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Para los libros

Sin comentarios 31 Agosto 2010

Por Santiago Alvarez

El discurso que pronunció la Presidenta Cristina Fernández en la presentación del informe Papel Prensa: La Verdad fue para los libros. Fue tal vez el más importante de su presidencia hasta la fecha porque además de la brillante oratoria con que lo entregó -una de sus virtudes más destacadas- tuvo un voltaje y un contenido político que le dio un tono casi inaugural, fundante de una nueva etapa en nuestra vida democrática. Hubo una vez un presidente yanqui, el General Dwight “Ike” Eisenhower, que sorprendió con un discurso inesperado que es mucho menos conocido que cualquier discurso de Kennedy pero que, probablemente, podría ser leído como una premonición del asesinato del célebre JFK. Cualquiera que haya visto la película de Oliver Stone sobre la investigación que el fiscal Garrison llevó a la Justicia norteamericana por el asesinato de Kennedy lo habrá visto en la introducción. Cualquiera que quiera verlo, lo puede googlear.
En aquel discurso de Eisenhower -el viejo rubio mira a la cámara directamente desde su sillón en el Salón Oval- se advierte sobre la existencia de un nuevo fenómeno en la “experiencia americana”: la Guerra Fría había obligado a invertir grandes cantidades de recursos en la carrera armamentística, y de esa gigantesca transferencia de riquezas surgió un nuevo jugador en la cancha del poder norteamericano: el “complejo industrial-militar”, cuya “influencia total – económica, política, incluso espiritual – se deja sentir en cada ciudad, cada capitolio estatal, cada oficina del gobierno Federal. (…) Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación haga peligrar nuestras libertades o procesos democráticos. No debemos dar nada por garantizado. Sólo una ciudadanía alerta e informada puede imponerse al engranaje propio de la enorme maquinaria industrial y militar de defensa con nuestros pacíficos métodos y objetivos, para que la seguridad y la libertad prosperen juntas.” Durísimo.
Eisenhower pronuncia esas palabras en su discurso de despedida, una tradición de los presidentes norteamericanos que consiste en emitir una declaración final, un legado, antes de irse a disfrutar del 82% móvil. Éste en particular tiene una gran significación histórica: un presidente yanqui (supuestamente el hombre más poderoso del mundo) advierte sobre la existencia de un poder que lo supera en alcance y en influencia. La advertencia no penetró, y así están hoy los muchachos, bajo el imperio de los halcones de hierro.
Cristina el otro día hizo prácticamente lo mismo. Tal vez la diferencia más notoria entre este y aquel discurso no sea el idioma en que fue pronunciado sino el momento en el que se pronunció. Uno lo hizo de salida, en el último día de su mandato, y la otra lo pone sobre la mesa a un año y medio de las elecciones presidenciales más importantes y peleadas de los últimos treinta años de democracia. Esa actitud requiere de una valentía y una determinación admirable. Porque denunciar ante todos los argentinos -la cadena nacional midió 29 puntos de rating según Ibope- que las instituciones democráticas son menos poderosas que otras instituciones ocultas, y quedarse para seguir gobernando y enfrentar esa situación requiere de un arrojo sin precedentes.
Mientras tanto, El Poder reacciona con un acta firmada por escribano en la que una víctima se retracta de lo que dijo hace un mes en Tiempo Argentino y hace más de 20 años en la Justicia. Una respuesta pequeña, pobre, que no alcanza ni para bajar a fuego lento la pregunta imparable que se le ha planteado a la sociedad.
Papel Prensa es el disparador de un debate de ideas superior. Porque si bien es el “pecado original” sobre el que se construyó un imperio económico monopólico, lo que Cristina nos planteó a todos -pero en especial a los otros dos poderes del Estado- es una lista de simples preguntas: Muchachos, ¿quién va a gobernar en la Argentina? ¿Nosotros -los políticos electos, los que la gente puede poner y sacar, los que nos sometemos a la voluntad de todos los habitantes del suelo argentino- o “los otros”, ese poder oculto, invisible, que hoy está por primera vez a la vista de todos? ¿Qué vamos a hacer nosotros? Vamos a seguir chupándoles las medias a un gerente para que no nos saque un semáforo rojo en el diario, o nos vamos a plantar? ¿Qué somos nosotros? ¿Para quién trabajamos? ¿Para quién nos exponemos? ¿Dejamos las convicciones en la puerta de la Rosada / Gobernación / Municipalidad / Banca / Judicatura / Función Pública, o nos plantamos?
Y está bien, alguno dirá que no es una idea nueva. Y otros diremos que para muchos sí, que para la mayoría es una idea nueva. A “los otros”, los invisibles, los sufrieron a muerte todos los presidentes democráticos (Alfonsín, Menem, De la Rúa). Y aún los más dóciles, los más entreguistas, cayeron bajo la vara de “los otros”, tarde o temprano.
El resto es verso. El debate iniciado, e inconcluso, desde que terminó la dictadura está recién por saldarse y se organiza en torno a la pregunta por antonomasia: en una democracia, ¿quién gobierna?

¿El hermano de Martha Holgado?

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¿El hermano de Martha Holgado?

2 Comentarios 25 Agosto 2010

Por Fabián Rodríguez

Desde que es era muy joven, a Fernando Ezequiel Solanas Pacheco le gustaba que lo llamaran “Pino”. Con ese apodo se lo conoce desde tiempos inmemoriales, y hasta incluso puede legar a ser que si uno lo agarra medio distraído, y le dice: “Que tal Fernando ¿Cómo te va?”, Pino mire a sus costados y luego recién nos responda:“¿A mí me hablás? Jojo, ¡es cierto! Pasa que no me acostumbro ¿viste?”
Y ni hablar si le hiciéramos acordar que también tiene otro nombre: de ese directamente no se acuerda.
Lo del doble apellido patricio lo dejamos pasar, primero porque da para el chiste fácil, y segundo porque no viene al caso.
Volviendo al nombre de Pino y al apodo de Fernando, parece que ya ni él se acuerda los motivos. En las diferentes entrevistas que ha dado, cada vez que le preguntan el por qué de su sobre nombre, responde que alguna vez un familiar lo llamó así por lo alto y delgado, y quedó.
Los que no lo quieren mucho dan otra versión: “le pusieron ese apodo porque no deja crecer nada alrededor”, repiten socarronamente, aunque no advierten una cosa: a la clase media le encantan los pinos. Miren Cariló, si no, Gessel, ¡Mar de las Pampas!

Pino, la gran esperanza blanca de las clases medias bien pensantes que darían cualquier cosa por tener de presidente a un tipo como él, un tipo que parla como un pendenciero pero que no se como ninguna “ese”. Y no es negro, of corse.
Pero qué labia, por favor. Mirá que hay que hablar así, eh. A mí no me sale, y eso que estoy todo el tiempo con atorrantes, con villeros que si no le das te mandan a guardar, como el chico de la tapa. Pero nunca pude aprender a hablar así. Pino sí puede, porque tiene sensibilidad. Es un artista.

Con cada paso que da, Pino va construyendo su propio mito. Es como si cada frase que tirara en el programa de Ernestina y Zloto se convirtiera en llave, para luego ser donada por la gente y fundida para hacer una estatua de bronce en su homenaje. Como la del Che, pero en alguna esquina de Olivos, lugar que vio nacer a nuestro Michael Moore.
Pino avanza a pasos agigantados en su larga marcha hacia el socialismo, movilizando a las masas vía conferencias de prensa en Pasos Perdidos. Agitando a las multitudes a través de los programas de cable que lo tienen en alta rotación, como si fuese un video clip de Rage Against The Machine en los noventa. Pino es un tornado de declaraciones que atacan al corazón del imperio para hacerlo tambalear hasta pedir clemencia.

Pero acá hay alguien que se está equivocando. No es Pino, claro está, pero alguien tiene que parar la pelota y decirlo. Seamos buenos: Pino tiene libreta de enrolamiento. Me dicen que es lo nuevo, pero esperen: Pino es tan, pero tan viejo, que su padre era un dirigente político del Partido Conservador. No es joda.
Pino dice “frasquete”, “boite” y “la pucha”. No es serio, muchachos. Nada nuevo puede venir una persona que todavía no digitalizó su vocabulario. Posta.

Y como si algo le faltara, esta semana, en medio de sus encendidos discursos por el ochentaidosporciento, Pino lozaneó de lo lindo y dijo que él se sentía heredero el heredero de Perón. (N. del Autor: este es un nuevo verbo que inventé, para utilizar cuando la gente “lozanea”. Todos lozaneamos alguna vez en la vida, ¿Quién no se creyó, al menos una vez, tenerla más larga que todos? El problema es que hay gente que lozanea todo el tiempo).

Hasta dónde yo sé, el único heredero de Perón era el pueblo, pero bueh, más allá de la máxima histórica, hay algo en esa frase que pone en evidencia la cobertura mediática que lo protege. Y es que por mucho menos, a Martha Holgado la crucificaron. Le dijeron de todo: “oportunista”, “trepadora”, “mentirosa”. Cuando lo único que pedía la inolvidable Martita (que Dios la tenga en su santa gloria), era el apellido.
A Pino el apellido no le interesa porque ya tiene dos. Él va más allá, porque se siente “el heredero”, ergo ¡quiere los bienes, papá!

Nosotros, desde acá, mediante esta humilde columna, le pedimos a Pino que haga un llamado a la reflexión, y que por favor sepa que Martha Holgado hubo y habrá una sola, y que ella jamás contó que tenía un hermano.

Dale, presentate

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Dale, presentate

1 Comentario 21 Agosto 2010

Por Santiago Alvarez

Ni a Palos vio con agrado la reunión celebrada dos semanas atrás entre los referentes del Peronismo Disidente (de las ideas de Perón) y el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto. Entre Eduardo Duhalde, el Lole Reutemann, Felipe Solá y Francisco De Narváez estaba también Mauricio Macri, el niño díscolo de ese rejunte opositor. La reunión tuvo por objeto ordenar la interna del grupo, ante la evidente ausencia de candidato a presidente para las elecciones del año que viene. Fuentes cercanas a Ni a Palos -cercanas porque de casualidad viven cerca- afirmaron que el aire estaba enrarecido en el lujoso piso del CEO del monopolio. Magnetto habría presionado durante la mayor parte de la cena, en la que comieron pollo al espiedo, para que se defina urgente un candidato del espacio. Cuando el Lole Reutemann volvió del baño por cuarta vez porque se iba cada vez que salía el tema, quedó claro que sus aspiraciones presidencialistas eran nulas. Eduardo Duhalde y Felipe Solá, como es sabido, aspiran a una interna “disidente” y el colombiano De Narváez, que acaba de zafar –gracias a Néstor Kirchner- de que su nación vaya a una guerra con Venezuela, queda fuera de carrera por extranjero. La poca confianza que inspira el niño Mauricio en los demás comensales impedía una resolución en aquella tertulia. Fue así que Lole insinuó, en un rapto de locuacidad inusitada, que fuera el propio Magnetto el candidato presidencial. La idea no es descabellada, ya que en otros países, gerentes de grandes monopolios mediáticos han saltado a la política y lograron un turno en el máximo sillón del poder democrático (Berlusconi en Italia, para no abundar). Héctor demostró incomodidad con la propuesta. Ya era la hora del postre y los comensales degustaron un flan mixto de grandes proporciones. Allegados al diputado Solá -que pidieron mantener reserva de identidad- manifestaron que promediando la medianoche el anfitrión, visiblemente molesto, levantó la reunión. Lole pidió quedarse a dormir porque había tomado una copa y media de vino, pero Mauricio le aseguró que daría instrucciones a la Metropolitana para que no le hicieran el pulilómetro si lo agarraban manejando.
Días después, el portal de análisis de medios Diario Sobre Diarios (www.diariosobrediarios.com.ar) anunciaba que Héctor Magnetto reunió a sus empleados más notables en las oficinas del Grupo, secundado por los directivos Héctor y José Aranda, con el objetivo de “ordenar a la tropa” y explicar el alcance del conflicto con el gobierno. Allí, Magnetto se sinceró diciendo que Clarín “encabezó el conflicto con el campo” y que por eso el gobierno quiere “destruírlos”. La información a la que Diario sobre Diarios no accedió y que es exclusiva de Ni a Palos porque somos re grosos, es que la idea del Lole quedó rondando en la cabeza del CEO y, en esa reunión –de acuerdo a cercanos amigos de primos de empleados del grupo presentes en la cumbre- Magnetto habría adelantado parte de su gabinete en una eventual presidencia magnettista. Obviamente, Bonelli iría a Economía, Kirchbaum a la Jefatura de Gabinete y Roa al Ministerio del Interior. Aranda habría recibido instrucciones de prepararse para la Secretaria Legal y Técnica de la Presidencia. Marcelo A. Moreno tendría la misión de convertirse en el primer Secretario de Comercio No Polémico luego de ocho años del “Polémico Moreno”. Los dos geeks de TN Tecno irían a Ciencia y Técnica y Catalina Dlugi a Cultura. Santo a Culto. María Laura Santillán sería una eventual Vice. Julio Blank estaría destinado a la SIDE, por sus méritos a la hora de criminalizar la actividad juvenil militante. Alfano, Sylvestre y Van der Kooy estarían encargados del Ministerio de Planificación Federal, porque los tres hacen un buen ministro. Un clon hecho del ADN de Enrique Sdrech terminaría a cargo de la Policía Federal. El ex Juez Cavallo a la Secretaria de DDHH y a la Secretaria de Energía, obviamente, Lapegüe, por el Prende y Apaga. Muchos se preguntaron qué periodistas quedarían a cargo de la programación del afamado canal de noticias. Fuentes relativamente confiables transmitieron que Magnetto habría dicho que no importaba, “total, TN va a desaparecer”. Ojalá se presente.Ni a Palos festejaría, con agrado, ese favor a la democracia. Que se venga el “Estilo M”.

Ladran Sancho…

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Ladran Sancho…

3 Comentarios 11 Agosto 2010

Por Andrés Larroque

¡No es justo que estés disgustado por la alegría de los demás, que te opongas al optimismo de los otros! Tu actitud de opositor víctima de una palabra seductora es una especie de complejo del resentido. Porque existe en tu resentimiento una cuota enorme de rencor que te ves obligado a gastar con los demás o contra los demás.”
Discépolo a Mordisquito (1951)

Hay dos maneras de entender la política: una es simplemente como la administración de los recursos escasos de la economía, la otra le agrega además la decisión de transformar la realidad redistribuyendo sus diferentes recursos.
El proyecto político abierto el 25 de mayo de 2003 está claramente ubicado en esta última línea, y por ello, los cargos no son lugares que meramente se ocupan, sino que se proponen como plataformas para hacer realidad los cambios necesarios para construir la patria justa, libre y soberana que nos merecemos y por la cual tantos compañeros dejaron su vida.
Si hay algo que caracteriza esta etapa es justamente eso: la decisión política de avanzar en la reconstrucción del país por el mejoramiento de la calidad de vida de nuestro pueblo, la integración con nuestros vecinos, la ampliación de derechos y la independencia económica.
Todas las medidas de gobierno que desde entonces se implementan apuntan a ese objetivo; por ello no sorprende que sea el único período desde la recuperación democrática en el que no se aprobó una sola medida en contra de los trabajadores.
Claro está que cuando se construye un proyecto que conmueve las estructuras tradicionales, a los defensores del status quo se les ponen los pelos de punta y tienden a reaccionar con mayor o menor crispación a medida que se les tocan sus intereses objetivos o simbólicos.
Luego de las elecciones de 2009, los tibios y los conservadores pedían rectificar el rumbo. Si Cristina hubiera claudicado, seguramente hubieran dicho maravillas de ella, hubieran hablado de su liderazgo, se habrían atrevido, incluso, a pedir su reelección. Los grupos de poder en Argentina saben perfectamente a quién palmearle la espalda y a quién no. Pero si eso hubiera sucedido, Cristina se habría convertido, tristemente, en un presidente más de los que deja sus promesas en la puerta de la Casa de Gobierno. La historia es conocida: contra todas las presiones, el gobierno no sólo no rectificó sus políticas de inclusión sino que las llevó aún más lejos.
Gracias a esa decisión hoy tenemos Ley de Medios, movilidad jubilatoria, Asignación Universal por Hijo, Fútbol para Todos, Ley de Matrimonio Igualitario, un Mercosur que profundiza la integración, una Unasur que defiende al continente y un país que sorteó la crisis del capitalismo central sin mayores sobresaltos, especialmente para sus trabajadores y sectores populares. ¿Alguien puede sorprenderse que entonces en las encuestas, incluso en las que se presentan en la Sociedad Rural, aparezca Néstor Kirchner punteando cómodo en la intención de voto no sólo para la primera vuelta?
El año próximo se define: o se consolidan las transformaciones o se retrocede.
Por ello los vemos a todos juntos bailando en la sociedad rural como cantaba Casero, rindiéndoles pleitesía a Biolcatti, pidiéndole letra para seguir en una foto patética de la sumisión a las corporaciones reaccionarias; los encontramos tratando de quebrar el sistema previsional argentino que hemos logrado recuperar; los vemos queriendo desfinanciar el Estado tratando de eliminar las retenciones. Y ahora la frutilla del postre: vemos juntarse en la casa de Magneto a los representantes del “peronismo disidente con la historia peronista”, a esos que Evita definía como los gorilas dentro del movimiento, a Duhalde, Reutemann, Solá y de Narváez junto al que no sirve ni para espiar, seguramente acordando el apoyo del monopolio de cara a las elecciones.
Los opositores nucleados en el Grupo A no son tontos, están desesperados y saben que se juegan el todo por el todo, lo saben sus mandantes, los dueños de las corporaciones…pero nosotros también lo sabemos.

La marcha de esa mujer

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La marcha de esa mujer

Sin comentarios 03 Agosto 2010

por Santiago Alvarez


El lunes a la tarde, tipo seis y media, la militancia peronista se juntó a conmemorar el fallecimiento de Evita. Hace cincuenta y ocho años, la “Abanderada de los Humildes” y “Jefa Espiritual de la Nación” dejaba de estar entre nosotros los mortales para entrar en la historia como un ícono político, social y cultural de los argentinos, luego de una vida de militancia feroz.
La “Marcha de las Antorchas” tuvo un olor distinto esta vez. Si bien siempre fue abundante su convocatoria, la abultada concurrencia del lunes (algo más de cincuenta mil personas) fue extraordinaria y puso sobre la mesa una demostración más de un clima de estos días: la militancia activa que ha logrado a su alrededor el kirchnerismo. A la presencia hegemónica de la CGT y su Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista y del Movimiento Evita se sumaron todas las organizaciones políticas del arco nacional y popular. La ausencia de fotografías y crónicas en los grandes medios de difusión al otro día es moneda corriente y no vale la pena ya seguir llorando por esas giladas.
Lo cierto es que se han revitalizados ciertas costumbres de lo nacional y popular: juntarse para conmemorar. Y ahí existe una gran diferencia entre el peronismo y sus satélites con el resto del arco político nacional. ¿A quién homenajea el PRO? ¿Pide por los presos políticos James y Palacios? ¿Y el Acuerdo Cívico y Social? ¿A quién recuerda? ¿A la consecuencia de Elisa Carrió? Inclusive el radicalismo, centenario partido, hace poca gala de su edad y de sus próceres. ¿Qué es lo que sigue teniendo el peronismo, que junta cincuenta lucas de tipos para recordar a uno de sus líderes porque sí?
Terminada la procesión que fue desde Av. 9 de Julio y Belgrano hasta la sede de la CGT -fue emocionante ver las miles de antorchas prendidas en la noche- les tocó a los oradores. Hablaron Emilio Pérsico (Mov. Evita), Hugo Moyano (CGT) y Néstor Kirchner, quien propuso como objetivo que “Argentina sea el país más igualitario de América Latina”. Los discursos hicieron eje en el significado que tuvo Evita para los más humildes en su tiempo y en la importancia que tiene para las generaciones de hoy rescatar su figura. La alusión generacional no fue en vano: había, como es habitual en las manifestaciones de estos días, mucha militancia joven. A este nuevo rasgo se suma otro de gran significación histórica: la alianza constante y cada vez más fuerte entre la CGT y los Movimientos Sociales.
Cuando terminaron los discursos, fue hora de dar paso a la última, inevitable y obligatoria etapa del protocolo peronista. Porque no hubo ni habrá acto peronista en la historia que no cumpla religiosamente con esta etapa a la que me refiero. De saltearse, de olvidarse su estricto cumplimiento, vaya uno a saber qué plagas caerán sobre la tierra y qué maldiciones sufrirán los herejes culpables. Sí señores, adivinaron: los compañeros entonaron la Marcha. Y algunos, los más pendejos, los que usualmente al final agregaban esa estrofa setentista que habla de fusiles en la mano y de Evita en el corazón, ahora le ponen otra: “Resistimo’ en los noventa, volvimo’ en el 2003… junto a Néstor y Cristina, la Gloriosa Jotapé”.

La conspiración

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La conspiración

1 Comentario 27 Julio 2010

El martes 20 de julio, en su habitual columna del diario La Nación, Betariz Sarlo afirmó, categórica, “Kirchner ha logrado el procesamiento de Mauricio Macri”. El tema es que después la célebre ensayista se olvidó explicar los motivos que sostenían esa afirmación. Una vez más, Ni a Palos cumple con el país, y después de una delicadísima investigación entre las bambalinas del poder, te dice la posta, aquello que Sarlo no se atrevió a contar.

Kirchner ha logrado el procesamiento de Mauricio Macri. Fue demostrado por los testimonios de las víctimas de esta burda operación política, judicial, familiar, mediática y de inteligencia a la que asistimos con indignación los ciudadanos de bien. La claridad con la que los hechos se manifiestan es extrema. Recapitulemos: Kirchner convenció a una serie de soldados ultra kirchneristas para que se infiltren en el gobierno porteño. La condición de ultra fue absolutamente necesaria, en la medida en que la participación en la operación traía consigo un resultado colateral sólo apto para convencidos. Estos soldados de la causa del matrimonio consorte debían demostrar niveles de compromiso muy superiores a los de, digamos, un Guillermo Moreno: eran Ciro James y los dos jueces de Misiones (Horacio Gallardo y José Luis Rey) encargados de imputar ilegalmente a ciudadanos inocentes para ordenar escuchas que, luego, eran enviadas a James. Los tres montaron una operatoria de inteligencia por pedido de Néstor Kirchner y la llevaron hasta las últimas consecuencias. Para que la operación contra Macri tuviera éxito, estos hombres asumieron un costo gigantesco: necesitaban caer ante la justicia, entregarle a la causa su trayectoria, sus empleos y hasta su libertad ambulatoria. Despedirse, sin saber hasta cuando, de sus seres queridos, sus mujeres, sus hijos. Hay que respetar la convicción de estos muchachos, capaces de despojarse de todo para cumplir fielmente las órdenes impartidas. Alegarán algunos que la dispersión geográfica de los involucrados va en detrimento de la versión “macrista” de los hechos. Pero la presión que Kirchner ejerce sobre gobernadores y jueces provinciales es vox populi. Los mismos incrédulos agitan el argumento de que es imposible que Kirchner le plantara un cuñado a Macri. Y es verdad. Pero las más encumbradas fuentes afirman que en realidad Kirchner le plantó una hermana a Macri, que eventualmente se casaría con el Médium Leonardo para que el plan maestro funcionara. Es sabido que Leonardo fue al jardín de infantes con Claudio Uberti y espera, como premio por los servicios prestados, entrar al directorio de Telecom como representante de las acciones del Estado Nacional. Palacios también habría actuado por indicación o presión o bajo amenazas de Kirchner. La obstinación de Macri por ratificarlo en su cargo al frente de la Metropolitana es inexplicable, y por eso se habría auto flagelado a golpes su ojo izquierdo con un pupilómetro. En el entramado K hay un hombre clave que se llama Narodowsky. Él -que comparte con el ex-presidente en funciones la misma letra en sus apellidos, aunque ubicadas en distinto lugar- habría provisto a la opereta de las herramientas legales para insertar a James en su Ministerio, para que desde esa pantalla operara con el objeto de perjudicar a Macri. Oyarbide puso la causa armada luego de que Burstein -que tuvo el tupé de divorciarse de su mujer antes de que ella fuese víctima del atentado a la AMIA- funcionó como la cara pública que denunció la supuesta estructura de inteligencia macrista. Algo habrán hecho los tres jueces de Cámara que confirmaron esa causa trucha de Oyarbide. El macrismo -con gran razón- afirma que esa yunta de juristas se habría limitado a confirmar el fallo de Oyarbide sin aportar nuevas pruebas. Quienes arguyen que los Jueces de Cámara pueden sólo revisar lo actuado por Oyarbide y no pueden agregar elementos probatorios a la causa, olvidan que fue Néstor Kirchner quien, en el año 89, rosqueó fuertemente para aprobar el Código Procesal Penal de la Nación sabiendo que, 21 años después, necesitaría que la Justicia funcione así para que su plan contra Macri funcionara. Toda esta discusión es igualmente superflua, cuando es sabido que Kirchner -por su personalidad y sus atributos de gran jurista- fue quien escribió, desde la primera hasta la última letra, las setecientas páginas del fallo de Oyarbide. Se lo mandó a su casilla de correo personal (juezkomprado@gmail.com) antes de ir al Mapping del Cabildo durante los festejos del Bicentenario. El mail rebotó porque el attach era muy pesado y al volver a Olivos Kirchner lo imprimió y dispuso que el Tango 10 lo acercara por autopista hasta la casa del polémico juez. El círculo de la operación se cierra con la cooptación K de los dirigentes opositores Elisa Carrió, Felipe Solá, Pino Solanas, Francisco de Narváez y Ernesto Tenembaum. Los últimos 7 años de oposición acérrima y descontrolada de los mencionados personajes habría sido un acting, una falsa postura pactada de antemano. Las dolorosas declaraciones de Franco –que es Kirchner- y la afeitada de bigote que le propinara mientras Mauricio dormía la siesta una tarde dominguera de visita en la casa del septuagenario empresario, confirman el amplio alcance de la operación. Fue así como Kirchner ha logrado el procesamiento de Mauricio Macri.

Abrazos y fogatas en una noche helada

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Abrazos y fogatas en una noche helada

2 Comentarios 23 Julio 2010

Por Gabriel Yeannoteguy

Para empezar por algún lado: hay alegría.

Alegría porque la conquista de un derecho amplía el campo de lo posible, incluso hacia otros derechos que restan conseguir. Alegría porque es una experiencia única vivir un momento histórico en el que desaparece un privilegio y se avanza hacia la igualdad. Alegría porque no hubo nada más hermoso que ver los ojos muy abiertos, sorprendidos –a punto de llorar o achinados por las sonrisas- de lxs que en la madrugada del jueves estuvimos frente al Congreso o frente a una pantalla o al lado de una radio compartiendo la noticia de la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario. Alegría porque es increíble la sensación de apertura, de responsabilidad y de poder (sí, poder) que puede otorgar un hecho como la sanción de una Ley Nacional que es el resultado de una lucha sostenida durante años por tantxs mujeres y varones aguerridxs. Alegría porque es maravilloso abrazar una victoria abrazando a alguien a quien querés mucho y ese abrazo te da calor en una noche helada.

El martes 13 (agorero en la tradición) fue un día de duelo: ¿qué otra cosa pareció aquella manifestación naranja sino el velorio de la familia (patriarcal) como privilegio? Muy concurrido, sí, pero velorio al fin.

El miércoles 14 que devino jueves, en cambio, fue una fiesta. Durante las 14 horas de sesión en el Senado hubo dos estribillos: ¿Cuántos a favor, cuántos en contra? y Aunque no salga igual ya ganamos. El primero era de índole práctica, buscando el resultado, la consumación. El segundo era el profundo, el que venía envalentonándonos, sobre todo durante los últimos tres meses de discusiones en el Congreso. Porque esta Ley de Matrimonio Igualitario implicará cambios necesarios y concretos en realidades concretas de familias concretas, pero también arrastra una potencia simbólica enorme que empezó a funcionar desde el minuto cero en que comenzó la discusión. Instalar el debate sobre una institución como el matrimonio desde el vamos significó un triunfo político. Hacer visible que las familias reales, o mejor, los vínculos reales, son mucho más diversos que el modelo normal ideal es un paso gigante que trasciende la sanción de una ley.

Al trabajo de las organizaciones (como la CHA y la Federación LGBT) y de diversos partidos políticos (mérito de los militantes que en algunos casos tuvieron que volverlos permeables a la causa), se sumó el aporte fundamental de la Iglesia. Gracias al cielo, con su reacción violenta ayudó a sumar indecisos e indiferentes, acaso al proveer una dosis concentrada, insoportable, del hostigamiento cotidiano que sufrimos tortas, travestis, putos y trans. (Y su intervención fue violenta y no “desmesurada” porque no fueron excesos: imposible no ser violento si se expresan ideas que de por sí son violentas.) De esto también se trata: poner en evidencia que el género y la discriminación son construcciones de todos los días que atraviesan todos los ámbitos. Un ejemplo basta y sobra: todos los días podíamos saber de alguien que se casaba, pero ese derecho estaba vedado para nosotrxs (incluso el de negarnos a ejercerlo, el decir yo no quiero casarme Ni a palos). A lo largo del volverse travesti, torta, puto, trans o lo que sea, hay una saga continua de renuncias a derechos, espacios y vínculos que nos arrincona, nos aísla y hasta nos mata, literalmente. Aprendemos a asumir un lugar de debilidad, de ciudadano de segunda que sólo merece recibir violencia o lástima. Esta ley también alimenta el supuesto de que si vos me bardeás o me tenés lástima… bueno, el problema es tuyo.

Para terminar: aún con la ley hecha Ley, el Aunque no salga igual ya ganamos sigue latiendo porque es el fueguito que hay que mantener encendido (como las fogatas improvisadas para soportar la vigilia), el terreno ganado para lograr futuras conquistas como la Ley de Identidad de Género o la despenalización del aborto. En la lucha por diluir la “heteronormatividad” (uf, esa palabra es tan dura como lo que significa) queda mucho por hacer. Pero por hoy disfrutemos de la alegre extrañeza que da respirar este aire cambiado, tan frío como lleno de fogatas, abrazos y ojos muy abiertos.

(Gracias a Luis De Grazia, Martín Lanfranco, Alejandro Russo y Ariel Sánchez)

Nos toman por boludos y nos dicen que lueve

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Nos toman por boludos y nos dicen que lueve

Sin comentarios 14 Julio 2010

Por Santiago Alvarez

Hoy termina el mundial, señores. Para nosotros se terminó hace unos cuantos días, pero mientras esta edición de Ni a Palos se cierra y aún faltan dos días para que Miradas al Sur llegue a su quiosco amigo, los finalistas estarán por jugar el partido que oficialmente le pone fin al evento más masivo y atrayente del planeta. Mientras transcurría, en este rincón del planeta se cocinaron dos movidas que confirman una nueva tendencia que dará que hablar durante los próximos años: se puso de moda en la oposición política y mediática tomar a la sociedad por boluda.
Primer movida: el recurso garca, impresentable y cuasidelictivo que utilizaron los abogados de Clarín para evitar que se sepa la verdad sobre el origen e identidad de Felipe y Marcela Noble Herrera. Porque vale la pena reconocer que hemos perdido definitivamente cierta inocencia. Al menos en lo personal, pocas veces me he sentido tan boludo. Recordemos: se dijo que el gobierno perseguía a los chicos, se dijo que eran víctimas de una guerra política, se dijo que el Banco Nacional de Datos Genéticos era poco confiable, se dijo que la “pobre mujer Ernestina” era acosada por la “poderosa Estela”, etc. El nivel de victimización fue tal que, creo sinceramente, muchos llegaron a dudar sobre la verdadera “justicia” de esta causa. Y al final, cuando todo parecía tomar su curso, cuando la verdad estaba a punto de ser develada, nos desayunamos con que somos unos boludos. No sólo engañaron a la sociedad, sino que además se tomaron el palo. No están. Andan por el mundo haciendo de víctimas mientras el poder que detentan es increíble porque la impunidad de la que gozaron -que fue posible por la presión que ejercieron sobre el poder político y judicial desde sus medios- sobrepasó los límites de lo pensable. Hay que tenerlo bien en claro, tenemos que saberlo: están por encima de toda autoridad, están más allá de las obligaciones que impone nuestra democracia, nuestras reglas, nuestra Justicia. Desde su poder comunicacional juzgan el accionar de todos los actores de la sociedad. Ellos marcan el estándar que divide lo que está bien de lo que está mal. Sancionan sobre la bondad o maldad de políticos, empresarios, trabajadores, sindicalistas, actores, técnicos de fútbol o ciudadanos de a pie. Y después hacen las que les pinta, porque para ellos, Ud. y yo, somos unos boludos.
Segunda movida: la propuesta de la oposición sobre el 82% móvil para los jubilados. Excelente, hermosa, digna de una dirigencia que tiene la cabeza puesta en mejorar la vida de los ciudadanos. El problema es que en la misma agenda legislativa coexisten proyectos de ley que pretenden desfinanciar al Estado Nacional. Y ahí hay una enorme intencionalidad de tomarnos por boludos a todos nosotros. Hay un desprecio manifiesto por la coherencia. Mientras se discute aumentar el ingreso de los más necesitados, se propone rebajar las retenciones al agro. Es decir, mejorar la situación de los que están en mejor situación. Que quede claro: ya no pedimos que expliquen de dónde sacar la plata para mejorar las jubilaciones, nos alcanza con que no nos tomen por boludos, nada más.
Ni a Palos está a favor del 82% móvil. Pero somos responsables, tenemos propuestas serias. Para financiar esta reivindicación histórica, proponemos retenciones (también móviles) del 82%. Hagamos ese cambiazo.
Y para todo aquel que deba someterse a un examen de ADN pero que no tenga plata ni poder ni la cara de piedra como para tomar por boludo a todo un país, proponemos la creación urgente del Banco Nacional de Calzones y Bombachas Usadas y Llenas de Pendejos de Mucha Gente Distinta. Que lo presida Santo, que se indigna con altura y tiene pinta de tipo serio, para que quede asegurada su “independencia”. Y ahí sí che, la balanza igualada para todos. Como debe ser.

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La otra Bariloche

4 Comentarios 30 Junio 2010

Por Julia Mengolini

En Bariloche mataron a tres pibes. Uno víctima del gatillo fácil; los otros dos, víctimas de una represión criminal. Diego Bonnefoi (15), Matías Carrasco (17) y Sergio Cárdenas (29). Tres pibes pobres. Es difícil imaginar pobres en Bariloche. Sin embargo están ahí nomás, escondidos en sus casitas de cartón con vista al hotel Llao Llao. “Las dos Bariloches”, le dicen ahora. Es que la muerte de estos pibes puso sobre la mesa algo que poca gente imaginaba: en Bariloche, detrás de esas hermosas montañas, hay villas. Ojo, hay que tener cuidado con las dicotomías estigmatizantes. Plantear que los pobres viven en un gheto apartado los confina y los condena -en el imaginario- a ser indefectiblemente delincuentes, genera más odios y miedos, fantasías espeluznantes sobre un “ellos” espeluznante. Lo cierto es que la gente de las villas es fundamental para el normal funcionamiento de la espléndida Bariloche. ¿Quién te creés que hace las camas de los hoteles? ¿Quién lava los platos en los restaurantes? La gente de la villa,
sobre todo, labura. Hace las cosas que nadie más quiere hacer. Y esos laburantes se sienten parte de una ciudad a la que muy probablemente amen a pesar de lo puta que pueda ser. Es que sí, Bariloche, además de linda es una ciudad puta. (¡Pero qué belleza imponente el Tronador!)
Con la primera nevada empiezan a latir los corazones de la mitad que fantasea con los esquíes que se va a comprar. Pero hay otro pedazo al que se le cae la chapa en la cabeza cuando se acumula la nieve y al que no le alcanza la poca leña mojada para pasar una noche calentita. A algunos les empieza a latir el bolsillo, porque cuando cae nieve, cae plata, crece la torta. El problema, como siempre, es cómo la repartimos. Sólo que en Bariloche ese conflicto que tanto nos duele del capitalismo y de la copa que no derrama (y bla bla bla) es mucho más crudo. La ecuación es simple: más crece la torta, peor la pasan los pobres. (¡Pero qué lindo es el Nahuel Huapi!, ¿eh?)
Hoy la pasan peor que nunca porque además de pasar frío y hambre, los persigue la cana y los mata. Y como remate las marchas a favor de la Policía asesina. Es una ciudad puta, ¿no te digo? Qué idiosincrasia rara la de Bariloche. Las familias históricas, las primeras que llegaron, todavía conservan el acento alemán o sus costumbres suizas. Y el que no, es un “exiliado de San Isidro”, como se le llaman a los chetos porteños que fueron a probar suerte a los lagos. Además de los villeros, claro. Y en este crisol loco falta una identidad común, falta organización, faltan redes sociales, falta militancia y, por qué no, falta peronismo. Entonces, puede pasar que maten a tres pibes y que encima haya marchas a favor de la Policía criminal. “Hay que ponerles una bomba”, dice un ex compañero mío de escuela en Facebook, uno que siempre fue un hijo de puta. (¡Qué lindo era ir al colegio cuando nevaba! ¡Se armaban guerras de nieve en los recreos!)
Yo usaba uniforme verde inglés, tenía un jardín enorme y me pusieron los esquíes en cuanto me pude parar. Pero un día –cuando todavía me podía chupar el dedo del pie- acompañé a mamá a buscar a Lucy a su casa. Vivía en el Arrayanes, un barrio que está en el alto. ¡Fa! ¡Cuánta miseria! Qué frío debe haber hecho ese día. Demasiado temprano para mi inocencia. Un día Lucy no vino más y mamá me explicó que era porque robaba. “No le habrás pagado bien”, contesté.
Con el tiempo, esa sensación de injusticia me sobrevino como militancia cristiana y me llevó a conocer una villa que estaba a la vuelta de mi casa. (¡¿Ese caminito iba a una villa?!) Llevábamos comida, leña y la palabra de Dios. Es loco pensar que muchos de los pibes que iban conmigo a llevar los manjares espirituales fueron a la marcha a favor de la Policía. Es que hay distintas maneras de entender la pobreza. Yo trato de ser democrática y tolerante con otros modos de pensar pero mi republicanismo tiene límites. Tolero los reclamos de más seguridad, tolero todas esas giladas. Lo que no se puede tolerar es que la policía ejecute por sí misma a tres pibes pobres, no se puede tolerar el apoyo “ciudadano” a la masacre.
No se puede ser cómplice de la represión ni de la corrupción policial y su brutalidad. No se puede.
El capítulo negro de Bariloche debería servir para poner en discusión algunas viejas deudas de la democracia: la democratización de las fuerzas de seguridad y la desigualdad social. Reclamemos el esclarecimiento de estos asesinatos considerando que no son los únicos responsables los que apretaron el gatillo. Hay responsables políticos en la cadena de mandos. El que mata tiene que morir, políticamente.

28 veces junio. Malvinas: 1982 – 2010

Editoriales

28 veces junio. Malvinas: 1982 – 2010

Sin comentarios 23 Junio 2010

Por Mariana Santángelo y Federico Scigliano

Malvinas ha sido en la historia de nuestro país mucho más que el conflicto armado iniciado el 2 de abril de 1982.

La recuperación de las islas respondió a una indudable estrategia del gobierno dictatorial para afianzar un poder político en franca decadencia, pero esta jugada operó sobre un conjunto de sentidos previamente construidos que ya estaban disponibles desde mucho antes de 1982. El éxito inicial de la dictadura en la generación de consenso en torno a la “causa Malvinas” se debe en buena medida a la eficacia que tuvo para interpelar a la sociedad argentina sobre ciertas nociones de patria, soberanía, territorio y unidad nacional, que venían depositándose desde hacía años en estas “islas irredentas”.

Y precisamente aquí reside una de las aristas más importantes del “problema Malvinas”: ¿era posible apoyar la “causa” sin apoyar la dictadura? Las mismas Fuerzas Armadas que desaparecían a miles de personas en el continente fueron las que dirigieron la guerra en las islas; sin embargo, esa pregunta no debería responderse tan rápidamente.

Desde la usurpación británica en 1833, las Islas Malvinas han asumido el lugar de la unión nacional ausente. Han sido en muchos casos la cifra de la patria. En 1982, esta cifra queda apropiada por los militares, y aunque intentan borrar en ella todo signo de heterogeneidad, la pugna por lo que la patria significa no deja de aparecer durante la guerra y en los años que la siguieron.

Para los jóvenes conscriptos ir a Malvinas no era una opción, sino una obligación que les imponía un Estado que los formaba como eventuales soldados en armas en el servicio militar obligatorio. No obstante, es interesante preguntarse cuántos de ellos consideraban que no ir a la guerra era traicionar a la patria, en la medida en que los soldados habían sido formados bajo un repertorio de deberes nacionales de profundo arraigo.

¿Dónde se aprendía esto? Ya nombramos el servicio militar como institución que ayudaba a conformar un ciudadano ligado marcialmente a la nación, pero es sin dudas la escuela el lugar en el que el significante Malvinas fue ligándose a las representaciones de la patria que ella transmitía.

Tras los 74 días que duró el conflicto sobreviene la derrota, y con ella la crisis final del gobierno militar y el comienzo de la posguerra.

La sociedad argentina vivió los primeros meses posteriores a la guerra entre el estupor por las noticias que ponían en primer plano los costos de la batalla y la creciente sensación de estafa. El movimiento era doble, por un lado, los jóvenes soldados como víctimas de la impericia militar, por otro, la sociedad engañada en su buena fe. Era el régimen militar el que había engañado a la sociedad y llevado a la muerte a sus hijos. Esta explicación, que hacía foco en la arbitrariedad y la incompetencia de los militares, servía al mismo tiempo para licuar responsabilidades sociales respecto del apoyo a la “causa Malvinas” y de la satisfacción popular que había despertado la recuperación.

Entonces, si la derrota en la guerra abre el camino para el cuestionamiento a la dictadura, las revelaciones sobre los horrores de la guerra se sobreimprimen sobre la difusión de los crímenes y atrocidades cometidas por la represión ilegal en lo que por aquellos años se llamaba “guerra sucia”. Por esta vía, la imagen del joven soldado victimizado por su superior en las islas empieza a asociarse a la de otro joven violentado por el régimen: el militante político.

Pero más allá de estas disputas, un hecho cierto es el de la muerte. La historia argentina reciente encierra numerosos episodios que tuvieron a los jóvenes como protagonistas de la violencia. Con matices locales, con excepciones sociales, la fragmentación que parece ser uno de los resultados más visibles de esa historia reciente se refleja en la cantidad de miradas que conviven en relación con la única guerra convencional librada por la Argentina en el siglo pasado.

De allí la necesidad de discutir qué sentidos le damos al archipiélago-emblema. Será sin duda diferente de aquel vigente en 1982, pero reconocerá en ese episodio una genealogía de lo que hasta hace pocas décadas aún se llamaba pasado nacional.

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