- Sos como el paradigma del latinoamericano, ¿cómo ves la escena política latinoamericana actual?
- Cuando aparecen Chávez, Evo, Correa y el peronismo en Argentina de la mano de Néstor Kirchner, creo que se produce en América Latina un cambio sustancial y entonces pienso en aquellos patriotas, Moreno, Castelli, Monteagudo, San Martín, Bolívar, y en su idea de crear esa Patria Grande. Creo que en la medida en que podamos seguir trabajando en este sentido, se puede encontrar el camino para constituirnos en una gran nación. Remontándonos a Velasco Alvarado, a Allende, a Juan José Torres en Bolivia, a la vuelta del peronismo, a Getulio Vargas en Brasil, creo que hubo una situación más o menos parecida a la actual, por ejemplo, en esto de volver a la realidad latinoamericana y en cuanto a la búsqueda de los gobernantes de encontrar la posibilidad de unirnos y de crear por ejemplo el Unasur, que de no haber existido, seguramente, hubiesen volteado al gobierno de Evo Morales. Me parece esencial seguir trabajando en ese mismo camino y que el triunfo de la “centro” derecha en Chile -como le gusta definirse a Piñera- nos ponga más atentos, y la centro izquierda, encabezada por alguien a quien yo admiro como cineasta, pueda repensar un poco la actitud respecto del gobierno de Cristina. Creo que el camino es ese. Poder seguir conformando un bloque que permita constituirnos en un gran continente. Nunca pensé que un descendiente aymará, un indio, un cholo, podía llegar a ser presidente de un país.
- ¿Cómo crees que los pueblos perciben su propia situación actual? Es algo loco que un gobierno corra por izquierda a la sociedad…
-Yo creo que hay un esquema de pensamiento individualista y no hay un repensar la historia, una inquietud por parte de los habitantes de poder construir un pensamiento colectivo. Cuando los gobiernos tocan determinados intereses económicos y esos intereses están en manos de corporaciones y de los medios masivos de comunicación se influye muchísimo en el punto de vista de la población, entonces no hay una lectura de la realidad como tendría que ser. La mayor parte de la población está influenciada por los medios de comunicación y eso hace que de alguna manera algunos gobiernos nos corran por izquierda. Tenemos que despejar la incógnita de cuál es la forma de construir la sociedad: ¿Queremos una sociedad más equitativa o esa sociedad que con tanta luminosidad nos pintaron los noventa? Hay que ser necio para no darse cuenta lo que hemos avanzado en los últimos diez años, precisamente por las políticas que se han llevado adelante desde el kirchnerismo, si bien falta muchísimo. Esa mirada de izquierda que está más ligada a las necesidades de América Latina. Quizás la Argentina sea un país mucho más particular por la inmigración y por ese centralismo tan fuerte que tenemos en Buenos Aires. Porque Argentina parece que sólo es Buenos Aires, por el color de la piel, por la forma de hablar. Si un cordobés quiere ser locutor, tiene que desarraigarse de su propia identidad, de su acento, para convertirse en un rioplatense. Eso son datos de la realidad que también tiñen la ideología, el pensamiento.
- Son de los personajes públicos que más se hace cargo de su kirchnerismo, ¿te peleas con mucha gente?
-No me peleo, expongo mi punto de vista. Durante la 125 no tuve desencuentros con colegas porque me parece que la base de sustentación del debate está en la tolerancia. Cuando uno trasgrede la tolerancia, aparece la violencia. Yo he convivido durante todo el conflicto del campo con colegas dentro de la televisión que pensaban distinto pero sin embargo podíamos hablar del tema. Excepto algo que nos ocurrió con (Raúl) Rizzo que fue un hecho violento, un hecho represivo, intolerante, donde los militantes de la Federación Agraria de Firmat no nos permitían actuar.
-¿Qué fue lo que pasó?
-Néstor Roulet, vicepresidente de la CRA, había dicho en un discurso en la Sociedad Rural de Venado Tuerto, que había que refundar el país en base a tres pilares, que eran el ejército, el campo y la iglesia. Nosotros con Raúl respondimos que había que ser muy necio y negar la historia, que el ejército había sido el instrumento de los poderosos del campo para reprimir, secuestrar, apropiarse de niños, asesinar y hacer desaparecer, y no solamente en la década del setenta, sino cuando este país se fue formando, aniquilando a los pueblos originarios. Eso nos trajo muchos problemas, nos pedían que nos retractemos porque los habíamos metido a todos en la misma bolsa pero ellos mismos terminaban reconociendo que se juntaban con la Sociedad Rural -sus contrincantes históricos- “unidos por el espanto”. Entonces les dijimos, “son ustedes los que tienen que repensar la situación”. Ese fue el único momento violento quizás porque tuvimos que salir con la Policía, revisaban los autos…
-¿Qué obra estaban haciendo con Rizzo en ese momento?
- La tentación, de Pacho O’Donnell, un diálogo entre Manuel Dorrego y Lord Ponsomby, el embajador inglés.
-¿Qué enseñanza te dejó hacer de Dorrego?
- Dorrego es el gran maldito de la historia, junto con Monteagudo, Castelli y Moreno. Dorrego era un hombre que tenía un gran predicamento en los sectores más desposeídos. Un hombre que había elegido, no la carrera de las armas, pero sí involucrarse con la lucha, y que llegó a ser coronel porque fue herido en combate, era un hombre que creía también en la construcción de la Patria Grande. La obra plantea la lucha entre las convicciones y las conveniencias y Dorrego fue un tipo que luchó por sus convicciones y eso le costó la vida. Creo que el asesinato de Dorrego fue un hecho bisagra en la historia nacional. A partir de ahí se desata la gran carnicería entre federales y unitarios. Cuando me cayó la obra pensé “quiero hacer esto, si bien no sé cuántas personas se interesarán”. Y estuvimos dos años y medio haciendo la obra. Eso te da la pauta de que hay una gran necesidad de la gente de poder recuperar esos valores.
- ¿Qué otros personajes de la historia te conmueven?
- Monteagudo, Castelli, Moreno, Eva perón, Perón.
- ¿Sos peronista?
- Yo creo que sí. No estoy afiliado al Partido Justicialista pero creo que sí. Vine de la izquierda, antes me decía guevarista pero en estos últimos cuatro años, no sé si me estoy poniendo viejo -viste que en la juventud uno es de izquierda y se va poniendo conservador- yo me estoy poniendo peronista y eso me hace muy feliz. Estoy más cerca del movimiento nacional y popular, de ese peronismo que reivindica a Eva, a la liberación, al peronismo de Jauretche, que reivindica lo popular, lo nacional. Creo que si me apuran, digo sí, soy peronista.
- Siendo un actor tan comprometido, ¿es diferente hacer de Dorrego que hacer de galán en cuanto a la satisfacción que te da el trabajo?
- Parto de la base de que elegí ser actor porque quería de alguna manera, con esta forma de expresión, poder contar momentos de la historia. Nunca quise ser famoso, siempre quise contar historias y eso significaba tener determinada visión de la realidad. No es casual que la primera obra de teatro que interpreto en La Plata en el año 81, en un grupo vocacional de teatro que se llama Dirección 80, fue El Jardín del infierno de Osvaldo Dragún, donde se trataba el tema de las villas miseria. Dragún en ese momento estaba prohibido por el gobierno militar. De alguna manera eso también va definiendo el punto de vista de uno como actor. Y dentro de la televisión, encuadrado dentro de determinado genero, busco las posibilidades si me lo permiten, de poder filtrar algún tipo de información -en forma sutil o subliminal- con respecto a la realidad. Y si no es así, el teatro es el espacio de las ideas, de la poética, de la alegría, que me permite complementar y equilibrar la balanza, o con papá en Nuestro continente, un programa de radio que va a cumplir 30 años en La Folckórica o Palo y Palo en Radio Provincia. Son espacios que voy generando también porque no es que simplemente soy un actor de televisión. La televisión me llegó grande, a los 32 años, y he hecho de todo, desde un programa de Doria hasta uno con Cris Morena. Pero en ese sentido siempre he manejado mi profesión así, en dos mundos. Lo cual me ha permitido no perder el eje. Soy un entretenedor, lo sé, pero también tengo la otra parte que tiene que ver con la mirada del ciudadano.
- ¿De dónde sacaste esa mirada?
-Tiene que ver con la familia, con mi infancia en el Perú y la Revolución Peruana de Velasco Alvarado, porque fue la primera vez que un gobierno le daba participación activa y reconocía los derechos del campesinado peruano, a pesar de ser militar. Eso de alguna manera me condicionó si bien era muy niño porque por primera vez veía un presidente hablando en quechua, comprendí lo que era la reforma agraria, entendí lo que era el patrimonio de las riquezas naturales y que pertenecieran al estado peruano. Eso me permitió, inconsciente o concientemente, ir formando una idea del mundo en el cual quiero vivir.
- ¿Cómo fue tu infancia en Cusco?
- Cusco es una ciudad muy particular. Mi infancia en Cusco trascurrió jugando en Sacsayhuaman, en Kenko, entre fantasmas de conquistadores y conquistados, mi infancia en Cusco trascurre entre esa cosa tan contradictoria de tantas iglesias y subyacente toda esa cultura andina. Creo que los años más importantes de la vida de una persona son los de la infancia y mi infancia en Cusco fue maravillosa. Entonces, eso también creo que tiene que ver con lo que uno es ahora. En dónde te criaste, cómo te criaste. También el teatro me permitió leer la realidad de mi tiempo. Me permitió empezar a ver la realidad desde otro lugar, ver que en el país estaban pasando cosas, que había gente que desaparecía y la respuesta era “en algo andaría”.
- La sociedad suele justificarse y ampararse en eso de “no sabíamos nada lo que pasaba”.
- La gente no se pregunta mucho y le gusta decir “yo no hablo de política, soy apolítico”. ¡Las pelotas! El estar vivo ya es un hecho político. La supervivencia o el construir un país o un pequeño lugar ya es un hecho político. La gente se confunde al considerar a la política como algo malo. Creo que la política es esencialmente la posibilidad de transformar las cosas. No es casual que hayan desaparecido tantas personas, una generación o dos. Sería distinto si estuviesen, porque de alguna manera, lo que sucedió en los sesentas y setentas era una ferviente militancia desde lo artístico, lo político, lo social. La gente estaba mucho más activa. Los jóvenes estaban mucho más activos, tenían ideales y estaban preocupados por el pensamiento.
- ¿Cómo ves a la juventud de hoy?
- No quisiera generalizar. Hay muchos jóvenes que dedican su vida a la militancia y eso me emociona. Lo que pasa es que los medios de comunicación machacan con que los jóvenes son unos tilingos y no aparecen los jóvenes que están trabajando para construir algo distinto. No tienen prensa esos muchachos. Es mucho más efectivo y vendible hablar de los chicos que se emborrachan que de todos aquellos que se preocupan de las villas.
- ¿A qué le decís ni a palos?
-A la restauración del conservadurismo, a esa visión individualista de la vida. Esa es mi lucha porque vengo de una profesión bastante individualista donde tapamos las cosas con la beneficencia. La beneficencia es la herramienta del artista para seguir conservando su lugar y que todo quede como está. Le digo ni a palos a esa mirada necia que no ve la realidad como es.








