Los tiempos de la política están a full y la agenda mediática no para desde diciembre. No se acusó recibo de que la época exige cierta flexibilidad. Así como los jugadores de fútbol están de pretemporada y corren menos en los torneos de verano que jugando al tejo, los lectores tienen las retinas más relajadas en esta época.
Sin embargo, ahí lo tenemos a Redrado, que se atornilló al sillón del Banco Central y le pudrió las vacaciones a toda la oposición. Quemados, todavía con un poco de Caladril en la espalda, pegoteados a las camisas y blusas, con algo de arena en la entrepierna y los labios salados, los representantes electos de la patria hacían cola en la puerta de aquel banco para hablar de las bondades de la autonomía de la caja en la que se guarda la plata de todos nosotros. Posta, mientras en Mar del Plata la gente hace cola para entrar a un restaurante o al teatro, en el Banco Central, en pleno pico de calor de enero, Pinedo, Prat Gay, Morales hacían cola atrás de un micrófono de TN.
El affair Redrado tuvo muchos puntos altos. La visita de Sanz y Morales a su oficina en calidad de algo que todavía nadie entendió es un hito de la institucionalidad republicana. Faltaron los sanguchitos de miga, el tereré y una sombrilla amarilla clavada en el medio de la alfombra para completar la postal.
Otro papelón fue la denuncia de Redrado sobre la supuesta lista de “amigos del poder” que habían comprado dólares. Rápido de reflejos y muy chicanero, “el funcionario del año”, Aníbal Fernández, salió a denunciarlo por encubrimiento. Obviamente, es lógico que no podés denunciar un delito recién cuando “te enojás” con tu jefe, si cuando “te llevabas bien”, no dijiste nada. Tuvo que pedirle a su abogado, Cassagne -tipo interesante para que un amigo de esta casa haga su Currículum Mortae- que tuvo que salir de gira por los medios para desmentir la acusación del golden boy.
Un verano loco, desquiciado, en el que vuelven a las cámaras las mismas caras de la //\\lianza dando clases sobre la correcta forma de administrar la platita nacional y popular. Suponemos que a los jóvenes periodistas no se les puede exigir que recuerden o investiguen cosas que pasaron hace inmensos 9 años. Prehistoria. Casi un tema de arqueología para un joven periodista que quiere crecer profesionalmente en un lugar donde lo podrían echar si les preguntara, alguna vez, por qué cuando les tocó gobernar se dilapidaron 30 mil millones de dólares, nos endeudaron en 44 mil millones de dólares y nos afanaron 60 mil millones de dólares con el corralito. Y no se la gastaron en obra pública, ni en ayuda social, ni en asistencialismo, ni en educación, ni en asignación universal por hijo del poder, ni en nada. Lo gastaron en nada. Y ahora dan clases. Y alguien les pone un micrófono para que hablen.
La familia judicial, que suele veranear largo y tendido, tuvo que quedarse también a laburar. Terrible, porque los jueces no están acostumbrados a trabajar en estas condiciones, entonces se equivocan y fallan cualquiera. Por ejemplo, un “magistrado” que se llama Marinelli -otro para el Mortae- creyó que era injusto que Papel Prensa tuviera que vender sus productos al mismo precio a todos los diarios. O sea, un Señor Juez falló que estaba bien discriminar entre distintos compradores y favorecer a algunos en vez de ser igualitarios. Y creyó, de golpe, que estaba bien que Clarín y La Nación saquen provecho de su condición de dueños de Papel Prensa, vendiéndose a sí mismos el papel más barato que a, ponele, Perfil o Crítica. Obviamente se equivocó, no sabemos si por el calor o por culpa de la “alerta naranja”.
Gustavo Sylvestre, en su programa A dos voces, nos da una muestra de su filoso y rebelde humor de juventud y va al corte rompiendo todos los esquemas al rebautizar su programa diciendo “…y ya volvemos con Verano Rabioso”. Increíble. La última denuncia del monopolio, el último “escándalo” de los K que sacudió las mentes éticas de la república fue -presten atención- que la Presidenta Cristina Fernández comió un chancho en el Calafate que le mandaron de Córdoba y que eso está prohibido por una reglamentación que instaura una barrera sanitaria para evitar el contagio de aftosa en el sur. Una barbaridad, están saqueando al país che, y nadie hace nada. ¡Impunidad total!
Así que ojo, queridos niapalenses, que se viene jodida. En el primer mes de un año no electoral y ya nos afanaron las vacaciones. Es previsible que, entonces, el verano que viene tampoco sea relajado. Si es cierto que Crónica TV está “firme junto al pueblo” tendrá que sacar una placa que diga “faltan setecientos veinte días para el verano”. La revista Gente tendrá que sacar su famosa tapa “Las ondas del verano” recién en el 2012, cuando llegue el tsunami geotérmico augurado por los mayas que destruirá al mundo tal como lo conocemos. Tal vez siga allí, mientras el planeta se desploma sobre sí mismo, el golden boy Redrado, atornillado en el sillón del Central.
Sin embargo, ahí lo tenemos a Redrado, que se atornilló al sillón del Banco Central y le pudrió las vacaciones a toda la oposición. Quemados, todavía con un poco de Caladril en la espalda, pegoteados a las camisas y blusas, con algo de arena en la entrepierna y los labios salados, los representantes electos de la patria hacían cola en la puerta de aquel banco para hablar de las bondades de la autonomía de la caja en la que se guarda la plata de todos nosotros. Posta, mientras en Mar del Plata la gente hace cola para entrar a un restaurante o al teatro, en el Banco Central, en pleno pico de calor de enero, Pinedo, Prat Gay, Morales hacían cola atrás de un micrófono de TN.
El affair Redrado tuvo muchos puntos altos. La visita de Sanz y Morales a su oficina en calidad de algo que todavía nadie entendió es un hito de la institucionalidad republicana. Faltaron los sanguchitos de miga, el tereré y una sombrilla amarilla clavada en el medio de la alfombra para completar la postal.
Otro papelón fue la denuncia de Redrado sobre la supuesta lista de “amigos del poder” que habían comprado dólares. Rápido de reflejos y muy chicanero, “el funcionario del año”, Aníbal Fernández, salió a denunciarlo por encubrimiento. Obviamente, es lógico que no podés denunciar un delito recién cuando “te enojás” con tu jefe, si cuando “te llevabas bien”, no dijiste nada. Tuvo que pedirle a su abogado, Cassagne -tipo interesante para que un amigo de esta casa haga su Currículum Mortae- que tuvo que salir de gira por los medios para desmentir la acusación del golden boy.
Un verano loco, desquiciado, en el que vuelven a las cámaras las mismas caras de la //\\lianza dando clases sobre la correcta forma de administrar la platita nacional y popular. Suponemos que a los jóvenes periodistas no se les puede exigir que recuerden o investiguen cosas que pasaron hace inmensos 9 años. Prehistoria. Casi un tema de arqueología para un joven periodista que quiere crecer profesionalmente en un lugar donde lo podrían echar si les preguntara, alguna vez, por qué cuando les tocó gobernar se dilapidaron 30 mil millones de dólares, nos endeudaron en 44 mil millones de dólares y nos afanaron 60 mil millones de dólares con el corralito. Y no se la gastaron en obra pública, ni en ayuda social, ni en asistencialismo, ni en educación, ni en asignación universal por hijo del poder, ni en nada. Lo gastaron en nada. Y ahora dan clases. Y alguien les pone un micrófono para que hablen.
La familia judicial, que suele veranear largo y tendido, tuvo que quedarse también a laburar. Terrible, porque los jueces no están acostumbrados a trabajar en estas condiciones, entonces se equivocan y fallan cualquiera. Por ejemplo, un “magistrado” que se llama Marinelli -otro para el Mortae- creyó que era injusto que Papel Prensa tuviera que vender sus productos al mismo precio a todos los diarios. O sea, un Señor Juez falló que estaba bien discriminar entre distintos compradores y favorecer a algunos en vez de ser igualitarios. Y creyó, de golpe, que estaba bien que Clarín y La Nación saquen provecho de su condición de dueños de Papel Prensa, vendiéndose a sí mismos el papel más barato que a, ponele, Perfil o Crítica. Obviamente se equivocó, no sabemos si por el calor o por culpa de la “alerta naranja”.
Gustavo Sylvestre, en su programa A dos voces, nos da una muestra de su filoso y rebelde humor de juventud y va al corte rompiendo todos los esquemas al rebautizar su programa diciendo “…y ya volvemos con Verano Rabioso”. Increíble. La última denuncia del monopolio, el último “escándalo” de los K que sacudió las mentes éticas de la república fue -presten atención- que la Presidenta Cristina Fernández comió un chancho en el Calafate que le mandaron de Córdoba y que eso está prohibido por una reglamentación que instaura una barrera sanitaria para evitar el contagio de aftosa en el sur. Una barbaridad, están saqueando al país che, y nadie hace nada. ¡Impunidad total!
Así que ojo, queridos niapalenses, que se viene jodida. En el primer mes de un año no electoral y ya nos afanaron las vacaciones. Es previsible que, entonces, el verano que viene tampoco sea relajado. Si es cierto que Crónica TV está “firme junto al pueblo” tendrá que sacar una placa que diga “faltan setecientos veinte días para el verano”. La revista Gente tendrá que sacar su famosa tapa “Las ondas del verano” recién en el 2012, cuando llegue el tsunami geotérmico augurado por los mayas que destruirá al mundo tal como lo conocemos. Tal vez siga allí, mientras el planeta se desploma sobre sí mismo, el golden boy Redrado, atornillado en el sillón del Central.








