Lucas Carrasco
La lógica radical de aparentar ser un partido político y no una ONG (Organización No Gubernamental) los llevó, pragmática y comprensiblemente a recostarse en la derecha ideológica.
Después de todo, el gobierno de Chacho Alvarez y Fernando De La Rúa difícilmente supere las experiencias derechistas de los períodos democráticos. Aunque, es justo reconocerlo, cuidaron las formas. Hicieron una autocrítica de las formas tras bajar por decreto los salarios públicos y las jubilaciones y luego, para flexibilizar derechos laborales apelaron al congreso, sin usar Reservas para nutrir la Banelco.
Los reyes de la forma hoy están nuevamente gozando del cinismo de no discutir el fondo.
Pero es sinceramente complejo comprender qué ganan bancando la anti institucionalidad militante, los Cobos y Redrados que no valen un peso.
Una vez refortalecida la ONG que acompañó como socio menor la Alianza UNA de Duhalde y Lavagna, han conseguido hacerse de la presidencia de la Nación cuando la Presidente viaja: con tanto poder manoteado sin ética, probablemente no sea negocio quedar tan entrampado en una posición reaccionaria. Y les convenga despegarse del cobismo vergonzoso.
El Hijo de Alfonsín parece comprender esto, y como a diferencia de Sanzs y Gerardo Morales maneja un vocabulario de más de 200 palabras, intenta encontrar un lugar partidario un poco más progresista para la UCR. Después de todo, no son gobierno: qué te cuesta prometer el oro y el moro mientras seguís jodiendo con las formas.
Uno puede comprender al PRO; no sólo porque son sinceros sino porque son partidos vecinales liderados por el lenguaje entre naif y adolescente de Macri y Michetti, ahora, qué necesidad tiene la UCR de poner al frente a sus Macri y Michetti, Morales y Sanzs, es ya más difícil de entender.
Porque es probable que terminen siendo la estructura principal de la reedición de la Alianza y gobernando en el 2011.
No sólo serán presos de los temas que instalaron. No sólo deberán lidiar con el odio que generan. También y muy peligrosamente, deberán hacer frente a las desesperadas (y a menudo ingobernables) exigencias de corporaciones más bien voraces como “el campo”, Magneto y Vila, ADEPA y Techint, la Iglesia Católica, el departamento de estado del gobierno de Irak y Afganistán, los gobiernos energéticos de España, Bolivia y Venezuela, una CGT muy fortalecida, los movimientos sociales (los anti kirchneristas, sobretodo, obligados a sobreactuar su oposición) y la pesada institucionalidad heredada: la Corte Suprema independiente, los Juicios a represores, la universalidad jubilatoria, la movilidad jubilatoria, la ley de presupuesto educativo, la asignación universal, la política de viviendas, la reestación de empresas, los derechos públicos comunicacionales, la presión de los bonistas, el desendeudamiento, la acumulación de reservas, la independencia del FMI, el Plan Remediar. Todo eso sale plata. Y cobrarles a los que tienen no pueden hacerlo: no pueden defraudar así a Alfredo De Angelli, el Ricardo Fort del “campo”.
También deberán lidiar internamente con una Alianza inestable, con las legítimas melancolías de poder de las consultoras económicas y los operadores del elenco estable -digamos, se va el Chueco Mazzón entra el Coty Nosiglia y Barrionuevo- un peronismo que incorporó cuadros de izquierda y empoderó su base social. Y una región mas diversa pase lo que pase en Brasil.
Si el gobierno de Cristina Kirchner se sostiene aún hoy, es porque la derecha no logra retomar la capacidad de movilización masiva que supo lograr cuando desabasteció el país. La derecha tiene consenso (la “independencia” dle Banco Central deseada es una muestra) pero de ahí a volver a movilizarse hay un trecho.
Bueno, no es tan insensato imaginar que a los seis meses de un gobierno de Cobos, si no devuelve el Fútbol y los distintos negociados semi legales e ilegales al Grupo Clarín, de pronto muchos se enterarán que si De La Rúa era un boludo teniendo una impresionante trayectoria y experiencia política, administrativa y de gobierno, Julio Cobos es más o menos una especie de Lita de Lázari en sus elementales ideas, sumando la tendencia a la victimización de Topacio. Entre Lita de Lázari y Topacio quedará el dubitativo Cobos.
Y habrá muchos matándose de risa.
¿No sería un negocio más sensato correrse al institucionalismo progresista que vende Binner en Buenos Aires,
que al michetismo rabioso que balbucea Morales en el Congreso?
Es una idea.









