Es capaz de volverse de una fiesta sólo para darle de comer a su “hijo”.
Planea sus vacaciones en función de quién cuidará de su mascota, en su casa, claro.
Compara las ventajas que tiene respecto de un niño y de un perro, en un mismo nivel.
Elije al veterinario con tanto cuidado como a un pediatra.
Sufre si el gato se ausenta por más de dos horas, y se siente abandonada.
Duerme con el gato en su cama.
En una primera cita es infaltable la pregunta “¿Te gustan los gatos?”
Hace rato, igual, que no hay una “primera cita”.
Habla en las sesiones de terapia sobre su relación con el gato
Si está sin pareja no se desespera porque “siempre tendrá a su gato”.
Está sin pareja.
Piensa que en otra vida ella fue gato.
Asume la defensa de todos los gatos cuando son denostados públicamente.
Cuando sus amigas hablan de pañales ella habla de piedritas higiénicas
Su casa huele a gato y no lo registra.
Su casa está llena de pelos de gato y no lo registra.
Su ropa está llena de pelos de gato y no lo registra.
Se sintió halagada por el tema de esta semana y escribió a “Estereotipos” sobre ella…y su gato.
En su perfil del Messenger ha puesto una foto de ella abrazando a su gatito.
No tiene hijos, ni sobrinos, ni vecinitos, ni es maestra jardinera, ni está de novia con un divorciado con hijos.
Cree que su gato tiene una conexión telepática con ella.
Gasta la mitad de su sueldo en sahumerios y velas aromatizantes del olor a pis que hay en el monoambiente.
Cuando viene la hermana le dice al gato: “Saludá a la tía”.
En año nuevo no sale porque dice que se asusta de los cuetes y se la pasa toda la noche con el gato entre las tetas.
La boluda gastó el aguinaldo en un cerramiento porque tiene miedo que el gato se tire al vacío.
No tiene idea de lo reemplazable que es su gato, por cualquier otro gato.
Supone que al gato le importa que ella sea su dueña.
Cuando sus amigas van a su casa toma en brazos a su gato y lo acuna mientras habla con ellas.
Si su gato muestra desconfianza con una nueva amistad, cree que esa persona tiene mala onda.
Es vegetariana pero su gato come la carne de la carnicería más cara del barrio.
Tiene amigos gay.
Si no lo es, alguna vez fantaseó con el lesbianismo.
Es poeta.
Escucha a Tori Amos.
Colaboraron: Silvia Lupone, Marcelo Oliveri y Fernando Vallone.








