Notas

Policías en Acción

3 Comentarios 17 Junio 2010

Policías en Acción

Por Martín Rodriguez y Federico Scigliano

Para empezar, datos duros del decimoquinto Informe Anual sobre la situación de los derechos humanos en la Argentina que el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentó hace pocos días y que pone, con la contundencia con la que el CELS trabaja, blanco sobre negro. Leemos: “Se observa un aumento del 12 por ciento en los casos de personas muertas en hechos de violencia institucional en el área metropolitana de Buenos Aires. Entre ellos, los protagonizados por policías federales se incrementaron un 57 por ciento. Durante todo 2009, la respuesta estatal no se focalizó en este tipo de problemas. Por el contrario, insistieron en propuesta de ampliación de las facultades policiales y endurecimiento del sistema penal. Eso explica buena parte de las dificultades evidenciadas por los distintos gobiernos para diseñar y gestionar políticas públicas de seguridad democráticas y eficientes”.

Entre dos fuegos
Empecemos por el principio. Se nos ocurrió una fría tarde de redacción volver sobre una obsesión: ¿cómo hablar de la inseguridad? Un encuadre general de las políticas de seguridad debería ser planteado sólo sí, como petición de principios, se asume el tamaño monstruoso de su complejidad. La Inseguridad es la materia que ningún político progresista, nacional y popular, peronista de izquierda o pragmático kirchnerista va a aprobar nunca, o lo hará con un 6 raspando. ¿Y por qué? Bueno, para saber por qué fuimos a buscar a uno de los políticos más inteligentes de la Argentina, que pertenece a ese amplio espacio de izquierda social, Carlos Raimundi, que algo dice al respecto. “Hay que tratar de encontrar un espacio ancho de intersección entre los extremos que serían: gatillo fácil, baja de edad de imputabilidad y aumento de penas por un lado, y por el otro la izquierda tradicional que dice que hay que esperar a que toda la sociedad tenga estudios universitarios completos para que mi mamá pueda ir a cobrar sin miedo a que le roben.”
La primera fue probada: “meter bala a los delincuentes”, o la rima de Ruckauf de los años 90: “mano dura / sin tortura” (¡menos mal que aclaró!) fracasó. Y fracasó mal, cayó sobre su propio charco de sangre. La segunda, como dice Raimundi, “es imposible”.
“Hay que encontrar esa intersección, que abarca la modernización de la institución policial. Yo estoy convencido que la inmensa mayoría de los agentes de policía son personas de bien, que se incorporan a la institución con buenas intenciones. Hace falta una política de alta capacitación y entrenamiento, y alta jerarquización salarial, donde tal vez una herramienta importante podría ser la sindicalización de la Policía: que el policía, como cualquier agente de trabajo, pueda discutir salarios y condiciones de trabajo. Y eso no es un obstáculo para la eficiencia ni el compromiso con el Estado y con la sociedad, al contrario, la predispondría mejor.”
Sin embargo, Raimundi ubica el problema, o sea, el tabú progresista para ir de frente sobre la inseguridad, en algo más sutil y profundo: el modo en que articulamos las causas de Derechos Humanos y la inseguridad. “Entre tantas otras razones por esto es que es tan necesario cerrar el capítulo de la justicia, cerrar judicialmente el pasado. Hasta que no estén de alguna manera en vías de cicatrización real, no artificial, las heridas producidas por la represión ilegal, es muy difícil que desde el campo progresista se pueda estructurar un discurso legítimo sobre la represión legal.” Perfecto. Sin justicia sobre el pasado, digamos, interpretamos, no hay posibilidad de constituir una autoridad legítima.
Lo que sigue es preguntarse qué se hizo, qué se puede hacer sobre las instituciones policiales argentinas. Veamos.

La reforma
Cualquiera que quiera pensar “el problema de la inseguridad”, o la relación entre orden y democracia tiene una fija: Marcelo Saín. El autor de ese gran libro que es “El Leviatán Azul” empezó a hacerse más conocido con la reforma de la Policía Bonaerense que empieza en el 97. Uno de los cronistas recuerda haber oído hablar de él por primera vez de boca de Mercedes Depino, docente de Sociales, diciendo exactamente eso: nadie está pensando “desde este lado” la trama de la inseguridad y las reformas democráticas de las instituciones policiales como él. Eso era lo que decía en la periferia de una universidad poblada de estudiantes y docentes que creían vivir con placer educativo la destrucción final de las instituciones argentinas, y alguien era citado por su valor de pensar cómo reconstruir no cualquier institución, sino esa que tiene a su mando a la mayor cantidad de hombres armados del país: La Bonaerense.
“Con la reforma del 97 –arranca Saín- ya tenés un principio de cambio muy sustantivo porque es una reforma sobre la fuerza civil armada más grande de la argentina. Este proceso de cambio se profundiza con Arslanián, aunque con las limitaciones propias de la falta de apoyo político. La respuesta que da Duhalde en el 97, que impulsa la primera reforma, es por el desmadre institucional de la Bonaerense y por la propia supervivencia de su candidatura presidencial, que se estaba viendo afectada por la crisis policial. Duhalde no tenía espacio para hacer otra cosa, electoralmente hablando, pero cuando Arslanián quiere profundizar se encuentra con que empieza a tocar intereses de la propia institución policial, y del andamiaje político institucional local –la Policía es parte clave de eso- y ahí es donde recibe una fuerte oposición de toda la estructura territorial del PJ. Después viene Ruckauf y la contrarreforma. En la segunda etapa de Arslanián, con Solá de gobernador, retoma la reforma pero fíjense que es muy endeble porque Scioli, con tres reformas legales, vuelve todo para atrás.”

Lo viejo y lo nuevo
La Policía Metropolitana se creó de cero, “con todas las posibilidades que eso tiene”, como remarca Saín. Una nueva policía constituye una oportunidad única y ¡progresista! “Nosotros cuando intervinimos en la Bonaerense nos metimos en una institución putrefacta, anacrónica, cruzada por bolsones de corrupción, con falta de personal capacitado, sin desarrollo de inteligencia, de logística, con un nivel de subdesarrollo infraestructural que no nos imaginábamos. En la ciudad no había que reformar, era más fácil. Pero yo hablaba con Guillermo Montenegro o con Gabriela Michetti y sentía que no tenían noción de qué significaba crear y conducir una institución policial. Creían que se creaba la Policía Metropolitana con el mero traspaso de lo que es la Superintendencia de Seguridad Metropolitana de la Policía Federal Argentina. Bueno, eso es desconocer absolutamente lo que es la Policía Federal. Y lo otro que no entendían era que lo que se necesitaba eran algunas cosas más: un Ministerio fuerte que tomara las decisiones, una conducción política. Además tenían una noción de la seguridad muy acotada, para ellos seguridad es orden público, manejo de la Policía y visibilidad en la calle, pero la cuestión central, por ejemplo, de prevención social del delito, en la que el rol de la Policía es acotado y hasta impertinente, por cuestiones ideológicas o por mero desconocimiento, ellos no lo tenían en cuenta. Con el paquete del traspaso tampoco venía la conducción operacional de la fuerza, eso había que armarlo, y ellos también lo desconocían.”
La imagen que el macrismo tenía del traspaso era parcial y maniquea. Y tuvieron un año y medio para armar la estructura política, operacional y administrativa para crear una fuerza y no supieron hacerlo. Según Saín muchos querían darle a la nueva Policía una conducción civil, que quedara administrada por ellos. Pero varios de los que toman decisiones fundamentales en el Gobierno de la Ciudad dijeron que no le podían sacar a Macri de la cabeza la idea de nombrar al Fino Palacios. “Y Palacios tiene una idea muy antigua de la seguridad”, remata Saín. “Además él había sido despedido de la Federal, perdiendo una interna a punto de ganar la cúpula. Y como te podrás imaginar la disputa que perdió no era por el control de la institución sino por el de la caja.”
Según la descripción de muchos, Palacios es un tipo bastante fanfarrón y canchero, del tipo del ‘yo me las sé todas’, pero tenía una historia. Era un tipo con buenas aptitudes profesionales, pero con dos defectos: uno era sus vínculos políticos, que los había construido a partir de su participación en el caso AMIA; y el otro eran sus enemigos, que eran la SIDE, y la propia corporación policial, que en cuanto pudieron lo tiraron a los leones. Macri debió haber sabido esto, alguien debió habérselo advertido. Pero no.
El naufragio político e institucional de la Metropolitana (además del fracaso estético de los trajes que usan, que son horribles) representa la enorme oportunidad perdida de construir una Policía con despliegue territorial de la democracia, sin la historia y ni los vicios institucionales que son parte estructural de las viejas policías argentinas, sean de donde sean. Sin embargo, la Metropolitana no fue la primera, ni fue la única Policía de la democracia. Hay otra experiencia, un poco menos vergonzante para la aún joven vida institucional de la república post 1983.
La PSA, la otra Policía de la democracia
La democracia parió dos Policías nuevas y una reforma: la Metropolitana, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y la reforma de la Policía Bonaerense. Cuenta Saín que a la Aeroportuaria entraron débiles, pero con una estrategia. “Creamos una institución nueva, en un ámbito extremadamente complejo, donde fuimos a meter ruido a un mundo político, empresarial y criminal atravesado por los negocios por izquierda, unas redes estatales corrompidas, una población aeroportuaria totalmente trucha (tanto el pasajero común que coimea, como los operadores privados), es decir, los aeropuertos eran una sociedad civil y un Estado altamente corrompidos. En ese contexto es que nos dimos una estrategia para fortalecer la organización, primero, e ir por determinados objetivos después. Y logramos buenos resultados. Queríamos una Policía profesionalizada, que su eje central fuera el control del delito, todo lo que era pericias para la Justicia, custodia de funcionarios, de detenidos, nunca lo hicimos, porque te consume el 40 ó 50 por ciento del personal policial. Una policía con estructura de mando civil, y que el policía hiciera carrera dentro del mando operacional. Nunca un policía puede escalar a nivel de lo que es estructura administrativa.”
¿La PSA es lo que más se acerca al ideal de conducción civil de una fuerza policial?
“Lo que hicimos fue un diagnóstico de los problemas que la policías tienen estructuralmente hablando y desde ahí realizamos el diseño de un modelo policial distinto. Una Policía no militarizada, separada de la política, híper profesionalizada, cuyo eje central es el delito en sus dos variantes: prevención e investigación.”
Policía profesional, mando civil por estructura, sin contactos con la política, he ahí un modelo. ¿Será posible llevarlo a cabo sobre policías que están en la calle, con poder de fuego y de hacer caer un ministro de Seguridad a secuestro extorsivo limpio?
Saín habla y ya no para, pero casi nada de lo que dice carece de interés y profundidad analítica, charlar con él remite constantemente a la pregunta por la formación profesional de los cuadros de gestión. ¿Cuántos como Saín habrá en las distintas esferas de la gestión estatal? La sensación general es que así, de este perfil técnico y a la vez político, hay más bien pocos. Lo que sigue es una mezcla entre el lamento y la convicción de que ahí anida una de las deudas menos visibles y más costosas que es necesario saldar.
Los “Federicos”
Todo esto ocurre con un telón de fondo: la Policía Federal sigue asesinando pibes. Sigue desapareciendo y cagando a palos chicos de los barrios humildes de la Ciudad y del Conurbano. La propia Defensoría del Pueblo porteña denunció un incremento en el período 2008/2009. Para dar un ejemplo de estos casos silenciados está la desaparición del joven de 17 años Jonathan Ezequiel Lezcano, que vivía en la Villa 20 de Lugano, y cuyo caso involucra a la comisaría 52. El caso fue denunciado en el blog www.hermanos-dios.blogspot.com, con lujo de detalles sobre las complicidades judiciales y el involucramiento policial en el mismo.

El broche de esto, y el cierre de la nota, se lo dejamos al caso Carballo, la muerte del pibe Rubén Carballo en el recital de Viejas Locas en noviembre pasado, y que fue tapa de este suplemento. Esa noche de pesadilla azul mostró una de las represiones más brutales que se han visto desde el retorno de la democracia. Al respecto, el sabio Saín dijo: “Sabés por qué es espantoso el caso Carballo, porque no fue el exabrupto de un suboficial que se calentó y lo molió a palazos, sino porque fue una decisión institucional de represión insostenible para la democracia. Fue una represión organizada por el comando que estaba al frente de ese procedimiento. Y lo que no puede ser es que un Gobierno que se dice progresista no diga nada sobre eso. Porque el Fino Palacios armó una red de espionaje, pero lo más gravoso que hizo fue armarle una causa a alguien para pincharle el teléfono. Pero en este caso hay un muerto. Esto es mucho más grave que aquello. Entonces no se puede ser incoherente: guardar silencio sobre lo de Carballo y ponerle luz a un hecho que es miserable, pero bastante menos miserable que el asesinato impúdico de este pibe. Y hay silencio porque la Federal es intocable, mejor dicho, no es que sea intocable, es que no hay decisión política de tocarla, que no es lo mismo.”

Tus comentarios

3 Comentarios hasta ahora

  1. Jorge Witis dice:

    Es una nota muy buena, pero falta remitirla al Acuerdo por una Seguridad Democrática, para que se pueda ampliar y replicar los diminutos y pocos buenos ejemplos.
    Hay que generar desde el estado estadísticas confiables para poder establecer prioridades en la prevención, investigación y represión del delito teniendo siempre presente el respeto a los derechos humanos y a la vida.
    Basta de guerra preventiva.

  2. MARLIN dice:

    no veo policia en accion, o mejor dicho lo poco que vi, me dije es una broma verdad, es una maldita broma lo que muestran, jugando a que persiguen a los chorros, y cuando un ciudadano de cualquier lugar de gran o capital los roban oh, que casualidad, nunca esta llegan siempre, 5 minutos tarde, nunca actuan en prevencion, es su falta de entrenamiento, la falta de arriesgar la vida segun ellos por el civil, los veo pavonearse en las esquinas con sus armas ala cintura despreocupados cuando su entrenameinto deberia decirles que ellos esta siempre en guardia, si yo tubiera la intencion de hacerles algo lo haria con una facilidad increible, y es en esa policia en quien tengo que poner mi vida y la protejan, prefiero alos chorros, y este programa de policia en accion es una mala copia de los de cable, y los prefiero, porque por lo menos los originales, se esfuerzan, o lo hacen para la camra y queda rebien no bien, esta policia años luz esta de prevenir, no se si no le sale, o no puede o no quieren, ah me olvidaba la mayoria e los polica no esta ahi, por vocacion sino por un sueldo, y ora cosa se les hace un test psicologico cuando van a ingresar, si supieran lo que les preguntan, le juro que me daran la razon porque para mi si cuenta el psicologico pero a mi entender es el que puede resolver una situacion dificil, es ahi donde me demuestra como esta preparado, y ese test es una tomada de pelo, y saben que tambien eligen tanto hombre como mujer el mas elegante el mas lindo ah,no la tenian a esa, carton lleno verdad, si yo estoy que salto de una pata por esta policia, un empujon mas y me arrojo, pero al vacio ja, ja.

  3. ARGENTINO dice:

    PATETICO,, EL PAYASO DE SAIN HIZO UN DESASTRE EN LA PSA,, LO LLENO DE ÑOQUIS Y AMIGOS,, NADA DE HIPERPROFESIONALIZAR,, A GENTE MUY CAPACITADA COMO NO ES OBSECUENTE DE SU NEFASTA INTERVENCION LA DEFENESTRAN… LOS ÑOQUIS QUE TRAJO COBRAN SUELDOS ASTRONOMICOS,, HASTA EL SUEGRO PUSO A TRABAJAR EN LA PSA ESTE PAYASO.. CREO UNA ESTRUCTURA MACROCEFALICA, DONDE CUALQUIER PAYASO DE LOS QUE TRAJO OPINA SOBRE SEGURIDAD DE AVIACION SIN SABER NADA…..
    ¿¿DE QUE REFORMA Y ORGANIZACION HABLA??


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