ugi’s y fuman antes de seguir trajinando el microcentro.

 Lucho es el referente de una de las ranchadas de la esquina. Pelo largo, barba rubia, vikingo porteño, más bien grandote. No se recomienda pelearse con Lucho. Nos acercamos preguntando por él, o por “el Diablo”, o “La Hiena”, según las palabras claves que nos dieron otros motoqueros para llegar. Lucho nos esperaba.

 Hace diez años que laburo de esto. Laburaba en un quiosco, ganaba muy poca plata y me hice motoquero porque se ganaba mejor, arranqué con una bicicleta, después un ciclomotor, y ahora tengo una moto 250, pasé por todas las motos, y fui progresando.” ¡La movilidad social ascendente motoquera! Lucho tiene clara la ley no escrita de los códigos para entrar a un grupo: “Primero, el respeto. Vos sabés cómo es, cuando vos sos nuevo, cabeza gacha. Y los referentes somos los que estamos hace más tiempo parando acá.” ¿Y cómo es la relación con las otras paradas? “Está todo bien, cada uno es su esquina, nos conocemos todos. Pero nadie va a venir para acá si no lo invitamos, ni nosotros tampoco para allá.” Clarito.

 La ley de la calle

Los diez años como motoquero en el lomo vuelven a Lucho alguien que puede establecer comparaciones respecto a cómo está la calle a una década vista. “Ahora está jodido porque nos paran todo el tiempo, pero nosotros tenemos que salir a laburar igual. Acá en la calle sabemos quién es brigada y quién es motochorro, y si lo sabemos nosotros ellos también lo saben. Pero un cana no va a parar un motochorro, te va a parar a vos que estás laburando porque sabe que se va tranquilo a la casa. Acá nos conocemos todos y sabemos quién labura, quién afana y quién vigilantea.”

 La pregunta obligada es, ahora, por el superclásico de la calle: motoquero versus tachero. “Y… la pica está. Lo que pasa es que los colectiveros vuelven locos a los tacheros y ellos se la descargan con nosotros. Además, ellos necesitan ir despacio para levantar pasajeros, y nosotros rápido para meter más viajes. Y siempre está la bronca, y si hay que bajarse de la moto y cagarse a trompadas…”

 “Esto es lindo, pero también andar en la calle es una ruleta rusa”, dice. Tal vez sea por eso que cuando uno llega se saludan tan efusivamente, una celebración del regreso. La charla se espesa cuando se habla de los amigos muertos. Pero un vozarrón grueso de alguien que recién llegó corta el clima e impone de nuevo la alegría. Lucho entiende que la charla va llegando a su fin y tira una sentencia contundente: “Nunca hay que perderle el respeto a la moto porque ahí sí que perdés”. Le preguntamos qué es ser motoquero. Primero se hace un silencio, y después viene la respuesta: “Es la libertad… eso es”.

 

Códigos

 Una cosa que se aprende rápidamente es que el mundo de los que laburan en moto es un mundo saturado de códigos, que todos saben y repiten como un padrenuestro que mejor no olvidar. Como toda tradición oral, el saber va de boca en boca, de generación a generación. Queridos amigos niapaleros, si están pensando en agarrar la motito y salir a laburar presten atención, saber estas cosas es indispensable, casi tanto como saber manejar. El Pelado Mariano nos dio una pequeña clase de códigos motoqueros:

 Primera regla de oro: “Si ves una moto que se rompió en la calle, en cualquier lado, en cualquier lugar, aunque tengas 20 sobres en el bolso, tenés que parar y ayudarlo siempre, o por lo menos preguntarle qué pasó. A no ser que haya pinchado y no lo puedas remolcar, lo tenés que remolcar hasta algún lugar que resuelva.” El Pelado nos cuenta un problema aleatorio al incumplimiento: “hay muchos pibes nuevos, que tienen que aprender esos códigos y tenemos que tratar de civilizar ese aprendizaje, porque también pasa que hay una moto tirada de un pibe más grande, pasa una motito, no lo levanta, después si lo cruza en la calle otra vez, lo caga a trompadas.”

 Segunda regla: “Hay que ser solidarios, más aún cuando hay un accidente. Siempre tenés que parar y ayudar al pibe en lo que sea. Yo me he quedado, no sé ya a esta altura de mi vida, 20, 30, 40 veces, toda la noche en un hospital, cuidando un chabón que no sé ni quién es, pero bueno, venía por la calle, vi que se pegó el palo, me bajé ‘¿Che quién lo acompaña en la ambulancia?’ -‘Subilo que yo voy atrás tuyo’, hasta que ubicás a la familia.”

 Tercera regla: “Si hay un pibe que se agarró a piñas con alguien hay que bajarse y aguantar con él. Si es tachero, más todavía, con cualquier cosa, nosotros no preguntamos ni qué pasó, aunque el mensajero tenga la culpa, te bajás de la moto y te peleás.”

 Cuarta regla: “En el laburo, en los bancos, en las marítimas, siempre hay que sacar dos números, y si hay un pibe que no tiene número, se lo das, y si no vos le hacés el trámite. Ponele que hay una cola de dos horas, vos estás adelante, entonces mirás para atrás, buscás un casco y entre los dos se hace el laburo. La idea es no perder tiempo esperando para poder hacer más viajes.”

 Quinta regla: “Vos no tenés que robarle los viajes a los compañeros, el que roba viajes es porque está acomodado con el agenciero y lo tenés que acomodar también a ese.”

 El Pelado cierra su explicación de las Tablas de la Ley motoquera. “Vos levantás a uno que se quedó en la calle, cuando lo dejás, el que no conoce los códigos, te quiere agradecer, te quiere dar 5 pesos para la nafta. Entonces, lo que siempre tenés que decir es ‘no me des nada, esto es así, si vos me querés ayudar a mí, la próxima vez que veas a alguien tirado, pará. Y así se hace la rueda’.”

 De alguna manera, el intento de dar forma gremial y hacer digno el trabajo de los motoqueros es sencillo: se trata de elevar y solidificar un poco más esos códigos solidarios que ya hacen a la idiosincrasia motoquera. Más allá de los obstáculos y las roscas que enfrenten en su objetivo, de sus propias internas, hay una parte de la batalla que está ganada. Ningún motoquero está solo. Para un motoquero no hay nada mejor que otro motoquero.

El Colegio de la Patria

Notas

El Colegio de la Patria

4 Comentarios 30 Julio 2010

Por Martín Rodriguez y Federico Scigliano

La idea original fue cubrir la crisis en el Colegio Nacional de Buenos Aires, pero inmediatamente fuimos tomados por toda la leyenda que funciona a su alrededor: la aristocracia del saber, la formación de las elites dirigentes del país, la excelencia académica, la selección de clase del examen de ingreso. Presente y pasado de una institución argentina a la que fuimos buscando un conflicto, y terminamos lidiando con una mitología nacional.

 Desde hace dos semanas hay una noticia dando vueltas: hay un conflicto en el Colegio Nacional de Buenos Aires a partir del desplazamiento que el rectorado de la UBA produjo de la rectora del colegio, Virginia González Gass, en virtud, argumentan, de desavenencias de orden administrativo vinculadas centralmente a la apertura de nuevo cursos en el turno vespertino. La remoción despertó la protesta de la comunidad educativa del Colegio. El Consejo Resolutivo de la escuela, un órgano integrado por docentes, alumnos y graduados– repudió la medida, pidió retrotraer las cosas tal como estaban antes del desplazamiento de González Gass y responsabilizó al Consejo Superior de la UBA por “la gravísima crisis institucional generada”. La rectora desplazada se presentó a la Justicia. En la UBA dicen que una nueva rectora va a asumir después de las vacaciones de invierno. Los alumnos, los padres y los profesores protestan: en mayo de 2011 terminaba el ciclo de González Gass como rectora y exigen que se cumplan esos plazos preestablecidos.

Hasta acá el conflicto. Uno más, de mayor o menor gravedad, en la interna de una institución educativa. Sin embargo, la repercusión pública, las notas en los diarios, las coberturas televisivas hablan de una institución de una enorme capacidad para amplificar sus asuntos. ¿Por qué sucede esto? ¿En qué tramas del imaginario nacional el Buenos Aires se cuela? ¿Qué representaciones se juegan en torno a esa institución cuyos estudiantes y egresados llaman, a secas, “el Colegio”, como si todos los elementos que ese universal describe pudieran ser absorbidos por uno solo de sus componentes? Bueno, el Buenos Aires y su mito. Ahí vamos.

En el campo

Es jueves a la tarde, vamos al campo de deportes del Buenos Aires, una especie de aldea gala de Asterix en medio del emporio de la industria inmobiliaria de Puerto Madero. Hay tres mil torres, cuatrocientos negocios de cosas caras, doscientos boliches donde un café sale 20 mangos, y un campo de deportes que está desde siempre y que quedó ahí en el medio: algo que no explica nada, un “bache” del capitalismo.

Unos trescientos alumnos, algunos padres y docentes participan de una jornada que terminará con una asamblea. Mientras la gente llega las bandas del colegio amenizan la fría tarde. El clima se parece bastante a cualquier lugar en donde hay trescientos adolescentes juntos, pero al mismo tiempo tiene esa distinción típicamente Buenos Aires. Los pibes ejecutan una música sofisticada, hacen covers de Sumo, cantan en fluido inglés, tocan bien –evidentemente han tenido buenos profesores- y con instrumentos caros: acá sí no hay rock chabón.

La intervención es totalmente inaceptable, no podemos tolerar que el Consejo Superior intervenga el Colegio a mitad de año de esta manera” nos dice Julián, estudiante de 5º año y miembro del Centro de Estudiantes. Su explicación es clara, su prosa precisa, nos dice que piensa estudiar sociología en la UBA. Pero nos interesa el mito: “Muchas veces se toma al Buenos Aires como una burbuja por esta cuestión de que dependemos de la Universidad, y es cierto que es un colegio que históricamente perteneció a la aristocracia aunque nosotros queremos que deje de ser así. Además nosotros no queremos que este sea ‘el colegio de la excelencia académica’ sino que todos los colegios lo sean”. La palabra clave es aristocracia, un fantasma que recorre las aulas del Buenos Aires. “En el colegio hay básicamente chicos de clase media, pero que tienen una situación económica estable, que pueden afrontar las academias privadas para el ingreso y el costo que eso implica. Hay chicos con dificultades económicas, pero son los menos” termina Julián.

Néstor es profesor de matemática y también está en la jornada. “Trabajar en el Buenos Aires es muy agradable, los chicos responden muy bien. Uno tiene ese plus de que vienen con una preselección en el nivel de conocimiento en el curso de ingreso, que es muy difícil y que dura todo un año, por lo tanto, las dificultades que uno puede encontrar en otras escuelas acá no están.” Sin embargo, esta diferencia no es, para él, motivo de mayor importancia. “La idea de lo aristocrático es más un mito que una realidad del aula, el perfil de los estudiantes que vienen acá es mayoritariamente el de hijos de profesionales de clase media que han accedido a cierto capital cultural y de conocimiento pero sin tantos aires de elite, puede haber eso, pero muy poco.”

 

Muchos mitos

Yo creo que justamente el mito del Nacional Buenos Aires es un mito. Claro que hay mucha gente que se jacta de haber ido a ‘el Colegio’, pero se me hace que esa actitud con el tiempo se fue diluyendo un poco, o por lo menos eso siento en el grupo de gente en que me muevo. Hay una marca particular que te deja el Buenos Aires, quizás también el Pelle y un poco el ILSE, y que no te dejan otros colegios, y tiene que ver primordialmente con sus estudiantes: el hecho de que ahí se junta gente muy heterogénea a una edad muy tierna.” Sebastián Sposito es un ex alumno de 24 años que quería entrar al Buenos Aires para jugar a la pelota y hacer la vuelta olímpica como su viejo, pero reconoce que el tufillo de lo académico tenía algún peso. “No creo, después de haber vivido esa experiencia, que uno pueda entrar al Buenos Aires por mera bajada de línea familiar.” La fauna del Nacional, dice, “es bastante diversa, lo que se contrapone bastante a los colegios privados y públicos comunes”. Esa es su imagen: la de un colegio que funciona como caja de resonancia social. El Buenos Aires a ojo del buen cubero Sebastián ofrece dos cosas: diversidad social y un colegio siempre muy a tono con lo que pasa afuera, “muy atravesado por lo político y lo social”. “Claro que podés pasar por el Buenos Aires y seguir viviendo en un termo, pero digamos que las herramientas para abrir la cabeza están al alcance de la mano.” Paradójicamente, el Colegio tiene una ventaja: “es un poco más cercano a cómo es el mundo afuera”. Y enumera: “los profesores te tratan como si estuvieras en la universidad (con todo lo bueno y lo malo de eso), la movilización y la lucha encabezadas por un Centro de Estudiantes muy activo, incluso pequeñas cosas como que el Colegio no le quede cerca de la casa a nadie, te obliga a salir a la calle, en el sentido más amplio del término”. Y en el sentido más concreto también. Sebastián vive su pasado reciente como la ruptura con la experiencia de clase: “el Buenos Aires me dio una visión un poco más embarrada que la que puede tener un estudiante secundario medio, más calle, quizás”.

 

Autopsia

 Dice la leyenda que un viejo profesor de Arte solía repetir que “lo mejor y lo peor de este país salió de este colegio”. Habría que hacer una autopsia sobre ese mito al que le escapan. El Buenos Aires es el Colegio por una tradición de excelencia que aún arrastra en su aura la UBA – esas grandes instituciones decimonónicas que llenó de contenido ciudadano el estado moderno y reformista-, pero tiene un aturdido itinerario narrativo que despierta en Juvenilia y que llega hasta el límite de Martín Caparrós. Algo se rompe en el medio, luego, algo no se rompe en el medio. Es posible entrever en cada ex alumno, de cualquier generación, el delicado equilibrio por no romper del todo la investidura mítica de lo que es un prejuicio para muchos de nosotros, de los millones que no estudiamos ahí. Uno de los cronistas recuerda el vozarrón de Pepe Eliaschev y su descripción melancólica del joven que fue en la usina de esas aulas, después de una noche en la que asistió a una de las reuniones de graduados. Era el viejo Pepe recordando al joven Pepe, ¡a Pepito! ¡El que terminó en las filas de la revista Cristianismo & Revolución! cruzado por la visión liberadora del tercermundismo, la pinza de cristianismo y comunismo que engloba la síntesis montonera. ¿Y qué podía lograr esa alquimia? Porque incluso en la historia de los Montoneros, cuántas veces se invoca su nacimiento casi como un experimento salido de esas aulas, brotado de una formación prestigiosa, un lugar –por excelencia- donde unos pocos adolescentes aprendían la dialéctica nacional. Cuánto de las culturas de izquierda tenía su botín en la conquista del Centro del Colegio Nacional. El Buenos Aires es un colegio que se impone por historia y por histeria.

Su historia es la de una institución hecha a la imagen de lo que la oligarquía victoriana argentina necesitaba para reproducir sus cuadros gobernantes allá a fines del siglo XIX. El majestuoso edificio, propio de las grandes obras de la Buenos Aires aristocrática finisecular habla de ello más que nada: esas escaleras de mármol que ascienden hacia el mundo espiritual del conocimiento, esa biblioteca de madera que parece infinita (y tal vez lo sea), esos próceres en la entrada de las aulas, ese gabinete positivista para observar el cielo y las estrellas. El siglo XX y el huracán democratizador del estado reformista volvieron al colegio otra cosa de la que era, aunque siempre en el fondo de ese vaso haya un gustito a antiguo régimen. Y si las pequeñas burguesías argentinas hicieron de la ilustración su proyecto de clase, entonces el Nacional se convirtió en la punta de esa pirámide. En el santuario laico e ilustrado del conocimiento de los chicos que educaba el estado.

Mi hija viene acá porque creo que esta es una de las mejores instituciones públicas de la Argentina, y porque hoy las escuelas públicas a nivel secundario no existen”, nos dice un padre enfáticamente. Y termina, justamente, con una frase que merece cerrar esta nota: “Yo no fui al Colegio, pero me gusta tanto que creo que, en otra vida, fui ex –alumno.”

 

Los Graduados, según Sebastián Sposito

Cuando se instauran los consejos resolutivos, aparece el claustro de graduados como algo novedoso. Antes tenías la Asociación de Ex Alumnos que, si bien tenía y tiene un peso político en el colegio, principalmente estaba avocada a una tarea social y celebratoria. Antes te volvías a cruzar con tus compañeros a los 10 años de egresados por la cena que te armaban los de la asociación. Bueno, con la aparición del claustro, se abre un nuevo canal de participación para los graduados, mucho más activo, lo que decanta en un nuevo perfil del graduado: comprometido, informado y, si bien reconociendo que como tal no vive el día a día en forma directa, sí puede aportar desde su perspectiva a la vida del colegio. De esta manera, con un grupo de amigos ex alumnos hicimos la experiencia de una página (ATN, www.estoesatn.com) que surge como un espacio para conocer la experiencia de algunos graduados que van desde Manuel Antín, Diego Peretti hasta Aníbal Ibarra, yendo a lo concreto y ahondando en los temas en los que son protagonistas, y claro que siempre les hacemos una pregunta acerca de su experiencia en el colegio.”

 

PERTENENCIA PERTINENTE

Por Jorge Dorio

 

Convertirse en alumno del Nacional Buenos Aires es una experiencia a tal punto singular que lo primero que se aprende es a nombrar la institución como el Colegio, a secas. El rigor académico y las aventuras variopintas del saber en los años sucesivos intentarán darle un por qué a esa soberbia excluyente. El para qué es una asignatura que puede quedar pendiente sin remedio.
Desde los primeros días de clases es fácil engolosinarse con la prosapia de los ex alumnos que, con honrosas excepciones, no es otra cosa que un nutrido combinado del panteón nacional. En ese sentido, a la pueril altanería de sentirse un par de Belgrano, Moreno y Dorrego, uno podía sumar la maliciosa satisfacción de enterarse que Sarmiento se había quedado del otro lado de la reja. Hasta ahí, la hojarasca. Mi llegada al colegio coincidió con el comienzo de la década del 70, años en los cuales los que no nos habíamos preparado en academia alguna para el examen de ingreso éramos una minoría no del todo raquítica. Del mismo modo cabe decir que la pertenencia de clase y la variedad inmigratoria de los apellidos era todavía un mosaico de noble diversidad. Sospecho que algunas cosas han ido cambiando en las últimas décadas. Resulta menester aclarar que si en las aulas y los claustros que albergaron a los que fuimos en ese tiempo era inevitable respirar historia, era igualmente natural sudar política. En cualquier caso, es difícil explicar la forma en que aprendimos a andar por el mundo en aquellos días. De qué manera se nos hizo súbitamente familiar la inquietud constante y la cercanía de la muerte.
Más allá de la mitología elitista, la trama de aprendizaje, tragedia y juventud ha garantizado una hermandad más íntima y encarnada en nuestras promociones. Pero a la hora de pensar esa pertenencia en conexión con lo real y despojándose de la ostentosa tilinguería de la tradición, me place recordar por encima del marbete fanfarrón de el rótulo que designa al Nacional Buenos Aires como Colegio de la Patria. A un costado de los nombres de ex alumnos que pueblan las calles y las plazas me aparecen como compañeros entrañables los muchachos que en los días de la fiebre amarilla, tanto como en la noche de la dictadura, apostaron a la vida, al compromiso fundante con las ideas y el sacrificio eventual acompañando las epopeyas populares. La ecuación es sencilla: sin la prioridad abarcadora y sin exclusiones que definen la patria, no hay colegio que valga.

Jóvenes Konex

Notas

Jóvenes Konex

1 Comentario 22 Julio 2010

Por Martín Rodriguez y Federico Scigliano

Fotos: Gisela Romio

Son las ocho menos cuarto de un lunes gélido. Cuando decimos gélido decimos gélido: ese día muchos se preguntaban si volvería a nevar, y eso duró toda la semana. En pleno Abasto de Buenos Aires, Sarmiento y Jean Jeaurés, un 124 dobla y le hace un fino grandioso a un tacho del que bajan cuatro raros peinados nuevos modelo 2010. El ambiente es de agitación y expectativa, la gente entra rápido, la cola da la vuelta a la esquina. Hoy toca La Bomba de Tiempo en el Konex, es noche de tambores en la ciudad. Por enfrente pasa un viejo con un perro, y mira sin comprender.

Afuera

“Burritos mexicanos” dice un hombre-cartel parado en el cordón de la vereda; panes rellenos, vocea otro, canasta en mano; pizzas artesanales, sugiere un tercero. “Es que en la cola de La Bomba desde hace un tiempo se puede comer comida de autor”, porfía un grandote, todo rastas. ¿No será mucho?, nos preguntamos. Nos acercamos a una parejita que vende comida. “Hace un año que venimos a la cola a vender- nos dice Víctor. Yo venía a ver a La Bomba seguido y cuando vi que se iba armando lo de la venta en la calle me vine. Nosotros hacemos pizzas rellenas, la gente ya nos conoce y sabe que son hechas por nosotros, por eso nos compran, y podemos llevar un mango”. Mientras esperamos que el amigo nos corte una porcioncita de su pizza se nos acerca una chica que estira la mano mecánicamente. “Fiestas afrolunes. After Bomba”, reza el volante, y sigue, “música en vivo, tragos, comida casera”. Ya estamos advertidos, después del show, la joda sigue en los boliches de los alrededores. Dicen que la cosa empezó hace un par de años cuando el “fenómeno de La Bomba se institucionalizó los lunes”. El revés del volante completa el enigma: un mapa con anotaciones en perfecto inglés. La Bomba del Tiempo es parte central de la agenda de los jóvenes extranjeros que visitan la ciudad, y naturalmente, de los nativos ladris que encaran el lugar con el único –y muy loable objetivo- de que la percusión sea la banda de sonido del beso a la gringa. “Está el Obelisco, está la Plaza de Mayo… y está La Bomba los lunes”, nos dice otro rasta acodado en la baranda, justito al lado del grandote de Prevención. Queremos hablar con el que organiza las fiestas After. Preguntamos. “Está por acá, recién pasó. Es uno vestido medio hippie” me dice la de los volantes. Pero en esa respuesta hay un problema: ¡Todos parecen medio hippies! La volantera se ríe. Tiene una linda sonrisa. Pasamos la puerta y nos topamos con la última postal, reveladora. El grandote que labura de grandote le está diciendo a un flaco que quiere entrar: “La mochila sí, las clavas, no”. Siempre es dura la vida del malabarista.

Esta es la Buenos Aires post-devaluación: la que generó condiciones de interés cultural con las “revueltas populares” del 2001, las “asambleas populares” del 2002, y el tipo de cambio popular (?) del 2003: así se escalona ese turismo social que bañó la ciudad de gringos y gringas. ¿Quién no tiene un amigo que cambió sus hábitos? El que no se anotó en tango (como estereotipamos en “El estereotipo” del número pasado) se hizo percusionista o lo que sea con tal de ser un acreedor gozoso de esta nueva ciudad de chicas extranjeras a las que contarles con unas copas encima, y con mirada profunda, “la verdad de este país”, “qué es el peronismo” o “la historia de las Madres”. Todo vale en una ciudad feliz.

Adentro

El patio del Konex con su escalera naranja y modernista, la zona destinada a la gastronomía, y finalmente la parte cubierta donde se lleva a cabo el show, son los espacios por los que todo el tiempo la gente circula. Ni bien entramos Sweet child of mine le pone potencia a la espera y apronta las ganas de tomarse una cerveza. La barra es cool pero hasta ahí, ¿se entiende? Tiene en su composición y en su lookeo toda la pinta de vender Campari con una naranjita, vodka frozen o mojitos, pero vende birra por litro a 20 pe. Bidón cervecero en mano, una empanadita para distraer al tiburón, y todo listo para mover la patita con los muchachos de los timbales.

Unas chicas muy conchetas con carteras que les cuelgan del codo se sacan fotos con unos brasileros que ya están puestos; una rubia con cara de modelo pasea con un gorro andino que compró en el norte la semana pasada; un grupito de asiáticas gritan en inglés y todas tienen una cara de council de Flacso que se caen, una mina en estado de trance baila como poseída, dos pibes contra una pared arman uno, dos morochas se besan debajo de una escalera. Esta descripción podría ser, en el mejor de los casos, el reverso de la descripción humana y subterránea de Mañana en el Abasto, la canción de Luca Prodan. Pero también una postal lisa y multicultural del Raval de Barcelona, entre subsaharianos, árabes y latinoamericanos devotos de la iglesia de Manu Chao. Buenos Aires se entibia el orgullo con estas postales, se tensa hacia esa amabilidad de la zona euro, pide su Love Parade, recae en esa tentación –casi constitutiva de su identidad- de ser Europa en América; clama por su lugar en el cielo de la modernidad, aunque sea periférica.

Si una ciudad es un campo de batalla: estos timbales no hablan de ninguna guerra, aunque confirman la paz que rodea a un barrio que todo lo resiste, como resistió incluso la entronización de un shopping que es, a ojos de estos cronistas, el mejor. El que no pudo cambiar tanto, el que negoció con el barrio.

El clima es festivo pero relajado, no hay rock en el aire, hay una especie de neohippismo rastafari, de gente llena de colores, gente linda que si esa noche hacía cinco grados más venía en ojotas. Hay eso… y hay muchas minas lindas que hablan penosamente el castellano.

También hay murmullo constante, el show empieza pero nadie deja de hablar mientras se contonea. La Bomba es lo que convoca y es lo más importante que pasa, pero definitivamente no es lo único que pasa allí. Es muy loco pero media hora después de comenzado el espectáculo sigue entrando gente.

La bomba

El espectáculo de percusión que los 17 músicos (de estricto mameluco rojo) que están en el escenario producen es impecable, pura improvisación a partir de una serie de señas del que dirige –que está al frente. La solvencia de cada uno de los intérpretes se impone desde el vamos. Lo que uno ve cuando ve a La Bomba de Tiempo es un seleccionado de percusionistas tocando la mejor música de la ciudad. La propuesta es experimental y vanguardista -música para músicos, casi se podría decir- pero se ha producido la rara alquimia de que eso, que en principio nadie imaginaría como una propuesta masiva, tiene cada vez más seguidores. Y acá de nuevo Buenos Aires y su capacidad de construir una escena cultural lo suficientemente potente como para que se pueda armar una selección de músicos que se juntan a partir de un experimento musical de improvisación con señas, y eso se vuelva un fenómeno cultural masivo y duradero.

Santiago

El alma mater del proyecto se llama Santiago Vázquez, un percusionista de lo más talentoso de la escena local que un buen día de hace casi 4 años tuvo la peregrina idea de reunir a buena parte de lo mejor de ambiente de la percusión y armar La Bomba de Tiempo. “La concepción europea del concierto como un lugar en donde el público es un recipiente que va a ser llenado por el artista con su arte, en ciertos ámbitos lo disfruto, pero en La Bomba lo propusimos desde el principio como otra cosa. Es decir, estaba la idea de que el espectáculo se completara con el público, que hubiera una interacción, que nosotros nos ofreciéramos como centro de un espacio cultural y social donde no todas las miradas fueran hacia el escenario”, nos cuenta Santiago. “Nosotros empezamos esto en el formato de ensayos abiertos a los que venían una trescientas personas, que eran las que venían a nuestros espectáculos siempre, pero a los pocos meses la gente empezó a venir a bailar, y empezó a crecer el boca a boca, y ya no se ponía lo más cerca posible del escenario sino que se quedaba atrás para tener lugar, sin mirarnos a nosotros. Ahí tuve la sensación de que esto estaba prendiendo.”

Santiago nos dice que si bien no esperaban esta repercusión y esta masividad, el plan era generar un espacio que desbordara lo propio del espectáculo musical. “Tenemos como modelos experiencias donde pasa esto, como las escolas do samba en Brasil, donde está el grupo tocando, pero también pasan otras cosas alrededor”.

Le preguntamos por el dream team que armó: “Cuando convoqué a los músicos, ya eran para mí los mejores que a mí se me podían ocurrir para esto. Y creo también que al cabo ya de cuatro años que llevamos tocando, yo tengo la sensación de que cada uno fue desarrollando su propios superpoderes.”

¿Y hacia dónde va La Bomba? “Va yendo hacia donde nos lleva la evolución musical de cada uno y de todos como grupo, y por otro lado a donde nos lleve lo que es la evolución del fenómeno, de lo que va sucediendo alrededor. En principio, el lenguaje del grupo está bastante definido, es esto que vieron, aunque estamos agregando algunas cositas.” Y cierra: “Es como una trama, como un cuerpo lo que se arma, donde en el escenario está el corazón o el cerebro (no sé cuál de los dos) o si querés, la columna vertebral, y que eso va irrigando las otras cosas que se arman y que están indirectamente relacionadas con lo que pasa. Por ahí, alguien que está en el patio entra un ratito y se vuelve porque está hablando con otro, o lo que pasa en verano cuando hay que convencer a la gente que viene con sus tambores que no siga la cosa en la calle para que no se arme lío con los vecinos y los automovilistas. Y es una cosa de felicidad, es generar un espacio de comunión a través de la música y el ritmo.”

Nos vamos

La fiesta ha terminado, la multitud se dispersa por el barrio, o se detiene a comer algo entre los varios puestos “de comida de autor” que se quedaron afuera esperando el fin del ritual. Compramos unos burritos mexicanos y nos vamos por Sarmiento rumbeando para Almagro, en estado de semi congelamiento pero sintiendo que vivir en una urbe mortal como Buenos Aires es caminar por un volcán que nunca duerme, que parece mentira que un lunes polar haya tanta gente con ganas de bailar, y que La Bomba de Tiempo está recontra bueno.

Pequeña agenda bombística de julio

La Bomba de Tiempo se presenta todos los lunes a las 20 hs. en el Konex, Sarmiento 3131, Ciudad de Buenos Aires.

Este lunes 19 de julio la invitada especial será Adriana Varela, y además, con motivo del día del amigo, habrá una función especial el Martes 20 con Liliana Herrero y el Bersuit Juan Subirá.

El martes 27 de julio también habrá función especial pero esta vez para grandes y chicos a las 16:30 hs.

La entrada sale 25.

Vayan.

100% Lucha

Notas

100% Lucha

10 Comentarios 15 Julio 2010

Por Martín Rodriguez y Federido Scigliano

“Si lo vota a Cafiero, le va a salir otro Alfonsín”, decía Luis Zamora en los años 80. Y había, en lo que articulaba esa consigna, el motor de una lógica implacable: son todos lo mismo. ¡Gane quien gane, pierde el pueblo! Y claro, cómo no iban a ser después los troskos los legítimos usurpadores del baldío ese del “¡Que se vayan todos!” con que cerró su actuación en el 2001 el engendro neoliberal en la Argentina. Sin embargo, la mayoría de los militantes de las izquierdas “sensatas” o los compañeros nacionales y populares (que se foguearon en un gremio o una universidad) no pueden negar la deuda que tienen con los troskos. No con el trotskismo, un corpus que habrá que leer (si da) sino con el hijo de la criatura: el joven militante trotskista. Nos fuimos a hablar con dos gladiadores del trotskismo argentino, Cristian Castillo y Néstor Pitrola, tratando de encontrar el hilo que organiza la madeja de esta subespecie notable, extraña y por demás combativa del universo político nacional.

Chipi

Cristian Castillo. Alias “Chipi”. Eterno joven en el alma del pueblo de Sociales…
“No me olvido más: durante un recital que organizaba en Obras la Asociación de Revistas de Estudiantes Secundarios, yo estaba en la cola, y entonces venía un militante del PST repartiendo un volante por Polonia, denunciando el golpe de estado del General Jaruzelski, y atrás venía un militante de la Fede (Federación Juvenil Comunista) con una bolsa de arpillera sacando cada volante que te daba el trosko.” Esta escena conmovedora fue fundante en el credo de Cristian, que además hoy supone que la Asociación de Revistas Estudiantes Secundarios era una agrupación de superficie de la Fede. Está casi seguro. Segurísimo.
Chipi empezó a militar -como otros de su generación- al final de la dictadura militar. El comienzo fue en el colegio Nicolás Avellaneda a fines del `81 donde conoció algunos compañeros que eran militantes de la juventud del PST. Chipi, hijo de un abogado laboralista con simpatías socialistas, atravesaba el final de la noche procesista yendo a recitales de rock, que eran también lugares de volanteo y militancia. “Dulces 16, Spinetta, Serú Giran, todo lo que era rock nacional pre Malvinas no tenía tanta difusión comercial, de algún modo agrupaba una parte de la juventud con cierta inquietud que se visualizaba, un poco ingenuamente, como lo opuesto a la música comercial, entonces era un lugar donde se volanteaba habitualmente y se pasaban petitorios.”
Todo trosko nace con un enemigo en la frente: el estalinismo. Aún en un país del sur latinoamericano donde lo más grave que hizo el estalinismo fue construir una AFJP. Porque el “pecado” de la Unión Democrática debería haber proscripto. ¿O no? “Yo tenía una idea muy ultra vaga pero bueno, tenía una sensación anti dictadura que era más o menos generalizada, y el PC me cayó mal por eso, y después las pintadas que hacían por la ‘Convergencia Cívico Militar’ hasta el año `82… Bueno, todo eso me posicionó dentro de lo que había de izquierda contra el PC.” Sin embargo, sus primeros años de militancia coinciden con la fundación del MAS. “El PST forma el MAS y tengo una relación de discusión política, no todavía de militancia pero sí de simpatía y me voy haciendo trotskista sentimentalmente, si se quiere, cuestionando el papel de la burocracia de la Unión Soviética y la política del PC hacia los militares.” En sus primeros días en el MAS Chipi no se consideraba a sí mismo trotskista, pero empezaron a llover acusaciones (sobre todo del PC y de los radicales) y cada vez que le decían “vos sos trosko”, Chipi se quedaba serio, serio y mudo. Y así hasta que fue a buscar el cántaro a la fuente y leyó como loco “Mi vida”, de León Trotsky, y se hizo trotskista para siempre.
Hay lugares comunes para atacar al trotskismo, uno de ellos es el que supone que se trata de una corriente de laboratorio que intenta forzar la realidad a sus propias premisas. Y otro es su vocación de conducir un conflicto extremando las consignas y las propuestas para después, siempre, terminar derrotados (siempre hacen más dura la dialéctica de todo conflicto y lo vuelven inviable en términos concretos). Chipi oye, entrecierra los ojos y arranca. “No todos los trotskistas somos iguales, la denominación de trotskistas ha englobado a un conjunto de organizaciones políticas que hemos tenido muchas veces posiciones políticas diferentes, no te olvides que en el conflicto entre el gobierno y las patronales agrarias, algunos compañeros que se reivindican trotskistas estuvieron con las patronales del campo y otros sectores sostuvimos que había que tener una posición independiente de ambos sectores en conflicto. En ese sentido, yo creo que si se mira sin prejuicio, se va a ver que compañeros trotskistas han jugado un papel muy importante en victorias relevantes del movimiento de lucha de los trabajadores y otros sectores en todo el último período histórico. Zanon es un ejemplo por tomar”.
“Tratar lo más que se pueda, siempre”, dice Chipi para defenderse de la difundida idea de que un trosko es alguien que pide siempre la de máxima y no se baja nunca, aún a costa de no conseguir nada. “Es una caricaturización que no se condice con el análisis de la práctica política real. Presentar una visión de que el trotskismo sería ‘cuanto peor mejor’ en el sentido de que si la lucha se pierde es mejor no tiene sentido, porque nosotros sabemos que justamente la clase trabajadora necesita victorias, aún victorias parciales, porque esas victorias le permite tener confianza en su propia fuerza para encarar otras luchas, entonces uno siempre quiere ganar. Ahora, no siempre depende de uno ganar”, dice.
Nunca fantaseó con un “me voy a una fábrica y me proletarizo”. Su excusa es razonable: le tocó un período de militancia en el PTS en un momento en que las fábricas se cerraban. Eran los años 90. “Nosotros en los 90 combatimos mucho teóricamente la tesis del fin del trabajo, que por una cuestión de una determinación tecnológica, una tendencia general de la sociedad, íbamos a una sociedad post industrial donde el conflicto, capital – trabajo se iba a transformar en algo del pasado, en algo anacrónico y entonces el conflicto iba a permanecer como un desplazamiento estructural de la fábrica al barrio. La consigna de la CTA: ‘de la fábrica al barrio’, a nosotros nos parecía un diagnóstico equivocado.”

Los años kirchneristas.

Los años kirchneristas no fueron los años más felices. Pero tuvieron lo suyo. Si pudiera analizarse como si se mirara un pasado, según Chipi, “ha sido un período donde la clase obrera se recompone socialmente, entra mucha gente a trabajar, y esa recomposición tiende a expresarse en fenómenos de organización sindical nuevos”. Pero es un fenómeno contradictorio. “Uno entra en el terreno sindical y tiene influencia y gana comisiones internas y gana cuerpos de delegados pero no tiene el mismo nivel o la misma velocidad de desarrollo en el terreno político, es más complejo, porque el kirchnerismo es la novedad de un gobierno peronista con discurso de centroizquierda que intenta acaparar todo el espacio que hay a su izquierda, entonces hay momentos políticos, donde lo consigue y hay momentos que no, y ahí a la izquierda se le abre un poco más de espacio político.” El diagnóstico trotskista es doble: “una parte de la sociedad que tiene ilusiones y que aún confía en el gobierno tiene puntos de contacto con lo que uno dice también, entonces no es que todos los que simpatizan con el kirchnerismo no ven nada de lo que uno dice, más allá de los que tengan una militancia más dura… El trabajador que ve con ilusión parte del gobierno es un trabajador que en su fábrica sigue muchas veces a los compañeros combativos de izquierda, con una peculiaridad que es que una parte grande de la clase obrera nueva, sobre todo joven, no tiene una identidad política peronista firme, incluso apoyando al gobierno no es peronista, en ese sentido hay un corte generacional importante, no digo que no vote al gobierno ni que no lo siga”.
Era de esperar: hay un hilo de fibra industrial que une al imaginario kirchnerista con el imaginario trotskista. Y hay una generación de jóvenes que ingresaron a un mercado de trabajo industrial en un período de reconquista laboral y que sólo es capaz de votar a este gobierno peronista como reacción conservadora a la memoria de espanto que otros gobiernos peronistas dejaron: los años de Menem. Aún así, en la fe trotskista, esos jóvenes pueden ser clasistas y combativos. Veremos.

Néstor

Néstor Pitrola es un pedazo de historia obrera. Primero, cuando te saluda, es distante y gélido como lo puede ser un trotskista: alguien que está preparado para tirar el fósforo y huir hacia nuevos incendios. Al rato, en ‘cordobés’, modula un vozarrón y una cadencia que atrapa a quien lo oye: Pitrola es un pedazo de historia nacional. Se inició como empleado bancario, se fogueó en el “Cordobazo” coordinando un sindicalismo clasista bravo, se salvó de ser chupado la misma noche del Golpe del 76, se rajó a Buenos Aires, y se hizo trabajador gráfico. ¿Dónde? En Convicción, el diario de Massera, de donde lo echaron con la Ley Antisubversiva.
Llegamos a su oficina en la sede del Partido Obrero de la calle Ayacucho donde nos está esperando. El lugar es modesto, un par de computadoras, un armario, una gran imagen de Lenin y Trosky, y Pitrola que habla por teléfono sobre seccionales, comisiones de delegados y reuniones “con compañeros”. “Yo fui Secretario Adjunto del Sindicato Gráfico ya en 1984, antes había sido elegido delegado de Editorial Atlántida, y en el 84 lo acompaño a Ongaro cuando él vuelve del exilio, pero con un agrupación propia que se llamó ‘La Naranja Grafica’ que está hasta el día de hoy. Lo que pasó es que después nos separamos porque él tomó un rumbo de integración a la burocracia sindical tradicional y nosotros el rumbo clasista conocido por todos ustedes.”, dice con picardía.
Pitrola es una máquina de hablar, sin embargo, una pregunta lo detiene. Él nos dice que no viene de una familia de militantes, que su padre era un pequeño comerciante en el universo productivo cordobés. ¿Y cómo es explicarle a esos padres que uno es trotskista, Néstor? “Ellos aceptaron, fue una lucha terrible, porque ellos tenían muchos prejuicios anticomunistas y todo lo demás, y después por amor fueron comprendiéndome y aceptando y al final hasta terminaron votando al Partido Obrero.” Ese es el poder del amor y del convencimiento.

¡Esto es África!

¿Cómo vive el mundial un trotskista? ¿Hincha por Argentina? ¿Cómo vive ese momento que mezcla sentimientos populares y un negocio capitalista infernal? Pitrola se ríe a mitad de la pregunta. Se pone serio cuando empieza a responder. “Nosotros con toda soltura hemos hinchado por la selección Argentina, desde la dirección del Partido hasta el último militante hinchamos por el seleccionado argentino, somos futboleros muchos de nosotros, Ramal va a la cancha a ver a Argentinos Juniors, lo vivimos con toda naturalidad, vivimos muy contradictoriamente el mundial del `78, ese sí, porque teníamos conciencia, vivíamos escapando de las mazmorras de la dictadura, y el mundial nos cayó mal. Yo no soy de los que creo que si Argentina ganaba el Mundial, Cristina Kirchner resolvía los problemas, es una tontería. Argentina del `86 salió campeón y en el `87 Alfonsín perdió las elecciones, es decir, ¿cuánto le duró? ¿Para qué le sirvió? No sé si se ve. Después hemos tenido polémicas entre nosotros y hay artículos interesantes en Prensa Obrera, mostrando que para Sudáfrica el Mundial es un espejismo porque es un mar de desigualdad social, de pobreza espantosa y se muestra al mundo en ese aspecto una mentira, escondiendo una desigualdad social espantosa.”

Moyano

Hay una historia de un romance fugaz que pudo abolir la tendencia al desencuentro estructural entre sindicalismo peronista e izquierda. Una vez, hace no mucho, Pitrola apoyó a Moyano. Y lo hizo desde su propio gremio gráfico siendo congresal entre 150 congresales de gremios de oposición que fueron al congreso de ruptura de Moyano con la CGT de los gordos. “Porque logramos un paso progresivo para el movimiento obrero, fuimos a defender un programa, una perspectiva, él rompía con los gordos, venía de la Mesa de Enlace con CTA y el Perro Santillán, yo en mi fábrica cumplí todos los paros, no ya de mi gremio, si no de los de la mesa que apoyaba mi gremio y de los que no apoyaba mi gremio, en mi fábrica acompañábamos todas las Marchas Federales, y cuando se produce la ruptura le planteamos que hiciera un congreso obrero y que discutiéramos una alternativa política desde los gremios combativos, también como salida a la política del país, no porque pensáramos de Moyano ideológicamente esto o lo otro, si no caracterizando el paso que acababa de dar.” Esto era parte de una historia de resistencia al menemismo. Para Pitrola hoy Moyano está de vuelta aliado a los gordos de la CGT. Y el peronismo gobernante parece dividir de nuevo las aguas para siempre.

Solitario y final

El mundo de un trotskista existe en el pasado y existe en el futuro. Al presente se le piden demasiadas cosas. Y huye. En la predilección por profetizar la declinación constante del mundo persiste la convicción íntima de que “esto” no aguanta tanto tiempo así. ¿Y qué es “esto”? ¿Qué es “esto”, camarada? ¿Qué hacemos con “esto”, compañero? “Esto” es el presente y su máquina. Y si el mito se cumple mañana alguien estará parado en la puerta de entrada de una fábrica con su Verdad Obrera bajo el brazo, extendiéndola como se extiende una flor recién arrancada al objeto de nuestro amor. Es demasiado temprano. Siempre es demasiado temprano. Todavía es demasiado temprano. Y no será esa mañana fría en la que se hallen las respuestas de por qué vale tanto la pena luchar. Siempre.

Convicción
“En el ’79 entré al diario Convicción de Massera y en el `82 organizamos un movimiento salarial, una pequeña huelga, nos fuimos todos al patio a pedir un aumento de sueldo, nos echaron a mí y a otro compañero de la sección fotografía, yo era de armado de página, por Ley Antisubversiva. Y volví dos o tres días tratando de organizar una resistencia por mi reincorporación, y no me secuestraron por esas cosas de la vida. Esta experiencia apareció en un juicio de la ESMA porque a un compañero, Carlos García, que estuvo chupado durante años, lo sacaron a la superficie y lo pusieron a trabajar en Convicción como gráfico, y él fue compañero mío, lo veía todos los días y trabé una relación personal y política con él. Estaba libre bajo vigilancia y lo tenían controlado. Él contó todo y le preguntaron si tenía algún testigo. ‘Sí, Néstor Pitrola, era compañero mío’, dijo. Él había sido Monto, se casó con Miriam Lewin, forman pareja estando secuestrados, porque a ellos los pusieron en la parte de falsificación de pasaportes. A Massera no lo vi nunca, la fábrica estaba en Barracas, éramos como 250 trabajadores, con periodistas quizás más, el taller era bastante importante porque hacíamos además del diario Convicción, otras publicaciones. Había obreros muy piolas, nos organizamos, de hecho tengo muchos amigos hasta el día de hoy que trabajaron allí, gente de oficio.”

Twitterismo, etapa superior del Duranbarbismo

Notas

Twitterismo, etapa superior del Duranbarbismo

Sin comentarios 08 Julio 2010

Por Martín Rodriguez y Federico Scigliano

Decidimos enterrar nuestras narices en el mundo de las nuevas redes sociales, esa esfera donde las huestes de Mauricio parecen haber cifrado una parte importante de su política de comunicación. Concientes del desafío emprendido, sacamos una cuenta en lo del simpático pajarito, y nos hicimos seguidores de lo más granado de la dirigencia macrista. Lo que sigue es el relato de esa experiencia.

El Duranbarbismo
Ecuatoriano, de espíritu descontracté y renovador, con un pasado setentista que roza a la Unidad Popular chilena y a la JP argentina, Jaime Duran Barba es desde hace años el principal asesor de imagen del PRO. Prodiga para todos sus experimentos políticos la máxima con la que Charly García inauguró los años 80 en la inolvidable “Los Dinosaurios”: “Yo quiero estar liviano”. Una política liviana, pragmática, con dispositivos ágiles, con desprendimiento ideológico. Esas son las fórmulas que pueden resumir el ideal de este lúcido gurú de derechas.
Unos recuerdos vienen a estas afiebradas mentes: el festejo del triunfo en las elecciones porteñas de 2007 y el de las elecciones legislativas de junio de 2009. La escenografía de boliche del búnker, el aire de fiesta privada, de vip y pulserita para poder pasar, el festejo con aire a estudiantina de colegio privado, el “¡quisiera que esto dure para siempre!” invadiendo el escenario, la remeras revoleadas sobre las cabezas, los náuticos, las chombas. PRO ha construido una estética (he ahí un valor) es más, ha conseguido estetizar la política, es decir, construir una forma de la representación que le es propia (tal vez ahí anide una de sus grandes fortalezas electorales). Y Durán Barba es el bocho de ese dispositivo. La instancia culminante de ese relato es que Macri sea Mauricio, Rodríguez Larreta, Horacio, y Michetti, Gabriela -o Gabi-, y que el trabajoso menjunje que suele ser la construcción de la política y la gestión aparezcan bajo la forma de una charla de amigotes en el happy hour de un pub del bajo porteño, camisas remangadas, corbatas medio sueltas, camaradería de tercer tiempo. Eso es PRO, o mejor dicho, la representación que ha construido.
El twitter es la continuidad de una política de nombre de pila que, en el universo imaginado por Durán Barba, consiste en el signo más auténtico de simplificar lo político a ese aspecto común, transparente, desideologizado… Y ya es un lugar común advertirlo. ¿Está mal usar las redes sociales para acercar la gestión y la política a la gente? No. ¿Cómo va a estar mal?

Mauricio
Lo de Macri definitivamente está hecho por un prensero: tiene muy poca onda. Sus twits parecen escritos como para ser leídos por un locutor oficial. Se nota, por momentos, que sobreactúa las emociones. Por ejemplo, el 28 de junio escribió: “Vamos a podar y reparar algunas veredas y vamos a trabajar en la esquina d Chile y Virrey Ceballos”. Sin guía T, ¿alguien imagina que desde avenida de Mayo y Florida Mauricio podría irse caminando hasta Virrey Ceballos y Chile? La confusión que se le puede armar en la cabeza empieza porque para Mauricio todas las calles con nombres de virrey deben quedar en Belgrano.
Después vemos una breve seguidilla durante el último partido (recuerden que la secuencia temporal es inversa, de arriba hacia abajo se lee como de adelante para atrás en el tiempo): Tevez es puro corazon !”; “Ganamos! Con Alemania es otro partido y vamos a Jugar mejor”; “Siguiendo el partido en Plaza San Martin, vamos”. Sí, los errores de la ortografía parecen voluntarios, porque denotarían la espontaneidad del que viaja de obra en obra, de timbreo en timbreo, pero no se pierde el pulso de lo que pasa allá, en el corazón.
El 23 de junio Mauricio twitteó: Termino d tocar timbres en Villa Crespo. Como avanza la zona !! Con las obras del Maldonado y la Metropolitana va a acelerar aun mas!”. Lo hace a la una y cinco de la tarde. Imaginemos por un segundo la cara del paisano al que le suena ese mediodía el timbre, ¡ese timbre de mierda que hace ladrar al perro!, dentro de la casa de oye la voz cascada del viejo que lo calla a grito pelado (¡callate perro choto!), camina por el pasillo del PH entrecerrando los ojos con una cara de culo infernal, pensando que es el del medidor del gas, o el testigo de Jehová (aunque la predilección de los testigos es el timbrazo los domingos a las 8 de la mañana)… pero no: es Mauricio. La puta que lo parió. El viejo se ríe, incómodo, sí, y algo como la culpa interfiere su sonrisa para sonrojarlo aún más: todas las veces que lo puteó a Macri cuando el auto pisó un pozo o cuando llovió y se inundaba la esquina, están ahí. Y está ahí. (La gente puede aprender a decir “Mauricio”, pero cuando putea dice “Macri”.
El 21 de junio Mauricio escribió: Estoy volviendo d Tandil. Fin d semana maravilloso en flia. Deporte ,lectura, cartas. Todos muy relajados”. Perfecto. Todos muy relajados. ¿Deporte? Sí, se entiende, un picadito. El hombre es futbolero. ¿Lectura? Y sí, suena a libros, pero a lo mejor son los resúmenes de temas de la semana… ¿¿¿¿Cartasssss???? Pero cómo: ¿Mauricio lee o escribe cartas?, ¿es que un renovado espíritu epistolar y decimonónico ha anidado en él? Ah, no. Juega a las cartas. Chanchoooooooo va.
Hay algo: durante ciertos conflictos la liquidez de twitter funciona como el relojito de una orga y todos twittean de lo mismo, haciendo blanco en alguna de las batallas circunstanciales. Llámese, por ejemplo, Juez Gallardo. El 24 de junio Mauricio escribió: “Q lindo seria tener a miles d Arg en la 9 d J el domingo viendo la seleccion ! Juez Gallardo el cartel esta en regla Deje prenderlo !!!”. A partir de allí, luz verde para twittear Juez. Escribió Diego Santilli: “Vamos #arg !! Q el Juez Gallardo nos deje ver el partido mañana en la 9 de Julio!! Es cabala! Ayudanos! Retuitea”. Escribió Esteban Bullrich: “RT @mauriciomacri: Q lindo miles d Arg en la 9 d J el domingo viendo la seleccion ! Juez Gallardo cartel está en regla Deje prenderlo!”. El jueves 1 de julio, seguramente no por esa presión virtual, el Juez autorizó la pantalla.
Mauricio el 22 de junio vio el partido rodeado en el Hogar San Martín. Así lo informó. Desde ese centro de operaciones tiró un guiñito peronista. Escribió “Martin Martin q grande sos !! Me hiciste llorar otra vez Te quiero mucho!!!”. Sí, todos saben que Palermo es soldado de la causa. Pero él quería decir algo más. Y dijo: “Estoy viendo el partido c MEugenia junto a una pareJa d abuelos. El tiene 72 y ella 89 !! Mira vos ….y ella parece + joven q el”. Qué pedazo de ortiva. Pobre viejo.

Gabriela (o Gabi)
Lo de Michetti huele a confesionario, a culpa, a exorcismo… es la amiga piola de la Acción Católica, que escucha a Silvio y le gustan los pulóveres andinos, pero se reúne semanalmente con el monseñor. (Y al monseñor no le gustan las canciones estalinistas, eh.) Es tal vez el personaje más logrado, y es también quien tiene más recursos para construirse, tantos que su salida de escena post triunfo 2009 siempre tuvo el tufillo a que si no se ocultaba un poco se lo comía a Mauricio, literalmente. Pero Gabriela muestra las uñas. Todo lo que en ella parece sacrificio, la postración de una chica nacida en el interior agrario y que nunca pudo terminar de entender la ciudad y la política canalla, muestra que hay modos y modos de ofrecer la otra mejilla. Observemos cómo cruzó a un irrespetuoso Marcos:
@marcosmansueti si hay algo ajeno a mí y mi manera de actuar es lo q pretendés criticarme. Te propongo q te informes de mis actividades.
@marcosmansueti de qué hablás flaco? Podrás no estar de acuerdo con lo que hago pero por lo q decís no tenés idea de nada.
Epa: ¿flaco? Perdonalo, Gabriela. A un tal “berenjenal” le dice: “@berenjenal hacés mucho esfuerzo por servir a los demás. Si es así: te felicito y te pido disculpas porque no estamos a tu altura”. Es que un rato antes, ante una crítica, Gabriela hizo gala de la meritocracia: “@berenjenal me imagino que serás alguien que tiene mucha autoridad para decir semejante cosa. O sea: trabajás muchísimo por el bien común”. No, Gabriela, si vos te ponés en la línea de fuego, jodete. Cualquiera, hasta el más hijo de puta de todos te va a putear. Hasta un tipo que caza ranas desde chico, que le pega a la mujer, que come con la mano. Todos te van a putear… Pero este es genial: “@cdilodovico me dedico especialmente a recorrer los lugares en donde hay gente “viviendo” de esa manera, sólo q no hago marketing de eso…” No, no, no, nooooooooo. O sea: y bueno, ¿cómo hace un político marketing de “eso”? ¿Cómo lo hace la que fue vicejefa y la que es candidata puesta en la línea de sucesión? Además, es como la paradoja del que dice: yo nunca digo pero todos los meses pongo guita para el tomógrafo en el Fernández. Lo estás diciendo, hermano. Y sin embargo, hay un momento de suspensión, y lo que verdaderamente Gabriela tiene para ofrecer es lo que le pasa por dentro. Gabriela es puro dolor interno, es el dolor cristiano de la resignación. Escribe: “Es terrible lo profundo del dolor q viven todos los personajes d la película 21 gramos! Resulta casi imposible d soportar sólo mirándola…”
La bella Gabriela sigue siendo una niña que viaja en el auto de papá, y que no quiere abandonar la estancia. El 26 de junio escribe: “Es increíble como está lloviendo en esta ruta!! Una bendición para los campos de toda la zona!”. Viene de Mar del Plata y de compartir un panel con Casaretto, en un encuentro de la Comisión de Pastoral Social. Donde… ¡había muchos jóvenes! En un doble mensaje así describe su sorpresa: “En el Encuentro que organizó la Comisión de Pastoral Social había muchísimos jóvenes y al final de mi charla se acercaron varios de (sigue) ellos a contarme que se habían involucrado en un partido político o que tenían ganas de hacerlo… Me pareció un muy buen dato!”

Diego y Horacio
Diego Santilli tiene picardía y por eso es uno de los políticos más avezados del macrismo. Diego representa ese costado que para PRO es tan necesario como incómodo de mostrar. Diego es la política, como Cristian Ritondo. Es el viejo peronismo que asoma por arriba de la medianera, que le da cuerpo a la gestión y sentido a la rosca. El Ministro de Ambiente y Espacio Público también cumple con su cuota cotidiana de twits.
Dejando a Teo y Nicky en la combi y partiendo a gabinete en Pza San Martin. Excelente semana para todos!!” arranca el lunes Diego, en tono de amable hombre común. Al otro día, la estrategia se cierra. El Gobierno de la Cuidad volvió a construir una imagen que después del Intendente Brigadier Cacciatore nadie debería siquiera rozar: topadoras demoliendo frente a pobres laburantes que lloran entre la rabia y la impotencia, y para el postre represión policial. Es entonces cuando el aparato comunicacional amable se transforma en una orga virtual comunicativa: todos, casi al mismo tiempo, bajan la línea del gobierno. “No se pueden construir locales sobre la vereda y mucho menos lucrar con eso”, twittea Diego, el que lleva a Theo y a Nicky a la combi, y desea buena semana para todos.
El estilo de Horacio Rodríguez Larreta es ascético, y es perfectamente creíble que sea él mismo el autor de sus “haikus” administrativos. El twitter tiene para el Jefe de Gabinete la función de apuntar la marcha de la gestión, más algún que otro comentario más o menos pícaro que subraye su lugar de poder y sus enemigos públicos.
Es que Horacio es un soldado de la causa. Uno de estos cronistas, días atrás, pasó una larga jornada en un CGP haciendo trámites. Mientras esperaba el numero de orden para ser atendido, se pasó el rato mirando un bonito televisor que pasaba a repetición spots del amigo Horacio. Toma 1: Camisa blanca remangada, cara de “estamos trabajando para usted”, mirando un operativo en un puesto de panchos y hamburguesas. Toma 2: Camisa blanca remangada, saludando operarios de una obra vial. Toma 3: Camisa blanca, suéter sobre hombros, cara de gestión, hablando a la cámara sobre las bondades de la poda de árboles.
Twitter para él es lo mismo, con esa afectación un cachitín pasada de rosca que vuelve todo más o menos falso (¡te falta soltura, Horacio! ¡Ponele onda!). “Estamos pidiendo a la Legislatura que apruebe lo antes posible la ley que mandamos para prevenir los asaltos de motochorros”, lanza Larreta, mostrando esa hilacha turbia que se esconde detrás de todos los que dicen “motochorros”, una palabra que habla más de quien la dice (¿no Mauricio?) que de los supuestos comprendidos en el conjunto denominado.
También para el Jefe de Gabinete fue ley salir a bancar el desalojo en Liniers: “Estoy en Liniers, en el operativo q hicimos p clausurar locales truchos. Todos los vecinos y comerciantes agradecidos.”
Vecinos y comerciantes, he aquí toda una definición de una forma de la imaginación política, y de los sujetos para los que se gobierna. Twitter tiene el don de la inmediatez, y eso, a veces, suele provocar memorables confesiones.
Liviandad y apoliticismo, amabilidad boba y tuteo, el nombre de pila como cifra de la comunicación política. PRO se ha construido en la forma política de un clima cultural más vasto que le da sentido y también eficacia. Su pasión twittera es reveladora, en alguna medida, de esa forma de la vida contemporánea con la que tan bien parecen dialogar sus hombres y mujeres.
Más allá de invectivas, caricaturas, querellas y vindicaciones, tal vez una forma de desanudar esta experiencia conservadora en la ciudad sea leerla en esta clave epocal en la que se construyen sus fortalezas invisibles.

Diego, Nicolás, Sergio

Notas

Diego, Nicolás, Sergio

6 Comentarios 27 Junio 2010

Martín Rodriguez
Federico Scigliano
Lautaro Batista

Diego Bonnefoi no aprendió a caminar de chico, aprendió a correr, era un hijo de chorros (¡nieto de chorros!), según la leyenda barilochense. Diego no tenía otro destino. Diego no tenía límites. Diego no tenía Estado. Diego podía elegir su destino sudamericano: chorro, policía, pentecostal, pizzero. A Diego lo mataron por la espalda antes de que elija exactamente qué quería ser: por ahora le gustaban las minitas, la calle, estar entre amigos y amanecer despierto. Lo que tenía o no tenía en su mochila el día de su muerte nadie lo va a saber porque nadie se anima a creerle a los que lo mataron. Según las versiones canallas su padre era puntero radical, o su padre era enemigo de los hermanos “Jabalí” (los dueños de la droga en Bariloche, protegidos de la Policía), o su padre era chorro. Desde la puerta de la casa de Diego se ve la comisaría. No lo mató la Policía solamente: lo mataron los uniformados que trabajaban enfrente, a menos de cincuenta metros de su almohada, de su colchón húmedo, de su armario con ropa donada de la iglesia. El sadismo del disparo en la nuca, el sadismo del que oye el ruego (no me mates) y eso es música maravillosa, habla de la intimidad del crimen. Y ese es el secreto de unos días en Bariloche: todo el mundo entiende perfectamente todo. El Canal 6 (¿adivinen de qué grupo?) echa leña al fuego, culpabiliza a la víctima, incita la movilización, es la cobertura de una novela familiar: todos saben todo. De qué lado salieron las balas. Y por qué.

Los hechos
El jueves 17 de junio a la madrugada, un oficial de la Policía de Rió Negro ejecutó con un disparo en la nuca a Diego Bonnefoi, un adolescente de 15 años que vivía en el Barrio Pedro Furman, en el Alto de Bariloche. La muerte causó la reacción de los jóvenes del barrio que, en la medida en que se iban enterando del crimen, comenzaron a rodear la comisaría 28. Entonces volaron las piedras, y los uniformados respondieron con una violencia aún mayor. El saldo fue de dos muertos más: Nicolás Carrasco, de 16 años, y Sergio Cárdenas, de 28.
El sábado siguiente en el centro de la ciudad se produjo algo imprevisto: la reacción de otros vecinos de Bariloche pidiendo que no desmantelen la comisaría 28 que se ubica en el corazón del Alto de Bariloche. Esas dos escenas (los pibes rompiendo de bronca una comisaría tras los crímenes y los vecinos movilizados contra la inseguridad como si nadie hubiera muerto bajo las balas policiales) son posibles y conviven en el corazón de la ciudad por una sencilla razón: el crimen de Diego parece “justificado”. Ni sus 15 años, ni el desamparo del barrio en que vive, mitigan esa reacción: murió porque debía estar muerto. Y ocurrió en un país donde la Policía sigue matando pibes jóvenes. En todas las provincias, en la ciudad de Buenos Aires, en todos los casos la violencia policial contra los jóvenes pobres es un rasgo estructural de la institución.
Lo que pasó en Bariloche esa madrugada en que un suboficial que patrullaba un barrio termina pegándole un tiro en la nuca a un pibe de 15 años no es más que un nuevo episodio de este enfrentamiento entre pobres y policías (que también son pobres). Lo que pasa después, cuando todo el personal policial sale de cacería con balas de plomo y deja dos muertos y decenas de heridos, es el camino que cierra el círculo de la impunidad y de la falta absoluta de gobierno civil sobre las fuerzas de seguridad. Hay tres pibes muertos en Bariloche. Hay una causa, a cargo del prestigiosísimo juez Martín Lozada. Hay toda una estructura policial dedicada al encubrimiento. Hay un poder político provincial que debe pagar.

28
“Se preparan seis meses, les dan el arma y salen a la calle. Ya es policía.” El tío de Nicolás Carrasco tiene apenas uno o dos años más que su sobrino asesinado. Hace cuentas. Seis meses, dice. Los números empiezan a actuar. “Estábamos de novios hace siete meses”, dice la novia. Las dos veces que intentó hablarnos empezó a llorar (en realidad no llora sino que se le caen la lágrimas de los ojos, lo que vuelve la escena aún más desgarradora). Algunos barrios del Alto llevan como nombre el número de viviendas: barrio 169, barrio 170. En el 169 viven ellos. Otros barrios pobres llevan fechas insignes de la memoria nacional y radical: 10 de diciembre, 2 de abril. Pero el Estado es la comisaría 28. Ese es el Estado que conocen, que palpan a diario. “Le pegaron tres impactos de bala. En la pierna la bala tuvo entrada y salida, en la espalda no, se incrustaron en su cuerpo y fueron las que provocaron que no este acá ahora, lo destrozaron por dentro las balas.” Habla la mamá de Nicolás, que tiene fijados los detalles de una autopsia artesanal. Sabe cosas del cuerpo. “Nicolás tenía 16 años, su vida era re tranquila, le gustaba jugar al fútbol, era de Boca, trabajaba con su papá en plomería, nació acá, siempre estaba en contacto con todos los chicos por más que uno le dijera ‘no te juntes con ese por que no me gusta’, no estudiaba, terminó el primario y se puso a trabajar.”
El tío de Nicolás habla de Diego Bonnefoi: “era re mujeriego, tenía 15 años, tenia facha, el más bonito del barrio, andaba con pibas. Lo tenían visto más que nada por el hermano. El apellido de ellos era nombrado mayormente por el hermano, el padre, el tío. Pero el andaba con sus amigos, iba al shopping, iba a la escuela, andaba con una pendeja”. En la charla la vida de Diego y Nicolás se cruza todo el tiempo. Hablamos de Nicolás Carrasco pero Diego emerge porque fue el principio de esa cacería. ¿Se conocían? No mucho, según el relato. ¿Por qué murió Nicolás? Porque mientras reprimían salió de su casa. Quiso ir a la casa de la novia a dos cuadras. ¿Qué pasó en el medio? Estaba la Policía, la BORA, una Policía especial, que interviene en los disturbios. Le dispararon. Tal como detalla la madre.
Sigue el tío de Nicolás: “El día que mataron a mi sobrino, yo me había levantado a mirar el partido, y se escucharon dos o tres escopetazos, mi hermana me dice ‘hay tres policías acá en la calle’, ya estaban rodeando la manzana y en la cuadra estaban los BORA. Vos querías ir para allá y no te dejaban, fuimos a ver qué pasaba y nos enteramos de que mataron a Diego, y se empezó a juntar gente afuera de la comisaría, indignada. Empezaron a tirar piedras contra la comisaría y yo me prendí también a hacer el aguante, había banda de gente, toda la tarde estuvimos, yo vine, me cambié, me sequé un poco y salí de vuelta, mi sobrino anteriormente había venido a ver qué había pasado y se fue, nosotros seguimos. Entonces, después iba para la casa de su novia, y en ese encontronazo, hicieron una replegada, entraron por esta cuadra, rodeando la manzana, en esa trayectoria le pegaron a él…”.
La madre: “La causa abierta por el crimen no tiene nombres al no saber quién le disparó. La Policía dice que había gente particular disparando, y no era así. Está como ‘homicidio’ pero ahí nomás queda. Nosotros hoy salimos a la prensa porque nos dan bronca las cosas que se dicen. Nicolás era alocado, siempre andaba contento, todos eran buenos para él. Ese día le dije ‘¿dónde andabas negro?, no te andes metiendo, hijo, que está re feo’, me dice ‘no pasa nada mami’, yo le digo ‘a ese pibe lo mataron porque andaba robando’. Yo capaz que estoy equivocada ahora, capaz que no era así, y él me dijo ‘mami pero por más que él haya sido lo que haya sido no merece que lo hayan matado como lo mataron’. La madre también oscila entre la inocencia y la culpabilidad, entre el confuso “por algo será” sobre el cuerpo acribillado de Diego, y la sensación de que sobre las otras dos muertes no hay explicación. De allí que su encubrimiento desespere más a la propia Policía que salió a mover sus “hilos” sobre el caldo gordo de la inseguridad.
La comisaría 28 hoy es un edificio destruido, un fantasma lleno de los restos de la burocracia policial: un fichero sin cajones, una máquina de escribir en el medio de una habitación vacía, armarios dados vuelta bajo un tinglado. Los barrios del Alto son urbanizaciones hechas por el Instituto de la vivienda de la ciudad hace apenas 20 años pero tienen un nivel de deterioro que impresiona. El estado se fue a la comisaría: la comisaría fue destruida por la gente.

Alarmas X-28
Miércoles a la noche en el Centro Cívico. A las ocho, frente a la plaza que preside el monumento a Roca, los vecinos se reúnen. Son menos que en las marchas anteriores quizás porque nieva. Llegamos al lugar que es pequeño pero está repleto. Megáfono en mano habla un policía, al lado hay otro agente con la camiseta de la selección debajo de la campera azul. El agente pide por la reconstrucción de la comisaría 28; habla en contra del gatillo fácil y menciona sólo uno de los casos (el primero, el asesinato de Diego Bonnefoi): “hay un agente detenido, que actúe la Justicia”, dice. De las otras dos muertes no habla. El discurso general en la reunión es que de los otros dos casos no se sabe, y ese “no se sabe” exculpa provisoriamente al accionar policial. De repente alguien grita “¡La gente del Alto también está acá!”. Un aplauso cerrado se impone: es cierto, hay gente del Alto. Es más: la mayoría de la gente, esa noche, es del Alto. “El pueblo unido, jamás será vencido”, cantan todos. Una vecina nos reconoce como periodistas y nos dice que ella vive en el Alto, y que en las marchas en apoyo a la Policía no sólo está la gente rica y la clase media de comerciantes de Bariloche “como se muestra en Buenos Aires”. “¡Veintiocho! ¡Veintiocho!” ese es el número cábala que gritan los vecinos que piden orden. Anota el enano marxista que llevamos dentro: “Han vuelto las clases a la política argentina. Las clases, pero fundamentalmente las clases dominantes, y su capacidad de producir hegemonía sobre los sectores medios, y hasta sobre los sectores más castigados.” Hay un dato, de la primera marcha (la del lunes 21) hasta esta, estos vecinos notaron que era necesaria una aclaración: que ellos no piden mano dura ni gatillo fácil.
Orden y seguridad: he aquí el menú de las nuevas demandas de la sociedad post industrial. “¡Seguridad, seguridad!” gritan lo reunidos en torno al discurso policial. “Sabés qué pasa, macho. Si el pibe ese era mi hijo, te puedo asegurar que no andaba a esa hora por la calle”, nos dice un gordo grandote, tachero de profesión, a la salida del acto. La mirada se centra sobre la víctima. Entonces le preguntamos por la violencia policial. Dice que está en contra del gatillo fácil, y entonces dice “pero”, y en esa inflexión entra la velada justificación de la violencia, el pedido de seguridad, el reclamo “a los políticos que no hacen nada”. ¿Es posible desarmar el argumento blindado de este buen hombre que acaba de aplaudir al policía con el megáfono en mano? El problema es el Estado, o mejor dicho, su ausencia. Porque ante el desamparo – el tachero exuda desamparo- lo que sigue es la producción del discurso del poder, estos es, la Policía como vector del disciplinamiento social de los pobres.
Otro que sale nos interpela: “Yo los conozco a todos, soy del barrio Frutillar. El chico puede cometer errores como cualquiera, el papá también. No es que estamos de acuerdo con que venga la Policía y te muela a palos, acá hablan los policías porque no están los referentes que tenemos en el gobierno. Nosotros necesitamos que en el Alto se abra un gimnasio.” Hay ahí un programa y una intuición de las “soluciones”. Más seguridad es más Estado. Lo dicen como pueden.

Lo alto y lo bajo
“La ciudad es de todos”, dice Pali, 27 años, habitante del Alto de toda la vida, pero luego agrega, la gente del barrio es trabajadora, por ahí nos dicen “los negritos de arriba”. Ahí se cuela la diferencia, en la formas de andar por la ciudad, en los modos de nombrar al otro (los de “allá”, “los de arriba”). La línea está sugerida. Esa invisibilidad aparente de la demarcación parece ser la condición central de su eficacia. Es una línea que no existe, pero que todos ven.
Martín es otro militante del barrio. Es un joven nacido y criado en el Alto de Bariloche. “Hace 27 años que estamos bajo este tipo de políticas de un gobierno radical…” Cerca de la casa de Diego Martín tiene parientes, “siempre lo cruzaba”. “Arriba –dice- tenés barrios chiquitos de 140 viviendas y también el barrio Frutillar donde viven 1.400 familias. Yo me considero un militante, tengo ideales, anhelo cuestiones para equilibrar la balanza, tengo seis hermanos, mi familia es de clase trabajadora.” Su familia son los Pargade: primeros pobladores de la zona, de origen mapuche y francés. “Por el lado materno, Quitrupan, por el lado paterno mi bisabuelo fue soldado de Roca. Pero yo soy argentino.” Martín hace una semana que no para, de arriba abajo, de la reunión a la radio. Hace un frío que duele y él anda con su campera de jean (“tiene corderito”, dice), evidentemente hay algo parecido al dolor y la injusticia que le calienta el pecho.
Los funcionarios provinciales (gobernador incluido) venía para la ciudad y ante los episodios rajaron para Viedma, el intendente dice que visitó a las familias de las víctimas y la madre de Nico nos dice que eso es mentira y que ni para el sepelio tenía, si no fuera por el Sindicato de Municipales que la ayudó, la Policía se abroquela, encubre lo que puede y busca legitimidad entre los barilochenses que claman por orden y turismo, todos putean al Canal 6.
Mientras eso pasa la sangre de tres pibes baja por la avenida Onelli y recuerda que la cana volvió a matar, una vez más, como siempre.

El Foro
“Era pura la marcha, bien de derecha, bien clásica. El camión del BORA (la infantería de Río Negro), la gente se tiraba encima, parecía Argentina del ‘78”, así arranca la charla con un grupo de jóvenes del Foro de Comunicación de Bariloche, básicamente, pibes que están al frente de radios comunitarias en los barrios pobres del Alto. Todos están conmocionados por lo que pasó e intentan explicarlo desde su experiencia comunicativa y territorial.
“Esta separación entre el Alto y el Centro viene desde siempre, pero se acentuó mucho en los últimos 15 años. Históricamente se fijó en la Brown como un muro que no vemos, invisible, pero que está, siempre se habló de la Brown para arriba y de la Brown para abajo. Y es cierto que hay una persecución hacia los chicos del Alto con gorrita, hay un acoso, te cuentan ‘hoy a la noche me agarraron tres veces, me pidieron el documento’.”
“Esta violencia que surgió ahora contra la Policía como institución, evidentemente viene no solamente por estas tres muertes, sino que viene por acumulación de años y de historia. Yo soy profesor de Lengua y trabajo con chicos del barrio que te dicen: ‘Me ven mi cara de indio y me hinchan las bolas, y yo no ando metido en nada, no robo’.”
“Hay que distinguir por un lado lo la responsabilidad política, que es un tema político, y por otro la pelea más importante que hay que dar, que es la pelea por el sentido común”, dice uno, otro se suma y agrega un cita de Alcira Argumedo: “La penetración del discurso de los medios es inversamente proporcional a la organización política”, y remata: “creo que eso fue lo que pasó, estamos fragmentados”. Una chica que está sentada, mate en mano, se sale de vaina por intervenir: “Vos escuchas a la gente que dice: ‘nada justifica que rompan vidrieras’ en lugar de decir ‘nada justifica que haya pibes muertos’ y eso lo escuchás de tus vecinos, de tus compañeros de laburo. Además lo que movió mucho para que se movilice gente por la seguridad es el tema de la temporada, una temporada segura, ‘que no nos cague la temporada la muerte de este pibe’.”
La charla sigue por el camino de los medios grandes y la construcción del estereotipo. “Las noticias que tenés del Alto son siempre sobre que se están matando, siempre son trágicas, no te pasan las cosas culturales, las cosas buenas que se viven en el Alto”, otra chica completa, lúcidamente, “además el mensaje también es: Diego era hijo de chorros, nieto de chorros y no se dice, era hijo de pobres, nieto de pobres, excluido.”

El Diario

Link al Diario Miradas al Sur
Entrá a Miradas al Sur, diario del suplemento jóven Ni a Palos



NiaP en PDF

Ediciones digitales de la versión impresa





Estereotipos



Facebook Fans


Redes

En Google

En Facebook

twitter


insignia



©opyleft putoelquelee 2010 Ni a Palos.

Creative Commons License