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Jesica Tritten: “Existimos porque somos parte de la politica educativa de este momento politico”

Entrevistas

Jesica Tritten: “Existimos porque somos parte de la politica educativa de este momento politico”

Sin comentarios 02 Septiembre 2010

Por Julia Mengolini

Fotos: Gisela Romio

Encuentro es tal vez la perla mejor cultivada de la política comunicacional de este ciclo político. Calidad estética, aplomo conceptual, experimentación formal, y variedad temática integran un posible recitado de virtudes de la buena televisión educativa y cultural que la señal ofrece. Una tarde fresca pero linda, nos fuimos hasta sus oficinas para hablar con Jesica Tritten que, con sus jóvenes 28 años, es la Directora de Contenidos y uno de los corazones del Canal.

Juguemos al estereotipo. “El director de contenidos de un canal educativo”: tiene barba, mil años, es más complicado de entender que Horacio González y más pesado que collar de sandías. Se ve que te quemó la mente el jueguito de la contratapa de este suplemento. Resulta que la directora de contenidos de Canal Encuentro es una piba de 28 años, linda, inteligente y con un ángel que probablemente comparta con el canal más prestigioso y mágico de la grilla. Exploremos el alma de Encuentro.

-¿Cuál es el público de Encuentro?
-El público de Encuentro es increíble, atraviesa todos los sectores sociales aunque no todas las edades -porque es un canal adulto- pero estamos en pleno desafío de crear una franja joven. Queremos laburar ahí sobre todo en tanto el Ministerio de Educación está laburando en la reconfiguración de la escuela media para que los pibes salgan no sólo con un título secundario, sino con la perspectiva de que podés ir a la Universidad, o podés ser un técnico, es decir, con la idea de que la escuela media tiene que dar esas herramientas. Pero el público de Encuentro es totalmente heterogéneo. Hay sectores sociales que tal vez lo vean más, como la clase media, que en sí misma es muy heterogénea. Encuentro tiene esa identidad de clase media.

- La cultura siempre estuvo más bien dirigida a la clase media, pero Encuentro tiene pretensiones llegar a otros públicos, ¿no?
- Cuando nacimos queríamos replantearnos, por un lado, el significado de la televisión educativa -que no existía, era Telescuela Técnica- y cargábamos con esa cosa peyorativa. La televisión educativa no había tenido éxito en América Latina, salvo en Cuba y en México. Entonces, teníamos un objetivo estrictamente televisivo. Pero, por otra parte, teníamos un proyecto de Estado y de la televisión del Estado del que nadie esperaba nada. A partir de esas dos realidades, replanteamos nuestro propio concepto de televisión pública. Y la televisión pública no tiene un público homogéneo como lo tiene la televisión comercial, que homogeneíza un público por el tema del rating. La televisión pública apunta a muchos nichos, a muchos públicos diferentes, y de alguna manera terminamos hablando de todos. Pensando en ese todos, nos dimos cuenta que teníamos que recorrer el país y mostrar la Argentina en toda su dimensión. Entonces ¿cómo nos reconciliamos con distintos sectores sociales? Intentando mostrar de todos un poco. Por eso el público de Encuentro son docentes, son padres, son trabajadores, tenemos programas de oficio, curriculares, de música, de nuestros artistas. De esa manera intentamos tejer una red. Así entendemos a la televisión pública.

-¿Existe en el mundo alguna cosa similar a Encuentro en la que se hayan inspirado?
- Nos inspiramos mucho en el modelo de la BBC -muy exitoso por cierto- que es una televisión pública “muy en red”, en eso de no hablarle a un solo público, sino a muchos públicos porque así es un país y así tiene que responder un Estado también. Y también nos inspiramos mucho, en el sentido organizacional de esa televisión, en cuanto a que somos un pequeño canal y tercerizamos con casas productoras muy pequeñas, con el sector privado. Lo que le da frescura a Encuentro, es la variedad y la juventud de sus realizadores. Vos tenés trabajando a Bruno Stagnaro, a Sebastián Mignona, a Juan Campanella. Ese intercambio creativo constante entre la casa productora con nuestros productores es lo que le da la estética y esa belleza particular que tiene Encuentro. Y lo loco es que ahora ese modelo de televisión se replica en toda América Latina. Para mí es un resumen de este nuevo Estado. Encuentro es interacción constante en esta idea de que todos son ciudadanos, los que trabajan en el Estado y los que trabajan en el sector privado.

-El hecho de que sea el canal del Ministerio de Educación, que esté enmarcado en una consigna tan delimitada, ¿los limita un poco?
-Es que la educación es uno de los objetivos más bellos del Estado. Es un objetivo muy noble. La gente, los productores, las propias figuras que trabajan en Encuentro, se conmueven mucho trabajando acá. Es un canal muy angelado, sobre todo en esta idea de mostrar otra Argentina. Y eso solamente lo puede hacer este tipo de televisión.

-Además, hay algo muy raro que pasa con Encuentro y es que tiene una línea política definida y a la vez le gusta a todo el mundo, ¿cómo lograron eso?
- La pata educativa que tiene el canal ya salda un montón de cosas porque la educación en Argentina, a diferencia de América Latina, es un lugar sagrado. Incluso en los noventa la escuela fue un lugar de resistencia. El guardapolvo blanco permanece en la memoria colectiva como un lugar de resistencia. Además, hay mucha gente joven en el canal y hay otra forma de narrar el pasado también, lo que no quiere decir que no se tome una posición, porque Encuentro forma parte esta política de gobierno de 2003 para acá. Pero Encuentro se propuso indagar en una Argentina más compleja y eso es muy respetado y agradecido por el público que hasta ahora no tenía una televisión así tan reflexiva, pensando en que la calidad no es solamente un poco de cosas bellas o algo bien editado, es pensar en un todo mucho más complejo. Por eso Encuentro está pensando en el Polo Educativo, porque está pensando en una televisión como herramienta de comunicación, pedagógica y de divulgación.

-¿Qué es el Polo Educativo?
El Polo está constituido por Canal Encuentro, Encuentro Ciencias, una señal de divulgación científica y tecnológica desarrollada junto al Ministerio de Ciencia y Paka Paka, una señal dirigida a los niños que sale el mes que viene en el marco de la Televisión Digital Terrestre y de la Televisión Digital por satélite. Y también, obviamente, por los cable operadores. Encuentro hace este pequeño Polo que es televisión más convergencia tecnológica a través de las producciones TIC´s en todas sus multiplataformas (redes sociales, blogs, interactividad, etc.) y toda la tecnología de acceso (portabilidad). Encuentro no es solamente un canal de televisión, es un proyecto tecnológico. Laburamos mucho nuestra página, tenemos un canal de Youtube, tenemos una idea de video on demand, una videoteca del canal de manera que vos puedas mirar los programas no solamente por televisión, sino que los puedas descargar, tener para laburar en la escuela o cuando quieras. Son todos proyectos de convergencia tecnológica que este Polo quiere llevar adelante, con su público, con el público de niños y el de Ciencia. Todo esto, además, en la ex ESMA.

-¿Cómo interpretás esta mudanza dentro de la discusión sobre el uso o no de esos lugares de memoria?
- Que en un lugar donde hubo muerte haya ahora esta vida es muy sano para la historia argentina. Porque no es que nos olvidamos de lo que ocurrió e instalamos un canal de televisión, no. Vamos a trabajar sobre eso que pasó en los contenidos del Polo. Por eso nos apropiamos del lugar. Me parece una política maravillosa sobre la memoria.

-¿Hasta dónde Encuentro, tal como lo conocemos, está relacionado con la gestión actual? ¿Qué sería del canal si el año que viene ganara Macri, por ejemplo?
-Macri con el canal Ciudad Abierta dejó muy en claro lo que es para él la televisión pública. Ellos hablan de los canales públicos como lugares de propaganda y yo en los únicos lugares donde veo pluralidad es en la televisión y radio públicas, mientras que ahora en Ciudad Abierta sólo veo discursos de Macri. Pero yo creo que Encuentro está tan angelado y la gente se lo apropió tanto que me parece que si hubiera un cambio de gestión, el canal se mantendría por sí sólo, y ahí está el triunfo de lo que significa Encuentro como institución de Estado.

-Cómo pensás la relación entre Encuentro y las políticas comunicativas del gobierno?
-Somos parte de una política de Estado. No es que estamos alineados con este gobierno, sino que somos y formamos parte. Existimos porque somos parte de la política educativa de este momento político. Pero el Canal está tan apropiado que puede subsistir como institución.

tritten-¿Qué proyectos hay para el futuro?
-Ahora estamos armando la franja joven que es un desafío enorme, porque si bien Encuentro tiene un público heterogéneo, es un público en su mayoría adulto y nosotros queremos hablarle a ese público de 13 a 18 al que la tele y los medios en general no saben cómo hablarle. El año que viene vamos a laburar mucho sobre la formación ciudadana, va a ser un año electoral y siempre hay mucho desconocimiento. Esa va a ser la impronta. Junto con la franja joven y junto con las señales que están naciendo, va a ser un año muy fuerte.

-¿Cómo ves a la televisión?
-Veo mucha televisión pública porque forma parte del mismo proyecto. Y veo mucha televisión abierta, alguna me repugna, no la entiendo, pero me parece que es un momento interesantísimo de la comunicación, un momento que nunca pensamos que íbamos a vivir. Antes era impensado que fuera posible interpelar a quienes hacen los medios de comunicación. Y eso no pasa sólo por la Ley de Medios, sino sobre todo por la militancia que tuvo la ley. Para la televisión es un momento muy interesante porque se va a tener que replantear algunas cosas muy seriamente. Los noticieros tuvieron que reconfigurar la idea de la agenda, por las tecnologías, porque ahora hay fuentes primarias como twitter, donde los funcionarios comunican cosas directamente.

- Sin embargo, sigue habiendo multitudes que apuestan cada noche a Tinelli y Fort.

-Esta interpelación a los medios trajo además la idea de que el rating no es tan importante. No es algo a temerle. Claro que uno ve a Fort y se quiere pegar un tiro, por lo menos los que tenemos una mínima conciencia humanista. Pero como los medios ya están un poco deslegitimados como soporte, creo que no es tan grave. Pero además yo no creo que Tinelli sea “televisión basura”, es un show extraordinariamente montado. Cuando hacés las cosas con mucha intención de calidad, claro que lo van a ver 30 puntos de rating. El tema es qué decís en esa televisión, si genera agenda, si genera idiotización. No creo que haya una mujer que piense: “bailar en el caño me va a salvar como mujer en este mundo”. Eso no pasa, no se le da tanta importancia. No hay que dramatizar. Y si bien Tinelli mide 30 puntos de rating, por otra parte en la calle todo el mundo ya habla del “grupo Clarín” como grupo económico. Creo que estamos en un buen momento, puede que sea una optimista, como contó Evo en “Presidentes de Latinoamérica” sobre su padre, que le decía: “Evito, tu eres zonzo contento”. Tal vez yo sea “zonza contenta”.

-Cómo llegaste tan joven a un lugar tan importante?
- Estudié periodismo en TEA y una profesora mía de redacción me convocó para un proyecto en el Ministerio de Educación que era poner en marcha una investigación para una televisión educativa. Ese fue el germen de Encuentro, éramos tres personas. El proyecto empieza a crecer hasta que Tristán toma la dirección del canal, y derivó en esto.

-¿A qué le decís Ni a palos?
-No sé, a decirle ni a palos a algo, a ser tan terminante. Siempre que le dije ni a palos a algo, por ahí me di vuelta, me contradije, como “ni a palos voy a vivir en Capital”, o “ni a palos voy a trabajar en televisión”. Ni a palos a decirle ni a palos a algo.

Entrevista al staff de “Viviana Canosa”: “Nosotros somos fabricantes de queso y Fort es la vaca lechera”.

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Entrevista al staff de “Viviana Canosa”: “Nosotros somos fabricantes de queso y Fort es la vaca lechera”.

2 Comentarios 27 Agosto 2010

Por Julia Mengolini y Martín Rodríguez

La Industria Nacional del Chisme conoció su salto tecnológico de la mano de su prócer Lucho Avilés: cuando ensilló en Telefé durante los 90 esa tarde que incluía Utilísima, y que terminaba, para placer de padres y chicos, con Xuxa y sus paquitas. Un baluarte respetadísimo en el ambiente del espectáculo, cuya elegancia y pensamiento rancio fue expresivo de un sentido común espantoso: “los códigos del medio”.

Todo el mundo recuerda el catch entre Mauro Viale y Alberto Samid, ¿pero alguien recuerda las piñas entre Jorge Jacobson y Lucho Avilés, una apacible tarde de los tempranos ’90 y al aire? De allí, de esa cuna surgió un liderazgo carismático: el del ex militante del PI, Jorge Rial. Lentamente, se fue convirtiendo en el nuevo líder con un programa que es la vedette del canal América, y que perfeccionó el estilo para convertir a la Industria del Chisme en una fábrica de algo más que las indiscreciones: una máquina de producir “mediáticos”. Es decir, personas que ofrecen su vida como mercancía para el paladar negro de los televidentes. De esas filas surgió un cuadro: Viviana Canosa. Una chica que le daba para más, una mujer bellísima e incómoda que cultiva el perfil de una diva, como si la producción de “mediáticos” fuese superada por una artesanía más fina: la de construir a la diva de los chismes. A la femme fatal que lleva su perrito escuálido, vestida de cuero… Y eso fue “Los profesionales de siempre”, en canal 9, el salto de “Vivi” a su propio decorado, que este año terminó de cuajar: el programa se llama “Viviana Canosa” a secas, y se auto-impuso el deseo de ofrecer algo más que el bocado mediático de la tarde: “Vivi” viajó a Haití, “Vivi” recibe a las madres del dolor, “Vivi” hace públicas sus disidencias ideológicas con una farándula naturalmente de derecha, y “Vivi” empuja amablemente a Camilo (otro viejo soldado “rialista”) a exponer su historia de hijo de desaparecidos. Estuvimos ahí, hablamos con ella, con ellos. Veamos.

Los límites (si los hay)
En un momento al aire, esa tarde, Adrián Pallares, un panelista al que se le nota la licenciatura, sin quererlo escupe hacia arriba: dice que el periodista no le arruina la vida a la gente. ¿Y cuáles son los límites de ese periodismo filoso? Habla: “La lógica te diría que tenemos los límites de la enfermedad, de no meternos con cosas complicadas, me parece que el límite lo pone cada uno con su ética, con su profesionalismo, con su historia, porque si yo soy un hombre de familia, tal vez la familia me preocupa y haya otras cosas que no me preocupen. No me tiembla el pulso si tengo que decir cuánto gana alguien. Entonces, los límites los va poniendo cada uno con su historia, con lo que te pasa. Pero me parece que el periodismo en general no tiene límites”.
Estas reflexiones finales de “Palla” nos recuerdan aquel caso paradigmático de Marcelo Coraza, un profesor de educación física que saltó a la fama por ganar de un Gran Hermano, un pibe buenazo que fue víctima de las garras de Rial cuando provocaron a través de una cámara oculta que se hiciera pública su íntima y fatal debilidad. Y entonces arremetemos: ¿Estás seguro que el periodismo no es capaz de arruinar la vida de la gente? “El periodismo puede destruir vidas, tanto el periodismo de espectáculos como el deportivo, como el político, como el periodismo económico, que se mete con cosas complicadas y que puede influir en decisiones que definitivamente le pueden arruinar la vida a la gente. El chimento, lo que tiene a su favor, es que todos nos conocemos, entonces, no nos vamos a pisar demasiado la manguera. Cuando vos tenés la primicia es buenísimo, porque vos sos el único que la tenés y cuando todos tienen la misma noticia es cómo lo cuenta cada uno.” El programa de Canosa, en este mundo vil del chimento, tiene definitivamente un modo diferente al resto. El cambio de nombre del programa (de “Los profesionales…” a “Viviana Canosa”) no borró la impronta que –según él- hace la diferencia: “Viviana hace la diferencia notablemente. Me parece que el chimento tiene que estar comandado por una mujer. Una mujer le puede preguntar cosas a un hombre mientras que un hombre se pone incómodo de preguntar a otro hombre. Y le puede preguntar a una mujer y tener esa onda intimista y ponerse del lado del ama de casa, que es el público básico de los programas de chimentos. Por otra parte, en el panel somos todos periodistas. Yo soy egresado de Comunicación Social de la UBA, vamos al teatro, te puedo contar qué obras hay en la calle Corrientes, qué obras hay en el Off y te puedo contar quién es Rocío Marengo.”

La fábrica de queso
Durante el corte de las 18 horas se produjo un festejo: alguien avisó que había pasado ¡una hora entera de programa sin mencionar a Fort! Hubo aplausos, estaban chochos. A las 18,15, a colación de otra cosa, se escucha el nombre por primera vez: “Ricardo Fort”. Luis Bremer, otro de los Canosa Boy’s, sostiene que al programa lo marca una agenda impuesta, inevitable, a veces fastidiosa. “Nosotros somos fabricantes de queso y Fort es la vaca lechera. No la podés matar, a veces no te la bancás porque el olor inunda la casa pero por otro lado te da rating. No sólo nosotros, en estos días hasta Marcelo Tinelli es rehén de Fort. Un fenómeno mediático extraño, por momentos odiable, por momentos adorable, por momentos depresivo. Algunos dicen que es como un síntoma de la sociedad, yo creo que la sociedad tan loca todavía no está.” Sin embargo, le decimos, se ve que hacen alguna diferencia, que cuando pueden bajan línea. Incluso tienen un discurso de género y en un programa de chimentos eso es raro. “Viviana da un marco como para que todos podamos hablar y decir lo que queramos. Me parece que el autoboicot o la autocensura primero está en uno. El medio te da posibilidades como para tirar herramientas y hay una subestimación muy fuerteen cuanto al público por parte de los que hacen y hacemos televisión. El público es como vos y como yo cuando estamos en casa, que queremos entretenernos y merecemos de vez en cuando un respiro: alguien que nos diga ´esto puede ser así pero puede ser que sea de otra manera.”

-Cuando bajás línea, ¿tenés la pretensión de “hacer pensar” a la gente si bien estás hablando de Ricardo Fort?
-Desde hace ya varios años se viene dando un fenómeno raro que es que la estética del espectáculo se impuso en el futbol, en la política, todo es el off the record, el chimento, la cosa situacional que se narra como una crónica. Las investigaciones son cada vez más escasas porque hay menos plata para bancar tiempo de trabajo. Entonces hoy por hoy toda esta estética invade la tele, pero hay una grieta donde vos podés entrar. Hay temas que no dan para profundizar y uno tiene que darse el permiso para ser superficial y frívolo y hay temas que dan como para decir, “no, pará, que le revisen los dientes a una mujer humilde que va a un certamen para ser novia de un rico es peyorativo, se están riendo de la exclusión”. No nos podemos reír de todo, de algunas cosas sí, de otras, no.

El Hijo
Camilo García fue notero y estuvo en el piso con Jorge Rial. Pero eso es pasado. Su historia, conocida pero muchas veces como una referencia elíptica, lleva a hacerse “la pregunta” de la corrección política: cómo conjuga esa historia trágica con el perfil más frívolo. Habla Camilo: “Lo que te puedo decir es que cuando yo era chico y me pasaron las cosas que me pasaron me conecté mucho con la televisión, que pasó a ser una especie de placebo. Y se volvió una fantasía, un sueño, poder estar en la televisión. En algún punto estar en televisión me podría haber dado la posibilidad, si existiera alguna chance, de volverme a encontrar con mi vieja. Era el lugar donde llegar porque ahí me iba a ver, que sobreviví, que estaba acá”. A esa fantasía de ser encontrado por su vieja que tiene Camilo, que todo hijo de desaparecidos debe tener en algún lugar, se suma, claro, esa pizca de militancia que todo hijo de desaparecidos tiene en algún lugar: “Y acá en la televisión tengo la posibilidad de decir lo que pienso de la gente más allá de que sea del mundo del espectáculo, desarticular un poco la farsa, desestructurar un poco la puesta en escena y apuntar más a las personas. A todo el mundo le cuesta ser quien uno es, tanto en el mundo del espectáculo como en la política o en el trabajo común de cada persona. Creo que siempre quiero estar del lado de la gente, la intención está garantizada. A veces puede fallar, pero tengo la intención de tener siempre una visión popular.”

La reina
Canosa tiene presencia, es de esas minas que entran a un lugar y se nota, Canosa tiene otros colores, otros tonos, tiene pasiones, va dejando perfume a su paso. Tiene todas para ser una diva, salvo ese sentido común tan silvestre y –digámoslo- de derecha que las caracteriza. “Tenemos criterio, hago un programa frívolo pero yo no soy frívola, entonces cuando la frivolidad garpa te divertís, pero puede disparar para otro lado, hablar de códigos, del respeto a la mujer. Sin renegar de lo que hago porque a mí me sirve, trato siempre de encontrarle la vuelta y eso se va dando siempre sobre la marcha. Pero me parece que tratamos de encontrarle una base y un fondo a cada tema. Los chicos son súper criteriosos, aparte nos llevamos muy bien”, explica Canosa y el buen clima de trabajo lo ratifica. En el piso hay verdadero interés por los temas del día, en el corte siguen las hipótesis respecto de las novias del dueño de Esperanto pero siempre buscándole la vuelta que hace al chisme más interesante, plataforma para que los Canosa Boy s -tipos muy piolas por cierto- amplíen, piensen y se diviertan. “A mí no me gusta, como en el caso de otros conductores, subestimar al panel, burlarme de mi panel. Si yo no respeto a la persona, no la siento en el panel”, explica Canosa.

-Al principio tenías pretensiones de hacer algo un poco más serio, te fuiste a Haití, entrevistaste a fondo a la Hiena Barrios, recibiste a las Madres del Dolor, ¿Qué pasó?
-Y las sigo teniendo. Lo que yo marqué con eso que hice al comienzo es que yo venía cambiada y que eso lo iba a demostrar en cualquier tipo de nota dentro de mi programa. Y creo que eso quedó claro porque creo que se ve. También le pongo mucho más humor, me río de mí y de lo que hago. Me pongo más que nunca del lado de la gente y siento que aporto un granito de arena. No sé, siento que va más por la vida y por las emociones. En el marco de un chimento hablamos de la infidelidad, del amor, de qué es capaz de hacer alguien por amor aunque se enfrente al mundo. Tratamos de tomar los temas como disparadores para hablar de otras cosas y eso en un medio tan careta vale un montón.

“Viviana Canosa” va de lunes a viernes de 17 a 19 por Canal 9.

Alan Iud: “Ni a palos a defender milicos, genocidas y apropiadores, o a transar con ellos”

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Alan Iud: “Ni a palos a defender milicos, genocidas y apropiadores, o a transar con ellos”

Sin comentarios 18 Agosto 2010

Por Julia Mengolini y Federico Scigliano.

Fotos: Gisela Romio

Ponele que te pisa un Audi cuando cruzabas por la senda peatonal. Necesitás un boga, llamás a un estudio y te mandan a este pibito. “Que me lo cambien –pensás- este se acaba de recibir, el del Audi va a contratar a Burlando y me van a volver a pisar”. Bueno, sos un nabo prejuicioso. Alan Iud tiene 29 pirulitos y es el jefe del equipo jurídico de Abuelas de Plaza de Mayo, es decir, tiene a su cargo nada menos que la causa Herrera de Noble. Y se la re banca.

-Sos abogado de Abuelas y sos más jóven que los nietos que ellas buscan, ¿qué te pasa con eso?
-No lo había pensado. De hecho, en el equipo jurídico de abuelas yo soy el más grande y no pensamos en eso especialmente porque actuamos como abogados representando un interés que es el de las Abuelas que quieren encontrar a sus nietos. Es ínsito a la función representar intereses de terceros que pueden ser más grandes o más chicos. Con respecto a los nietos, siendo de la misma generación, podemos llegar a entender códigos o situaciones, tener un diálogo más llano con algunos nietos restituidos, tener determinadas relaciones que después te permiten comprender, por ejemplo, algunas posiciones de los que no se quieren analizar, que son con los que nosotros trabajamos en el equipo jurídico. Los abogados intervenimos cuando no hay una voluntad de analizarse. Si no, se acercan a Abuelas y después nosotros intervenimos en el aspecto punitivo, en la búsqueda de justicia.

-¿Hay algún motivo de por qué el equipo jurídico de Abuelas es tan joven?
-Abuelas tuvo siembre muchos abogados a lo largo de su historia y fueron variando de acuerdo a las épocas. En los 80 tuvo un montón, en los 90 cada vez menos, en un momento hubo un vacío y en el momento en que se estaban reabriendo los juicios se armó un nuevo equipo con Luciano Hazán. Creo que el equipo joven se dio más naturalmente. Aunque en La Plata y en Rosario los abogados también son jóvenes. Algo debe querer decir que en tres filiales donde hay mucho trabajo de Abuelas los equipos jurídicos sean de abogados jóvenes. Creo que responde no tanto a una decisión de la institución sino, tal vez , a procesos del país donde los profesionales de una generación mayor desarrollaron su carrera en un momento en que no estaban dadas las condiciones para que estos juicios avanzaran.

-¿Tiene algo de militante tu laburo en Abuelas?
-Todos los que trabajamos en Abuelas tenemos un compromiso que excede en mucho lo laboral, nadie asume esto como un trabajo simplemente. Hay una identificación y un compromiso que evidentemente tiene una cuota muy importante de militancia. Trabajar acá requiere no sólo de una formación jurídica sino de un perfil determinado como profesional que creo que fuimos armando a través de distintas experiencias de militancia. No quiero hacer un reclamo salarial a través de la entrevista, pero obviamente cuando uno elige trabajar en un organismo de derechos humanos asume que va a cobrar menos que en el sector privado o en el Poder Judicial, por ejemplo. En ese sentido, ese compromiso es indispensable porque una persona que asumiera esto simplemente como un trabajo va a quedar muy lejos de cumplir con la responsabilidad que implica.

-Entre muchas cosas, los 70 fueron una lucha generacional, y de hecho la imagen de tipos de 60 años torturando pibes de 20, es un escena muy repetida. Esa cuestión generacional, ¿se repite en Tribunales con jóvenes de 30 litigando contra abogados de 60, de renombre y trayectoria que defienden a los genocidas?
- En el esquema es cierto, se reproduce un poco eso porque en todos los organismos hay muchísimos abogados jóvenes.

-¿Qué pasa en esas instancias? ¿Te mira diferente el juez?
- Los jueces y los tribunales respetan a cada uno de los abogados por la seriedad del trabajo que hacen. Y me parece que mucha gente joven se ganó ese respeto. Obviamente que la juventud por sí misma tampoco te lleva a que seas mejor. Nunca me pasó que un juez me pregunte la edad, pero te das cuenta que puede haber una mirada distinta. Y con los abogados que son la contraparte, para nosotros es indistinto la edad que tengan o su trayectoria. Algunos de los que defienden a los represores vienen desde la década del ochenta. Sí podemos decir que ya nadie les tiene respeto desde lo ético, creo que desde lo profesional tampoco. La mayoría de ese tipo de abogados son bastante malos desde lo técnico, por ejemplo, Solari es un mamarracho, me gustaría tenerlo en todas las causas. Ahí uno ve cómo en la abogacía hay mucho mito sobre la tarea del abogado. En la causa Herrera de Noble intervienen abogados de estudios muy importantes y la verdad que nosotros no nos sentimos menos si bien este es un proceso abierto que excede mucho lo que puedan plantear los abogados. Pero me parece que ellos cometieron algunos errores importantes, casi de principiantes. Desde lo estratégico y desde lo formal, como olvidarse de firmar unas apelaciones. ¡Es lo básico!

alan iud-¿Por qué estudiaste derecho?
-La verdad es que siempre lo tuve como una vocación, desde chiquito. Me resultaba muy estimulante poder asumir la posición de una persona que pueda necesitar una suerte de defensa. En ese sentido me parece que lo que hacemos acá en Abuelas nos permite congraciarnos con la vocación, con el motivo por el cual elegimos estudiar Derecho. Esta profesión no siempre va de la mano de la justicia o de representar intereses que merezcan protección genuinamente. Tiene una faceta muy comercial en su faz liberal y acá tenemos la posibilidad de intervenir de esa forma que uno se imaginaba de chico, pero que no tenía muy claro cómo ni qué. Al final, tenía que ver con defender causas justas, para no decir “nobles” (jajaja). Y en este sentido yo personalmente estoy muy contento. En el caso de Abuelas, hay un plus que es que tenemos la posibilidad de hacer algo que supuestamente está en los fundamentos teóricos de la justicia y que muy pocas veces se da, que es reparar las violaciones a los derechos humanos, y puntualmente acá es restituirle la identidad a una persona o imponer una condena a un represor. Ayudar a que una abuela encuentre a su nieto es una reparación quizá no completa pero es una reparación que excede cualquier tipo de compensación económica que es la habitual en la justicia para cuando hay una violación de un derecho. La gratificación que tiene poder sentir que contribuís en eso no tiene comparación, son días en los que renunciaríamos al sueldo.

- ¿Qué te pasa cuando tomás dimensión de la causa Herrera de Noble y los múltiples intereses que la atraviesan? ¡Tal vez en 10 años estés haciendo divorcios!
-Puede sonar a frase hecha o a un cliché, pero para nosotros es tan importante como otras causas donde hay personas que no se quieren analizar, o casos donde ya tenemos un análisis y buscamos que haya justicia. Desde ese lugar tratamos de no asignarle una importancia adicional porque el objetivo de Abuelas es saber si esos son hijos de desaparecidos, como en tantos otros casos. Entonces, desde ese lugar, eso no lo podemos distinguir. En indudable que esta causa tiene mucha más repercusión porque la sociedad está pendiente, pero lo primero que tratamos de hacer es no pensarla como una causa más importante, si bien ahora es inevitable que nos lleve mucho más esfuerzo y dedicación porque hay abogados del otro lado que están batallando como quizás no batallan otros y hay una cantidad de recursos puestos para que no se sepa la verdad que exceden los de cualquier otro caso. En ese sentido, quizás nos lleva el doble de atención. Pero también hay una institución que nos respalda y que tiene esquemas para dar respuesta a muchas situaciones que exceden lo jurídico sobre las cuales uno puede descansar. De todas formas, si algo aprendimos es que no hay situaciones irreversibles ni abogados invencibles. Que estén Cavallo o Carrió como abogados de Ernestina, Marcela y Felipe no nos cambia mucho. Y si al principio teníamos una precaución adicional por eso, ya se nos fue.

-¿Cuál es el estado actual de la causa?
-Ahora la situación es bastante clara: el análisis que se hizo fracasó porque las prendas tenían el ADN de varias personas. Para nosotros quedó descartada la hipótesis de que haya sido algo accidental y también de que haya sido producto de alguna impericia del Banco Nacional de Datos Genéticos. Entonces, en este momento estamos en la misma situación que al 28 de mayo que fue el día que se hizo el procedimiento en el cual se obtuvieron las prendas. Hay una orden de obtener el ADN, está en manos de la jueza Arroyo Salgado decidir cómo obtenerlo, si por la vía de la extracción compulsiva o si va a utilizar las muestras de sangre y saliva que se obtuvieron en diciembre por el cuerpo médico forense, o si va a ordenar realizar un procedimiento similar al de mayo. La fiscalía hizo un pedido para que se utilicen las muestras obtenidas por el cuerpo médico forense. A nosotros nos parece que es viable ese estudio siempre que se den determinadas condiciones y que se vayan superando determinados recaudos que tienen que ver con la conservación de los sobres y con que haya una correlación del perfil genético que se obtenga de esas muestras con alguno de todos los que aparecen en las prendas. Porque en la ropa había perfil genético de varias personas que no se pueden separar en la medida que uno no tenga un patrón. Entonces, si de la sangre sale un perfil genético, tiene que haber uno en la ropa que coincida con eso. Hay determinados puntos que elevarían la credibilidad de ese estudio. Si se dan esas condiciones, lo vemos como viable. Además, si ese estudio fracasara, se puede recurrir a otras medidas.

-¿Qué chances hay de ordenar una extracción compulsiva de sangre?
-Tampoco podríamos confiar del todo en eso porque haciéndose una transfusión en los días previos, tampoco se podría obtener un perfil genético. Es una de las dudas que se tienen con respecto al estudio de diciembre, aunque en el caso de Marcela hubo además un isopado bucal. La chance es concreta especialmente si fracasa este estudio alternativo porque la ley y la Corte Suprema exigen que antes de llegar a una medida como esa se descarten las posibilidades alternativas de obtener ADN.

-Son medidas de última instancia.
-Exacto. El criterio que fijó la Corte en la causa “Prieto” es que cuando se investiga apropiación de niños y la víctima no se quiere analizar, el análisis se tiene que hacer igual. El ADN se tiene que obtener por medios alternativos a una extracción de sangre porque la causa no se puede cerrar. Además, ellos se sometieron a una extracción de sangre en diciembre, entonces no pueden alegar que esto produzca una lesión en su integridad física. Lo que ellos plantean como derecho es un supuesto derecho a no conocer la propia identidad que encuadran dentro del principio de autonomía de la persona y esto es lo que entendemos que la Corte rechazó. ¿Tengo derecho a que no se conozca mi identidad? No, eso no. A lo que sí tengo derecho a querer ejercerla o no.

-Uno podría llegar a comprender a Felipe y a Marcela en tanto Ernestina, su “madre” puede ir en cana.
-Sí, es una posibilidad porque esta es una causa penal y hay sobre ella una imputación. Seguramente la mayor parte de la resistencia tenga que ver con eso. En la mayor parte de los casos en los que los nietos no se quieren analizar es por la posibilidad de que quien los crió vaya preso. Y ahí vemos la importancia de que sea la Justicia la que avance con independencia de la voluntad de esa persona. Porque si no estás transformando a esa persona en “responsable” de la eventual condena que pueda obtener su apropiador. Los apropiadores hacen esa transferencia de culpa. Eso refuerza que se tenga que avanzar independientemente de su decisión, si no se deja a la persona en una dicotomía terrible de resolver.

-¿Qué pensás que puede llegar a pasar en el país cuando se resuelva?
- Si el resultado fuera positivo tal vez se pueda reconstruir una parte de la historia que hoy falta. Pero va a haber un sector importante de la población que no lo va a creer. Y si hubiera un resultado negativo, otro sector no lo va a creer. También podría haber incorporaciones futuras de familias al Banco, ellos plantearon que no aceptan que su ADN quede ahí para comprobaciones futuras pero es lo que se hace en todos los casos y en ese sentido, saber qué va a pasar en el país es difícil. A nivel judicial, tanto Herrera de Noble como otras personas, van a tener que brindar explicaciones.

-¿Cómo te imaginás la tapa de Clarín del día siguiente?
-Me imagino que van a pedir una contraprueba, que van a poner en duda el resultado.

-¿Qué hay sobre las dudas planteadas sobre el Banco Nacional de Datos Genéticos?
-Para nosotros quedó descartado. Ellos vienen planteando, a través de los medios del Grupo, dudas sobe el Banco direccionadas a que podría fraguarse un resultado, a que no se cuenta con el material genético suficiente. Más que dudas es una ofensa porque las Abuelas quieren encontrar a sus nietos, no al nieto de otra persona. Además las dudas quedaron descartadas por sus propios peritos, no tiene correlato con la realidad, es sólo una estrategia para tratar de dilatar el análisis.

-¿A qué le decís Ni a palos?
-Ni a palos a defender milicos, genocidas y apropiadores, o a transar con ellos.

Chango Spasiuk: “Si no tuviese mis pies sobre la tradicion, no tendria ninguna consistencia”

Entrevistas

Chango Spasiuk: “Si no tuviese mis pies sobre la tradicion, no tendria ninguna consistencia”

2 Comentarios 13 Agosto 2010

Por Julia Mengolini y Martín Rodríguez
Fotos: Gisela Romio

Se reconoció en la música como un precoz acordeonista que acompañaba las fiestas familiares, en su Apóstoles natal, en la hermosa provincia de Misiones. Chango Spasiuk parece vivir como si la música fuese el lugar en donde no hay que explicar nada, donde se aprendió a expresar de manera natural. Así, frente a tamaña filosofía, fue difícil preguntar y buscar claroscuros. Para el Chango persiste una polémica idea salvadora sobre el arte y la música: rompe barreras, permite la disolución de las contradicciones. Pero cuánto hay que retorcer el acordeón, cuánto hay que raspar en uno mismo para acceder a ese estado y ofrecerlo. Llovía y te ofrecí, dice un tango. Así es la metafísica del Chango: la entrega de algo que no le pertenece, de algo que es el mundo. Pero a pesar de todo, se podría suponer que eso que el Chango elude en sus respuestas está en su música.

 

-¿Cómo te llevas con el tradicionalismo del chamamé, con los chamameceros de ley? ¿Dicen de vos como decían de Piazzola: eso no es tango, eso no es chamamé?

-Yo ya pasé la etapa en la que me peleaba entre esos aspectos, tradición- no tradición, vanguardia-lo viejo. Hay un solo lugar dónde pararse y es la música. La música es una herramienta y un lenguaje con el que se expresa una gran cantidad de gente en función de los lugares donde nació y de lo que los rodea. Entonces ese lenguaje adquiere una infinita cantidad de rostros. Es todo muy subjetivo en cuanto a decir “esto es tradición” y “esto es vanguardia”, y si hay un lugar con el cual enfrentarse o no. Históricamente pareciera que las personas de otra generación tienen una manera diferente de pensar, pero hoy en día, donde estoy parado yo es en la música. Y si hay una tradición con la cual me tengo que llevar, me llevo bien. Después, si hay personas que tienen una manera particular de pensar y como no pensás como ellos se enojan con vos, bueno, yo trato de no perder el tiempo en convencer a alguien que no piense como yo. Para mí es bastante liberador pararme donde estoy parado ahora, que no es un lugar conciliador, yo quiero dar mi punto de vista sobre aquello que realmente vale la pena. Y como mejor puedo dar ese punto de vista es con la acción, tocando música. Yo creo que uno no puede separar la música de la vida, entonces hay personas de otra generación que tienen que comprender que hay otras maneras de desarrollar un lenguaje, y cuando uno experimenta estéticamente con algo es por una necesidad personal de tratar de ir en una dirección misteriosa, en la que el resultado no siempre puede ser el mejor, pero más allá de todos los costos, uno tiene que intentarlo. Por otro lado, los jóvenes tienen que entender que hay un lenguaje que tiene determinadas características y uno tiene que tener la responsabilidad de estar a la altura de la historia de ese lenguaje, o por lo menos saber de qué se trata. Pero yo no me siento enfrentado con la tradición porque soy una persona que está parada sobre la tradición, sino tuviese mis pies sobre la tradición, no tendría ninguna consistencia el desarrollo de mi lenguaje. Pero la tradición no es el concepto generalizado y superficial que la gente tiende a creer, que son dos o tres estereotipos que no cambian a lo largo del siglo. La tradición es algo profundo, silencioso y vivo, y es casi el corazón de cualquier música que está sonando. Está siempre ahí, no son mundos enfrentados. El que aspira a hacer un desarrollo de un lenguaje en términos de vanguardia, lo tiene que hacer con un profundo conocimiento de la tradición. Si no es algo hueco e insulso. Yo estoy profundamente conectado con la tradición, que no significa que esté siempre de acuerdo con hombres grandes de otra generación.

-¿Por qué pensás que elegiste el lenguaje que elegiste?

-Porque nací en un lugar donde esa era la única opción que tenía. Donde yo nací, no existía ni televisión por cable, ni Much Music. Creo que había un disco de Gardel, uno de ABBA, uno del Cuarteto Santa Ana. La música que me rodeaba era la música en vivo, en un casamiento o en un bautismo. Y esa música la tocaban con acordeón. A mí me llegaba eso y me tocaba el corazón. Yo no sabía qué eran Los Beatles y Led Zeppelin.

-¿Y más de grande?

-Más de grande te vas dando cuenta que la música es la música y uno elige un lenguaje. Es como preguntarle a un niño, ¿qué es más importante, los juguetes o el juego? Lo que me importa es jugar, no importa con qué juguete. A mí me importa expresarme, no importa a través de qué me expreso. Me expreso con el lenguaje que conozco, lo que importa es lo que tengo para decir. Claro que esta es una sociedad que está considerando constantemente la herramienta con la que me expreso. Eso que he intentado decir, lo he hecho de un montón de maneras: más acústicas, más eléctricas, pero es el mismo juguete usado de muchas maneras. Las estéticas han sido muchas, pero siempre a través del chamamé. Respeto mucho los otros géneros pero cada uno tiene sus misterios y no es tan fácil aprender a hablar tantos idiomas simultáneamente y decir cosas importantes en un montón de idiomas, entonces elijo uno nada más.

-¿Entonces vos no hacés fusión?

-La palabra fusión es peligrosa porque es mezclar un elemento con otro para lograr un tercer elemento. Creo que la palabra correcta es desarrollo de un lenguaje. Desarrollás un solo elemento en nuevas posibilidades. Yo no estoy llegando a un nuevo género, simplemente estoy reelaborando el mismo género de otras formas. A lo sumo lo que estoy haciendo es reinventando un sonido a través de un mismo lenguaje.

-Polcas de mi tierra parece el resultado de una especie de De Ushuaia a la Quiaca tuyo…

-Es diferente de De Ushuaia a la Quiaca porque no coquetea con pequeños universos sino que elige uno sólo y lo desarrolla. Lo que tienen en común es que es un disco que está grabado en el contexto en donde esa música se expresa en su totalidad. Pero es un sólo universo, que es el de mi infancia. En Polcas hay algunas grabaciones de mi papá, que era carpintero y tocaba el violín, y está mi tío cantando también. De donde yo vengo la gente se expresa con el chamamé, con polcas rurales, entonces son como un montón de colores que hacen al mundo sonoro de un lugar. Todos esos elementos me rodean a mí y es con esos elementos con los que yo creo mi propio estilo sonoro. Todos esos colores hacen a mi música y yo los combino en función de mi necesidad. ¿Por qué hice ese disco? Porque mi papá me enseñaba a tocar desde el violín esas canciones y yo aprendí a tocar el acordeón con esas canciones que él me enseñaba. La gente esperaba que después de ese disco yo siguiera en esa dirección y después vino Chamamé crudo, una cosa más eléctrica. No son aspectos que estén peleados, son aspectos que forman parte de mi personalidad y de mi mundo.

-¿Vos eras músico en ese concierto familiar?

-Yo soy músico desde que tengo 10 años. Cambiaron los escenarios, pero siempre fui músico.

-¿Te acordás de tu primer acordeón?

-Lo tengo todavía. Es un acordeón Maestrina de color amarillo, de 24 bajos. Mi papá lo compró en una relojería y lo dejó en el living de mi casa.

-¿Existe un prejuicio dentro del folklore hacia el chamamé?

- Se ponen muchos estereotipos en cada tipo de música. Y el chamamé fue caracterizado como la música de provincianos que venían a vivir a Buenos Aires, como música de sirvientes o de cabecitas negras. Todavía hoy en día nos cuesta relacionarnos con los lenguajes corriéndonos del esterotipo con el cual nos hemos criado. Cuanto más ignorancia hay, más fragmentación hay. Y cuanto más conocimiento profundo vamos tendiendo de la música, más nos vamos dando cuenta cuán interconectadas están las cosas.

-¿Pensás que vos revalorizaste un poco el género siendo reconocido internacionalmente?

-Nadie me lo pidió pero trato de achicar la brecha entre las personas y las músicas y de crear un lazo que diga “se trata de música”. Hay músicas que vale la pena probarlas y saborearlas, y en especial el chamamé. No hay que ser del Litoral para escuchar chamamé, porque si no tendríamos que ser de Jamaica para escuchar a Bob Marley y de los Balcanes para escuchar a Goran Bregovich.

-Has tocado en todo el mundo, ¿cómo se llevan idiosincrasias tan diferentes con el chamamé?

-Ahí no le ponen ese estereotipo del que hablábamos antes. El inglés está escuchando música de un país de donde viene el tango pero que no es tango. Y quiere ver de qué se trata ese universo. Y ahí ya no importa lo que yo diga sino lo que toque y que llegue al corazón de esa persona, porque estás tocando para el hombre y su sensibilidad. Entonces llega como a mí me llega la música de otros lugares del mundo, yo no estoy pensando en sus contextos para ver si me gusta o no.

-¿Vos no renegás del World Music? Respecto de eso Liliana Herrero dijo en un reportaje para Ni a palos que “no se pueden borrar las fronteras”.

-De mí depende comunicar el lenguaje que se está tocando en un circuito que está interesado en escuchar otras músicas. En ese circuito, está en mi discurso el tratar de explicar de qué se trata eso.

-Cuando se te ve tocar, se te ve como muy pleno, feliz, ¿qué te pasa cuando tocás en Londres, por ejemplo?

-Exactamente lo mismo. Sí puedo experimentar la belleza de poder tocar en un contexto diferente. Es bello que yo me pueda sentir tan cerca de esa gente siendo que nadie conoce lo que yo hago y yo no conozco a nadie. Y sin embargo, me siento familiar, unido a una situación ajena donde yo no conozco nada de ese lugar y sin embargo por un momento puedo sentir que estoy en mi casa. Lo que te une a esas personas es una misma necesidad de estar cerca de algo bello.

-¿Por qué elegiste el Gran Buenos Aires para tu próxima gira?

-Porque en el Gran Buenos Aires vive mucha gente que no viene a Capital para ir al teatro. Pero para llegar a esos lugares tenés que tener un impulso, algo para presentar. Y el disco Pynandi (Los Descalzos) y su recepción me dio ese impulso para llegar a tocar a esos lugares como San Martín, Luján, San Isidro o Avellaneda, que tienen teatros muy hermosos. Además a mí me gusta tocar en vivo.

-Cómo vivís los conflictos sociales que oponen imágenes entre un interior tradicional y conservador y un rostro más popular que pretende la distribución del ingreso, por ejemplo, o el avance de los derechos civiles?

-Uno puede hacer un montón de lecturas, en términos legales o políticos, pero yo encuentro sólo una manera de vivirlo y es en términos humanos, con todas nuestras contradicciones. Somos una sociedad y elegimos una manera colectiva de vivir en la que se expresa todo lo que somos. La gente cree que no tiene nada que ver con el otro, pero ese que está enfrente de mí tiene algo que ver conmigo y cuanto más lo ignore, más grande va a ser la brecha entre los dos. Y cuanto más profundice más me voy a dar cuenta de los elementos en común que tengo con ese que tengo enfrente. Y por ahí lo que ves es que nadie escucha a nadie o por ahí lo que se ve es la falta de sentido común. En ambos lados hay aspectos que hay que tener en cuenta, pero para eso hace falta comprensión y paciencia. La raíz de todo desentendimiento parte del desconocimiento del otro. No es una manera fácil de zafar de la pregunta, porque en realidad acá no se trata de levantar una bandera y decir “soy de este equipo”. No es un River-Boca porque en realidad hay un solo país. Para mí no hay dos lados, hay muchos puntos de vista.

-No es River-Boca pero hay intereses contrapuestos en un país.

-Sí, pero ahí es donde uno tiene que tener la madurez de discutir esos contrapuntos de manera adulta y no infantil, y aprender a desarrollar un punto de vista más allá de lo que me dicen. Porque no se trata de repetir lo que oigo o lo que leo. Yo trato de reelaborar lo que leo en función de la experiencia personal y trato de sacar mi punto de vista.

-¿De tu experiencia haciendo Pequeños Universos en Canal Encuentro, cuál es la imagen más fuerte que te quedó?

-Hay 39 lugares, pero si tengo que elegir uno, elijo el chaco salteño, Santa Victoria, límite de Argentina con Bolivia y Paraguay sobre el Río Bermejo, y el negro Gómez y tres o cuatro violineros más tocando debajo de un árbol.

-¿A qué le decís Ni a palos?

A cantar.

Fabio D’Aquila: “Pretendemos que la cabeza llegue despues de la sensacion”

Entrevistas

Fabio D’Aquila: “Pretendemos que la cabeza llegue despues de la sensacion”

Sin comentarios 06 Agosto 2010

Por Julia Mengolini

Cuando el 25 de mayo los festejos por el Bicentenario se cerraron con el imponente desfile callejero frente a un público que se contaba por millones, Fuerza Bruta apareció ante el gran público que miraba entre asombrado y curioso. Fabio D´Aquila (aunque para todo el mundo es Fabito) es uno de los fundadores de este colectivo teatral que trae lo más nuevo de la escena, pero que tiene una trayectoria que arranca allá lejos, en los dorados 80. Hablamos con él sobre el desfile, sobre su teatro, y fundamentalmente, sobre ese mundo de sensaciones que es Fuerza Bruta.

¿Qué hace que una banda de bohemios terminen siendo un éxito en Broadway? ¿Qué hace que un experimento se convierta en un éxito comercial rotundo y permanezca en su esencia? ¿Qué es Fuerza Bruta? Bueno, es el nombre de una compañía teatral y a la vez, el del espectáculo que han montado, pero exploremos más.

Principios generales

Es como un paseo de sensaciones, le presentamos al público un recorrido de emociones. El espectáculo va directo a lo sensorial, está basado en el impacto visual, en el impacto sonoro. No hay texto oral ni texto que seguir de la obra, el espectáculo se desarrolla en un espacio que se comparte con el público, que está adentro del escenario. Entre el actor y el púbico no hay nada. Es un lenguaje muy primitivo, es el lenguaje del cuerpo, pretendemos que la cabeza llegue después de la sensación”, explica Fabio D’Aquila, más conocido como Fabito. “No existe el concepto de significado o representación, lo que ves es lo que es”, reza el dogma de Fuerza Bruta.

Sin embargo, revisando críticas teatrales y comentarios sobre el espectáculo en los foros, encontramos necesariamente búsquedas incesantes de significado. “Es una interpretación acabada de la violencia urbana”, dirá un comentarista. ¿Será que estamos acostumbrados a interpretarlo todo? “¡Y está buenísimo que pase!- se entusiasma Fabito- En definitiva a todos nos pasa que necesitamos darle un soporte de pensamiento a las sensaciones, contestarnos la pregunta ¿qué estamos viviendo? Pero para nosotros está en un lugar más primitivo, es un carnaval. Vos vas al carnaval a divertirte, a que te pasen cosas. El espectáculo tiene ese camino”.

Más allá de todo cuanto pueda interpretarse, el show termina con la gente saltando y abrazándose, en un chispazo de felicidad comprada en una boletería del Centro Cultural Recoleta.

El Público

Cuando las entradas no son numeradas, el atento espectador llega temprano para lograr la mejor ubicación posible. Pero ¿dónde están las butacas? Peor aún: ¡¿Dónde carajo está el escenario?! ¿Dónde me conviene ubicarme? Es turbadora esa entrada a la sala Villa Villa cuando no se conoce que el show ocurre en todas partes. En algún costado, en un escenario que se mueve sobre tu cabeza. (¡Por Tutatis!). Más desconcertante aún es verse envuelto y partícipe de una especie de ceremonia masiva. “El público hace que el show exista”, se pronuncia Fabio. Siendo el público tan fundamental, ¿puede darse una respuesta ortiva? ¿Cómo juegan las idiosincrasias en todo esto? “Existe la posibilidad de que un público explote mientras que otro no. En Taiwán hubo que trabajarlo bastante, ¿cómo hacíamos para que el taiwanés- tan prolijo y respetuoso- se libere? Íbamos de a poco, seduciéndolo de formas diferentes, hasta que el tipo pasaba de un estado estático a desenfrenarse, a una liberación súper interesante. Acá la fiesta es al toque. Hacer pogo es muy normal para nosotros”.

¿Hay matices dentro del público nacional? “Además del show de los sábados, tenemos el show de las 23,30 de los viernes, que es el show para la gente nocturna con DJ Zuker que termina tocando hasta las dos de la mañana, y el de los domingos a las 17 hs, que es el show de la familia. Los públicos son extremos, pero el resultado es muy parecido. Los dos terminan en el mismo lugar: celebrando.”

El ser nacional fiestero, ese gran colectivo argento que emociona a Mick Jagger cuando revolea la camiseta al compás de Satisfacción, que acude a la misa de Los Redondos aunque tenga que cruzar siete mares parece serno solo parte del show de Fuerza Bruta, sino condición necesaria para su existencia. “Somos súper locales, nos gusta trabajar acá porque somos de acá y lo que nos sale, nos sale acá. Yo no sé si podríamos crear lo mismo si estuviéramos en otro lugar, por ahí seriamos algo diferente”. Y sin embargo, esta creación tan argentina funciona de maravillas for export.

Fuerza bruta en el mundo

Hay una compañía funcionando de forma permanente en Nueva York y otras tres con lógica nómade, que al momento funcionan en Buenos Aires, en Chicago y en México. Cuando se termine el ciclo en Recoleta a fines de Agosto, el circo sigue su rumbo. ¿Cómo fue que se expandieron así? ¿Qué hace que un pibe con pretensiones inverosímiles de ultra creatividad se haga millonario? “¡Nunca llegamos a eso! Lo que sí, logramos vivir de esto. Y de alguna forma pasamos de ser el artista que hace absolutamente todo -desde romper el hielo seco a inflar los globos- a estar desde afuera coordinando cinco compañías que funcionaban a la vez y en muy poco tiempo”.

-Con tanta gira por el mundo, ¿cómo ves el país?

Yo empecé a valorar el lugar donde vivo. Obviamente que los primeros viajes te deslumbra lo de afuera y te seduce. Pero acá hoy en día hay una movida cultural que puedo decir que es paralela o superior a lo que pasa en cualquier otra parte del mundo. La oferta cultural que hay en Buenos Aires a veces es más grande que la oferta cultural que hay en Madrid o en grandes ciudades del mundo. Hoy en día hay mucha movida muy fuerte generando un montón de lenguajes que afuera también existen, pero no con la intensidad que hay acá. El europeo no está tan acostumbrado a vivir una crisis, acá tenemos una dinámica de entrar y salir, de sobreponerse, de reinventarse. Allá no les resulta tan fácil. Y siento que concretamente hay una chatura general, en cambio acá hay una efervescencia constante.

La historia

Hace falta remontarse al pasado para entender el presente. Fuerza Bruta es un desprendimiento de De la Guarda, una compañía que a su vez surge de algo que en los ochenta se llamó La Organización Negra: “Fue concretamente la primer compañía que existió de teatro aéreo y de acción que generó una revolución dentro del ámbito teatral argentino. La primera función fue en Cemento en el año 86, un espectáculo de choque con componentes de violencia, una cosa muy fuerte post dictadura”. La Organización Negra será siempre recordada por La Tirolesa, un espectáculo en el Obelisco que dejó atrás el under y el culto hermético. Se trató de una caminata por los lados del Obelisco con la técnica andinista, una locura área que los despegó del mundo subterráneo para siempre. Fue entonces cuando entró Fabio, justo en el momento en el que la cosa levanta vuelo. La Tirolesa se repitió en San Pablo y en México y fue creciendo, “se desarrollaron otros dos espectáculos, crecimos con la experimentación teatral que era lo que nos unía”.

Las dos cabezas que dirigían La Organización en ese momento eran Manuel Hermelo y Pichón Baldinú. Cuando la sociedad dejó de funcionar, Pichón, junto con Diqui James y Fabio armaron De la Guarda: “El lineamiento de De la Guarda era correr el foco hacia la utilización del espacio aéreo y la acción pero desde un lugar menos hermético. Un corrimiento hacia la felicidad, salir de lo oscuro. Ahí fue cuando, con la experimentación, empezamos a generar un lenguaje propio y crecimos de forma desmedida”.

La compañía se mantuvo dentro del circuito de teatro a medias entre el under y el mainstream hasta 1998 cuando entraron al circuito comercial en Nueva York con Villa Villa. Hicieron el show ellos mismos durante un tiempo y les propusieron armar una compañía para que quedara funcionando. “Después de eso vino una atrás de la otra, Londres, Las Vegas, Amsterdam, Corea, en el año 2002 ya teníamos cinco compañías funcionando”. ¿Qué onda eso? ¿Era casi como poner un Mc Donalds? “¡No! Estaban buenísimas las obras, las hacíamos nosotros, no era una licencia. Íbamos todos a los estrenos y a mantener las cinco obras. Y en ningún momento aprendimos a delegar, entonces nos estábamos perdiendo de hacer cosas nuevas. Nos empezamos a desgastar.”, Fabito llega al nudo del relato. Ese éxito rotundo puede iniciar una fuga de la creatividad, un achanchamiento, el tan conocido “aburguesamiento”. Había que ocupar el tiempo en seguir expandiendo el negocio. “Nuestro primer camino era experimentar y habíamos dejado de hacerlo, encargados de mantener el mismo espectáculo. Y eso empezó a generar un malestar. Pichón y Diqui no congeniaban. Y Diqui un día vino con la mala noticia de que si queríamos seguir con cosas nuevas íbamos a tener que armar otra compañía porque dentro de De la guarda no las íbamos a poder llevar adelante”.

Fue así que nació Fuerza Bruta, como desprendimiento rebelde, como fuerza creadora. Y Fabito se encontró naturalmente de ese lado: “Casi todos los que estábamos probando cosas nuevas nos quedamos en Fuerza Bruta, los que teníamos la necesidad de continuar con la experimentación, con la búsqueda, con la prueba, para seguir divirtiéndonos, jugándonos, que era lo que nos había juntado”.

-¿A qué le decís Ni a palos?

-Ni a palos a fumarnos otra cultura. A las imposiciones.

 

El desfile del Bicentenario

Fuerza Bruta se encontró ante un desafío diferente, contar una historia existente. Nada más, y nada menos, que la historia del país. “Nuestras obras salen por un capricho o por una inspiración o por el caos creativo al que te va llevando la búsqueda, pero para el Desfile del Bicentenario había pautas concretas: se determinaron 19 escenas que representaban un momento histórico cada una, por suerte pudimos darle a esas escenas una mirada abstracta y artística.

Trabajaron desde fines de octubre de 2009 con Felipe Pigna como asesor histórico junto con la Secretaría de Cultura de la Nación para desplegar el desfile que todos vimos el 25 de mayo, sin perder la identidad ni la esencia que hacen a Fuerza Bruta: “Como desarrollo para nosotros fue buenísimo porque pudimos trabajar con hechos históricos reales, darles un contenido visual, un contenido abstracto y estético a esos hechos”.

¿Lo pensaron dos minutos o dijeron que sí de movida? “Sí, en principio el teatro callejero es lo que tenemos pendiente, es lo que nos gustaría hacer. Además, fue un honor que hayan elegido a un grupo experimental que presenta las cosas desde un lugar nada tradicional.

¿Y cómo fue el diálogo con el Estado para estos locos del aire? “Concretamente hubo un ida y vuelta, esto sí, esto no, esto tiene sentido, esto no, y también hubo una elección estética y artística sobre qué mostrar. No queríamos mostrar ninguna batalla ni a ningún prócer. Esa era nuestra apuesta porque artísticamente nos inspiraban mucho más otras cosas que las batallas. La Vuelta de Obligado estaba afuera porque no nos inspiraba mucho, pero desde la Secretaría nos dijeron: “esto tiene que estar”, porque representaba una parte ideológica importante”.

-¿Qué aprendiste?

- Que en el Cruce de los Andes había soldados negros.

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Entrevistas

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2 Comentarios 29 Julio 2010

 Por Julia Mengolini

Fotos: Gianni Buono

Crecimos entre “Grandes poemas de pequeños autores”, “Deportes en el recuerdo”, “30, 60, 90, modelos sin intereses”. Crecimos creyendo que “Pablo y Pachu” eran una sola cosa, una unidad indisoluble y eterna. Crecimos convencidos que Pachu era un tipo que en cualquier momento y por el sólo placer del travestismo, podría aparecerse en un asado de amigos en pollera corta. Pero Pachu- José María Peña-existe sin Pablo, es un tipo con inquietudes políticas, más bien tímido e introvertido. No es que Papá Noel sea mentira, es que las cosas no siempre son como las imaginábamos. A veces son mucho mejores.

 

-Contarme de tus inicios como comediante en Rosario en el programa Propuesta joven, ¿de qué se trataba eso?

-Era un programa en un canal de cable que hacía Pablo Granados con otros chicos de Rosario entre los que estaba Luis Rubio. Yo lo veía cuando volvía de trabajar y se me ocurrían cosas. Un día me lo crucé a Luis a la noche en un pub, le conté mis ideas y me llamaron para que hiciera algunos aportes. Cuando Pablo se pelea con Luis y con los chicos me viene a buscar a mi trabajo para que fuera a laburar con él, justo cuando el programa pasaba a televisión de aire. De ahí pasamos a la radio con el mismo grupo y nació Macaferri y asociados. Las canciones se hicieron muy conocidas y sacamos un CD. En el año 92 Marcelo Tinelli invita a Pablo para que vaya a cantar con la banda a Ritmo de la Noche. Él le llevó los casetes de las cosas que hacíamos y empezamos a trabajar con Tinelli.

-Esa sociedad que tenés con Pablo sigue hasta el día de hoy, ¿cuál es el factor que los mantiene unidos?

-Son muchos años, nos conocemos de memoria. Nos llevamos muy bien laboralmente, aunque seamos distintos en muchos aspectos. Nos une un lazo muy fuerte de trabajo de años y también de amistad, aunque no seamos tan amigos.

-Hay una química muy evidente para el público.

-¡Sí! Las veces que hemos probado hacer cosas por separado, a uno le falta la pierna del otro. Juntos nos potenciamos más. Hace poco Pablo estuvo en Ecuador conduciendo un programa en el canal estatal casi un mes y la última semana me llamaron para que fuera yo. Y la verdad que explotó.

-Con Tinelli estuviste 10 años ininterrumpidos, ¿cómo fue la declaración de independencia?

-Fue difícil. Teníamos la oferta- Pablo, Freddy Villareal y yo- muy seductora de irnos con Gerardo Sofovich a Canal 9 a hacer la Peluquería de los Mateos, un programa antiquísimo. Decirle que no a Marcelo fue difícil, pero el programa ya iba tomando otro rumbo y dejábamos de tener tanta participación, así que nos abrimos. Yo lo sufrí bastante porque el paso de trabajar con absoluta libertad a trabajar con un tipo que te marca todas las pautas y a veces de mala manera, fue un choque muy fuerte. Una vez me quedé en mi casa tres días deprimido sin ir. Después me convencieron para que vuelva. Finalmente quedé bien con Gerardo.

-¿Tinelli les daba absoluta libertad? ¿Cómo era eso?

-Sí, aparte sabíamos más o menos lo que él quería. Trabajamos para Marcelo más que para la gente. Pensábamos en función de lo que él quería para la gente y apuntábamos a eso. Trabajamos para el humor de Marcelo. Por ahí había cosas muy buenas que a Marcelo no le gustaban por alguna causa y no salían, pero si lo hacíamos reír a él, sabíamos que íbamos a hacer reír a mucha gente. Esa es la sintonía que tiene Tinelli con lo popular.

-¿Cómo era la planificación del año con el grupo de Tinelli? En la redacción de Ni a palos existe la fantasía de que hacen campamentos motivadores, concentraciones.

-Y es verdad. Se hacían reuniones una vez al año, donde por ejemplo nos íbamos todos juntos a Brasil o al campo de Marcelo y hacíamos brainstorming. Igualmente había como islas, pequeños equipos de trabajo y cada uno tenía su espacio, sabía a dónde apuntar, sabía lo que le convenía y cada uno jugaba con eso. Y de la nada, de las pavadas, salían los chistes. Cuando Gente fue a cubrir la estadía de Marcelo en Brasil, Fredy se ponía atrás de todas las fotos y salió en todas las revistas. ¡Ahí nació Figuretti!

-¿Perdió humor Showmatch con el formato actual?

-Ahora el humor lo hace Marcelo con los personajes de ahí, con Fort y sus novias. Creo que el humor se extraña, mucha gente me lo ha dicho. El año pasado cuando arrancamos con la supuesta vuelta del humor, el rating fue altísimo y después bajó mucho, pero en ese ínterin no hubo ninguna estrategia para ver qué pasaba y qué se podía cambiar, mientras que en años anteriores, cuando se bajaba un punto de rating, al otro día había reunión para ver cómo se recuperaba lo perdido, cómo formateábamos. Con esto quiero decir que pareciera que esta vez lo dejaron caer.

-¿De todos tus números, cuál es tu preferido?

-Una parodia que hacíamos de El equipo de primera que se llamaba El equipo deprimente, con Carna que hacía de Niembro y yo que hacía de un alemán que se llamaba Jürgen Klinsmann. Era todo muy improvisado, trabajábamos sin libreto. Eso es lo que más me gusta hacer. También me gustaba un sketch en No hay dos sin tres con Freddy y Pablo, en el que Fredy hacía de Chiche Gelblung. Con Freddy también nos entendíamos de memoria, nos poníamos de acuerdo en cuál iba a ser el remate y decíamos “graba”, sin ensayo ni nada. Nos divertíamos mucho. Salvando las distancias, era un poco como lo que hace Capusotto.

-¿Quién te hace reír además de Capusotto?

¡Cobos!

pachu peña-¿En serio?

 -Buster Keaton, Los Tres Chiflados, Chaplin, los Monty Python, Pepe Biondi, Olmedo, Porcel, los uruguayos de Hiperhumor, Raimundo Soto, eran muy grosos y nunca decían una mala palabra.

-¿Cuál es el humor nacional?

-Es masivo, algo parecido a lo que hacíamos con Marcelo. Si querés hacer algo distinto lo podés hacer pero en Canal 7 o en lugares donde no exista la presión del rating y la vorágine del minuto a minuto, una trama que para mi es macabra.

-¿Qué estás haciendo ahora?

-Hago algunas cosas en Sin Codificar, un programa con Diego Korol que sale los domingos a las 13 hs por América, pero el domingo me cuesta mucho trabajar. Quiero volver a hacer radio, tengo algunas propuestas para hacer teatro. Pero hay que ver cómo viene el año que viene. Será teatro, cine, tele o seré cartonero.

-¡No, que tenés un montón de pibes!

-Cuatro. Yo con los dos primeros estaba bien pero mi mujer apostó con sus hermanas a quién encontraba la nena primero. Y llegó. Y la cuarta vino de sorpresa. Te consumen el bolsillo y la vida, pero te hacen feliz.

-¿Se ríen con vos?

-Es que lo que hago hoy en día es muy poco, por ahí me buscan en Youtube.

-Te pregunto si se ríen con vos en la mesa, por ejemplo.

-No, para mí la televisión es un trabajo. Fuera de eso soy bastante tímido y serio y cuando se prende la cámara puedo hacer cualquiera. Hace unos días nos invitaron a Pablo y a mí a Ecuador a un programa que se llama La guerra de los sexos en el que hay que ir sacándose la ropa. Cuando me toca sacarme el pantalón -yo tenía puesto un slip colaless y tengo la cola redonda (tipo Jessica Cirio)- me quedé en cola y me tiré a la tribuna de mujeres y después me fui a la de hombres. Las mujeres me pellizcaban pero los hombres se abrían. No sé por qué pero se prende una cámara y que sea lo que dios quiera.

-¡Además tenés todo un historial de vestirte de mujer!

-Sí. No sé si habrá algo ahí, nunca lo hablé con un psicólogo, no lo quiero averiguar.

-¿Qué te pasa a vos cuando escuchás a un intelectual decir que Tinelli es una porquería? ¿Qué te dice esa pelea entre la intelectualidad y el tinellismo?

-Lo respeto. Obvio que a un intelectual no le va a gustar Tinelli pero la gente lo ve, le gusta, la masa es la que elige y es feliz con eso. Se trata de divertir al televidente. El intelectual puede cambiar de canal, hay muchos canales buenos.

-¿Qué programas ves en TV?

-Me enganché con 678, con Duro de Domar, veo algo de Pettinato y nada más. También me gusta Travel & Living.

-El hecho que declares abiertamente ver 678 es casi tomar una posición política, ¿tenés formación política?

-Me fui criando sólo en política. Me llevé un chasco cuando lo voté a Alfonsín, fue una gran defraudación, luego ocurrió algo similar con Menem y ahora creo que no me equivoqué, estoy muy conforme con lo que está haciendo el gobierno, tanto el anterior de Néstor como el de Cristina. Me parece que vamos por buen camino, que han posicionado al país y lo han puesto en un lugar prestigioso, además de haber logrado el crecimiento sostenido de la economía. Mientras las potencias tambalean, Argentina se mantiene en pie y mirando de reojo las crisis de otros países. Además es un movimiento popular, sincero, con gente que no titubea, con gente que va de frente y que las pelea todas. Eso se ve y creo que se va a ver en las urnas el año que viene. Creo que Néstor Kirchner es el político más importante que hayamos tenido en los últimos 20 años y tiene soldados que son de destacar: Agustín Rossi, Pichetto, Kunkel, Aníbal Fernández, toda gente muy formada y con convicciones e ideas claras.

-¿A qué le decís Ni a palos?

-Ni a palos a robar, a pegarle a una mujer, a hacerme de Central y a ir a una marcha a favor de los militares.

Carlos Ulanovsky: “Yo mismo soy un televidente normal que cuando vengo cansado lo unico que quiero es ver alguna pelotudez y dormirme”

Entrevistas

Carlos Ulanovsky: “Yo mismo soy un televidente normal que cuando vengo cansado lo unico que quiero es ver alguna pelotudez y dormirme”

1 Comentario 21 Julio 2010

Por Julia Mengolini

Fotos: Gisela Romio

Ulanovsky tiene más bien pinta de intelectual especialista en literatura rusa del siglo XIX. Sin embargo su objeto de estudio es mucho más divertido y controversial: la televisión argentina, la caja luminosa que está en tu living, esa pedorrada total que ocupa una parte fundamental en tu vida. De eso, fundamentalmente, hablamos con el más erudito.

-Hace poco escribiste una nota sobre la proliferación de los programas de archivo, ¿Qué hace distinto a 6,7,8 del resto?

-En especial la falta de tibieza en las opiniones. Ya ha pasado a ser un programa de opinión política. Ahora el humor político está en la revista Barcelona, en Bombita Rodríguez el personaje de Capusotto, y está también de alguna manera en cómo encaran los programas de archivo la información política. Es mucho más profundo cuando un archivo se le dedica no a un cuatro de copas sino a un tipo que fue, por ejemplo, votado por la ciudadanía. Es como la nueva manera de mostrar a los políticos. Es interesante, me parece que la falta de tibieza y la gran cantidad de opinión que hay en programas como Duro de domar, los han convertido en los nuevos espacios políticos.

-Van superando los primeros programas de archivo como “Perdona nuestros pecados” que mostraba cómo se caía el micrófono.

-“Perdona nuestros pecados” tiene la virtud de ser pionero en el manejo de los materiales de archivo. A mí me gusto siempre más TVR, que durante toda una época se dedicó a manejar un aspecto importantísimo del alma nacional que es desnudar la hipocresía de la gente, mostrar cómo un tipo con diferencia de muy poco tiempo, decía una cosa y al rato otra completamente distinta. Yo me asombro muchísimo. Cuando pierde la Selección aparecen eso que yo llamo “los linchadores” en los medios, esos que dos días antes decían exactamente lo contrario. Sólo perdió Argentina, eso es lo único que ocurrió de diferente y surgieron estos tipos, empezaron a cortar cabezas. Eso es un grave defecto que tiene el periodismo argentino. Así como hay linchadores en la sociedad, muchos periodistas son representantes de esa forma social de encarar el tratamiento de la realidad.

-Incluso habiendo tantos programas de archivo, el panquequismo parece no tener límites.

-Lo que les importa en todo caso es aparecer y eso lo que les da es la posibilidad de aparecer. ¿Cómo no se le cae la cara de vergüenza a alguien que en dos días ha cambiado de esa manera la opinión?

-¿Pensás que con la Ley de Medios puede haber una modificación en los contenidos?

- Va a haber más señales ahora con la televisión digital pero ¿quiénes van a fabricar los contenidos? Eso es una duda. De acá a un año vamos a ver qué contenidos se generaron, pero por lo menos hay alguien que está pensando en elaborarlos. He leído esta semana que se abre un concurso de contenidos auspiciado por el INCAA para programas unitarios con dinero efectivo para cada uno. En relación a la nueva Ley de Medios, mi posición, por supuesto, es favorable, era una tremenda vergüenza que tuviéramos una ley de la Dictadura. Pero atención, esta es buena, está llena de cosas interesantes y estimulantes pero ni siquiera la mejor ley de medios te va a asegurar mejores medios. Porque los medios los hacen las personas y las leyes van siendo superadas por los usos. Eso ocurrió con la ley anterior, fue superada por las costumbres y se convirtió casi en un apéndice de humorismo involuntario, porque había muchas cosas que ya la ley decía que no había que hacer y sin embargo se hacían. La Ley 22.285 nada dice de los programas de archivo y sin embargo los contenidos de archivo se generaron en un momento.

-¿Y qué habrá sido lo que generó ese momento?

-Para mí el pionero de todo eso fue Miguel Rodríguez Arias. A partir de la recuperación de la democracia empieza a grabar a los políticos y a descubrir eso que los psicólogos llaman actos fallidos. El más famoso es el de Bittel cuando dice “entre la liberación y la dependencia, elegimos la dependencia”. Lo respeto muchísimo a Rodríguez Arias porque insisto, su objeto de estudio fueron nada menos que los tipos que iban a ser elegidos por la ciudadanía o que habían sido elegidos por la ciudadanía. Después sale “Perdona nuestros pecados”, otro programa que yo creo que sale para probar. Otra cosa curiosa que ocurre en la Argentina es que esos materiales que en otros lugares del mundo se cotizan de una manera impresionante, se usan de una forma absolutamente libre tal vez con el argumento de que “bueno, te estamos dando promoción” o “estamos hablando de vos”. Eso devino en los muchísimos programas de archivo que hubo en la década. En el libro hay por lo menos mencionados veinticinco y seguramente nos comimos diez más. Ahora hay como veinte.

-¿Qué pasa con el humor en la tele? Por momentos da la sensación que todos intentan hacer humor, incluso los noticieros, y a la vez pareciera que no hay programas de humor.

-Yo creo que hubo también cambios sociales que uno no puede dejar de mencionar y que se traducen en la televisión. Hace diez o veinte años una mujer golpeada, un hombre alcohólico o un adicto se presentaban de espaldas ante las cámaras. Hoy dan la cara. Algo ha cambiado, algo se ha elastizado en el mundo de los usos y costumbres y lo mismo ocurrió con el humor. Me parece que el gran antecedente es “La Noticia Rebelde”, que hace en el 86 un sketch que se llamaba “El parlamento rebelde” en donde les hace decir cosas a los políticos de carne y hueso, lo mismo pasa en el programa de Tato Bores. En los últimos años invitan a Alfonsín, a Menem, a Cavallo, y todos tenían un libreto. Eso es una parte del cambio que te hablo. Y por otro lado, también a partir de la recuperación de la democracia hay un progresivo desacartonamiento en los medios, que hace que todos hablen, todos opinen y todos hagan humor. Ese es el fenómeno. Jorge Ginzburg en la década del `90 dice “Estoy seriamente preocupado por el avance de los políticos en el campo del humor, ¿qué va a ser de nosotros los humoristas?” Creo que ese avance todavía no se ha interrumpido y me parece que los asesores de imagen de los políticos les deben decir todo el tiempo “Mostrate suelto, desacartonado”.

Ulanovsky-¿Pensás que Cristina se equivoca al no ir a los programas de televisión?

-A mí me parece que con el enorme conocimiento que ella despliega en sus charlas habituales, podría ir a dar notas y sin embargo en los últimos años muchas figuras del gobierno sólo dieron notas a Radio 10 y eso también provoca algún tipo de molestia en los medios. Yo creo que sería bienvenido que Cristina pudiera ir más a los programas sin elegir tanto.

-¿Cómo es la televisión en otros países?

-En este momento la televisión es una mierda en todo el mundo. Paralelo a la extinción de los Estados de Bienestar, también se ha ido extinguiendo la eficiencia de las televisoras estatales. Ha ocurrido en España, en Italia, en Holanda, en Francia, en donde las televisoras estatales no sólo han tenido que ir resignando lugares sino que además han tenido que privatizar algunos de sus propios canales. ¿Cuál es la diferencia? La televisión pública francesa o italiana, produce cuatro o cinco especiales por año, grandes esfuerzos que todavía recuerdan las épocas pasadas de esa televisión de calidad. Acá en la Argentina ha desaparecido prácticamente la televisión de calidad. ¿Por qué? No lo sé, tal vez porque hay un cambio de mano en la propiedad de los canales y en la generación de contenidos. Hoy la generación de contenidos esta prácticamente a cargo de productoras externas y los canales han pasado a ser sellos de goma o paredes donde sólo se generan algunos pequeños contenidos como los noticieros o algún otro programa. Por otro lado me parece que desapareció la presión social que antes podía llegar a existir como para exigirle a la televisión programas de mayor envergadura. Hoy los programas que realmente tallan son los programas de 30 puntos para arriba y son curiosamente los programas vampirizados por los programas de archivo, sin que, además, los generadores originales de estos programas digan ni una palabra.

-Además está la vieja discusión de “Tinelli es una mierda pero tiene 30 puntos de rating entonces, ¿a la gente le gusta la mierda?”

-Tinelli no es una mierda, me parece que tiene un muy buen nivel de producción aunque pueda no gustarnos lo que hace. Yo siempre pienso “qué gran esfuerzo hace la televisión por proteger a los programas de treinta puntos y qué poco esfuerzo hace por mi, que siempre veo programas que tienen tres o cuatro puntos de rating”. Es evidente que los programas de tres o cuatro puntos de rating desaparecen al tiempo.

-¿Crees en el rating?

-Yo creo que el rating tal como se hace es muy cuestionable. Ya el hecho de que los aparatitos esos que miden el rating sólo estén en 810 tele hogares, es una cosa cuestionable, los gustos de 810 tele hogares, que no se sabe además como están compuestos, conforman y diseñan el gusto del resto de los tele hogares que son 5 millones en total. Otra cosa muy cuestionable es que sólo se mide el rating en Capital y Gran Buenos Aires. Y otra más todavía, es que lo hace una única empresa. Ahí hay toda una cosa monopólica.

-¿Cómo ves la Televisión Pública?

-Canal 7 me gusta, ha tenido en estos últimos años cosas muy interesantes si bien todavía no atiende lo suficiente a eso que se podría llamar el mundo de la cultura.
Es uno de los canales que más veo, trato de no perderme 6,7,8 porque me ofrece una cantidad de información y de opinión que no está en otro lado, eso me sirve como periodista y como persona.

-¿Qué te hace pensar el hecho que haya gente que vaya a una marcha con la bandera de 6,7,8?

-Habla de muchas cosas a la vez: del desprestigio de la clase política, y de la falta de credibilidad que tiene la gente en relación a todo lo que sea política organizada y formal. Cuando la gente percibe que se puede integrar y no de una manera organizada, ni manipulada, ni por el choripán, va más confiada.

-Escribiste el prólogo del libro sobre Mirta Legrand que escribió Néstor Montenegro y pareciera que valorás mucho a la “Señora”, ¿por qué?

-A mi me llamó la atención la evolución de Mirtha, el hecho de que sin abandonar su pasado de diva de los teléfonos blancos se haya convertido en la persona que en más aprietos ponía al político que invitaba. En algunos temas evolucionó, en otros no.

-¿La complicidad con la Dictadura no te hace ruido?

-Tal vez porque elegí otra cosa -me tuve que exiliar- me resisto mucho a juzgar a quienes se quedaron acá. Yo hice muchos esfuerzos personales por no juzgar, por entender y por pensar qué les había pasado a los que habían sobrevivido a la dictadura acá y en especial en relación a mis colegas los periodistas. Seguramente si yo me hubiera quedado también hubiera tenido que atravesar alguna situación indigna y no por eso merecería ser llevado a la horca. A los que yo no perdono es a los represores, ellos son los que tienen que ser el objeto de cuestionamiento permanente. No me refiero solamente a los militares, si no a aquellos que efectivamente desde posiciones civiles consintieron todo lo que estaba ocurriendo. La verdad no me parece terriblemente condenable lo que hizo Mirtha Legrand.

-¿Cómo pensás que pueda cambiar la costumbre de ver televisión? ¿Desde la oferta o desde la demanda?

-El nuestro es un problema de fondo, educativo. Alguien hace unos años dijo que el verdadero Ministro de Educación de este país era la televisión. Yo creo que, en parte, algo de razón tenía. Según las estadísticas hoy los chicos consumen más horas de televisión que horas de escuela. Ahí te empezás a alarmar muy seriamente. Creo que debería ser una cosa mezclada en donde intervengan la oferta y la demanda, donde las dos partes se interesen en un cambio. En este momento ninguna de esas dos partes tiene un interés para cambiar, es más, creo que de forma muy hipócrita muchísima gente no admite que ve ese tipo de programas cuando en verdad sí los ve. Pero tampoco me gusta la idea esta de caerle a la gente si yo mismo soy un televidente normal y típico que cuando vengo cansado lo único que quiero es ver alguna pelotudez y dormirme.

-Ese mismo snobismo de “yo no miro Ricardo Fort” podría servir un poco para hacer cosas más interesantes, ¿no?

-Hay un snobismo en la tele y está en algunas cosas que pasan en el cable. Hubo un momento de Ciudad Abierta, que ahora Macri descontinuó, bien interesante, Encuentro es un canal interesantísimo donde hay montones de cosas para ver, en Canal 7 se están haciendo cosas distintas, Canal A, Film & Arts…

-¿A qué le decís Ni a Palos?

-A hablar de lo que no sé y a dejar de tenerle afecto a alguien porque piense distinto que yo.

Andres La Blunda: “Construir una juventud que sea sujeto de decision politica”

Entrevistas

Andres La Blunda: “Construir una juventud que sea sujeto de decision politica”

3 Comentarios 16 Julio 2010

Por Julia Mengolini

Andrés mantiene intacta esa curiosidad en la mirada que sólo puede tener un chico. Los nietos recuperados tienen un no sé qué. Tal vez sea la inquietud permanente de quien tiene un pasado irresoluble, tal vez esa extraña gratitud por algo tan simple como saber el propio nombre. Andrés La Blunda está todo el tiempo en construcción y cada vez más firme.

-¿Cómo es tu historia?
-Para contarte mi historia te tengo que contar la historia de mis padres que es determinante en mi vida. Mi mamá fue una militante peronista en Paraná, a mediados del 74 ingresa a Montoneros y en diciembre del 75 pasa a la clandestinidad. Mi viejo también era militante peronista, de Junín, abogado, egresado de la Universidad de la Plata e ingresa a Montoneros en el 74. Me cuenta mi familia que cuando mi viejo se mete a la orga vende todo lo que tenía, pasa a la clandestinidad y se va de Junín. Tiene una participación militar en Formosa, después de eso la organización lo coloca en la Columna Norte y ahí, en la clandestinidad, conoce a mi mamá.

-Vos reivindicás mucho a esa juventud, pero ¿nunca los pusiste en cuestión? ¿No te preguntás, por ejemplo, si no fue un poco irresponsable tener un pibe en la clandestinidad?
-No. Me asombra el valor, la fuerza y la convicción. Estaban absolutamente seguros del mundo que querían para mí, para mi generación y para los argentinos. Después podemos discutir métodos, estrategias, tácticas. Pero no digo “qué imprudencia”, al contrario, digo “qué transgresores”. Qué fuerza de convicción. Cuando empiezo a reconstruir la historia de mis viejos, todo el mundo resalta la claridad y la firmeza de los valores de mi papá. Eso lo admiro. Uno compara con el hoy y te das cuenta que toda esa mística y esos ideales intentaron ser destruidos.

-¿Y en esa comparación con el hoy qué ves?
-Veo que estamos en una época de cambios, que estamos transitando las consecuencias últimas de la dictadura y del neoliberalismo, pero que estamos en un proceso de salida y de encuentro con nosotros mismos, de reencuentro con nuestra identidad nacional. A veces hago una comparación de lo que fue la reconstrucción de mi identidad y lo que es la reconstrucción de la historia y de la identidad de todos los argentinos. Eso me ayudó también porque yo asumía la reconstrucción de mi identidad como algo personal y con el pasar del tiempo me fui dando cuenta que mi historia no era solo la mía sino la de todos los argentinos. La pude contextualizar, pero es recién con Kirchner.

-Volvamos a tu historia.
-A mis viejos los secuestra el Ejército en San Fernando. Tuve la suerte de no entrar en el plan sistemático de apropiación de bebés. Se ve que hubo una falla en la inteligencia porque no sabían que yo estaba y mi vieja me entrega a la familia de enfrente, a los vecinos. A mis viejos se los llevan y nunca más supe de ellos. Ni siquiera sé adónde se los llevaron. Este vecino me recibe y va a la comisaría donde le sugieren que inicie los trámites para la adopción y me entrega a su hermana, Cristina Benavidez, que estaba casada con Raúl Cabral. Ellos siempre actuaron de buena fe. Van al tribunal de menores N° 1 en San Isidro, a cargo de la jueza Ofelia Hejt que es la misma jueza que entrega en adopción a Marcela y a Felipe Noble Herrera, y es ella quien comete irregularidades porque no completa los requisitos que marca la ley y me otorga en una guarda –tenencia. Después la adopción se dictamina en Mar del Plata varios años más tarde. O sea que desde el 77 hasta el 83 fui NN. Paralelamente, mi familia biológica de parte de mi papá empieza la búsqueda, hasta que llegan al juzgado. Como no les prestaban los expedientes, interviene Abuelas y pudieron ver que yo estaba en Mar del Plata. Entonces van a buscarme con Abuelas y se produce el encuentro. Yo tenía siete años.

-No entendías nada, ¿qué te dijeron? ¿qué te acordás?
-No me dijeron nada. En ese momento nace la mentira. Las dos familias acuerdan no decirme nada con la excusa de cuidarme. Fue el gran error. No podés negarle la identidad a una persona.

-¿Por qué hablás de excusa? ¿No creés que de verdad había un interés genuino de cuidarte?
-Sí, pero no podés mentirle a una persona. Mi caso es diferente porque no se trata de una apropiación, pero cuando la adopción la hacés en el marco de una mentira y ese amor no va acompañado de verdad, no sé hasta qué punto no es apropiación. Lo que sentí con mi familia adoptiva fue un amor vinculado más a la posesión y no a un amor genuino.

ScreenHunter_01 Jul. 14 13.56-¿Cuándo te enteraste?
-Cuando me encuentran no me dicen nada pero yo continuo el contacto con mi familia biológica porque me los presentan como unos tíos lejanos de Junín. Eso lo naturalicé y lo mantuve hasta los 22 años cuando una prima mía biológica vino de visita a Mar del Plata y me cuenta todo una noche en un bar. Me tira dos bombas: la primera que soy adoptado y la segunda que soy hijo de desaparecidos. En ningún momento dudé de si lo que me decía era verdad, porque lo supe, porque lo había intuido. Y me quedé solo con esa verdad porque ella al otro día se fue. Mi historia tiene grises porque no fue apropiación de gente vinculada a la dictadura. Me dieron amor, me cuidaron. La cosa quedaba en una línea poco clara para mí. No podía romper con esa familia.

-Vos no dejaste de llamarte Mauro.
-Por un tiempo. No todas las historias son iguales. Cuando yo me entero, tengo acceso a mi verdad histórica, pero no puedo decir que ahí recupero mi identidad. Yo podría haber dejado todo como estaba y pese al dolor, empecé a recorrer el camino de la reconstrucción de mi historia. Empecé a conocer parientes, compañeros de militancia de mis padres, resignifiqué el vínculo con mis tíos. Me acuerdo que lo primero que hice fue llamar a las Abuelas de Mar del Plata, y cuando le digo quién soy, me contestan: “Hola Andrés”, ya sabían toda mi historia. Fue fuerte hablar con gente que sabía tanto. Además me costó contarle a mi familia adoptiva que yo ya sabía todo. Intentaba resguardarlos pero con el paso del tiempo empecé a entender que tenía que reconstruir mi identidad cueste lo que cueste. En el año 2002 decidí venir a vivir a Buenos Aires, donde había nacido, y me involucré un poco con las Abuelas y con la política de Derechos Humanos. Hace dos años, después de diez años de reconstrucción de mi historia, decidí cambiarme el nombre. Justo a los 31, la misma edad a la que desaparecieron mis padres. Cambiarme el nombre a los 22 hubiese sido como dar un salto al vacío.

-Además el contexto histórico de ese momento hacía más difícil reivindicar y entender la historia de tus viejos.
-A partir del 2003 hay un cambio en la sociedad. Empieza a correrse un velo que me permitió ponerle más piezas al rompecabezas que había empezado a armar desde los 22 años. Mi historia tiene un componente político muy grande, mi cambio de nombre tiene más de decisión política que de decisión personal. Porque esos grises de mi historia me dejaron en un suspenso por tiempo indeterminado. Y después, mi participación política en el kirchnerismo, unida a un proyecto de país que asume como política de Estado la política de derechos humanos, que reivindica a esa generación, culmina con mi cambio de nombre.

-¿Cómo terminás como Secretario del Consejo Federal de Juventud?
-En mayo del 2003 empecé a trabajar y militar en el Ministerio de Desarrollo Social junto con Alicia Kirchner. Mi llegada al proyecto viene de la mano del vínculo que mi padre tenía con Alicia porque eran compañeros de militancia. Cuando Alicia se entera que estoy en Buenos Aires me llama y cuando nos conocimos me dijo: “Sos, pensás y hacés igual que tu padre”. Al principio no entendía lo que me quería decir, después entendí que no era una cuestión de personas sino de proyectos y lo que ella encontraba era un hilo conductor histórico que nos unía. Después, con el paso del tiempo y con la consolidación del modelo entendí que se estaba reivindicando a una generación y a sus herederos. Mi laburo en el Ministerio me dio un volumen político y un componente a mi historia que termina en ese cambio de nombre. Le puso cuerpo a Andrés.

-¿Qué objetivos tiene el Consejo?
-El otro día una compañera sintetizó muy bien qué es lo que queremos: “construir una juventud que sea sujeto de decisión política”. Entonces, todas las acciones que desarrollamos van a ese norte, a considerar a una juventud protagónica como sujeto formador de las realidades y con aportes para la consolidación de este modelo de país. En el 2008 empezamos trabajando en las Jornadas de democracia participativa y políticas públicas, donde empezamos a hacer encuentros provinciales de discusión política en todo el país y empezamos a convocar a distintas organizaciones para que discutan qué proyecto de país queremos. Eso es algo inédito en las políticas de juventud porque hasta ahora no se había puesto el norte en esa dirección. El desafío, que es la etapa que viene, es la inclusión política de toda una generación que los medios estigmatizan y que nosotros vemos como una juventud solidaria. Y desde el Estado tenemos que generar los canales para incluir los proyectos que surjan de parte de la juventud. Una de las demandas más fuertes de la juventud, producto de la dictadura mediática que sufrimos, es tener los canales de comunicación para expresarse. En el marco de las jornadas visualizamos la necesidad de construir espacios para la participación, la necesidad de reconstruir nuestra historia y nuestra memoria y por eso la necesidad de generar los ámbitos de discusión. Vimos, entonces, que había que ir por la institucionalización de los espacios de participación de los jóvenes a nivel territorial. Por otra parte también están las Mutuales del Bicentenario. Desde el año 2003 la política pública se orienta a reconstruir las injusticias sociales y económicas que dejó el genocidio primero y el neoliberalismo después. Lo que hay que reconstruir es lo público y la política. Así nos pusimos a pensar en dispositivos de trabajo que permitan reconstruir los lazos sociales y solidarios para la organización social y surgieron las mutuales, que son espacios para la participación y organización popular de la juventud. Están conducidas por jóvenes pero no conformadas únicamente por jóvenes. Nos parece que los jóvenes tenemos que conducir los procesos de inclusión de todos. Por eso no se llaman “Mutuales de la juventud”, sino “del Bicentenario”.

-¿A qué le decís Ni a palos?
-A la impunidad. Porque no hay proyecto de país sin memoria y sin historia.

Sandra Russo: “Yo no tengo problema con la palabra “oficialista”

Entrevistas

Sandra Russo: “Yo no tengo problema con la palabra “oficialista”

12 Comentarios 10 Julio 2010

Por Julia Mengolini

Fotos: Gisela Romio

678 la llevó a un nivel de popularidad un poco insólito. Es que Sandra en una marcha por la Ley de Medios debe sentirse como Maradona en el 86. La saludan, la besan, se apasionan. Sin embargo esta mujer lleva un trecho largo en el ruedo. Es una “estrella de televisión” un tanto peculiar, brillante además de bella, si tuviera un perrito sería una diva pero no. No tiene un perrito, sino cuatro.

-Vos arrancás en el Expreso Imaginario ¿Cómo fue esa experiencia?

-El contexto era la Dictadura y apareció esa revista de rock, ecología, poesía. Todos los fans nos cruzábamos porque nos habíamos conocido a través del Expreso, yo vivía en Quilmes y tenía amigos en Carapachay, por ejemplo.

-¿Cómo entraste a laburar ahí?

-Mandé una carta de lectores a los 19 años que fue medio histórica. El año pasado la volví a leer. Yo creía que era más light pero era interesante. Hablaba básicamente de la soledad de una generación, de no tener contactos entre nosotros, aunque en ese momento yo no lo podía conceptualizar, a los 18 años no sabía que lo que pasaba era que faltaban medios de comunicación y que estábamos desesperados por comunicarnos. Y me invitaron a la redacción.

-¿Qué era lo que la hacía de culto?

-Las tapas de Fontova, “Little Nemo” que era una historieta de culto, era un poco esa generación medio hipona, era eso. Era la única revista donde podías leer una entrevista a Spinetta. Es un poco difícil de explicar, porque Expreso era bastante inocua y sin embargo, en el contexto de la Dictadura, era una grieta.

-Una grieta a la vez difícil de percibir como para que la cerraran.

-Claro, porque en ningún momento hablaba de política, o lo hacía desde un lugar muy novedoso que todavía ni siquiera era percibido por los lectores como política. En ese momento uno filtraba cosas por donde podía, sin tener tampoco demasiada conciencia de qué era lo que estaba haciendo, yo no sabía que me estaba convirtiendo en periodista, me dejaba llevar. La conciencia de que estábamos haciendo algo opositor llegó recién en Humor, donde siguió mi carrera.

-Además estuviste casi en la fundación de Página 12, ¿Vos también creés que Lanata es un genio?

- Genio es Leonardo Da Vinci. Me parece que es un tipo con algunos talentos. A mí me dio dos o tres consejos que fueron muy importantes. Y fue él el que me dio trabajo, pero yo nunca tuve empatía con Lanata.

-¿Y cuáles fueron esos consejos?

Me acuerdo uno que fue editando una nota. Él me llamó para hablar de un par de adjetivos que estaban demás. Me habían mandado a cubrir las elecciones chilenas cuando se fue Pinochet y creo que ponía que no se qué era “significativo”. Lanata me dijo “¿Por qué no dejás que el lector se dé cuenta solo qué es significativo?”. Y la verdad que es un consejo que se puede aplicar a la escritura en general, sobre todo a lo narrativo, a lo que es el nuevo periodismo.

- Hablemos de 6,7,8. Hay gente que va a una marcha detrás de una bandera que tiene el nombre del programa. ¿Cómo analizás eso?

-Lo que pasa es que habría que preguntarse “qué es hoy la televisión”. Yo creo que todo lo que tiene que ver con comunicación y con medios dejó de ser lo que era y no sabemos exactamente lo que es. Yo no sé si es la bandera de un programa de televisión, me parece que hay un programa de televisión que se llama “6, 7, 8” y es lo que sirvió para articular a mucha gente que no estaba articulada con nadie y que se sintió muy sola durante un año y medio. Y creo que no hay una bandera que la reemplace por el momento. La explosión participativa de 6,7,8 no tiene que ver exactamente con el programa, porque si vos lees el Facebook, te das cuenta de que no hablan del programa.

-¿Hablan de política?

-¡Claro! No hay ningún tipo de culto a personalidades, ni exageraciones, ni mitificaciones de ninguno de nosotros. Creo que con lo que la gente se identifica es con haberse dado cuenta, y eso es lo que marcó 6,7,8. No son viejos militantes sino gente de su casa que de repente se dio cuenta que le estaban mintiendo mucho y que la estaban alejando de las cosas en las que cree.

-No hay tanto culto a la personalidad pero es evidente que además ustedes se han convertido en referentes, ¿qué es lo que más te halaga?

-Hace mucho tiempo que decidí que lo mío no es la televisión. Lo puedo hacer pero no es un medio que a mí me entusiasme demasiado. Yo soy un animal que escribe y que, por lo tanto, necesita pasar inadvertido. Me gusta mirar sin que me miren para poder observar. La crónica la podés hacer cuando nadie está pendiente de lo que vos estás mirando. Desde el lado narcisista, que todo el mundo sepa quién soy no es algo que me halague. Sí me doy cuenta de que hay algunas ideas que yo tiro en el programa que van en la línea de una percepción colectiva. Conceptualizar cosas que están en el aire y que todavía no se pudieron decir, eso sí es mi territorio. Me halaga darme cuenta de que hubo un vehículo que fue el programa para tirar a un público masivo una idea tan compleja como que la censura en Democracia funciona con la invisibilización. Eso supone también una cosa muy importante que es que a mí me gusta el público de 6, 7, 8, yo no puedo laburar si no tengo transferencia.

-Pensar si el programa funciona como un vehículo para poder reflexionar sobre ciertas cosas, más allá de la medición del rating.

-Sí, porque si Tinelli quiere hacer un Facebook de la buena onda, va a tener 4 millones de fans pero lo importante es ver si los fans esos van a estar diciendo “Alica – Alicate” o si van a ser como los 200 mil que andan en 6, 7, 8 que te pueden explicar por qué crece una noticia en Clarín para ocultar qué otra cosa. Lo que me entusiasma es que el programa reparte saber de este tipo de cuestiones y es lo que molesta a los periodistas oficialistas del establishment. Para mí nosotros somos opositores de la oposición, si eso nos convierte en oficialistas…Yo no tengo problema con la palabra “oficialista”.

-Puede sonar despectivo porque se asocia con ser un alcahuete del poder.

-Si suena mal es porque siempre se hace un uso peyorativo de la palabra “oficialista”. Hay que desmarcarse de los usos vulgares o de la tintura que le ha dado el poder mediático a algunas palabras. Yo tengo clarísimo que apoyo un modelo pero que hay un montón de cosas en las que todos los que estamos apoyando el modelo no coincidimos. Es tan larga la pelea para que de verdad haya equidad que dentro del “oficialismo” también hay que seguir dando peleas.

-Si tuvieras que reseñar brevemente Jallalla (libro de Sandra sobre Milagro Sala), ¿qué dirías?

-Es un libro de lo que se puede llamar “Nuevo Periodismo” porque hay una voz narradora en primera muy fuerte, que es la mía, para abordar a una mujer que no habla, que es Milagro, que hoy es la principal dirigente social de la Argentina y que lidera el movimiento social más grande del país que en sí mismo, para muchísima gente, es desconocido, enigmático. A mí me deslumbró cuando lo empecé a conocer.

-¿Es algo cercano al socialismo eso que ocurre ahí en el mundo de la Tupac?

-Absolutamente, es más, cuando yo propuse el título “Utopía en construcción” los tupaqueros que consulté me dijeron “Sí, suena lindo, aunque nosotros diríamos utopía las pelotas”, porque ellos ya lo están viviendo. Los hijos de los cuadros medios son nenes que viven en un barrio que construyó gente que viene del núcleo duro de la pobreza de los `90 y es una generación de niños que tienen su torta para su cumpleaños, su regalo, tienen abrigo, todas sus necesidades básicas satisfechas, van a tener educación y ven a sus padres tener trabajo. Esos chicos ya viven en otro sistema, un micro sistema de inclusión de la Tupac. No sé si Milagro le diría “socialismo” pero lo que yo vi tiende a eso.

-¿Para vos es una frustración la pejotización del kirchnerismo?

-Es que no hay otra manera. Para que cualquier cosa tenga viabilidad es por acumulación de poder. El tema es cómo se acumula poder, accediendo a qué cosas. Todos sabemos que un movimiento grande incluye cosas que no nos gustan pero también conocemos un PJ que incluyó enemigos. Yo estoy preparada para convivir con gente a la que no invitaría a mi casa, pero entre eso y la ilegalidad hay un trecho largo, el PJ todavía no es un partido confiable.

-¿Pensás que son peronistas los disidentes?

-Sí, lo que pasa es que el peronismo es muy complejo, a mí me parece que este es el primer gobierno peronista después de Perón, pero porque tengo esa lectura del peronismo, hay otra gente que tiene otra lectura. El kirchnerismo en algunos puntos desborda al peronismo, se puede ser kirchnerista desde afuera del peronismo.

-¿Y en qué lo desborda? ¿Qué es lo que te entusiasma?

-Me entusiasma mucho el último año de Cristina, desde la derrota el 28 de junio me pareció que ha sido una topadora, pura garra, puro coraje y para mí ha sido, en lo que tiene que ver con mis creencias, la presidenta que más me ha gustado desde el regreso de la democracia. Las cosas buenas hay que reconocerlas porque si no uno se quita el derecho de avanzar hacia su propio deseo y además es lo que te demarca un poco el camino para después saber por qué estas en contra de otras cosas.

-Muchas veces desde el movimiento de mujeres se le critica a Cristina su falta de perspectiva de género.

-No tiene la misma perspectiva de género que las militantes de los derechos de las mujeres, sin embargo cada acto de la comunicación oficial se hace desde el Salón de las Mujeres. A su vez, gran parte de los escollos que tiene, los ha tenido también por ser mujer.

-En Jallalla describís un mundo que no está atravesado por lo patriarcal, es difícil de imaginar.

-No sé si no está atravesado por la semilla patriarcal. Milagro no es que tenga perspectiva de género, lo que tiene es una militancia feroz antidiscriminatoria, no permite la discriminación por género, como no la permite por ser indio o ser negro. El tema de la violencia contra las mujeres se resuelve. Las minas buscan al golpeador, le piden explicaciones y en algunas oportunidades hasta lo han fajado.

-¡La famosa sensibilización! ¡Lo fajan al tipo!

-(Risas) El tema se maneja de esa manera y hay mucha menos violencia ahora, ese modelo es exitoso. No es un matriarcado, ahí se respira mucha equidad, en la obra hay capatazas y en la textil hay hombres que costuran, y eso se vive indistintamente.

-Da la sensación que además de tener saberes ancestrales, tienen cosas muy de vanguardia.

-Eso lo percibí, por ejemplo, en la educación, cuando te dicen “para nosotros los ausentes no existen”. Eso es un viraje institucional muy fuerte pedagógicamente. Le depositan al alumno tanta responsabilidad y dignidad y toman la escuela como algo tan serio que no pueden creer que alguien falte, suponen que tiene un problema, entonces la escuela va a la casa. La concepción es que la escuela tiene que estar donde esté el alumno y eso da resultados porque el que no fue siente que es importante porque le vienen a preguntar qué le pasó y eso genera compromiso. Es un círculo virtuoso donde hay gente responsable que se educa y gente responsable que hace la docencia y eso a mí me parece re vanguardista.

- ¿Cuál es la primera imagen que se te viene a la cabeza cuando pensás en ese tiempo que estuviste escribiendo el libro?

- Después del libro me pasó lo más importante. Fuimos con Mara, mi hija, al Inti Raymi, la fiesta del sol. La Tupac tiene esa vertiente espiritual. Los que venimos del pensamiento más ortodoxo de la izquierda nos quedamos un poco trabados en el materialismo y pensamos que la organización tiene el papel de cubrir tus necesidades físicas pero tu otra parte, tu alma, no está contemplada. Y en la Tupac lo que se respira es eso: preocupación por todo lo material pero al mismo tiempo por la energía espiritual. Fue lo que a mi me pegó más porque fui un poco virgen en ese sentido. No soy muy de creer en nada. Nunca hice nada que saliera del psicoanálisis ortodoxo. Son dos cosas que siempre hemos visto por separado y que juntas son muy potentes: la acción política directa y al mismo tiempo una práctica espiritual. Por eso Jalalla, porque Jalalla funciona como un grito de fuerza.

-A que le decís Ni a Palos?

-A una cita en Puerto Madero.

Viviana Canosa: “Si tengo que vender mi ideologia me muero, prefiero irme al cable o planchar ropa a domicilio”

Entrevistas

Viviana Canosa: “Si tengo que vender mi ideologia me muero, prefiero irme al cable o planchar ropa a domicilio”

4 Comentarios 27 Junio 2010

Por Juan Cabandié.

Fotos: Gisela Romio

Es hermosa, carismática, sensual y pone mucha atención a sus peinados y perfumes. Tal vez cumpla con todas las condiciones para llegar a ser una gran diva nacional; salvo una: no es gorila. En esta entrevista demuestra no sólo una gran conciencia social, sino algunas lecturas de la realidad que se salen de la matriz “espectáculo y chimentos”.

- ¿Cómo empezaste?
- En TyC arranqué. Todas las noches Gonzalo Bonadeo hablaba con una boca gigante, que era yo detrás de escena, súper sensual. Un día el productor me ofrece hacer notas de fútbol y como soy muy buena alumna me puse a aprender. A la semana debuté en cancha de Boca, me acuerdo que La 12 me cantaba unas canciones súper guarangas. Encima yo era una pendeja, iba en minifaldas, ni sabía dónde me estaba metiendo. Funcionaba súper bien, me daban notas bárbaras por ser mina, aunque por otro lado te cerraban algunas puertas. Después hice un programa de fútbol pero la verdad que soy súper femenina y el fútbol no era lo que había elegido naturalmente. Para mí el fútbol fue una oportunidad, me pagaban buena guita, las notas me salían bien…

- La liturgia no te gusta pero, ¿el deporte te gusta?
- No, no me gusta el deporte, nunca practiqué ningún deporte. Estoy por empezar con un personal hace un año y medio y todos los miércoles le digo que justo ese día no puedo porque tengo algo que hacer. Con el deporte nada.

- ¿Qué te gustaría hacer en un futuro?
- Un gran show los fines de semana y conducir un noticiero a la mañana. Pero no el noticiero serio de la mina que lee en el teleprompter sino la mina que se identifica con la señora que está en la casa y le cuenta las noticias desde su punto de vista. Siento que estoy muy cerca de la gente, a mí me gusta salir a la calle, no me gusta quedarme en la tele, la radio y la distancia.

- ¿Recibís críticas en la calle?
-No, la verdad que me considero una mina muy querida, lo que te puede decir la gente es “no pongas más a Fort en la tele”, pero después lo ven. Es un momento que va a pasar. Yo me voy acomodando a lo que venga: si tengo guita, gasto más. Si no tengo, no gasto. Si tengo mucha, ahorro. Yo me voy acomodando y así pasa con el programa. Los programas van mutando. La televisión en vivo sólo te la puede entender alguien que hace televisión en vivo. Ojalá yo pudiese hacer siempre los programas con el contenido que a mí me gusta, pero no reniego de lo que hago, trato de rescatar la historia de vida del personaje y cuando puedo bajo línea sobre determinados temas. El formato es frívolo, pero yo no.

- ¿Habías tenido una experiencia similar a la de Haití?
- No, como te digo, soy una mina que sabe lo que pasa. Pero elegí una tragedia tremenda. Yo soy una enferma de los perfumes y cuando armé la valija no puse perfumes. Quería sentir ese lugar. Ahí me despojé, me olvidé de quién era, de mi separación, de lo que sentía… ¡era Viviana! Recupere mi esencia. Creo que en el programa estoy mostrando eso.

- Hablaste de la mamá desaparecida de Camilo.
- Para mí que él haya perdido a su mamá en esas condiciones hace que sienta algo por él que va mas allá, es como una ternura. Siempre lo veo como chiquitito. Y ese día entra a mi camarín como un nene con el retrato de la madre y a mí la piel automáticamente se me erizó. Lo abrace, le di un beso y se fue. Y pensé: “Hoy Camilo va a tener que contar esto porque si vino acá, me trajo la foto -te lo cuento y me duele la boca del estomago- es porque lo quiere contar”. Vi que Camilo quería hablar. De hecho, empezó a hablar. Entonces no me pareció un golpe bajo, me pareció que iba a liberarlo. Fue un programa glorioso porque son los temas que me gustan, porque no reniego de Ricardo Fort, pero digo, ¡es parte de la vida! Al día siguiente capaz que hicimos a Silvia Suller, al día siguiente hice a Darín hablando súper enserio, después fue La Hiena Barrios que me contaba cómo era sentir que mató una mina embarazada… Digo, yo voy por la vida así, tengo mi rutina, pero la rutina puede modificarse automáticamente, ese programa con Camilo fue el ejemplo. Me sentí increíble porque aparte siento que la gente también me conoce un poco más. Ya tengo 39 años, estoy más grande, nunca estuve tan segura de quién soy, de lo que quiero para mi vida. Siento que el viaje a Haití me cambió para siempre. De hecho ahora estoy con todo un tema: hay un nene al que quiero ayudar mucho, que es un nene que tuve a upa. Me encantaría adoptarlo. Estoy averiguando todo, es muy complicado y quiero hacer las cosas muy bien. No soy madre porque la verdad nunca me interesó pero desde que volví de Haití me dieron ganas y sentí que era “ese” nene. Sé que si lo adopto y sale todo bien me van a súper criticar, pero no me importa nada.

- ¿Tomaste una posición en relación al viaje, desde lo político, sociológico, ideológico, además de la impresión que te causó?
- Me acuerdo que en un momento saqué de mi bolso un paquete de papas fritas y se me acercaron 15 chicos. Sentí el horror del hambre, se me cerró el estómago. A ver, todo es política, pero sin hablar de política, sentí la desesperanza. Vos no sabés lo que era ver a la gente en la puerta de las casas, así como mirando a la nada misma. Yo no quería comer porque era una falta de respeto. Me acuerdo que fui al barrio más pobre de todos, donde veías los agujeros de los tiros. Me dijeron que eso pasa desde hace años y me dio mucho dolor y mucho horror sentir que la gente vive así. Todos eran como esclavos. Vi sólo un perro y me contaron que no había animales porque se los comían.

- ¿Creés en la política?
- Sí, obviamente, de hecho eso esta así por la política y ves que hay un sector muy chiquito súper rico y el resto es un horror. A mi me interesa mucho la política, de hecho me gustaría en un futuro… Pasa que soy políticamente incorrecta y me parece que no debe ser fácil laburar en política. Tenés las mejores intenciones y de repente te encontrás con la burocracia, con el “no te metas con esto”. Me interesa la parte más social, mujeres, niños.

- Vos tomás posiciones políticas en tu programa…
- Totalmente, me parece que en la vida tenés que tomar posiciones. La gente que no se la juega, no existe.

- ¿Y la gente más cercana te criticó por tomar algunas posiciones políticas?
- No. Y menos en este momento de mi vida. Está lleno de gente careta en la tele, de hecho nadie se juega por nada y, si no, actúan porque reciben un sobre, porque les conviene. Yo cuando digo que resisto un archivo, lo resisto desde la coherencia. No puedo creer como la gente es tan trucha, sobre todo en el medio. No hay referentes, los periodistas políticos son unan vergüenza, yo hace mucho que vengo diciendo en la radio que no se pueden ver los canales de noticias, o por lo menos, no la mayoría. La gente no es estúpida.

- ¿Qué periodista te gusta hoy?
- La verdad que al único que más o menos escucho es a Víctor Hugo, me parece el más coherente de todos. Después siento que tienen que ir con el ganado. A mi Nelson Castro me encantaba, me parece un tipo muy inteligente, pero ahora lo siento como desbandando, labura para un holding y entiendo que la gente necesita la guita para vivir, pero hay un límite. Siento que Víctor Hugo es un tipo que te puede hablar a favor y en contra del un sector y tiene criterio y fundamentos para todo lo que sostiene. Reconozco también que cuando empezó a hablar de la Ley de Medios, dije: “¿A ver qué dice?”

- ¿Tenias posturas sobre la Ley de Medios antes de escuchar a Víctor Hugo?
- No, iba escuchando todo. Empecé a escuchar que eran muy claras las posturas de los diferentes medios, a los que les convenía y a los que no les convenía. Básicamente como comunicadora empecé a darme cuenta y a decirlo en la radio hace mucho tiempo, “no se puede ver más tele”. Los programas políticos no se pueden ver.

- ¿Qué medios consumís?
- La verdad que por mi laburo miro todo, pero, por ejemplo,TN ya no lo puedo mirar. Porque TN me parece que está raro, que está muy obvio. Están opinando porque les bajan línea. Y no porque lo sientan o porque se la juegan. Básicamente me pasa que está todo poco creíble. Como espectadora me da bronca porque a mí me encanta ver canales de noticias.

- ¿Y te gusta eso de que personas vinculadas al arte y al mundo del espectáculo tomen posiciones?
-Si no son oportunistas sí. Esther Goris es una mina que siempre ha tratado de defender los derechos de los más humildes. Florencia Peña me encanta, me encantaría que en este país un personaje conocido pueda decir: “Yo voy a votar a tal”, “Me la juego por tal”, y que eso no haga que te cierren puertas. Me encanta lo que hace Flor Peña. Lo que no me gusta es cuando ella se queja de que no tiene la tapa de Clarín Espectáculos por jugársela. En la vida cuando vos te la jugás por algo, sabés que se te cierran otras puertas. Si me la juego por algo no me importa.

- ¿No te importaría no tener un programa en Canal 13 a partir de esta entrevista?
- Mirá, yo laburo con Hadad, él tiene su ideología y jamás me dijo: “De esto no hables”. Para mi es fundamental la libertad, siempre que firmo digo: “Esto es con toda la libertad del mundo, ¿no?”. Yo trabajaría tranquilamente en Canal 13 mientras no me digan esto sí, esto no. Creo que si tengo que vender mi ideología me muero, prefiero irme al cable, a internet o a mi casa y planchar ropa a domicilio. La credibilidad no tiene precio.

- ¿Te preocupa el rating?
- No, ni loca. A ver, si no haces rating no estás, pero me va genial. Me va genial con Fort, con los Suller pegué picos de 16 puntos, pero ¿por qué? Yo trato de rescatar la historia de una mujer que le arrebataron a sus hijos cuando era joven, no quiero que venga y se cague a trompadas con el hermano, trato de rescatar de las personas lo humano, que es lo que me interesa en este momento de mi vida.

- ¿A quién soñás con entrevistar?
- A Cristina la quiero entrevistar desde que era senadora. A mí ya me parecía un personaje increíble, me parece una mina absolutamente inteligente. Yo creo que hay un montón de minas inteligentes pero que en la tele a veces no se pueden ver y Cristina me parece brillante. Hace poco por decir eso me dijeron que era “Viviana Kanosa”, y no me importa.

- ¿Qué medida del kirchnerismo te gusta más?
- Me parece que están haciendo cosas muy buenas, los planes sociales, me encanta el Fútbol para Todos, esas cosas me parecen fabulosas, pero lo que siento es que Cristina y sobre todo Aníbal te dicen las cosas como si te estuvieran retando. A veces tienen una manera de decir las cosas que te asusta un poco. Ahora igual Cristina se ríe, baila, está como más relajada, yo la veo más contenta, me encantó ver lo que vi en el Bicentenario. Creo que a Cristina mucha gente la va a valorar dentro de muchos años, ahora no se dan cuenta.

-¿Por qué se le dio mayor importancia a Fort que a Zulma Lobato?
- Porque Lobato es pobre y Fort es rico. Yo me quedo toda la vida con Zulma Lobato. Me conmovió saber que pasó hambre toda la vida, que la habían cagado a trompadas porque era prostituta. Me parece más autentica que un tipo gay que dice que tiene novia.

- ¿Por quién lo decís?
- ¡Por Ricardo Fort! Todo bien, amo el power gay, pero te inventás novias, yo no quiero la gente que se inventa una vida, por más dura que sea la realidad, prefiero la realidad que la mentira. Yo me quedo con Zulma Lobato por eso, porque es verdadera. Yo me quedé con su historia de vida. Cómo me voy a reír de una mina que era tipo, que viene siempre con las medias rotas, que se prostituyó, que la Policía la cagó a trompadas. Es una historia de vida que me apasiona. Prefiero sentarme con ella que con un tipo todo artificial, eso me aburre. Yo me quedo con la mina, el otro pibe es un nuevo rico menemista.

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