El federal

La chica de Los Parchis

3 Comentarios 02 Febrero 2010

La chica de Los Parchis
Tenía cinco hermanos. Todos varones. Iba a la escuela Don Bosco, donde solamente iban varones. Tenía ocho años, existían dos canales de televisión y coleccionaba figuritas de Transformers. Encima, miraba Los Pitufos. O sea, no conocía una mujer ni por la tele.
Rezaba antes de acostarme. Gané un concurso de yo-yo. Jugué de 5, canté Qué se vengan los niños en un acto escolar. Fui fan de Los Arroyeños. Leía con devoción los Elige tu propia Aventura.
Era un boludo.
Pero, un día, todo cambió.
Sufrí mi primer desengaño.
Lloré, en secreto, como lloran los niños a los que se les dice que los niños no lloran.
Estaba en el cine. Me portaba bien durante la semana para que me dejen ir al cine.
Es que yo estaba perdidamente enamorado de una chica de Los Parchís.
Y con la piba estaba todo bien, siempre me guiñaba el ojo en las películas.
Aunque ella no sabía nada, y no se lo cuentes a nadie, por las noches yo la llevaba a cazar tigres a Sudáfrica y tomé una chocolatada con ella en un bar de París, remamos en Venecia, caminamos por la China, nos reunimos con Alfonsín, resolvimos un crimen entre las neblinas de Londres.
Por eso, por todo eso que hicimos juntos, lloré calladito cuando en el cine, sabelo, te diste un beso, en una caverna con el imbécil y estúpido que la jugaba de tu amigo, flor de sinvergüenza. Se rieron de mí, en la cara, los dos. Semejante tarado besando a esa chica, a vos, ¡mi novia!
Ahí, entonces, aprendí algo: el mundo es injusto, chaval.
Capaz que en tu cruel traición jamás supiste que me había ganado en la escuela el bono de la entrada gratis al cine por portarme bien y haber hecho una composición sobre el amor. ¡Sobre el amor! Sí, sí.
El desconsuelo sublime (y apocalíptico) se apoderó de mis venas. Esta es la verdad. De ahí viene esta amargura que me agarra a veces.
Juré no portarme bien nunca más. Salí del cine en Paraná y mi amigo, en el kiosco, me lo dijo. Con tono altanero y superior. La de Los Parchís no le llega ni a los talones a Jimena, de Festilindo.
No le discutí. Esa discusión me tenía podrido.
Hasta ese día era capaz de romperle la cara cada vez que decía esa tontería. Pero, fijate, así me pagó la chica de Los Parchís.
No sé si saqué mi yo-yo y me fui pateando piedritas hasta el río. Pero queda bien la imagen. Tampoco sabía que un hombre se da cuenta que está solo cuando tiene un accidente en la ducha. Esas cosas se aprenden después. Pero esa tarde fue tremendamente gris. Infinitamente peor que cuando me robé una plastilina en el jardín de Rosario, y tuve que tirarla por el balcón, de la culpa. O cuando Carlitos Balá me chamuyó para que deje el chupete y nunca leyó mi carta. Quiero decir, yo era experimentado en el dolor y los desengaños, pero este puñal, por al espalda, no me lo esperaba.
La chica de Los Parchís me rompió el corazón. ¿Me lo hacía por despecho, o por que me consideraba un bebé, porque, ah, claro, ella con 10 años se creía que porque me lleve dos ya se las sabía todas, fue por eso, zorra?
Me senté en el bar, prendí el habano y pedí algo fuerte. Tengo que replantearme mi vida, pensé. Ya tengo ocho años, es tiempo de asumir las cosas. Ser valiente. Como un hombre. Mientras en estos días estuve boludeando con Mario Bros, ella, la innombrable, me traicionó.
Pero un hombre de verdad, no llora. Se hace cargo, y cambia.
¿Por qué tenía que ir a una escuela donde no se permite la entrada de chicas, donde hasta los santos son varones? ¿Cómo es que en la lejanísima provincia de España los papás les dejan darse besos a los chicos y a mí me mandan a estudiar matemáticas?
¿Por qué los papás les dieron permiso para ir a una caverna, por qué hablan de todos los temas, así como si nada?
Ya me imaginaba envejeciendo: solitario, desilusionado y dando de comer a las palomas. Los viejos que están solos les dan de comer a las palomas y suponen que los niños se pueden llegar a divertir con eso. Darle de comer a las palomas. Por favor. ¿Nunca fueron niños? Traeme la Play, veamos en secreto 9 semanas y media, presentame a tu prima, pero no me lleves a darle de comer a las palomas.
Hoy Gemma Prat Termens –la chica de Los Parchís- está felizmente casada y tiene una hija. Trabaja en un jardín de infantes. Muy lindo todo.
Menos mal que me traicionó: no me veo en Barcelona, en un jardín de infantes, con una esposa feliz de vivir del pasado que los padres le obligaron a construir.
El cine donde me desengañé ya no existe, hay un tenedor libre de coreanos. La comida tiene gusto a telgopor, con salsa de pasto. Yo sigo felizmente soltero, y me encanta bañarme antes de una cita.
Es una pena inmensa si me caigo en la ducha, pero sé que desde Barcelona, la chica de Los Parchís se psicoanaliza porque no puede soportar ser una ama de casa desesperada mientras yo, su despechado, llevo esta vida peligrosa y al borde de la emancipación.
Qué bien sonó eso, eh.
O puede que no, que nada de esto sea así.
Pero a veces me da un poco de orgullo, mientras me paso alcohol por la herida en el hombro (sí, me caí de la ducha) saber que conservo un pedacito de esa rabiosa y torpe imaginación de los años locos, cuando la chica de los Parchís me engañó con ese tarambana. Y yo me fui engañando conmigo mismo.

Tus comentarios

3 Comentarios hasta ahora

  1. Laudrey dice:

    Me parece que o te has hecho un lío o sabes algo que yo no sé. La chica de PARCHÍS que te rompió el corazón porque se besaba con un “amigo” en una película sólo puede ser Yolanda, ya que a Gemma no se la arregló nunca (en el cine).

    ¿Te refieres a la película “PARCHÍS contra el hombre invisible” o “La magia de PARCHÍS” y al estúpido romance de Yolanda con ese tal Romeo que a nadie le gusta?

  2. mery dice:

    Esto es genial encantador, profundamente nostálgico y triste pero con un final feliz, celebro !!!
    Lindísima historia…

  3. ivan dice:

    Yolanda me ama a mi ivan prado e lla es la mas boni del grupo y me ama


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